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Capítulo 10. Viene César a Lérida, pone asedio a la ciudad:

Capítulo 10.
Viene César a Lérida, pone asedio a la ciudad: encuentros con los dos ejércitos, hasta que concordaron César, y Afranio, por causa de la falta de agua del ejército de Afranio, y muerte de Pompeyo.

Robert Masip Vallès, Ferran Montardit Asènsio, David Prenafeta Agelet, Lo lleidatà és fàcil

Avisado de lo que había sucedido en el estrago del puente, acudió César al real de Fabio, y dejada guarnición en los puentes, encaminó su ejército al opósito de Afranio, que estaba en una eminencia montuosa mejorado de puesto: pusiéronse en batalla los ejércitos; pero no dejando los pompeyanos la ventaja del lugar, no se atrevió César a dar la batalla, por la fortaleza del puesto del enemigo. 
Formó César su Real, no como se acostumbra levantando defensas, sino formando grande cava muy honda para que el ejército estuviese defendido, y no lo entendiese el enemigo, que poco solícito lo advirtió cuando César ya tenía concluida su obra; y para que no pasase adelante, hubo varios lances en los ejércitos, prosiguiendo siempre César hasta formar la defensa de su bien trazada plaza de armas, en baluartes, y medias lunas ya levandas (levantadas), para tener en lo hondo del foso asegurado su ejército.
Deseoso César de quitar el trato de la ciudad con el ejército enemigo, solícito cuidó ocupar un montezuelo que se llama Gardeny: Defendiole Afranio con valor, y mucho tiempo, teniendo continuas peleas con mucha pérdida de entrambos; pero la fortuna de César, aunque con grave daño, consiguió ocupar el puesto, fortalecerle, y mantenerle. (1)
Hallábase César con su ejército en su hondo Real, que por las continuas lluvias, y crecientes de Cinca, y Segre padecía notable daño, y falta de víveres por no poder pasar los convoyes, de forma que se juzgaba, y le juzgaban perdido todos, ofreciendo los lauros de la victoria a Afranio, poco noticiosos de la militar inteligencia de César: el cual halló el remedio en unas barquillas que mandó fabricar, apartadas de uno y otro ejército, y con ellas pasó el suyo, mudando puesto, sin que lo temiese el enemigo; que antes se vio acometido de los soldados del César, que hubiese podido entender cómo se habían librado de la prisión, y muerte que les tenían prevenida.
Variaron los lances de la guerra, y se vio el vencedor vencido, y volvió a asediar el que se hallaba asediado, y sin remedio al común sentir.
Siguieron los pueblos de Cataluña la fortuna de César, o por el agasajo, o por advertirle más bien puesto, que es lo más cierto: Asistieron a César, los catalanes, los cuales juntos con los romanos, después de reñidas peleas, y varias, y gloriosas hazañas, obligaron no por defecto del valor, si por falta de víveres, a Afranio, a ajustarse con César, y pasar a Grecia para asistir a su amigo Pompeyo.
Concordes ya César, y Afranio, fue César recibido en Lérida con general aplauso, enviándole la enhorabuena los pueblos de Cataluña, a los cuales, conociéndoles, les llenó de agasajos, mercedes, y privilegios para confirmarles en su partido, y mandó que Lérida cobrase su antiguo nombre de Ilerda, borrándole el que entonces le daban de Monte Público.
Si César vencedor favoreció a Cataluña, no menos Afranio vencido: por lo que fielmente le había favorecido, dejó su memoria en Lérida en la piedra dedicada a Afrania, que previno los daños que entonces sucedían. Se halla la piedra en la calle que baja de San Lorenzo al Hospital, y se dice que se halló fuera de la ciudad, cuya inscripción es la siguiente.

AFRANIA
L. L. 
CHROCALE
S.

Con el favor de esta provincia pasó César a la Ulterior, y la dominó: volvió a Tarragona, y de aquí a Roma; y en Coll de Aras dejó monumento de sus victorias en unas Aras consagradas a sus mentidas deidades, colorando la vanidad con la religión. (2) 
Sucedieron estos progresos hasta el año 46 antes de Cristo, que vino a España Marco Lepido, por la Citerior, y en este tiempo mató ingrato, y traidor Ptholomeo Rey de Egipto a Pompeyo, y con él a la república romana. Murió Pompeyo, y la romana república. Nació la tiranía en César, faltando el Atlante de la libertad romana; y a cara descubierta, y sin rebozo emprendió dominar su patria Roma, (mal hijo, y peor ciudadano,) y por Roma a España. (3)
Continuó con crédito el gobierno de esta provincia Marco Lepido, favoreciendo a su amigo César en la ulterior España, pasando a ella para consolarla, y aliviarla de la tiranía de Longino privándole del gobierno, y echándole de ella con descrédito, que le costó la hacienda, y vida que perdió anegado delante los Alfaques: Habiendo felizmente gobernado Lepido, volvió a Roma, y vino Aulo Trebonio año 44 antes de Cristo.

Capítulo 9. Entran los capitanes de Pompeyo en Cataluña

Capítulo 9.
Entran los capitanes de Pompeyo en Cataluña: Fabio capitán de César les vence, y hace retirar a Lérida : Entrada de César, y hechos de Fabio.
 
Los catalanes escribimos en valenciano o en leridano”
 
Año 52 antes de Cristo, aún se hallaba en España por procónsul Quinto Metelo Nepos, cuando volvieron a disgustarse los españoles, y temiéndoles los romanos acudieron al grande Pompeyo para que llegase pronto a remediar los daños, que no pudo evitar a su patria desgraciada con sus hijos viboreznos humanos, acabando con su vida, y libertad.
Por los sangrientos estragos de Roma se detuvo en ella Pompeyo: envió a España sus legados, Afranio, Petreyo, y Varron, con órdenes de componer las dependencias de España, que varió por las civiles guerras, y temores de que no se apoderase César de España; y cuidando de la Citerior, la encomendó a Lucio Afranio, bien defendida de romanas milicias; y para más asegurarse, mandó se le juntase Marco Petreyo que se hallaba en Andalucía: y llamando luego a los españoles, formaron ejército de cuarenta y cinco mil hombres, que juntos pasaron por Cataluña a Lérida plaza de armas, y de allí tomaron los puestos de los Pirineos para impedir la entrada por Francia; y para más resguardarse pasó a Ampurias Lucio Afranio, vigilante capitán; solicitó asegurar esta Provincia, que siempre ha dado el dominio de España. (1)
Avisado César del orden que había dado Pompeyo a sus capitanes, desde la Galia Narbonense adonde se detuvo César envió a Cataluña a Cayo Fabio con su ejército para sacar a los Pompeyanos de ella: tan puntual obedeció el orden Fabio, que antes llegó, rompió, y venció a los que descuidados guardaban los Pirineos, que tuviesen noticia de su venida; tal fue el descuido, que hallados desprevenidos, los más buscaron su salud en la fuga (como Puigdemont y Cía): esto se consigue del descuido en la milicia, sin las (consequencios) consecuencias de los daños del poco cuidado: bien lo probó a su costa Afranio, pues por el temor que había entrado en sus huestes, se vio precisado a retirarse a Lérida, dejando toda la Campaña a sus enemigos.
Retirado Afranio; político, y valiente capitán Fabio con agasajos, regalos, y favores ganó los afectos de los pueblos del Ampurdán que ocupaba, y con demostraciones cumplidas por sus embajadores, cuidó de asegurar a los más apartados, para abrir camino apacible, y sin estorbos hasta llegar a ver la cara de sus enemigos. Noticioso César de lo que se había ejecutado, diestro capitán temiendo los lances de la guerra, dejó la Galia, vino a Cataluña a engrosar el ejército de su General, y fue dirigiendo su viaje hacia Lérida, por los Pirineos a Cerdaña, y de esta a Lérida; o como quieren algunos por Ampurias, Gerona, y atravesando toda Cataluña.
Maestro en la milicia César, no pasó luego a juntarse con los suyos a la parte de Lérida; y cuidadoso de su resguardo, quedó con algunos soldados para asegurarse del Paiz (país), y tener libre retirada no favoreciéndole la dicha; y envió el residuo de su ejército a unirse con Fabio.
Hallábase en esta ocasión el valeroso Fabio de esta parte de Segre delante de Lérida, y del campo contrario, con falta de forraje, y pastos para su ganado; y para asistirle mandó fabricar dos puentes de madera sobre el río, dos leguas apartados de su ejército; en la fábrica de los cuales acontecieron gloriosas proezas de uno, y otro campo, uno defendiendo su fábrica, y artífices, otro estorbándola con empeño; al fin comprados con sangre de los suyos, consiguió puentes para el pasaje de sus ganados Fabio; pero dio nuevo motivo a su ejército de amaestrarse en la guerra, por las sangrientas, y reñidas escaramuzas que tenía con sus enemigos en defensa de su ganado.
Entre otros, vino lance, que sólo el valor diligente de Fabio, pudiera darle feliz salida: hallándose el ganado con mucha parte de sus soldados a la otra parte de Segre, sobrevino una tan fuerte, y caudalosa avenida del río, que para salvarse, con todo desorden hombres, y ganados fueron a buscar su alivio en los puentes: rompiose el más cercano a la ciudad por el peso sobrado; y la madera que iba suelta río abajo, dio noticia a los enemigos, de la desgracia.
Por las señas, entendió Afranio el infeliz suceso, y buscando en la desgracia de su enemigo su dicha, encaminó su ejército hacia el lugar del conflicto juzgándose ya coronado de la victoria; pero esta se la quitó Lucio Planco capitán de Fabio, el cual viéndole venir, tomó lugar eminente, y dispuso su gente a la defensa; y mejor Fabio pues prudente previno el lance pasando por el otro puente, y llegando a vista de los enemigos a tiempo que por los muchos que había perdido no le era fácil a Planco librarse: visto el pronto socorro, se retiraron los africanos viendo venir a Fabio tan pronto, y a tiempo. (2)
Cuales sean los puentes que fabricó Fabio, y se hallan en Lérida, declara Pujadas diciendo ser el que se halla junto al convento de los Agustinos de Nuestra Señora de Gracia, y el que está cerca los Trinitarios.