DEL ORIGEN Y FORMACIÓN DE LA LENGUA CASTELLANA

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LIBRO PRIMERO (de la biblioteca histórica filologia castellana )

biblioteca histórica filología castellana

DEL ORIGEN Y FORMACIÓN DE LA LENGUA CASTELLANA

1540.

1. Diálogo de la lengua por Juan de Valdés.

Dos códices se conocen de esta preciosa obra. Uno se halla en la Biblioteca Nacional de
Madrid: lleva la signatura X-236; consta de 96 hojas útiles; es copia de otras copias, y además
le faltan dos hojas, la 79 y la 83. El otro lo guarda el Museo Británico de Londres, y es la copia que mandó sacar Mayans para publicarla en los Orígenes de la lengua española.

Se han hecho las impresiones siguientes:

I. Diálogo de las lenguas Marcio, Valdés, Coriolano, Torres.

Publicado por D. Gregorio Mayans y Siscar en el tomo II de sus Orígenes de la lengua española: Madrid. 1737, en 12:, págs. 1-178 del tomo II.

Mayans en el tomo I de dicha obra, páginas 179 y 180, escribe lo siguiente:

La Copia de este Diálogo que me ha servido de original, en su impresión, es la misma que tuvo el más diligente i más curioso de quantos Historiadores ha tenido España hasta el día de hoi, Gerónimo Zurita; de la qual copia hizo mención el Dotor Juan Francisco Andrés de Ustarroz en los Progresos de la Historia del Reino de Aragón, que añadió i publicó el Dotor Diego Josef Dormer, Arcediano de Sobrarve, en el cap. IV, donde se trata de Los Vestigios de la Librería Manuscrita de Gerónimo Zurita, núm. 27, cuyas palabras son estas:
Diálogo de las Lenguas. Es obra mui curiosa y digna de la estampa por ofrecerse en ella muchas Reglas para hablar con perfección la Lengua Española. Escriviose en tiempo del Emperador Carlos V, i guarda este Manuscrito el Conde de San Clemente.
Después fué a parar en la Librería de un Librero de Zaragoza con otros Libros manuscritos mui preciosos, los quales compró el Bibliothecario Mayor del Rei nuestro Señor en el mes de Marzo de este presente Año 1736. En este manuscrito faltaba una hoja, que con ninguna diligencia he podido suplir; porque aunque de paso vi en la Real Librería de San Lorenzo una copia deste Diálogo, provablemente es un traslado de ésta, como lo indica el carácter de la letra mucho más moderno i el faltarle lo mismo, y además de esso la primera hoja. Acudí a los Índices, i en ellos no pude rastrear indicio alguno del nombre del Autor.

Según se ve, d. Gregorio se valió del ms. de la Biblioteca Nacional, al que no le faltaba entonces más que la hoja 83.

2. Diálogo de la lengua (tenido
ázia el A. 1533) i publicado por primera vez el año de 1737. Ahora reimpreso conforme al MS. de la Biblioteca Nazional, único que el Editor conoze. Por Apéndice va una carta de A. Valdés. ... Madrid: Año de 1860. Imprenta de J. Martín Alegría. Paseo del Obelisco, número 2 (Chamberí). 8.°, LIII, 205, 71 págs.

Forma parte de la Colección de reformistas españoles de D. Luis Usoz y Río, quien ilustró el Diálogo con una introducción y 1.084 notas sobre variantes relativas a la edición de Mayans principalmente.
Esta edición de Usoz es correctísima. Cuando la hizo, ya le faltaba al ms. de la Biblioteca Nacional, además de la hoja 83, la 79.

Pone como interlocutores a Martio, Valdes, Coriolano, Pacheco, Torres, aunque considera a estos dos últimos como uno mismo.

3. Diálogo de la lengua escrito por Juan de Valdés hacia el año 1533 en Nápoles (reimpreso, Madrid 1860) Marcio, Valdés, Coriolano, Pacheco.

Es una reimpresión de las 16 primeras páginas de la edición de Usoz. La hizo el año 1865
en Halle (Druck der Waisenhaus-Buchdruckerei) el profesor de lenguas romances de la Universidad de Estrasburgo, Eduardo Boehmer, para enseñar a leer el castellano a sus discípulos. Consta de 8 páginas a dos columnas; cuatro de aquéllas contienen observaciones gramaticales.

4. Diálogo de las lenguas.

En la edición de los Orígenes de Mayans hecha por la Sociedad La Amistad Librera,
con un prólogo escrito por D. Juan Eugenio Hartzenbusch y notas por D. Eduardo de Mier
(Imprenta de Rivadeneyra), año 1873, se pone el Diálogo de Valdés al comienzo (págs. 1-148),
sin mencionar para nada la correcta edición de Usoz.

El Diálogo de la lengua, como se colige de las indicaciones bibliográficas que preceden, permaneció desconocido e inédito por espacio de dos siglos, y el nombre de su verdadero autor no ha sonado hasta el presente, Al generoso valentino, d. Gregorio Mayans, corresponde la honra de haberlo publicado, si bien como anónimo, según el único manuscrito conocido que, procedente de la librería del cronista Zurita, existía en la Biblioteca Real, donde todavía está, según queda dicho, en el fondo de manuscritos; y al erudito D. Diego Clemencíu el haber afirmado, en su Comentario al Quijote, que la obra era de Juan de Valdés, pues si bien d. Casiano Pellicer dijo que la escribió un Valdés, asienta que es Alonso, en su Tratado histórico sobre el origen y progresos de la
come ii y del histrionismo en España, impreso el año 1804. Hoy no cabe vacilación de ninguna especie sobre cuál es el verdadero autor de esta obra, después de los eruditísimos trabajos de los Sres. Don
Pedro José Pidal, D. Luis Usoz y Río, Benjamín B. Wiffen, Edward Boehmer, D. Fermín Caballero y D. Marcelino Menéndez y Pelayo, quienes con documentos y citas históricas o con razones filológicas han dilucidado este punto de una manera incontestable.

Pero Mayans, si mereció bien de las letras por la publicación que llevó a cabo, mereció al par censura por la edición incorrecta y mendaz que hizo de él, autorizándola con su nombre aquél que había dado feliz y brillante término a empresas que exigían mayor empeño.

I. Artículo del Sr. Pidal, intitulado De Juan de Valdés, y de si es el autor del Diálogo de las lenguas, en la Revista hispano-americana, periódico quincenal, publicado bajo la dirección de D. J. J, de Mora y de D. P. de Madrazo, Tomo I, Madrid, imprenta a cargo de M. Rivadeneyra, 1848. Págs, 18-30.

Usoz, en el prólogo de su edición del Diálogo de la lengua y en los de los tomos IV, IX, X, XI, XV,
XVI y XVII de sus Reformistas antiguos españoles.



Life and writings of Juan de Valdés, otherwise Valdesio, Spanish Reformer in the sixteenth century ... London. Bernard Quaritch, 1865.

Cenni biographici sui fratelli Giovanni e Alfonso di Valdesso. 1861 (por Boehmer).

Biblioteca Wiffeniana. Spanish Reformers of two centuries from 1520... By Edward Boehmer... First vol... 1874. Printed in Francke´s Orphanhouse, Halle o/s (págs. 64-130). El segundo vol. fué impreso el año 1883 en la misma ciudad y oficina. Ambos en 4.°

Conquenses ilustres por D. Fermín Caballero. Tomo IV. Alonso y Juan de Valdés. Madrid. Oficina
tipográfica del Hospicio, 1875. Págs. 245-263.

Historia de los heterodoxos españoles, por el Doctor D. Marcelino Menéndez y Pelayo... Tomo II. (Colofón:) Acabóse de imprimir en Madrid por F. Maroto e hijos, X Diciembre de MDCCCLXXX. 4.° cap. IV, págs. 149-207.


Ya el título de Diálogo de las lenguas que puso es inconveniente,
supuesto que en él no se trata más que de la castellana; y las frecuentes alteraciones que se von, y las palabras mal leídas, equivocadas o modernizadas a su antojo, como hablista en vez de hablistan o hablador, ausencia por absencia, principalmente en ésta por especialmente á ésta, empañan la veracidad del original. Por lo cual no es explicable cómo recientemente, en el año de 1873, una persona de reconocida ilustración, el Sr. D. Eduardo de Mier, y un escritor ilustre, así en el arte de Lope y Calderón, como en todo género de estudios filológicos y literarios, el Sr. D. Juan Eugenio Hartzenbusch, hayan autorizado con sus firmas una reimpresión a la letra del Diálogo publicado por Mayans, desde el título inclusive, sin que en el prólogo del segundo de dichos señores, ni en las notas del primero, se haga mención alguna del manuscrito de Zurita, de la copia que sacó d. Gregorio, y que está hoy con muchos de
sus papeles, en el Museo Británico, ni de la correctísima edición hecha el año de 1860 por Usoz, quien prestó a las letras castellanas, aunque sus designios fueron de propaganda herética, un señalado servicio con tan preciosa, correcta e ilustrada edición del
Diálogo de la lengua, que es en ella su título acertadísimo.

Erró, no obstante, Usoz al decir que esta obra fué compuesta hacia el año 1533; yerro que repitieron Wiffen y Boehmer, pues dado que en ella se habla de los cuatro libros del Cortesano, compuesto en italiano por el Conde Baltasar de Castellón, y agora nuevamente traducido en lengua castellana, y se hace referencia de Garcilaso como de persona viva al decirse: Huélgome que os satisfaga; pero más quisiera satisfacer a Garcilaso de la Vega, con otros dos caballeros de la Corte del Emperador, que yo conozco; ni pudo ser escrito el Diálogo hasta el Abril de 1534, en que se publicó la traducción de Boscán, ni después de Octubre de 1536, en que murió en Niza aquel gran poeta, por la herida que recibió en el heroico asalto de la fortaleza de Frejus. Los atinados razonamientos de D. Fermín Caballero y de los Sres. Fabié y Menéndez Pelayo (I) apoyan y autorizan esta afirmación. Pero no debemos callar aquí que el Rdo. P. Miguel Mir, en su Discurso de recepción en la Academia Española, dice que el Diálogo de la Lengua fué escrito por los años de 1540, fecha que se funda, al decir de tan insigne maestro (aunque no lo consigna en dicho Discurso), en ciertas referencias que se hacen sobre los sucesos políticos de aquel tiempo, tan menudamente conocidos por el sabio jesuita, merced al estudio y publicación que, juntamente con otros religiosos de la Compañía, ha llevado a cabo de las Cartas de San Ignacio. Podrá objetarse la fecha de la muerte de Garcilaso; pero ¿no podría ser por ventura esa referencia ficción del diálogo o deseo de consagrar el autor un recuerdo a su ilustre amigo?





I: Caballero y Menéndez Pelayo, en los libros citados, y D. Antonio María Fabié en el prólogo de
su edición de Los cuatro libros del Cortesano, compuestos en italiano por el Conde Baltasar Castellón, y traducidos en su lengua por Boscán: Madrid. M. Rivadeneyra, 1873. Es el tercer volumen de los Libros de antaño: 8.°, LXIX-581 págs.
2: Menéndez y Pelayo, Hist. de los heterod. t. II, pág. 173.

Nació el Diálogo de la lengua de reales y verdaderas conversaciones tenidas por Valdés con amigos suyos, españoles e italianos, en su quinta de la ribera de Chiaja, en donde todos los domingos reuníanse durante la mañana a leer la Biblia o a discurrir sobre puntos de religión, consagrando la tarde, después de comer, a departir sobre asuntos literarios o de amena erudición. Allí se tuvo, pues, el coloquio que en esta preciosa obra castellana se contiene; y sólo así, a la vista de aquel golfo en donde descuellan por un lado Capri y Bayas, y por otro Ischia y Prócida, como blancas gaviotas meciéndose sobre la azulada superficie de aquel poético mar; en donde los mil aromas del campo,
siempre florido, embriagan los sentidos, y en donde aquel cielo con su incomparable hermosura y sus vivísimos tonos sonríe al alma, puede concebirse que se compusiera un libro que, teniendo por asunto el árido estudio de la Gramática y de otras cuestiones filológicas, resultase tan ameno, tan interesante y tan simpático, aun para aquéllos que no sientan inclinaciones a tales enseñanzas.
Bien es verdad que era el autor, como dice muy bien un ilustre académico (2), un hombre de mundo y de corte, y no un filólogo paciente, pues entonces no había otra filología que la que nace del buen gusto individual y del estudio y comparación de las lenguas clásicas, las cuales poseía a maravilla
nuestro autor.

Cuatro son los interlocutores del Diálogo: Marcio, que no es Marco Antonio Flaminio, ilustre poeta de ímola; ni Marcio Martirano, editor do las obras póstumas del Obispo Coriolano, sino Marco Antonio Magno, apoderado de la Duquesa de Trajetto, a quien dedicó la versión italiana que
cuatro años más tarde hizo del Alfabeto Cristiano de Valdés; Coriolano, compatriota del anterior, no debe ser confundido con el Obispo de San Marcos de Calabria, ilustre grecizante: tal interlocutor es, a no dudarlo, Coriolano Martirano, Secretario del Virrey D. Pedro de Toledo; un soldado español,
que primeramente se llama Pacheco y luego Torres por corrección del autor, no puede ser en modo alguno Bartolomé de Torres Naharro, como llegó a suponer d. Adolfo de Castro, por haberse publicado en Nápoles, año 1517, su Propaladia, supuesto que el dramático extremeño ni era militar ni poco latino, como aparece en el Diálogo, en donde, para mayor prueba de lo que decimos, se
habla del estilo que usó Torres Naharro en la citada obra. Completa, por último, el número de los interlocutores el mismo Juan de Valdés, de quien los demás solicitan su opinión y consejo.

Reunidos después que hubieron comido los cuatro amigos en la poética quinta del último, dice Marcio, siendo a la vez intérprete de los demás, a Valdés: Pues los mozos son idos a comer, i nos han dejado solos; antes que venga alguno que nos estorbe, tornemos a hablar en lo que comencé
a deciros esta mañana... Bien os debéis acordar como al tiempo, que, agora dos años, partistes desta tierra para Roma, nos prometistes a todos tres, que conservariades y entreterniades nuestra amistad. como habéis hecho con vuestras cartas. Agora sabed que después de vos ido, nosotros nos concertamos desta manera: que cualquiera de nosotros que recibiera carta vuestra, la comunicase con los otros; y esto habemos hecho siempre así: y habemos tomado en ello mucho pasatiempo; porque con la lición refrescábamos en nuestros ánimos la memoria del amigo ausente, y con los chistes y donaires de que continuamente vuestras cartas venían adornadas, teníamos de reír y con
que holgar, y notando con atención los primores y delicadeza que guardábades y usábades en vuestro escribir castellano, teníamos sobre que hablar y contender, porque el Sr. Pacheco como hombre nacido y criado en España, presumiendo saber la lengua tan bien como otro, y yo como curioso della, deseando saberla así bien escribir como la sé hablar, y el Sr. Coriolano, como buen
cortesano, queriendo del todo entenderla (porque, como veis, ya en Italia asi entre damas como entre caballeros, se tiene por gentileza y galanía saber hablar castellano), siempre hallábamos algo que notar en vuestras cartas, así en lo que pertenecía a la ortografía, como a los vocablos, como al estilo: y acontecía que como llegábamos a topar algunas cosas, que no habíamos visto usar a otros,
a los cuales teníamos por tan bien hablados, y bien entendidos en la lengua castellana, cuanto a vos muchas veces, veníamos a contender reciamente: cuando sobre unas cosas, y cuando sobre otras, porque cada uno de nosotros, o quería ser maestro, o no quería ser discípulo. Agora que os tenemos
aquí, a donde nos podéis dar razón de lo que pues así habemos notado en vuestra manera de escribir, espedimos por merced. nos satisfagáis buenamente en lo que os demandaremos...

Trata de excusarse Valdés con gentiles y amables palabras, diciendo que por haber aprendido la lengua castellana, no en libros, sino por el uso común de hablar, juzga fuera de propósito que le quieran demandar cuenta de lo que está fuera de toda cuenta, y que además es perder el tiempo hablar en una cosa tan baja e plebeya como es punticos y primorcicos de lengua vulgar y en otras niñerías de la lengua.

Un donairoso discreteo sigue manteniendo la conversación en sus comienzos, en los que también se hace resaltar la excelencia de la lengua castellana, hasta que, vencido el ánimo de Valdés, promete éste contestar a cuanto le pregunten sus amigos. Pónense éstos de acuerdo y convienen en preguntarle:
En la primera parte, lo que sabe del origen o principio que han tenido, así la lengua
castellana como las otras lenguas que hoy se hablan en España. En la segunda, lo que pertenece a la Gramática. En la tercera, lo que le habemos notado en el escribir unas letras más que otras. En la cuarta, la causa que lo mueve a poner o quitar, en algunos vocablos, una sílaba. En la quinta, le pediremos nos diga por qué no usa de muchos vocablos que usan otros. En la sexta, le rogaremos nos avise de los primores que guarda cuanto al estilo. En la séptima, le demandaremos su parecer acerca de los libros que están escritos en castellano. Al último, haremos que nos diga su opinión sobre cuál lengua tiene por más uniforme a la latina, la castellana o la toscana. De manera que lo
primero será del origen de la lengua. Lo segundo de la Gramática. Lo tercero de las letras a donde entra la ortografía. Lo cuarto de las sílabas. Lo quinto de los vocablos. Lo sexto del estilo. Lo séptimo de los libros. Lo último de la conformidad de las lenguas.

No es de nuestro propósito exponer y juzgar aquí cada una de estas partes del Diálogo de la lengua. De algunas hablaremos en el correspondiente lugar de esta obra. De otras, y de los principios que en ellas se mantienen, hablaríamos de buen grado; pero sólo mencionaremos aquel pasaje en que se recomienda la sencillez y claridad del estilo, cuando con las menos palabras se dice lo que se piensa y de tal suerte que no se puede quitar ninguna sin ofender a la sentencia o al encarecimiento o a la elegancia, sustentando así una admirable teoría, condensada en un solo pensamiento; y aquel otro en que, con singular donosura y aguda crítica, presenta Valdés las autoridades de la lengua, o sean los libros en que debe ejercitarse el que quiera aprenderla, entre cuyos autores descuellan los
poetas del Cancionero, Garci Sánchez de Badajoz, el Bachiller La Torre, Guevara, el Marqués de Astorga y, sobre todos, Jorge Manrique, Juan de Mena, Juan del Encina con su
Farsa de Plácida y de Vitoriano, que compuso en Roma; los traductores Fr. Alberto de Aguayo y el Arcediano del Alcor, Alfonso Fernández; Diego de San Pedro y los textos de los romances viejos y de la Celestina, que es el libro castellano donde la lengua está más natural, propia y elegante.

La lengua primitiva de España, según este autor, más que la vizcaína, era así griega en su mayor y principal parte, como después fué latina, lo cual apoya Valdés en dos razones: una, en que los historiadores dicen que los que más platicaron en España fueron los griegos, así con armas como con contrataciones; otra, en que los vocablos castellanos que no son latinos ni arábigos, son
griegos. Ejemplos:
apeldar, por huir; cadira, por silla; fantasía, por presunción; gazafatón, por cosa mal dicha; malatia, por enfermedad; zillero, por el lugar donde ponen la harina; y las voces de uso corriente: azomar, artesa, abrasar, barrio, brasa, cañada, cara, carátula, chimenea, glotón, masa, mes, mozo, tragar, tragón, tramar, truhán, pinjiado. zelemín, zisne.

La lengua latina (escribe el ilustre conquense), desterró en España a la griega, y fué la que se habló con los residuos que de ésta quedaron, hasta la venida de los Godos, los cuales no hicieron desaparecer el latín, sino que le corrompieron más con nuevas exóticas palabras. Esta lengua latina, así mezclada y corrompida, duró por toda España, según el autor, hasta el año 719 (sic), en que
vinieron los moros, cuyo idioma empezó a hablarse, excepto en Asturias, Vizcaya, Lepuzca y algunos lugares fuertes de Aragón y Cataluña que no pudieron ser sojuzgados.
Hasta la conquista de Granada, dice Valdés, no pudieron tanto conservar los españoles la pureza de su lengua, que no se mezclase con ella mucho de la arábiga; y de los vocablos que dejaron, añade, el uso hacía tener por mejores que los latinos algunos de ellos, diciéndose
alhombra, mejor que tapete; alcreuite (alcrebite), que piedra zufre; azeite, que olio.

Muchas voces nuestras que empiezan por un al, que los moros tienen por artículo, afirma Valdés que rotundamente pueden considerarse como árabes, de la misma manera que las que principian por az, col, cha, chi, cho, chu, gua, ha, xa, za, y hasta por en, h, x o y; y cita las siguientes:
Almaizar, Almirés, Almohada, Alhombra, Almohaza, Alhareme, Azaguán, Azair, Azagaya, colcha, colgajo, cohecho, chapín, chinela, choza, chueca, haxa, haragán, harón, Guadalherza, Guadalquivir,
guadamecil, Guadarrama, xaquima, xerga, zaherir, zaquizamí, zafio, enhelgado, enhaziado, endechas.

Pero con todos estos embarazos, i con todas estas mezclas, todavía la lengua latina es el principal fundamento de la castellana, de tal manera que si se afirmara que el origen de la lengua castellana es la latina, se diría la verdad, y todo lo que dicho queda sería excusado.

Alguna voz ha añadido el hebreo a nuestro idioma, dice Valdés, como
Abad, de donde viene Abadesa, Abadía y Abadengo; saco por costal o talega, que también lo ha tomado el castellano de la lengua santa, como casi todas las otras lenguas que han sucedido a ésta.

Los vocablos que tienen f en latín llevan h en castellano: fava, haba.

En muchas partes de Castilla la s latina se convierte ea x: sastre, xastre; y la c latina en y: faciunt, hazen.

Si Antonio de Nebrija, dice bien un escritor ilustre, no hubiera escrito antes su Gramática, Ortografía y Vocabulario, habría de concederse a Juan de Valdés el título de fundador de la filología castellana; pues él fué el primero que se ocupó en los orígenes de nuestra habla; el primero que la escribió con tanto amor y aliño como una lengua clásica; el que intentó fijar los cánones de la etimología y del uso, poner reparo a la anarquía ortográfica, aquilatar los primores de construcción y buscarlos en la lengua viva del pueblo, sin desdeñar los refranes que dicen las viejas tras el fuego y que había recogido el Marqués de Santillana (I).
I: Menéndez y Pelayo, Historia de los heterodoxos españoles, tomo II, pág. 169.

Sin duda ninguna puede afirmarse que, después de Nebrija, fué Valdés el primero que trató de los orígenes de nuestra lengua, si no de una manera didáctica, haciendo ver su importancia y discurriendo sobre ella con tanta gallardía y elocuencia como con alto juicio y general cultura. Él reconoció los vestigios de los diversos idiomas que habían acrecido el fondo latino de nuestro léxico, iniciando los trabajos críticos que habían de determinar con precisión aquellos elementos, auxiliados con el estudio de la historia política y social de los pueblos que sucesivamente han ocupado nuestro territorio. Él proclamó el principio de la influencia arábiga en el romance; aunque exageró algo el rigor etimológico diciendo que de los sarracenos viniéronnos hasta los vocablos que empiezan por en, cuando la verdad es que por rarísima excepción puede recordarse alguno como
engarze, de jaraz, y otros anticuados como enaciado = renegado, y enjeco = enredo, de enaça y exec, respectivamente. Lo cual no importa, sin embargo, para que sea un mérito evidente proclamar en el primer tercio del siglo XVI aquel principio filológico de que el castellano nace del latín, sin dejar de tener en cuenta otras influencias que han determinado huellas profundas en su fisonomía.

Tal vez dio el autor del Diálogo de la lengua demasiada importancia al griego afirmando que se sobrepuso y dominó a las otras lenguas habladas en la Península antes de la dominación romana. Pero si esta idea le indujo a escribir la paradoja de que en la antigua Iberia la lengua griega dominó, del mismo modo que el romance en la España de Carlos V, le llevó, en cambio, a señalar con acierto muchas etimologías que ha recibido directamente de la lengua de Homero la castellana, y en tales observaciones, aparte de ciertos errores, anduvo a veces muy acertado, adelantándose a los modernos que han confirmado mucho de lo dicho por Valdés. El cual tenía razón al escribir que del griego venían las voces artesa, cara, carátula, chimenea, fantasía, idiota, mozo, paradoja, rábano, tío, tiranizar, tragar y otras, pues la filología novísima ha comprobado, respectivamente, sus orígenes en
Pero no andaba, por el contrario, bien fundado cuando, extremando su principio, quería hallar en el griego el uso de nuestro artículo y el origen de muchas frases peculiares del castellano, como, por ejemplo, de nuestros modismos tiene buena pasada (bienes para vivir) y pues si yo te empiezo
(amenaza a los muchachos), de las frases de Luciano:
(Sueños, caps. 2: y 3:); lo cual es puramente caprichoso y podía haberle dado materia para encontrar otras muchísimas semejanzas (I).

Muy difícil será siempre sentar principios generales sobre la lengua hablada en España en tan remotos tiempos, aunque se aduzca, con Mayans y Velázquez, seguidores de la opinión de Valdés, la estructura léxica de los nombres de muchos pueblos, regiones, ciudades, montes, ríos y promontorios de la Península; pues falta probar que las colonias milesias, zacynthias y focenses, además de su indudable predominio en nuestra costa de Levante, en el Mediodía y en las de Galicia, habían penetrado sin obstáculos en el corazón del territorio para derramar allí su riquísimo idioma. Hasta ahora no han llegado a tanto los modernos descubrimientos, y sólo está demostrado que el predominio lingüístico del griego, no sólo quedó circunscripto a ciertas comarcas, sino que más tarde tuvo que compartirlo con el
tyrio y el púnico o cartaginés, que pertenecen a la familia semítica. La resolución del dominio de estos idiomas es tan ardua empresa como la de los orígenes o primera población de España; y así la creemos tan irrealizable como la de señalar y determinar el carácter e índole peculiar de las lenguas habladas antes de la venida de las colonias célticas, griegas, sirias y fenicias, siquiera sea contra toda razón negar los irrecusables testimonios ofrecidos por Antonio Agustín, Lastanosa, Albiniano de Rajas, D. Francisco ximénez de Urrea, Ustarroz, Dormer y los numismáticos contemporáneos en sus estudios sobre las monedas autónomas españolas, reveladores de una o varias lenguas habladas en aquellos remotos tiempos.

Ya lo hemos indicado. Sólo desde la dominación romana podemos hablar con el apoyo de datos ciertos. Harto hizo, por consiguiente, Juan de Valdés al decir y probar, en el año de 1540, a sus interlocutores de Chiaja, que la lengua latina era el principal fundamento de la castellana; y harto hizo asimismo señalando iguales fuentes a nuestros dialectos, tratando de ellos con particular acierto, marcando sus dominios y recordando la historia de las guerras e invasiones sucedidas en nuestro territorio, la cual va íntimamente unida al nacimiento, formación y conservación del castellano en los azarosos períodos de la Edad Media.

I: Estas semejanzas de ciertas frases griegas y castellanas serán curiosas de notarse, pero de ningún
modo obedecen a ley ninguna, ni mucho menos deben aducirse para probar lo que Valdés intenta. Así, es curioso que en griego se empleen algunas expresiones idénticas a las castellanas, como el uso del que, sustantivo, neutro, interrogativo, construido con el articulo, que tiene (como muy bien recuerda el señor Cuervo, en sus Notas a la Gramática de Bello) precedentes en las Ranas de Aristófanes, donde en su principio se leen estos ejemplos:

Mas ¿qué principio general puede sacarse de estos hechos aislados, que diga relación al mayor y más preferente origen del castellano respecto de la lengua griega?

Mas el Diálogo de la lengua, por su índole esencialmente literaria y por su brevedad, propia de la idea a que el libro obedece, no podía llenar por completo en nuestra historia filológica el vacío correspondiente a la resolución de este problema de los orígenes, cosa bien explicable si se considera que no hacía aún medio siglo que el castellano recibía del Maestro Nebrija el código
de sus preceptos escritos. Es, en cambio, un primor de arte y estilo, y será siempre monumento clarísimo de nuestra lengua y autoridad la más alta entre todas las de los tiempos del Emperador Carlos V. Sólo la traducción del Cortesano, hecha por Boscán, puede comparársele; pero quedando siempre para Valdés íntegra la gloria de haber sido él el verdadero creador del diálogo castellano de costumbres, y de haber sabido desenvolver con tal vida y animación las ideas que pone en boca de los interlocutores, y movido sus afectos con tanto ingenio, gracia y amenidad. que ningún escritor del siglo XVI supo igualarle. Es preciso llegar a los tiempos de oro de nuestras letras para hallarle émulos en Bartolomé Leonardo de Argensola o en Quevedo, o que nazca Cervantes para vencerle en gracia y soltura, majestad, nobleza y vigor clásico.

Dolor grande fué que la obra de Valdés no pudiese ejercer influencia en los estudios filológicos por haber permanecido desconocida de todos hasta el siglo pasado, a lo cual pudo contribuir también el haberse compuesto en tierra extranjera, donde tenía que ser menos apreciado el manuscrito, si por casualidad llegó a verlo alguno. Por esto no hay citado nada de lo que sustenta aquel famoso
conquense en su Diálogo, en ningún escrito anterior a los Orígenes de la lengua española de D. Gregorio Mayans, excepción hecha de la mención que del manuscrito de Valdés hizo el cronista D. Juan Francisco Andrés de Ustarroz en sus Progresos de la historia del reino de Aragón.

1574.

2. Libro de alabanças d las lenguas Hebrea griega latina: Castellana: y Ualenciana. Copilado por Martín de Uiziana (Viciana): y consagrado al Illustre Senado de la Inclyta: y coronada ciudad d Ualencia. Impresso con Licencia. -(Al fin:)
Impresso en Ualencia en casa de Ioan Nauarro. Año. MDLXXIIij -(La portada está orlada, y encima del título lleva un grabado representando el casco del Rey D. Jaime, con el rat penat.)

4°- Letra gótica. - Sin foliación. - Sign. A-B, de 8 y 6 hs. respectivamente.
Port. - A la v.: Retrato del autor. - A la h. siguiente: Epístola dedicatoria. - Texto. - Colofón.

Esta edición ha sido reproducida pocos años há por medio de la fotolitografía, habiéndose tirado muy pocos ejemplares.

Segunda edición: Alabanzas de las lenguas hebrea, griega, latina, castellana, y valenciana, copiladas por Martín de Viciana. Y consagradas al ilustre Senado de la Inclyta, y Coronada Ciudad de Valencia. Con licencia. En Valencia: Por Salvador Faulí, Mercader de Libros, junto al Colegio
del Señor Patriarca, donde se hallarán. Año 1765. -(Al fin:) Reimpresso en Valencia año 1765.

8.°-2 hs. Prels. + 44 págs. + una h. final, - Sign. A-D de 8 hs. menos la última de 2.
Port. -V. en b. - Ded. - Texto. -Licencias. - Colofón. -Nota.

Tercera edición: Biblioteca Valentina. Colección de obritas raras. Alabanzas de las lenguas, por Martín de Viciana. Valencia. Librería de Francisco Aguilar, calle del Mar, núm. 24. 1877.

8.°-59 págs.
Anteport. -Port. -Noticia biográfica de Martín de Viciana. - Texto,

Dice el autor en la dedicatoria a los jurados de Valencia:
Muchas veces he pensado la excellencia que tiene la Lengua Castellana entre otras Lenguas, tanto que en toda parte es entendida, y aun hablada; y es por ser preciosa y autorizada de syllabas en las dicciones, y por tener mezcla de muchas Lenguas. Y porque veo que la Lengua Castellana se nos entra por las puertas deste Reyno, y todos los Valencianos la entienden, y muchos la hablan, olvidados de su propia Lengua; porque los no advertidos tornen sobre sí y buelvan a su Lengua natural, que con la teta mamaron, y no la dexen por otra del mundo, pues en su propiedad a muchas otras excede, según probaremos. Hame parecido consagrar esta obra a Vuestras Señorías... suplicándoles me perdonen por haver vertido esta obra de Valenciana en Castellana, que por la misma causa huve de verter la Chrónica de Valencia, y el Libro de Nobleza, e Hidalguía, Armas y
Blasones y el Libro de Recreación de los días calurosos de Julio, que después de haverlos copilado, en la versión de todos ellos tuve otro tanto trabajo solamente por hacerlos comunicables a muchas otras Provincias...

He aquí ahora lo más importante que en el texto se dice relativamente a los orígenes y formación de nuestra lengua:

Fueron tan diferentes estas setenta y dos Lenguas (habladas por los descendientes de Noé) según nuestro soberano Dios lo permitió, que no se entendían en palabra alguna de una Lengua a otra, y así estuvieron muchos años; pero los fronteros de una Lengua con otra vecina, por la comunicación y larga contratación, vinieron con el tiempo en alguna conescencia de Lengua; y desta manera las setenta y dos Lenguas poco a poco han acrescentado su división por mixturas y palabras tomadas una Lengua de otra, según con exemplos manifiestos abaxo lo probaremos. Y de aquí viene que no podamos rastrear quál de las Lenguas que de presente se hablan en el mundo, es de aquellas setenta y dos, porque aunque muchas
ay, pero la mezcla hecha, como avemos dicho, ha sido tan diversa y en tantas partes, que no quedan las Lenguas de la división en su primer ser, causa de creer son éstas. La Hebrea, que quedó permaneciendo en su forja primera; y porque la Caldea le tiene alguna assimilacion, se puede creer seria dellas. La griega y la latina, que aunque dellas se sirven en muchas otras Lenguas; pero ellas con su arte y reglas de bien hablar se han conservado. Otrosí: la Vascuença se afirma ser de aquéllas, según Siculo Marineo. Y otros escriptores escriben que Túbal, hijo de Japhet, primero poblador de España Citerior, traía cierta Lengua que fué de las setenta y dos, y ésta hablaron todos los moradores de España, y duró hasta que los Romanos entraron a señorear España, y ellos traxeron la Lengua Romana latina, y con aquella Lengua se gobernaron los Españoles, exceptuados los moradores de la Cantabria, que quedaron con la Lengua que trujo Túbal su primer poblador. En toda España fué pública y general la Lengua Romana latina, hasta la entrada de los Agarenos o Moros, que corriendo y extendiendo su Secta y Lengua Arábiga fué mudada la Lengua; y de aquella Romana latina solamente quedó en Don Pelayo y sus gentes, en las montañas de Castilla y en los Pirineos. Otrosí: en la Cantabria quedaron sus moradores con su Ley, y con su Lengua Vascuença, traída, como tenemos dicho, por Túbal, aunque esta Lengua Vascuença también tiene algunos términos agregados de otras Lenguas, como son: Ampolla, Daga, Zafran, Sobrepelliz, Castaña. Tornando a la Lengua Romana latina, se ha de advertir que la Lengua latina tiene quatro partes hechas de sí, que son Prisca y Condita, que en tiempo de Jano y Saturno los antiguos Italianos las hablaron; y latina de la qual los Italianos usan, y han usado desde el Rey latino hasta oy; y Toscana, con la qual la Ley de las Doce Tablas fué escripta; y la mixta, que por las muchas mudanzas se ha corrompido. Empero la verdadera latina se guarda con reglas y arte que no la permite corromper, y ésta hablan los hombres de ciencia y letras, y es havida por general en todo el mundo.

Don Pelayo, y sus Castellanos de las Montañas, y por años después que siguieron, hablaron la Lengua Castellana corrompida de la Romana latina, y aun entremezclada con la arábiga, por la comunicación que con los Agarenos tuvieron. La mesma Romana latina hablaron los moradores en las vertientes de los Pirineos; empero por la vecindad del estudio de Letras que antiguamente tuvieron en Huesca los Romanos, tenían muchas dicciones latinas; y como los moradores de aquella tierra fueron gente tosca y mal mirada, corrompieron aquel latín y mezclaron Lengua Gascona, y formaron una Lengua muy confundida del latín Bárbaro y corrompido, y de la Romana y Gascona: y assí, si no es en Zaragoza, Ciudad principal, y cabeza de Aragón, que la propria Lengua Aragonesa se habla, toda la otra gente, que está en las fronteras de Gascuña, Navarra, Castilla y Valencia, es muy agena de la verdadera Lengua Aragonesa.
Pues entremos en Castilla, que es un Reino muy grande, compuesto y ayuntado de muchos Reinos, donde el Rey y su Corte siempre reside, y tantos grandes Señores y Cavalleros, y hay Ciudades muy grandes y populosas, donde se habla la perfecta Lengua Castellana muy galana, cortesana y graciosa, y muy esmerada y estimada por todos los Reinos, y Provincias del mundo, por ser muy inteligible y conversable. Empero si nos imos por los linderos y aledaños de Castilla, donde afronta Aragón, Navarra, Vizcaya, Galicia, Portugal, Granada, en quanto hay Algaravía, y Valencia, qué mixturas de Lenguas hallamos, que se le han apegado por la comunicación de los foranos; por cierto que es lástima ver que en la Lengua Castellana aya tanta mixtura de términos y nombres del Arábigo, y ales venido por la mucha comunicación que por muchos años han tenido en guerra y en paz con los agarenos. Y hanse descuidado los Castellanos dexando perder los propios y naturales
vocablos, tomando los extraños: y desto rescibe la Noble Lengua Castellana, no poco, sino muy grande perjuicio, en consentir que de la más que
cevil y abatida Lengua Arábiga tome vocablo, ni nombre alguno; pues en Castilla hay millares de Varones sabios, que en lugar de los Arábigos podrían hallar vocablos proprios a qualquier cosa, en demás teniendo la Lengua latina, de la qual la Lengua Castellana pretende ser tomada del tiempo de los Romanos venidos a España; que pues la latina es madre de muchas otras Lenguas, la Castellana se mejoraría grandemente. Y conforme a lo dicho lo hallarán en la Lengua Valenciana, que por más que en Reino de Valencia havia dos tercios de Agarenos, que hablavan Arábigo, y en esta Era hay un tercio de convertidas que hablan Arábigo, jamás la Lengua Valenciana ha tomado, ni usado de palabra alguna Arábiga, antes por ser el Arábigo tan enemigo del Christiano, le tienen por muy aborrecido. Son estos conversos de la Secta
Mahomética a nuestra Santa Fe Cathólica tales, que al cabo de cinquenta años, que son baptizados, jamás se ha podido acabar con ellos que dexen el Algaravía, y hablen Lengua Valenciana; y quando mucho los apretamos, responden algunos de ellos:
Por qué quereis que dexemos la Lengua Arábiga? Por ventura es mala? Y si es mala, por qué la hablan los Castellanos mezclada en su Lengua? Dexen ellos nuestra habla, y nosotros la dexaremos poco á poco. Y viniendo a contradecirles un convertido bien avisado, en Lengua Castellana, dixo: No veis que a los Castellanos les faltan muchos vocablos proprios, y por aquella falta toman de la Algaravía estos:
Sarten, Azeyte, Azeituna, Azeituno, Azebuche, Alhombra, Altamia, Candil, Alcuza, Alhucema, Alquitara, Arrayan, Albahaca, Azaar, Adelfa, Azufeyfo, Azucena, Azaleja, y muchos otros sin número. Y los ríos casi todos son nombren de Algaravía, como Guadalquivir, Guadiana, Guadarrama, Guadalete, &c. Otra mixtura tiene la Lengua Castellana, pero no tan mala, y es que como los Castellanos son muchos, y andan por diversas partes en servicio de los Reyes, y en
jornadas de grande valor, quando tornan de su jornada hay algunos que trahen algunas señales de heridas en sus personas, con que se glorian y honran por tener aquellas por valerosos servicios que a su Rey hicieron contra Saxonia, Francia, Italia, Turco y Túnez, y otros enemigos. Otros
ay, que pues su ventura los libró de las heridas y de la muerte, y bolvieron vivos a su tierra, por mostrar que allá sirvieron, traen dos docenas de vocablos extraños y háblanlos y péganlos a su Lengua Castellana. Y ya que esto se hace si fuere de otra lengua buena como la Castellana, aún sería de sufrir; pero a las veces es de alguna ruin Lengua, y en lugar de honrar su lengua ensúcianla; y de esta manera es Lengua compuesta de muchas. En qualquier Lengua, ora sea Castellana, Aragonesa, Valenciana, o otras ay tres maneras de hablar. La primera, y más principal, es la que hablan los hombres de ciencia y letras, porque guarda la propriedad del término, siguiendo la verdadera significación, pronunciación, ortographía y acento; y en caso, que estos no hallen, o tengan algún buen término, acuden a tomarle del Griego o latín, que son las dos princesas en bien hablar, y con esto tienen su lengua muy corregida y copiosa. La segunda manera es la que hablan los Cavalleros, y gente principal cortesana, y ciudadana, que hablan muy cortés, polido y gracioso; y es buena Lengua, y bien hablada, empero si no hay en los tales letras, adelgazan tanto su polideza, que se van confundiendo, acortándola como los vestidos de que usamos, que han venido a decir vuestra señoría, o merced. y por acortar, tráganse la dicción de vuestra, y exprimen la señoría o merced. Otros hay que del vicio hacen gala con duplicar la esse, que por decir casa o coja, dicen cassa o cossa. Otros exprimen la ache diciendo: Chuan, chente, &c. Otros pronuncian templum, dominum. mudando la final de eme en ene, siendo todo lo contrario a la verdadera ortographía y buen acento. Desde aquí pienso que alguno que no estava advertido destos defectos, leyendo este aviso me lo agradecerá, y se emendará. La tercera, y última manera de hablar es la que hablan los villanos, y gente común, que estos aplican a cada passo términos contrarios e improprios; y quanto más va, tanto corrompen su Lengua, de los quales no se ha de tomar exemplo alguno sino de la más esmerada y preciada Lengua de que usan los hombres de Letras, pues aquellos quanto más andamos siempre mejoran su Lengua. Esto se nos da a entender con los libros escriptos en tiempo antiguo, en los quales vemos la forma del antiguo hablar. Esso mesmo vemos en los libros que después en otros años fueron escriptos con la mejoría de la Lengua; y en esta era vemos los libros que se escriven quán bien y mejorada está la Lengua...

Cita luego el autor, para probar la excelencia de la lengua castellana sobre la portuguesa, la francesa y la toscana, el caso de una justa poética tenida en Roma un día de San Pedro del año de 1499, siendo Papa Alejandro VI, o sea el valenciano D. Rodrigo de Borja, en la cual un Embajador de los
Reyes Católicos, llamado Garcilaso, pronunció una oración (intercalada en el texto del cronista Viciana), en la cual no obstante estar escrita en castellano, úsanse en ella de las propias palabras y de bastantes giros latinos, para probar así que nuestra lengua, más que otra alguna, viene de la latina, y es por ello la de mayor alteza. (I)

I: Además de lo que dicen Núñez de León y Aldrete en sus libros acerca del origen del portugués y
castellano, sobre la conformidad de las lenguas latina y castellana, demostrada en los fragmentos que ya en prosa, ya en verso, han compuesto diversos autores, para demostrar la indudable progenie de nuestro idioma, véase lo que escribe d. Gregorio Mayans y Siscar en el tomo I de los Orígenes de la lengua española, págs. 68 y 69: "... si uno tiene un poco de arte puede formar razonamientos enteros, que igualmente se entiendan en una i otra lengua (latina y castellana) i cada una dellas los vindique a si. Desta suerte Juan de Mena empezó su Tratado de Vicios i Virtudes, no sé si de industria o por acaso:
Canta tú, Christiana Musa.
I el Autor del Diálogo de las Lenguas manifestó la gran conformidad de la latina i Castellana, traduciendo los dos primeros Versos de la Epístola de Horacio a los Pisones, comúnmente alegada con el título Arte Poética, porque enseña grandemente los preceptos de ella. Pero el eruditíssimo Maestro Fernán Pérez de Oliva con mayor artificio escrivió un Diálogo latino i Español, siendo Interlocutores Siliceo, Arithmetica, Fama. El qual Diálogo se halla al principio de las Obras de aquel insigne Cordovés, publicadas en su misma Patria, año 1586, por su doctissimo sobrino Ambrosio de Morales, el qual cuando tenía el cuidado de los estudios del Serenissimo Señor Don Juan de Austria, le dirigió una Carta con semejante artificio. Practicóle también el Dotor Luis González, hombre de excelente ingenio i muchas Letras, que murió casi mozo, siendo del Consejo de la General Inquisición, el qual continuó este artificio en algunos pliegos de papel; D. Francisco de Castilla imprimió una Canción toda latina i Castellana. Semejante habilidad manifestaron Juan de Guzmán en las Notaciones que hizo sobre la primera Geórgica de Virgilio; el Maestro Martínez en el fin de su Arte; el Licenciado Diego de Aguiar en unos Tercetos; Sor Juana de la Cruz en un Villancico que empieza Dionia María i otros muchos...
El Embajador de Portugal, D. Pedro de Castro, se atuvo a lo dicho por Garcilaso, por ser él (decía) miembro y parte de España; pero aunque todos concedieron la primacía al castellano en aquella junta, el autor de las Alabanzas, movido de amor regional, trata de probar que la lengua valenciana ha nacido más directamente del latín que la castellana, y tiene menos vocablos que éste de extraña procedencia.
La lengua Valenciana, escribe, en más de tres mil vocablos es pura latina, y en los mismos vocablos la Castellana difiere del latín, por añadir la última letra en el vocablo, como por ejemplo:
latina Valenciana Castellana
Sermo sermó sermon
Oratio oració oracion
Devotio devoció devocion

Item, la Lengua Valenciana tiene de su madre la Lengua latina, los vocablos propios y no los tiene la Castellana por añadir letras, o mudar de todo las letras, según parece por los siguientes:
latina Valenciana Castellana
Absencia absencia ausencia
Ansa ansa asa
Audacia audacia osadía
Avia avia aguela
Balena balena vallena
Barba barba barva
Baro baró varón
Bova bova yerva de agua
Cel cel cielo
Calx calx cal
Cella cella celda
Charta charta hoja de libro
Corda corda cuerda
Cistella cistella cestica
Columna columna coluna
Concubina concubina manceba
Falx falx hoz para segar
Farina farina harina
Fel fel hiel
Fervor fervor hervor
Flama flama llama de fuego
Fossa fossa cava
Gala gala agalla
Germana germana hermana
Glans glans vellota
Herba herba hierva
Mel mel miel
Mica mica migaja de pan
Scissura scissura cortadura
Sepia sepia xibia, pescado
Serra serra sierra de hierro
Spelta spelta scaña
Stella stella strella
Storachs storachs storache
Stora stora stera de esparto
Rebellio rebellio rebeldía
Rector rector retor
Redemptor redemptor redentor
Regina regina reyna
Reprehensor reprehensor reprehendedor
Rixa rixa rencilla
Ros ros rocio
Scala scala scalera
Schola schola scuela
Superbia superbia sobervia
Tata tata tayta de niño
Terra terra tierra
Tumor tumor hinchazón
Vespa vespa avispa
Vimen vimen vimbre
Viola viola violeta
Os os hueso
Porta porta puerta
Porca porca tierra entre dos sulcos
Porcella porcella lechona
Pustula pustula postilla
Murmur murmur murmullo de gente
Mustela mustela comadreja
Natura natura naturaleza
Oliva oliva azeytuna
Mola mola muela de molina



latina Valenciana Castellana
Argentum argent plata
Autumnus autumne othoño
Cepa cepa cebolla
Clavis clau llave
Coda coa cola
Collum coll cuello
Columba coloma paloma
Coxa cuxa nalga o anca
Confectura confectura confacionadura
Crusta crosta corteza
Defensor defensor defendedor
Delicie delici deleyte
Demencia demencia locura
Dens dent diente
Despectio despeccio desprecio
Draco drac dragon
Fames fam hambre
Fenestra finestra ventana
Ferrum ferro hierro
Filius fill hijo
Filum fil hilo
Fimus fem stiércol
Flocus floc flueco
Fons font fuente
Formica formiga hormiga
Fraus frau engaño
Fremun fre freno
Frumentum forment trigo en general
Fumus fum humo
Furtum
funt hurto

Fundamentum fonament cimiento
Fussus fus huso
Gemma gema hiema de sarmiento
Gemitus gemit gemido
Gibba geppa corcoba
Gingiva geniva enzías
Hamus ham anzuelo
Homo home hombre
Jocus joc burla de palabras
Juncus junc junco
Lacus llac lago o zaquizamí
Licatura lligadura atadura
Legumen llegum legumbre
Lilium lliri azuzena
Linus llim limo
Lexivia llexin lexía
Lumen llum lumbre
Mamilla mamella tetica
Mirtum murta arrayan
Morsus mos bocado o mordedura
Milium mil mijo
Mors mort muerte
Mucus moc moco
Mulier muller muger
Mulus mul mulo
Nasus nas nariz
Napus nap nabo
Nomen nom nombre
Oleum oli azeyte
Ovum ou huevo
Ora vora orilla de mar
Ordeum ordi cebada
Petra pedra piedra
Palea palla paja
Panis pa pan
Pomum poma manzana
Pellis pell pellejo
Porcus porc puerco
Posticum postic postigo
Pratum prat prado
Princeps princep príncipe
Pruna pruna ciruela
Ramus ram ramo
Riuus riu rio
Rasum ras raydo
Rota roda rueda
Serpens serp serpiente
Sevum seu sevo
Sela sella silla de andas
Sabula sablo tierra arenosa
Sagita sageta saeta
Socus soc sucio
Status stat estado
Sagma salma



Sagma salma enxalmo o albarda
Salamandra salamandra salamanquesa
Sarmentum sarment sarmiento
Scandalum scandil tropezadero
Sucus suc zumo
Talpa talp topo, animal
Tempus temps tiempo
Tonus to tono
Tenebre tenebres tinieblas
Tymus tymo tomillo
Torrens torrent arroyo o chorro
Turdus tord zorzal, ave
Vernix vernis barniz
Vesper vespre la tarde
Vinum vi vino
Virus veri ponzoña
Viscum visc liga
Vomitus vomit vómito





... La Lengua Valenciana es hija, y factura de la Lengua latina por derecha línea y propagación, y la Lengua Castellana procede de madre bastarda por ser compuesta de la Romana latina que fué latín corrompido, y en la venida de Roma a Castilla más se corrompió. Y si toda vez pretende tener vocablos latinos, viénenle por tercera Lengua, entre las dos, lo que en la Lengua Valenciana no hay medio alguno, porque beve en el nascimiento de la fuente latina...

1587.

3. De la antigva lengva, poblaciones, y comarcas de las Españas, en que de paso se tocan algunas cosas de la Cantabria. Compuesto por el Licenciado Andrés de Poça, natural de la ciudad de Orduña, y auogado en el muy noble y leal señorío de Vizcaya.
Dirigido a Don Diego de Auendaño y Gamboa, señor de las casas de Vrquiçu, y Olasso, y de la villa de Villa Real y sus Valles, y Ballestero mayor del Rey nuestro Señor, &c.
(E. de a. del mecenas, Grab. en mad.) Con priuilegio Real, impresso en Bilbao por Mathías Mares, primer impressor de Vizcaya. Año de 1587.

4.°-4 hs. Prels. + 70 págs. dobs. + 34 páginas dobs. - Sign. A-T, de 4 hs. menos la últ. de 2; una h. sin sign. otra con V 7, B-I, de 4hs.

Port. - A la v.: Lic. y priv. real por diez años: San Lorenzo 21 de Julio de 1584. - Dedicatoria del autor a D. Diego de Avendaño. - Pról, al lector. -Tabla de los capítulos. -Erratas. -V. en b. - Texto, que contiene 17 capítulos; sigue un tratado de Prisca Hispanorum lingua, y termina con el de las antiguas poblaciones y comarcas de las Españas, con los nombres y sitios que al presente le corresponden, el cual lleva foliación distinta, a pesar de que en la tabla dice que comienza en la pág. 71.





De la lengua latina han resultado las generales que agora se usan en Italia, España, Francia y Vvalachia. (Pág. 13.)

En nuestra España, allende de la lengua hebrea y general del mundo, luego entró la vascongada como puramente babylónica, y en tercer lugar entró la lengua griega, y en cuarto la phaenicia, en quinto la africana, en sexto la romana, y en séptimo lugar se nos pegaron algunos vocablos góticos; en vltimo lugar los árabes naturalizaron la suya hasta las montañas. (Págs. 13 vta. y 14.)

La venida de los vascongados de los campos de Armenia y de las llanuras de Senaar, para habitar la España, en donde lograron oprimir y extinguir la lengua hebrea, que era la que entonces se hablaba en la Península, es el principal fundamento de este libro, que carece de toda crítica científica. Así se leen en él, consignados sin pruebas ni argumentos sólidos, principios históricos, como el de que la lengua hebrea fué la general y materna del mundo (pág. 9); hechos como el de que los antiguos
españoles poblaron una provincia en Asia y en ella fundaron villas de apellido vascongado
(pág. 20); juicios como el de que la lengua vascongada no es menos substancial y philosóphica que las más elegantes de Europa (página 30) y otros asertos semejantes, que se han venido repitiendo, con pequeñas variaciones, desde el siglo XVI acá, por muchos halucinados escritores bascófilos.

El Ldo. Poça, no obstante las conclusiones que propone en su libro, aconsejadas muchas de ellas sin duda por un mal entendido amor regional, fué hombre de mucho estudio y buena inteligencia. Así lo justifica otra obra que compuso, (en la cual hay algunos curiosos datos referentes a su vida y
estudios), intitulada: Hydrografía, la más cvriosa qve hasta aqví ha salido a lvz, en que demás de su derrotero general, se enseña la nauegacion por altura y derrota, y la del Este Oeste: con la graduación de los puertos, y la nauegacion al Catayo por cinco vias diferentes. Compuesto por el
Licenciado Andrés de Poça, natural de la ciudad de Orduña abogado en el muy noble y muy leal Señorío de Vizcaya.
(E. de a. Grab. en mad. con esta leyenda a los lados:
En Ayala mariaca y contra la ponçoña theriaca.)
Impresso con priuilegio Real en Bilbao por Mathías Mares. Año de 1585.
-4.° -3 hs. + 142 páginas dobs. + 2 hs. finales. - Sign, a, A-S, de 8 hs. menos la primera, de 4. -Portada. -a la v.: Ap. por Iuan Bautista Antonelli: Aranjuez 4 de Mayo de 1584. -Lic. y priv. real: San Lorenzo 19 de Mayo de 1584. - Pról, al lector:

Es tan diferente el gusto de los hombres, que mal podrá vno satisfazer a todos, y assí es cierta cosa que los que ocupan su vida en escriuir, por ciertos fines, se ponen en peligro de los detractores; vnos por ser reputados por sabios, y ganar loa entre los mortales, otros por ser agradecidos y estimados de sus conterrános. Pues ninguna destas se podrá a mí atribuyr como sea abogado y en profession agena. Solamente (amigo lector) me ha movido el zelo de la caridad. con los naturales destos reynos, para darles notizia de lo más necessario y vtil, que hasta aquí no se hauia publicado, conuiene sauer el secreto de las entradas y salidas de los puertos más señalados de la Europa... Aquí he juntado lo más curioso que se halla escrito en las lenguas italiana, francesa, inglesa y flamenca... Suplico os tengays por bueno mi cuidado y zelo, porque la voluntad y intención ha sido de aprovecharos, con las lenguas de que tengo noticia y con la facultad que estudié, quando no pensé venir a necessidad de ser abogado en Vizcaya, auiéndome criado en mi juuentud con mucha largueza, nueue años en la Vniuersidad de Louayna, y diez en Salamanca, donde me gradué de Licenciado en leyes año de 1570, de la cual mi profession y otras presto (Dios queriendo) vereys algún testimonio. -Tabla de capítulos. - Texto.






En el códice de la Biblioteca Nacional de Madrid, que lleva la signatura R-207, y tiene por título Museo de las medallas desconocidas de España, que publicó D. Vincencio Juan de Lastanosa en Huesca el año MDCXLV. Baria ervdicion Para Illustrar La segunda Impresión del Museo De las medallas de España, Que Publico D. Vincencio Iuan de Lastanosa, (en 4.°, 213 fols. muchos en blanco), hay un extracto del libro del Ldo. Poça, que ocupa desde el fol. 72 al 83 vto.

1601.

4. Discvrsos de la certidvmbre de las reliqvias descvbiertas en Granada desde el año de 1588 hasta el de 1598 Autor el doctor Greg. ° López Madera fiscal de su Magestad en la Chancilleria de la dicha ciudad. Dirigidos al illvstrissimo S. Cardenal de Gvevara Inquisidor general destos reinos del Consejo destado de sv Magestad. & Impresso Con licencia en Granada por Sebastian de Mena. Ano de 1601.

4,°mayor-10 hs. prels. + 167 págs. dobs. + 10 hs. finales. - Sign. A-Z, de 8 hs. menos la últ. de 6. Port. grab. con el tít, en el centro. -Tasa;

Madrid 30 de Enero de 1601. -Erratas, suscritas por Juan Vázquez del Mármol en Madrid a 20 de Diciembre de 1600. -Priv. por diez años. -Aprob, por el P. Ioseph Villegas. S. J.: Madrid 6 de Marzo de 1600. - Ded. Al Card D. Fernando Niño de Guevara. - Pról. -Lugares de la Sag. Escrit. citados en la obra. - Indice de autores. -Tabla de los capítulos de la obra. - Texto. - Indice de cosas notables. - H. en b.

Además de las muchas ideas críticas, históricas y gramaticales sobre la lengua castellana esparcidas por toda esta obra, la segunda parte comienza por estos dos capítulos:

Cap. 18. De la satisfacción de la primera duda, y de la lengua que se hablaba en España en tiempo de Romanos, y en qué se equivocan los que pusieron esta dificultad.

Cap. 19. De la diferencia de los idiomas y lenguages, y en qué consiste el dialecto de cada nación, donde se muestra como se hablaba en España siempre la lengua, que agora se llama Castellana.

El autor de este libro fué hombre de grande ilustración e ingenio, pues así manejó la pluma con aplauso de las gentes, como el pincel y la paleta; así desempeñó con acierto una cátedra en la Universidad complutense, como ejerció difíciles cargos públicos en los que mostró singular prudencia y otras dotes que le ensalzaron en 1619 al Consejo de Castilla. No nació el año 1574, como escribe Ceán Bermúdez en el tomo III de su Diccionario de los más ilustres profesores de las Bellas Artes en España, siguiendo los errores de otros, sino en 1562, día 10 de Mayo, según el mismo López Madera dice en el cap. XXXVI de esta obra suya, en donde dejó consignadas sus particulares opiniones sobre el origen de nuestra lengua, que vamos a exponer a continuación.

¡Lástima es que ingenio tan bien cultivado caiga en el extravío de afirmar y de querer probar que la lengua matriz y primitiva de España fué el español mismo, el cual, según él decía, no fué posible desterrar a los romanos cuando enseñorearon nuestra Península!

No niega, sin embargo, este autor la semejanza de las lenguas latina y española; pero la deduce de haberse formado la primera de la segunda (a la cual considera como idioma original y uno de los 72 del Génesis) por las continuas comunicaciones habidas entre ambas provincias en el siglo I.

Dice que el llamarse romance nuestra lengua no es por ser derivada del latín, sino porque los godos, al invadir España, llamaron romanos a sus moradores, supuesta su fe y el haber defendido a veces los derechos de los Emperadores romanos, y, en consecuencia, llamaron romana a nuestra lengua, que después, por corrupción, se llamó romance, como los franceses la llaman también a la suya.

Contra la opinión de Fr. Alonso Venero y Esteban de Garibay, consigna que la lengua vizcaína o cántabra fué siempre diferente de la general de España, y que no parece haber tenido mucha comunicación con la griega y latina.

Escribe que la Gramática española es muy artificiosa y concertada y que no depende de la latina ni es semejante a ella, (menos aún que ésta de la griega), a cuyo fin recuerda la uniformidad de nuestros artículos, la división de los nombres, etc. Y no porque no ay libros desto se a de entender
que nuestra lengua no tiene su propia Gramática; porque no penden los lenguages de los preceptos, sino los preceptos se sacan del uso de los lenguages.

Apóyase también en el Diccionario para demostrar su tesis, diciendo que la lengua española está llena de vocablos propios que no son griegos ni latinos, ni tomados de otras naciones; que los autores latinos citan muchas voces españolas como propias de esta lengua; que infinitos nombres de familias y pueblos españoles antiguos eran los mismos entonces que hacía mil años, y que muchos refranes castellanos se hallan en las lenguas llamadas clásicas. Todo lo cual no se opone, según el Dr. Madera, a que se hayan convertido en la sucesión del tiempo muchos vocablos latinos en españoles, y otros góticos y arábigos, según lo prueba Vuolfgango Lacio en el largo cathalogo de
vocablos que tomamos de los godos (lib. II, De migration. gent.), y otro catálogo de los que
nos han quedado de los árabes, y éste bien extendido, que anda junto con el vocabulario de Antonio (Nebrija). Si bien añade que el buscar etimologías y deducciones extranjeras para los vocablos es cosa sin fundamento, de donde proceden muchos errores; porque si estas deducciones no son evidentes, señal es que la propiedad se refiere a la antigua lengua española.

En lo tocante a ortografía, única parte estimable y bien razonada de esta obra (según puede verse en el libro segundo de la presente), dice que es justo se imite la latina, aunque el autor niega a Herrera las cualidades que sólo sus émulos pusieron en duda, y da mayor autoridad al uso que al propio valor de las letras en el empleo de la i y de la y.

1603.

5. Diálogos de las cosas notables de Granada, y lengua española, y algunas cosas curiosas. Compvestos por el Licenciado Luys de la Cueva, Clérigo presbítero. Pruéuase que la lengua
latina ha tomado mucho de la española. Dirigidos al illvstrissimo Señor Cardenal D. Fernando Niño de Gueuara, mi señor. Arçobispo de Seuilla Florida per campos ostendunt Lilia septem Illustrium Clipeos, insignia nota Viuorum Praesulis, & nostri clara gestamina gentis Auxit quae digno Fernandus & ipse Galero. del Consejo de Estado de su Magestad. Impresso con licencia en Seuilla, por Fernando de Lara en la calle de la Sierpe. Año de 1603.

4. -Sin foliar, - Sign. A-K, de 4 hs,
Port. -A la V.: Aprob. del Dr. Iuan Hurtado; Sevilla 18 de Mayo de 1603. -Lic. del Provisor y Vicario D. Felipe de Haro: Sevilla 21 de marco de 1603. -Erratas. - Ded. del autor al Arzobispo de Sevilla D. Fernando Niño de Gueuara. -Al Lector. -Suma del libro:
... ay en aquella ciudad (Granada) vna escritura en castellano de más de 1.500 años, y se descubre la mucha antigüedad de aquella lengua: se responde a las razones contrarias, la más fuerte dellas es que los romanos introduxeron el latín en España, y que del corrompido resultó la lengua castellana, como si no fuera lo mismo en todo el mundo, y principalmente en Constantinopla, donde estuvo la silla del Ymperio, y con todo esso no vemos que habla latín corrompido, donde vuo mayor ocasión
que en España, y assí me parece falsa la opinión, y por las razones que se alegan en este libro de todo punto imposible. - Texto, dividido en once diálogos de indigesta erudición, procedente de los falsos cronicones en su mayor parte. En el diálogo noveno, siguiendo al Dr. López Madera, repite lo que había anunciado en la suma del libro; pero sin que en los argumentos que allí aporta para defender aquel falso principio, diga nada nuevo ni bueno.

Acerca de los documentos falsos en que se fundó este autor y el citado en el número que antecede, y los que luego siguieron a ambos, escribe el P. Martín Sarmiento, ilustre benedictino del pasado siglo, en sus Memorias (págs. 97 y 98), publicadas en 1775, lo siguiente:
Al acabarse el siglo decimosexto, se desenterraron en Granada varios pergaminos, láminas e inscripciones, y se atribulan a San Cecilio, discípulo de Santiago. Entre ellos había un poema en castellano que hoy es vulgar, paráfrasis de una profecía de San Juan, y Aldrete en la pág. 304 de sus Varias antigüedades de España (impresas en 1614), pone para ejemplo este verso:

La edad de la luz ya comenzada.

Había dicho Aldrete, y probado antes en su libro del Origen de la Lengua Castellana, que nunca había existido el vulgar Castellano hasta después de la irrupción de los Godos, y que se había originado, como otras muchas lenguas, de la corrupción de la lengua latina. Pretendieron impugnarle algunos, y no pudiendo convencerle a lo contrario con razones, le instaron con los monumentos Castellanos, coetáneos a los Apóstoles, y recientemente descubiertos en Granada,

Puesto Aldrete en extremo de no deber retractarse de su dictamen, y de no atreverse a dar por apócryphos aquellos monumentos, inventó aquel medio de decir que aquellos contextos Castellanos se hablan escrito en profecía y en lengua que no se usaba, ni había en el mundo, pero que existiría muchos siglos después. Jamás creeré que un hombre tan erudito y juicioso como Aldrete, asintiese de veras a este dictamen. Antes creo que aquella salida la dio para ratificarse más en su primer dictamen, dando milagrosa solución a argumento tan portentoso.

Entonces aún no se habían examinado por tribunal superior aquellas láminas. Hoy están ya en paraje que no se necesita recurrir al medio de Aldrete para insistir en que la lengua Castellana es dialecto de la latina. Papebroquio en la Vida de San Fernando, a 30 de Mayo, pág. 285, pone la noticia y catálogo de aquellos monumentos de Granada, y, por consiguiente, la prohibición de ellos en 1641 y la condenación en el año de 1682.

1606.

6. Origem da lingoa portvgvesa. Per Dvarte Nvnez de
Liao, desembargador da casa da svpplicaçao, natvral da inclyta cidade de Evora: Dirigida a el Rei Dom Philippe II de Portugal nosso Senhor. Em Lisboa: Impresso por Pedro Crasbeeck. Anno MDCVI.

8° -3 hs. prels. + 150 págs. + 1 h, en blanco. - Sign. A-K, de 8 hs. menos la primera y la última, que son de 4.

Port. -V. en b. -Licenças: por el P. Paulo Ferrer: Lisboa 10 de Iulho de 1601; por Marcos Teixeira, Bartolameu d Afonsequa y Ruy Pirez da Veiga: Lisboa 19 de Iulho de 1601; por
Simāo Borges: Lisboa 17 de Iulhio de 1601, y por Pereira y D. dAguiar: Lisboa XVI de Nouembre de 1601. -Authoris in inuidos Carmen. Inuide quid tetro haec suffundis scripta veneno?
Et carpís quae non efticere ipse potes?
Si non assequeris, cur taxas? si bona quam sint Agnoscis, cur non laudibus vsque vehis?
Aut calamo scribe arrepto meliora, vel atro Inclusum tacitus pectore virus habe.

-Ao Invictissimo Catholico Rei Dom Philippo II de Portugal nosso Senhor... -E agora por me refocillar do trabalho de outros studos mais pesados, tentei fazer este tractado da origen da mesma lingoa /portuguesa/, & das outras mais de Hespanha... De Lisboa oito de Maio de MDCVI -Erratas. - Texto: consta de 27 capítulos.

Cap. 1. Da mudanza que as lingoas fasem per discurso de tempo.
Cap. II. Da lingoa que a principio se fallaua en Hespanha.

...Qvest
āo he tratada de muitos, que lingoa fui a que primeiro se fallou em Hespanha, que tem a resposta tan incerta, quam incerto he que gente foi a que primeiro veo apportar a ella... esta manifestó que como em Hespanha hauia diuisāo de gétes & de senhorios, & as gétes erāo tam differétes, assi hauia differétes lingoagés, & que as mais dessas gétes fallauāo a lingoa Grega, pois os mais dos estrágeiros, que naquella prouincia concorriáo, & vinhāo negocear, erāo Gregos...

Cap. III. Como os Hespanhoes tiuerāo letras antes que os Romanos viessem a Hespanha.

Cap. IIII (IV). Da inuençāo das letras, & sua antiguedade.

Cap. V. Que as lingoas cada día se renouāo com nouos vocablos per que se deixāo ou emendāo os antigos. ...O referir os vocabulos que sobre a grammatica os Romanos tomarāo dos Gregos, seria encher muitas folhas de papel, que deixo, porque a todos sāo notorias as partes da grammatica, prosodia, ortographia, etymologia & syntaxis, & quanta multitāo tem de figuras, & metaplasmos...

Cap. VI. A lingoa que oje falla em Portugal donde teve origem, & porque se chama Romance.

Desta introduçāo da lingoa latina, que os Romanos fizerāo em Hespanha, & como de muitas naçóes & varios costumes, se vierāo a conformar, & parecer tudo hum povo de Romanos, he teste minha mesma lingoa que oje fallamos, ainda que corrupta, & húa pedra antiga que se achou na cidade de Empurias do reino de Aragáo, que era habitada de Gregos, & Hespanhoes que diz asi:

Emporitani popvli graeci hoc
templvm svb nomine dianae
ephesiae eo secvlo condidere,
qvo nec relicta graecorvm lingva,
nec idiomate patriae iberae
recepto, in mores, in lingvam,
in ivra, in dictionem cessere
romanam. m. Cetego et Lvcio Apromo. coss.

Cap. VII. Das muitas maneiras perque se causou a corrupçāo da lingoa latina que em Hespanha se fallaua na que se oje fabla.

Indica el autor que los pueblos bárbaros que invadieron la Península corrompieron la lengua latina casta y pura que se hablaba, y señala, con ejemplos, las siguientes formas de corrupción:
1: la que se comete en la terminación de las palabras.
2: por disminución de letras o sílabas.
3: por acrecentamiento de letras o sílabas.
4: por transmutación o cambio de unas letras en otras semejantes o distintas.
5: por mudanza de género.
6: por mudanza de número.
7: por mudanza del vocablo en otra forma a causa de significación distinta.
8: por impropiedad del significado.
9: por mediación de la figura llamada metáfora.

Cap. VIII, De algús vocabulos Portugueses tomados dos latinos, que pella corrupçāo que se delles fez estāo obscuros.

Este capítulo y los dos siguientes lo constituyen numerosas listas de vocablos, con sus correspondientes originarios al lado.

Cap. IX. Dos vocabulos que tomamos dos Grecos.

Cap. X. Dos vocabulos que os Portugueses tomāo dos Árabes. (Lista de 207 palabras con sus etimologías.)

Cap. XI. Dos vocabulos que os Portugueses tomarāo dos Franceses.

En este capítulo y en el siguiente yerra el autor a menudo, porque casi todas las voces que indica las tomaron, así el francés como el portugués y el castellano, directamente de su madre común el latín.

Cap. XII. Dos vocabulos que tomamos dos Italianos.

Cap. XIII. Dos vocabulos tomados dos Alemáes.

Cap. XIV. Dos vocabulos que temos tomados dos Hebreos & Syros.

Cap. XV. Dos vocabulos que nos ficarāo dos Godos,

Cap. XVI. Dos vocabulos que os Portugueses tem seus natiuos, que nāo tomarāo de outras gentes que nos saibamos.

Cap. XVII. De algús vocabulos antigos Portugueses que se achāo en scripturas, & sua interpretaçáo.
Cap. XVIII. De algús vocabulos que usāo os plebeios, ou idiotas que os homés polidos nāo deuen vsar.

Cap. XIX. Como a lingoa portuguesa com a mais lingoas vulgares em algúas cousas he mais curta que la latina.
Refiérese a las voces del verbo, a la declinación, a los comparativos, etc.

Cap. XX. Da copia da lingoa Portuguesa em deriuar de húa soa palaura muitas mais que a dos latinos.

Cap. XXI. De algúas palauras Portuguesas & maneras de falar, que se nāo podem bem explicar per outras latinas, nem de outra lingoa.



Cap. XXII. Porque os Portugueses nāo usurpāo tantos vocabulos dos Castelhanos como tomāo de outras naçoés mais remotas.

Cap XXIII. Porque a lingoa Portuguesa se nāo toma das outras naçoés com a facilidade, com que os Portugueses tomāo as outras lingoas.

Cap. XXV. De que lingoa tomarāo os Portugueses os vocabulos de que tiuerem falta ou lhe forem necessario pera ornamento do que fallāo ou escreuem.

Cap. XXVI. Da eleçāo que deuemos fazer dos vocabulos, & de exame, & circumstancias delles.

Por lo que precede y por la fecha en que fué escrito, se habrá formado exacta idea de la importancia que tiene este libro en el estudio de los trabajos relativos a los orígenes y formación del castellano. El acierto que predomina en todas las proposiciones históricas que el autor consigna, no es menor que las razones de varios órdenes con que las apoya; y es de advertir que, aunque las conclusiones y el método son semejantes al método y a las conclusiones que el Dr. Aldrete muestra en el libro de que a continuación trataremos, la obra de Núñez de León, a pesar de que no tenemos noticia de que se hiciera edición anterior a la presente, fué escrita y censurada para ser impresa cinco años
antes que la del Canónigo de Córdoba, según lo testifican las licencias de la obra portuguesa, fechadas en Julio y Noviembre de 1601, y la aprobación del Dr. Rueda y el privilegio del Papa Paulo V, de la castellana, extendidos en Mayo y Octubre de 1606, Sirva esta observación comparativa y puramente externa de advertencia para los que pudieran imaginar a primera vista que alguno de estos autores utilizó el libro del otro para escribir el suyo; aunque bien claro está, después del examen de ambas obras, que la gloria de la originalidad en los procedimientos científicos empleados y en los hechos que los dos autores aportan es propia de cada uno de ellos, ya que tuviesen necesariamente que coincidir a veces, por ser el mismo el camino que seguían.

Mayans, en sus Orígenes de la lengua española (tomo I, págs. 59 y 60), ensalza así el libro de Núñez de León, mostrando en sus palabras que la obra portuguesa y la de Aldrete se escribieron con absoluta independencia cada una de ellas respecto de la otra:
Del Origen de la Lengua Portuguesa (dice d. Gregorio) escrivió harto bien Duarte Núñez de León, el qual publicó su Libro en Lisboa Año 1606, en 4.°, al mismo tiempo que el Canónigo Aldrete imprimía el suyo del Origen de la Lengua Castellana, por estar generalmente detenidas en España, por algunas causas, todas las licencias de imprimir libros de nuevo (I). Vese claramente que las lenguas Portuguesa i Castellana, son dialectos muy conformes entre sí; pues Núñez de León señaló a la Portuguesa los mismos Orígenes que Aldrete a la Castellana, y en el fin del cap. XXV del Origen de la Lengua Portuguesa, puso unos versos
heróicos de incierto Autor, escritos en Portugués y en latín, y pudiera añadir que también en Castellano, los quales, aunque no contienen grandes pensamientos, merecen trasladarse aquí, por averse compuesto con tan extraño artificio.

I: Dícelo asi Aldrete en la dedicatoria de su libro. Las causas eran las disensiones de la Corte de España con la Romana.



El Himno es en alabanza de Santa Ursola, i de las Vírgenes Mártires, sus gloriosas compañeras, i dize así:

Canto tuas palmas, famosos canto triumphos,
Ursula, Divinos, Martyr, concede favores,
Subjectas sacra Nympha, feros animosa Tyrannos.
Tu Phenix vivendo ardes, ardendo triumphas.
Illustres generosa choros das, Ursula, bellas,
Das, Rosa bella, rosas, fortes das, Sancta columnas.
Eternos vivas annos, o Regia planta,
Devotos cantando Hymnos: vos invoco Sanctas,
Jam puras Nymphas amo, adoro, canto, celebro.
Per vos felices annos, o candida turba,
Per vos innumeros de Christo spero favores.

A Duarte Núñez, aunque nacido en Evora y educado en la Universidad de Coimbra, debemos considerarle como español, porque después de muerto el Cardenal Rey D. Enrique, siguió el partido de Castilla y defendió calurosamente los derechos de Felipe II a la corona de Portugal.

De su Origem da lingoa Portuguesa se hizo una reimpresión, a costa del librero Roland, en Lisboa, el año de 1781.

7. Del origen, y principio de la lengva castellana ó romance que
oi se usa en España. Por el Doctor Bernardo Aldrete. Canónigo en la Santa Iglesia de Córdova. (E. de armas reales.) Dirigido al Rei Catholico de las Españas Don Philippe III deste nombre nvestro señor. Con preuilegio del Srmo. Pontefice, y licencia de los superiores. En Roma acerca de Carlo Wllietto en el año del Señor j606. -(Al fin:) En Roma. Por Carlo Wulliet. MCDVI. Con licencia de los Superiores.

4.°-4 hs. prels. (la port. Grab. inclusive) + 371 págs. + 18 de sumario y tabla. - Sign. +,
A-Z, Aa-Ee, de 8 hs. menos la última y primera de cuatro.

Port. Grab. en cob. - Pról. -Priv. latino del Papa Paulo Valantor: Roma 16 de Octubre de 1606. -Aprob. del Dr. Andrés de Rueda Rico: Roma 28 de Mayo de 1606. -Lie, - Texto. -Sumario. -Tabla general. - Errat. -Registro. -E. de la Comp. de Jesús. -Nota final.

Segunda edición:

Del origen y principio de la lengva castellana, o Romance que oy se vsa en España. Compvesto por el Doctor Bernardo Aldrete, Canónigo en la Santa Iglesia de Córdova. Al Señor Don Gregorio Altamirano Portocarrero, Cauallero de la Orden de Santiago, del Consejo de Su Magestad en el de Hazienda y su Contaduría mayor de la Orden, y Caballería de Alcántara, &c.
Año (e. del i.) 1674. Con privilegio. En Madrid, por Melchor Sánchez. A costa de Gabriel de León, mercader de Libros, véndese enfrente de la calle de la Paz. Año 1674. (Rojo y negro.)

Fol. -4 hs, prels. -h 89 fols, + una para terminar el sumario.

Parte primera del Tesoro de la lengua castellana o española, compvesto por el Licenciado Don Sebastian de Covarrubias Orozco. Añadido por el Padre Benito Remigio Noydens.
Madrid. Melchor Sánchez, 1674,-6 hs. prels, 274 fols. y 1 de elenco.
-Parte segunda del Tesoro de la lengua castellana, o española. Madrid. Melchor Sánchez, 1673. -213 hs. fols. la portada inclusive, 2 de elenco y 1 en que se repiten las señas de la impresión con el
año MDCLXXIV. -Tres partes en un volumen en folio.

Libro de capital importancia, sobre todo por la fecha en que sus conclusiones científicas fueron propuestas.
Está dividido en tres partes. Trata en la primera de la dominación romana en España, de las poblaciones o colonias que se fundaron, y coligiendo de que, siendo la vida española de entonces vida romana por la religión, las leyes y las costumbres, fué la lengua latina también la generalmente hablada en la Península, o sea la lengua vulgar de todos los habitantes. Con argumentos históricos y graves autoridades prueba Aldrete sus proposiciones, admitiendo con todo que muchas de las lenguas antiguas se conservaran en algunas partes y pueblos, ya porque sus habitantes estaban más retirados y apartados del trato y comercio de los romanos, ya por ser sus naturales muy recios
y ásperos e incapaces de adaptarse a la
policía propia del pueblo romano, por la fuerza de las armas. A este fin cita el autor inscripciones puestas en los monumentos públicos, denominaciones de pueblos y comarcas, textos de escritores coetáneos y nombres de varones insignes que en la lengua latina comenzaron a florecer en España, concluyendo por señalar el tesón con que Roma vencedora impuso, por medio del hierro, su lengua a los naturales de la península.

Aunque los romanos (dícese al comenzar la parte segunda) por todo su imperio introduxeron su lengua, esto fué con alguna mengua y quiebra de su elegancia y pureza, porque también recibieron vocablos peregrinos. La mudanza de nuevos imperios lo causa también en la lengua (añádese luego): que mientras se conservó el romano perseveró ella, y acabado se estragó y mudó, haciéndose de sus cenizas y ruinas otra; porque los vencedores pretendieron conservarla y acomodarse a ella y no lo pudieron conseguir y la destruyeron. Con la venida de los Godos, y otras bárbaras naciones a Italia y a las provincias del Imperio, los vencidos se hubieron de acomodar a la lengua de los vencedores, los cuales desearon y procuraron aprender la latina, que se les dio muy
mal, y la corrompieron; y unos y otros, cada uno por diverso camino, vinieron a dar principio a la lengua castellana e italiana.
Trata después de la fecha en que se tradujeron en romance las leyes del Fuero Juzgo; de las causas por que, al par del castellano, nacieron otras lenguas en España, y de los vocablos que se conservaron procedentes de la lengua hispana anterior a la dominación de Roma. Refuta las opiniones de los que habían pretendido proclamar el romance como la lengua antigua de España.
Consigna curiosas observaciones sobre el arcaísmo en las lenguas; y por lo que se refiere al castellano, publica una lista de cerca de doscientas voces castellanas en aquella fecha ya anticuadas. Muestra cómo, a su juicio, los vocablos del romance se derivan del latín, y señala algunas modificaciones fonéticas con acierto, examinando particularmente cada una de las letras del alfabeto en el tránsito del latín al castellano. Obvio es indicar que el autor, no sospechando siquiera las leyes de las radicales, que constituyen una de las glorias de la moderna lingüística, no se atiene más que a la semejanza fonética. Aldrete estudia, al fin, comparándolos, el italiano y el castellano, el catalán y el portugués respecto del latín, para evidenciar la semejanza y hermandad de estas lenguas con relación a aquélla, obteniendo, como es de presumir, por este procedimiento fructíferos resultados.

En el tercer libro se da razón de otras influencias que sufrió nuestra lengua, como la que los griegos tuvieron en ella, y directamente, ya por medio de los romanos. Pruébalo el autor publicando una lista de cerca de cien vocablos griegos, que, con pequeñas variaciones fonéticas, ha aceptado el castellano, y dedicando un capítulo a tratar de los muchos nombres topográficos de España
que parecen tener su origen en el idioma helénico.

Estúdianse también en el cap. IV los orígenes de algunos nombres castellanos procedentes del hebreo; en el cap. XIV los vocablos godos que hay en el romance, de los cuales se coleccionan alfabéticamente más de cuarenta; en el cap. XV los arábigos que hay en nuestra lengua poniéndose
asimismo, por el orden del a, b, c, una lista de ciento ochenta y nueve palabras de origen árabe.

La obra de Aldrete termina alabando las muchas partes dignas de estima que tiene el lenguaje castellano.
Conviene ahora, después de haber dado idea general de este importante libro, señalar aquí las observaciones fonéticas que el autor acopia en él,

Cap. IX. -Muéstrase, que los vocablos del Romance se derivan del latín,
dízense las causas, por qué en algunos es clara su derivación, i en otros obscura.

Habiendo hasta aquí probado en general que la lengua Castellana, se deriva de la latina, parece conveniente que descienda a tratar más en particular, de las palabras de que ella usa. Las cuales por la mayor parte, o son conocidamente latinas, o tienen della su derivación más clara, o más obscura, según que en su principio, o con el tiempo se han apartado de las originales. De las primeras son tantas, que casi no se pueden numerar...

Las que tienen su deriuacion más obscura, es por una de quatro causas, que son, o porque los vocablos de donde vienen no se saben, ni se conocen por latinos, o porque muchas palabras significan aora otra cosa, de lo que al principio, usándolas por semejanza o translación. La tercera es, o porque en muchas se an variado letras, o añadido o quitado. Finalmente: o porque an concurrido en algunas estas cosas todas juntas, i assí éstas se incluyen en las primeras...

Cap. X. -Derivación de los vocablos de Romance, en que se mudan unas vocales por otras.

Au latino = O romance. Ejemplos:
Auca, audere, audire, aurum, aures, aut, autumnus, cauda, caulis, causa, cauca, caucoliberis,
Cauria, cauto, gaudium, laudare, Laurentius, maurus, paucus, Paulus, pauper, pausa, pausare, taurus, thesaurus = Oca, osar, oír, oro, orejas, o, otoño cola, coles, cosa, coca, colibre, Coria, coto, goze, loar, Lorenzo, moro, poco, polo, pobre, posa, posar, toro, tesoro. -Excepción: laurel.

E latina = IE romance. Ejemplos:
Cementum, centum, cercius, certus, ceruus, Decem, desertum, dextra, esca, fel, ferus, ferrum, herba, hedera, membrum, mel, nebula, nepos, neruus, pellis, pelagus, perna, petra, pes, serra, seruus, tempus, terra, vetus, &c.= Cimiento, ciento, cierço (cierzo), cierto, ciervo, diez, desierto, diestra, iesca (yesca), fiel, fiero, hierro, ierua (hierba), iedra (yedra), miembro, miel, niebla, nieto, nieruo, piel, piélago, pierna, piedra, pies, sierra, siervo, tiempo, tierra, viejo, &c.

Estas juntas de vocales son muestra de los principios de la lengua, que no a llegado á su pureza, i que con el tiempo se fueron corrigiendo, como vemos que dezimos Castilla i Capilla i Vísperas, auiéndose dicho antiguamente Castiella, Capiella i Viesperas.

I latina = E romance. Ejemplos: blitum,
digitus (falta en el orignial) gingiuae, infirmus, lignum, mittere, pilus, pirus, signum, sigillum, siccus, vindicta, viretum = bledos, dedo, encías, enfermo, leño, meter, pelo, pero, seña, sello, seco, venganza, vergel.

Muy grande es la semejanza entre la o y la v, que si no se tiene cuenta con la pronunciación fácilmente se dice la una por la otra, como de ordinario los extranjeros septentrionales nos parece que las truecan...
los antiguos usurpaban la o por la u. Esto es muy ordinario en los nombres que tomemos del latín... i las primeras personas del plural de todos los tiempos de los verbos que mudamos la v en o, i en muchos nombres los ai que hazen lo mismo al contrario, la o en v...
En nuestra lengua quando se fué corrompiendo afectando la v, por el sonido añidieron la e, tan rústica como dijo Cicerón, y assí dixeran de
bonus, bos, contus, chordas, cordatus, corpus, cornu, cornus, collum, corium, costa, domus, dominus, dolor, folles, fons, foris, fortis, forum, fons, hortus, hospes, locus, longus, mola, molo, moles, mollis, mors, nonus, noster, ossum, ovum, orcus, orphanus, populus, porta, portus, rota, soccus, solea, socer, solidus, solum, sompus, sortes, sporta, tonitruum, tortus, dixeron
bueno, buei (buey), cuento, cuerda, cuerdo, cuerpo, cuerno, cuello, cuero, cuesta, dueño, duelo, fuelles, fuente, fuera, fuerte, fruente antiguo, oi frente, huerto, huésped, juego, luengo, muela, muelo, muelle, muerte, nuevo, nuestro, huesso (hueso), huevo, huerco, huérfano, pueblo, puerta, puerto, rueda, sueco, suela, suegro, sueldo, suelo, sueño, suertes, trueno, tuerto, i aun por aver v sola para el sonido más lleno añidieron la e en vultur i dixeron bueitre (buitre), i de Ansula, que es el eslauon (eslabón) de la cadena, por la semejanza dixeron Ansuelo...

Cap XI. -De la Deriuacion en que se truecan las consonantes desde la B, hasta la F.

B, P. -En el sonido se parecen mucho. En romance ha sido muy frecuente mudar la p latina en b. Ejemplos:
Aperire, apicula, apotheca, apricus, aprilis, aphricus, archiepiscopus, capra, caprarius, capillus, caprificus, caput, capita, capistrum, capitosus, capere, concipere, coperire, cupa, cuprum, duplex, duplicare, episcopus, lepores, lupus, napus, operari, opera, phaselus, rapere, recipere, recuperare, sapere, sapiens, sapor, sapidus, saponis, sepia, supercilium, supernus, vipera, Vlyssipo, upupa = abrir, abeja, bodega, abrigo, abril, abrego, arzobispo, cabra, cabrero, cabello, cabrahigo, cabo, cabeza, cabestro, cabezudo, caber, concebir, cubrir, cuba, cobre, doble, doblegar, doblar, obispo, liebres, lobo, nabo, obrar, obra, baxel (bajel), robar, recibir, recobrar, saber, sabio, sabor, sabroso, xabon (jabón), xibia, sobre, sobrecejo, soberano, víbora, Lisboa, abubilla.
Escepciones: en saber i caber en algunos tiempos conseruan la P de sus primitivos, supo, cupo. También aunque de capillus se dizen cabello, de capillares dezimos capillejo o capillo como en otros muchos que se conserua la p.

C latina = G romance. Ejemplos:
Acer, acuere, acutus, acus, alaeres, amicus, callaici, cancer, caricare, collina, cythara, crypta, crassus, Corsica, dico, draco, ebriacus, effocare, emacrari, eruca, facio, ficus, focus, formica, hac, hora, hoc, anno, illico, inimicus, iocari, indicare, lacertus, lacuna, lacus, laicus, locus, macro, mecum, mica, miraculum, percontari, periculum, pertica, picare, posticum, praeco, sacratus, sacramentum, sacrarium, securis, securus, tecum, vindicare, vrtica =
agro, aguzar, agudo, aguja, alegres, amigo, gallegos, cangrejo, cargar, gollizno, guitarra, gruta,
grasso, Córcega, digo, dragón, embriago, ahogar, enmagrecerse, oruga, hago, hizo, fuego, hormiga, agora, hogaño, luego, enemigo, iugar (jugar), iuzgar (juzgar), lagarto, laguna, lago, lego, lugar, magro, conmigo, milagro, preguntar, peligro, pértiga, pegar, postigo, pregonero, sagrado, sacramento, sagrario, segur, seguro, contigo, vengar, hortiga.
Aunque no siempre la c se muda en g, que en muchos se conserua, de que no pongo exemplo, porque son sin comparación más que en los que se mudó. En algunos siguiéndoseles l, se conuierte en ella como en clamare, clauis, que dezimos llamar, llaue, aunque también dezimos clamor y claue (clave).


CT latinas = H romance. Ejemplos:
Cinctus, coctum, contractus, despectus, dictus, directus, disiectus, duetus, factor, factus, fonctus, interdictum, lacte, lactuca, lectum, luctari, lucta, nocte, octo, pectus, prouectus, refectus, Sanctus, strictus, tractus, tectum =
cincho, cocho (arcaico por bizcocho), contrecho, despecho, dicho, derecho, deshecho, ducho (arcaico), hechor, hecho, frucho (arcaico), entredicho, leche, lechuga, lecho, luchar, lucha, noche, ocho, pecho, prouecho, rehecho, Sancho, estrecho, trecho, lecho.

T=GH. Ejemplos:
Catulus, cortex, gagates, pultes, pultarius, trapetum, trutta =
Cachorro, zauache, puchas, puchero, trapiche, trucha.

D. Desaparece de muchas voces latinas al pasar al romance. Ejemplos:
Audire, cadere, comedere, concludere, considere, credere, crudelis, desiderare, desiderium, excludere, fides, fidelis, fiducia, faedus, faedare, hodie, includere, iudes, iudicare, iudicium, laudere, limpidus, medielas, Mediolanum, medulla, Padus, pedes, possidere, praeiudicium, podium, quadraginta, radius, radere, radicare, radix, rancidum, ridere, rodere, sedere, tepidus, videre,
vindicare =
Oír, caer, comer, concluir, confiar, creer, cruel, dexar, deseo, excluir, fee, fiel, fiuza, fes, afear, oi (hoy), incluir, juez, juzgar, juicio, loar, limpio, mitad. Milán, meollo, Po, pies, posseer, perjuicio, poio, quarenta, raio, raer, arraigar, raíz, ranzio, reír, roer, seer (antiguo, ia desusado), tibio, ver, vengar.

Entre sí la F y la H tienen en latín gran semejanza en el sonido. Los nuestros en sus principios conseruauan la F en muchas dicciones... mas después en ellas y en otras la mudaron en aspiración i dizen de
Effocare, eforare, faba, fabulari, facies, facere, factor, falco, falces, fames, farina, fartum, fastidium, fatum, fasces, februarius, fel, ferire, ferum, ferramentum, feruere, filius, filices, filum, findere, fossa, foemina, foeniculum, foetor, folium, forma, formosus, fornica, fornax, foratus, fonea, fugere, fuga, fuligo, fumus, funda, fundum, fungus, furca, furnus, furo, furari, furtum, fuscus =
Ahogar, horadar, haba, hablar, haz, hacer, hechos, halcón, hoces, hambre, harina, harto, hastío i fastidio, hado, hachas, hebrero i febrero, hiel, herir, hierro, herramienta, hervir, hijo, helechos, hilo, hender, huessa, hembra, hinojo, hedor, hoja, horma, hermoso, hormiga, hornaza, horado, hoio (hoyo), huir, huida, hollín, humo, honda, hondo, hongo, horca, horno, hurón, hurtar, hurto, hosco i otros. I en algunas destas dicciones i de otras que se aspiran van dexando la H, i dizen Azer, Ormiga, Ombre, i aun los latinos hizieron esto...

Cap. XII. -De la mudanza de las demás consonantes, desde la G hasta la y.

G latina = I romance. Ejemplos: Fagus, Gelu, Gemma, Gener, Gypsum, Plaga, Regnare, Regnum, Sagus = Haia (haya), ielo (hielo), iema (yema), ierno (yerno), iesso (yeso), plaia, reina, reino, saial.

G latina = D romance. Ejemplo: Axungia. -Enxundia (enjundia).

G latina = S romance. Ejemplo: Cegnus = Cisne.

G latina = y romance. Ejemplos: Argila, Bulga, Gagate,
Gingiua = Arzila (arcilla), Bolza, Azauache (azabache), Enzia (encía).



Los alemanes llamaron el ansar antiguamente Gansas (Plin. lib. lo, c. 22).

Aldrete pone también ejemplos de vocablos latinos que al pasar al romance se les añade una f que no tenían, y de otros que llevándola originariamente, la pierden en castellano.

L latina = G o F romances. Ejemplos:
Alienum, aculeus, allium, apicula, articulus, auricula, cilia, concilium, consilium, consilia,
consulere, coagulum, cuniculus, folium, foeniculum, filius, ilia, malleare, melior, milium, mulier, nonacula, oculus, palla, parallelo, peculium, pellicula, similare, speculum, spolium, tegula, vinculum, vetulus, vulpecula =
Ageno, aguijón, ajo, aueja (abeja), oreja, artejo, cejas, concejo, consejo, conceja, aconsejar, cuajo (coágulo), conejo, hoja, hinojo, hijo, ijares, majar, mejor, mijo, muger (mujer), navaja, ojo, paja, paraje, pegujar, pellejo, asemejar, espejo, despojo, teja, vencejo, viejo, vulpeja (
zorrilla).

La L i R, en ambas lenguas fueron convertibles vnas por otras... (Pónense ejemplos.)

La N se perdió en algunas dicciones castellanas... y en otras la añadimos... (Pónense ejemplos.)

N, NN, MN, NG = Ñ -(Pónense ejemplos.)

que = C y viceversa.

La s tiene el sonido mui cercano a la X, porque esta letra vale lo que C i S, i la c vimos quan cercana es a la g por lo qual algunos en lugar de x escriuian gs... pero los nuestros la s latina mudaron en g i en x, i assí dezian, si otro gelo embargare, bien gelo pueden demandar (Lib. 9 & 10, tít. 2, pág. 3), ordinario en las leies del Rei Don Alonso, i ia no se vsa sino se, i de capra, roseo, sagma, Salone, sapone, semis, sepia, Setabi, Semone, simia, sinapi, succosus, sucro, dezimos
capa, roxo (rojo), xalma, Xalon (Jalón), xabon (jabón), xene, xibia, Xatiua (Játiva), ximon, ximia, xenable, que ia dezimos mostaza, xugoso (jugoso), Xucar (Júcar). Parece pegado de los Árabes, que de ordinario los de aquella lengua mudan la s en x, i a las passas dizen paxas.

T latina = D romance. Ejemplos:
Acutus, balatus, catena, donatiuum, excutere, fatum, intubus, latus, letus, limites, materia, metalla, matare, orata, pietate, qualitate, rotare, seta, totus, vita, vites =
Agudo, balido, cadena, donadio (
donativo), sacudir, hado, endiuia, lado, ledo, lindes, madera, medalla, nadar, dorada, piedad, qualidad, rodar, serda, todo, vida, vides. De latino dixeron ladino, i después por translación al bien hablado llamaron ladino, i aun respeto del Arábigo dizen de vn Moro que habla Castellano que es ia ladino, teniendo por latina a nuestra Lengua. Pero como en ladino ai corrupción de mudar la t en d, i en Romance de Romane añadiendo la c, assí nuestra Lengua es latina i Romana, pero ladina i romance, con corrupción de gramática i vocablos.

T latina = C o y romance. Ejemplos:
Capita, captare, duritia, oscitare, platea, puteus, scortea, singultus, tintibulum =
Cabeça, caçar, dureça, bostezar, plaça, pozo, escarzela, sollozo, zenzero.

Cap. XIII. -Conclúyese la derivación de los vocablos.

Hay otras causas que hazen que no se conozcan claramente las deriuaciones: la vna es porque se an añadido letras, o sílabas a los nombres, como en muchos de lo que emos traido se a visto... la otra es quitando letras...

En algunas de las Letras que los latinos llaman mudas, como son la b, c, d, g, p, t, sucede en nuestra lengua vna cosa, que es justo no pasarla en silencio, i es que tiene tanta amistad con las líquidas l, i, r, que por acompañarlas y llegarse a ellas, dexan la vocal, que hallan entre medias en las dicciones latinas i saltándola se juntan con la que sigue i se pierde vna sílaba en la dicción... Ejemplo:
admirabile, nobile, notabile, terribile, &c. (i los demás acabados en bilis), aperire, cooperire, diabolo, fabulari, hedera, Hibero, Isidoro, libero, laborare, litera, miraculum, nebula, parabola, paupere, periculum, quatuor, quiritare, Roderico, regula, seculo, stabulum, sulphure, tabula, temporaneum, venabulum, vocabulo =
Admirable, noble, notable, terrible, abrir, cobrir, diablo, hablar, iedra, Ebro, Isidoro, libre, labrar, letra, milagro, niebla, palabra, pobre, peligro, quatro, gritar, Rodrigo, regla, siglo, stablo (establo), piedra sufre (azufre), tabla, temprano, venablo, vocablo...

Así otros vocablos, que siendo verbos se deriuan de nombres, i al contrario, de que ai gran número...

Aunque me e alargado en las deriuaciones no a sido tanto que no pudiera mucho más, auiendo dexado vn número mui grande de dicciones, que assí mismo se mudaron, pero de las vnas se colegirá lo que se puede admitir de las que restan...

Despréndese de lo dicho que en España corresponde la gloria de haber iniciado de una manera científica el estudio de los orígenes y formación de nuestra lengua a este varón esclarecido, así en todo género de virtudes como en todo género de letras.

Con gran elegancia y perfección, dice Vázquez Venegas (I), sabía Aldrete las lenguas hebrea, caldea, arábiga, italiana, francesa y otras; y de su integridad, vasta erudición y vida clarísima, habla a las gentes la inscripción que en 1645 se colocó sobre su sepultura del Sagrario de la Catedral de Córdoba. Su general cultura e intuición filológica están de manifiesto en sus libros en los cuales se vislumbran muchas de las leyes de la fonética moderna, de la transmutación, cambio y supresión de las letras, de la derivación, en fin, de nuestros vocablos de los latinos, ya en su tema, ya en los casos y tiempos de los nombres y verbos. El agudo ingenio de Aldrete se reveló también al buscar en otras lenguas romances, como en el italiano, sin olvidar el catalán, el portugués, ni el francés, el apoyo de sus argumentos y conclusiones iniciando así la filología comparada y las grandes conquistas que este procedimiento podía llevar a cabo para la ciencia, según que en estos tiempos modernos se ha visto.

I: Copia y extracto de la Crónica de la ciudad de Córdoba. MS. de la Biblioteca de D. Aureliano Fernández-Guerra.

Con nutrida erudición esclareció, finalmente, los verdaderos orígenes de nuestra habla, hallándolos en el latín hablado en España como provincia romana, y corrompido después, aunque no desnaturalizado, por la decadencia del Imperio y por los bárbaros invasores, que dejaron honda huella en la declinación de los nombres y en el uso del participio con el verbo sustantivo, creando
así la voz pasiva. Tal vez dio el Canónigo de Córdoba demasiada importancia a esta causa histórica, afirmando con llaneza haber comenzado la lengua castellana con la venida de los bárbaros cuando comenzó la italiana, sin notar, cual se merece, la importancia del principio de evolución latina
en la génesis de nuestro idioma: tal vez al señalar las diversas lenguas que rindieron al castellano algunos de sus elementos, dio, como Valdés primero y, después de Aldrete, Mayans, sobrada importancia al griego, sin advertir que, acaso más que de la directa influencia de las colonias zacyntias y focenses, proceden los vestigios helénicos que el castellano posee, además de la indudable intervención latina, del estudio que de ella hicieron los Prelados de los siglos V, VI y VII
y los sabios del Renacimiento en el siglo XVI: tal vez, en fin, proclamó, con inexacta latitud. que la lengua latina fué común y vulgar en toda España, y unió y estrechó todas las voluntades antes de los godos, afirmación repetida por el doctísimo Señor Don Francisco Martínez Marina en tiempos no
lejanos. El cual no tuvo, ciertamente, en cuenta que si es verdadero que las lápidas, inscripciones, monedas, tratados, leyes y escritos de toda clase convencen de la generalidad del idioma del Lacio en España, no es menos verdadero el testimonio de poetas y oradores, geógrafos e historiadores que se han referido a las lenguas indígenas habladas por el pueblo español, al par de la lengua oficial o latina (I), y el testimonio vivo del idioma hablado por el altivo poblador de las verdes montañas que circundan el golfo cantábrico.

Pero hay, en resolución, que reconocer que no era lógico que llegase a precisar y a aquilatar todos los elementos de una ciencia, quien puede decirse que, juntamente con Núñez de León, era el primero que echaba sus cimientos.

I: C. Plinio Segundo, Naturalis Historia, libro III, cap. II; lib. XXXIII, cap. XII, cap. XIX; lib. XXXI. cap. XL.
C. Tácito. Annales. lib. IV, anno A. N. DCCLXXVIII.
Silio Itálico, Bella Púnica, lib. III.
Quinto Ennio, Apud Carisium, lib. II.
M. T. Cicerón, De Divinalione, lib. II.
M. V. Martial, lib. IV, epíg. LV.

1607.

8. Discvrsos de la antigvedad de la lengva cántabra Bascongada. Compuestos por Balthasar de Echaue, natural de la Villa de çumaya en la Provincia de Guipuzcoa, y vezino de Mexico. Introdúcese la misma lengua, en forma vna Matrona venerable y anciana que se quexa, de que siendo ella la primera que se habló en España, y general en toda ella la hayan olvidado sus naturales, y admitido otras extranjeras. Habla con las provincias de Guipúzcoa y Vizcaya, que
le han sido fieles, y algunas veces con la misma España. Con licencia y privilegio. En México, en la Emprenta de Henrrico Martinez. Año de 1607. -(Rodeada de una orla.)

4.°-12 hs. prels. la port. Inclusive +84 págs. dobs. - Signs. + A-T de 4 hs. menos la segunda que es de cinco: dos primeras hojas prels. sin sign.
Port. -V. en b. -E. de a. del Conde de Lemos, Presidente del Consejo de Indias. -V, en blanco. - Ded. al dicho Conde. -Retrato del autor hecho por él mismo: ostenta en su diestra la pluma y el pincel (por haber cultivado también el arte de Apeles). Por orla esta letra:
Patriae et penicillum et callamum, utroque aeque artifex, D. D. - Prólogo al lector. -La lengua
Bascongada al lector. -Fr. Hernando de Ojea, dominico, al autor: México 12 de Octubre de 1606.
-El Licenciado Arias de Villalobos en alabanza de la obra (cinco décimas).

El es pintor y es author
y tan bien escriue y pinta
que con estilo y color
honrra el pinzel y la tinta
y en ambos tiene primor


Y si lo que pinta viue,
y lo que escriue reuiue,
aunque en vascuence y grutesco
es porque oy le pinta al fresco
y en marmol su nombre scriue.

Priv. por el Virrey Don Juan de Mendoza y Luna, Marqués de Montes Claros, etc.: México 30 de Agosto de 1606. -Lic. del Vicario general del Arzobispado, Doctor Francisco de Loya: México 20 de Abril de 1606. -Tabla. - Texto en 22 capítulos.

Este libro es rarísimo. De él se ha hecho una corta tirada fotolitográfica, pocos años ha, valiéndose del ejemplar que se conserva en la Biblioteca Nacional de Madrid.

Dice Fr. Hernando de Ojea de la Orden de Santo Domingo a su amigo, Balthasar de Echaue, en loor de esta obra:
Vi los Discursos que V. M. hizo y me embió de la lengua cántabra y de su antigüedad. y hallolos tan conformes a la razón y a la naturaleza de las cosas, tan concertados y de buen lenguaje, que ningún hombre de entendimiento dexará de estimarlos en mucho, y particularmente los historiadores Españoles, que de ordinario tropieçan quando llegan a tratar de los principios de nuestra nación y del lenguage que entonces hablauan. Porque como este se perdió, o se confundió muchos tiempos há en la mayor parte de España, con el de las muchas naciones Estrangeras y poderosas que en ella poblaron, ignoran casi de todo punto el que entonces corría (porque apenas tienen del vna vislumbre, y essa por conjeturas), assí quando llegan a tratar deste punto, o le pasan en blanco o dizen muy poco del. Y assí me sucedió a mí en las historias que voy escriuiendo de Galicia (I), que le passé en silencio por no hallar cosa que me satisficiesse: hasta que V. M. me dio noticia de la intelligencia y significación de muchos nombres de pueblos, montes, ríos y valles, así de Galicia como de todas las otras provincias de España, que todos ellos se hallan en la lengua Cántabra, y en ella tienen propria significación. Por lo qual vine a entender claramente que en toda ella se habló en los principios de su población la misma lengua que se habla agora en la Cantabria. Porque aunque es verdad que por discurso de largo tiempo la gente vencedora y su lenguage
consumen a la vencida y al lenguaje della: pero no los nombres que ya tenían los lugares y Prouincias, montes, ríos y fuentes, aunque se alteran en algo, como lo experimentamos en las infinitas Prouincias destas indias, las quales conseruan todavía con poca variación, sus nombres antiguos, porque aunque a muchas dellas les pusimos nosotros menos nombres a lo Español, estos se an oluidado y cay do o son poco usados, y an preualecido y preualecen los antiguos de los Indios, aun después de muertos todos ellos en muchas partes. Como se verifica en el de la isla de Cuba, que los Españoles llamaron al principio Fernandina, en los de la Habana, Bayamo, Iamayca, Yucatán, Campeche, México, Mechoacan, Tezcuco, Tlaxcala, Cholula, Guaxaca, que algunos llaman
Antequera, Atrisco, que otros llaman Carrion, Xalisco, Guayangareo, y otros desta manera, que todos son vocablos indios, i assí sucedió a los de España, para cuya conseruacion y memoria de lo antiguo reseruó Dios intactas como brasas entre la ceniza, las quatro Provincias que hablan aquella primera lengua, cuales son Vizcaya y Guipúzcoa, Álaua y Nauarra: de las quales sacó a V. M. como centella, o luzero que sale a deshora, para que dé notizia al mundo del thesoro que allí ay encerrado y de lo que fué antiguamente.

I: Las historias que dice el P. Ojea que entonces se hallaba escribiendo, se encuentran hoy MSS, en
la Biblioteca de la Academia de la Historia, colección Salazar.



Yo doy a Vmd. muchas gracias en nombre de todos los que tratamos de historia, por lo que en ello ha trauajado, y por la luz que con ello nos da para otras cosas... De Santo Domingo de México a 12
de Octubre de 1606. -Fr. Hernando de Ojea.

Trata Echave en el cap. XV de su obra
De algunos nombres de la lengua Bascongada Cántabra, que se hallan en la Castellana. Entre los que cita hay unos que tienen la misma forma en castellano y en bascuence, aunque su significado o espíritu sea distinto, y otros en los cuales claramente se ve que su raíz etimológica está en el eúskaro.

Bueno será poner aquí, y en forma clara, las voces de que se habla en dicho capítulo.


CASTELLANO BASCUENCE

Moço y Moça … El mismo vocablo significa: cosa sin cabello.
Motilada o tresquilada, mocha ó sin barba Imotza.
Teta Titia.
Ama Significa: madre.
Aldea vezina (vecina).
Masmordon (vocablo antiguo castellano) racimo floxo y desgajado.
Asmar (vocablo antiguo castellano) Significa: pensar y adivinar.
Verde Significa: color de yerbas y verduras
Ola Significa: tabla
Estrada Significa: calle, y particular mente la que hacen los setos de las heredades, cuya etimología verdadera es estarte y estartea.
Vizarro y Vizarría. Viçarra, significa hombre de barba o pelo en pecho; hombre gallardo y dispuesto.

Sarna Calor brotada.
Ganiuete Filo cortante.
Casco De coscolloa, cáscara redonda.
Cascabel Cascabilloa.
Çatico Qatico, porción.
Castillo Gaizteloa, lugar de vigilia y donde no es bueno dormirse.
Gurdo, (hombre torpe y tocho) Gurduria, hombre torpe y tocho.

Cabo (no pone nada)
Honesto y honestidad (no pone nada)
Rivera (no pone nada)

Lanza çia y Lancia, asta aguzada.
Escudo Ezcutua, el que esconde o encubre.

Hizquierdo y hezquerdar.
(Vocablo antiguo castellano que significa ceñir a la siniestra escudo).




1608.

9. Antigvedad y excelencias de Granada. Por el Licenciado Francisco Bermudez de Pedraza, natural della: Abogado en los Reales Consejos de su Magestad. Dirigido a la muy noble, nombrada, y gran ciudad de Granada. Año (E. de la ciudad) 1608. En Madrid. por Luis Sanchez, Impresor del Rey N. S. -(Al fin:) En Madrid. por Luis Sanchez, 1608.

4.°-11 hs. prels. +190 págs. dobs. + 6 hs. De índ. y tabla de autores, - Sign. AZ, AA-Z, Aaa-Ddd, de 4 hojas.

Al fol. 149 léese esta port.: Libro qvarto Del Santo Móte Ylipulitano, y sus excelencias. (E. de Granada.) En Madrid. Por Luis Sáchez impresor del Rey N. S. Año MDCVII V. en b.

Tiene este libro, de interés para nosotros, los siguientes capítulos:

Cap. IV. -Del origen de la lengua castellana.
Cap. V. -Resolución de la primera dificultad opuesta contra la antigüedad de la lengua castellana.
Cap. VI. -Resolución de la segunda dificultad.
Cap. VII -Resolución de la tercera dificultad.
Cap. VIII. -Resolución de la quarta dificultad.
Cap. IX. -Resolución de la última dificultad.

En ellos asienta el autor la disparatada especie de que Túbal, hijo de Jafet, y uno de los 72 descendientes de Noé, trajo a nuestra península la lengua española, que fué una de las que a la conclusión de la Torre provinieron directamente de la primitiva y universal. Fenices, Árabes, Griegos y latinos la corrompieron más tarde. Lleva el Ldo. Bermúdez de Pedraza sus delirios al punto de decir que la lengua española fué la que hablaron los Apóstoles el día de Pentecostés. En cambio afirma que es cosa inconsiderada suponer que la lengua castellana es hija de la latina.

Muchos de sus argumentos son una repetición de los del Dr. Gregorio López Maderos, ya expuestos en el núm. 4 de este libro.

De la Antigüedad y excelencias de Granada se hizo, por el mismo autor, otra edición refundida y aumentada, con este título: Historia eclesiástica, principios y progresos de la ciudad y religión católica de Granada, corona de su poderoso reino y excelencias de su corona. Granada, por Andrés de Santiago, 1638. Folio.

1614.

10. Varias antigvedades de España, África y otras provincias Por el Doctor Bernardo Aldrete Canónigo en la Santa Iglesia de Cordoua. ... En Amberes, a costa de Iuan Hafrey, año MDCxiv. (Bella portada grabada en cobre) -(Al fin:) Antverpiae, Typis Gerardi Wolsschatii, et Henrici AErtsii. Anno cIo. Ioo. XIV.

4.°-7 hs. prels. + 140 págs. + 36 hs. de tabla. - Sign. -A-Z, AA-Z, AaA-Z, Aaaa-Vvvv, todas de 4 hs.

Port. - Ded. al Arzob. de Sevilla D. Pedro de Castro y Quiñones: Sevilla 20 de Diciembre de 1613. -Inscripciones latinas, en laude de dicho Prelado para la iglesia del Sacro Monte de Granada. -Lic. del Rey, suscrita por Jorge de Touar: Ventosilla 28 de Octubre de 1612. -Lic. del Rey, suscrita por el mismo Touar, para que, "no obstante la nueua lei prohibía se pudiese estampar y imprimir fuera destos Reinos, se excluyera el caso de este libro por tener estampas, descripciones y mucho en Griego, Hebreo, Púnico, Siriaco, y Árabe, escripto con los caracteres que estas lenguas se escribían, de todo lo cual hauia grande falta en las emprentas destos nuestros Reinos: Madrid 27 de Enero de 1O13. -Censura del M. Fr. Iuan de la Puente, Cronista de S. M.: Santo Thomás de Madrid 11 de Octubre de 1612. -Censura del P. Rodrigo de Figueroa, S. J. (Parece que á componer este libro
han concurrido los hombres más doctos de todas las naciones, lenguas y provincias de quien el autor trata...); Colegio de la Compañía de Jesús de Córdoba 3 de Noviembre de 161. -Aprob. del Dr. Andrés de Rueda Rico y Don Alonso de Butrago: Córdoua 12 de Noviembre de 1611. -Aprob. de D. Fran. Ferz. de Córdoua, Córdoua 13 de Noviembre de 1611. -Lic. de D. Fr. Diego de Mardones, Obispo de Córdoua: 27 de Noviembre de 1611. -Dividido en cuatro libros. - Texto. -Tabla de cosas notables.

Lib. I. -Cap. X. -El uso i pronunciación del Ipsilon, i de la i pequeña.

Incluyese en este capítulo la siguiente carta dirigida al autor: El Dr. Meneses me traxo el libro de la lengua Hespañola con carta de V. M. E leídolo todo, porque está tan curioso i tan bien trabajado que tomándole en la mano, y començándole a leer no se le puede dexar. Cosas mui buenas, buena inuencion, lugares bien traídos, i disposición: que es dificultoso juntar lo uno con lo otro. Muestra tener V. M. gran librería, i que no se le a escondido alguno: hasta el vocabulista de Fr. Pedro de Alcalá. Hallo en él desterrada la Y porque nunca vsa della. De vn libro nos haze V. M. mención, i sé que anda por allá de la historia de Abentariq que traduxo Miguel de Lunas, que toca cosas a este propósito. E dudado si le a dejado como auctor a quien no da fee, i le tiene por sospechoso, porque por olvido no lo creo...

Defiende Vmd. que tomaron los Españoles la lengua Árabe de los Moros Mahometanos, i dize que en pocos años: i en otras partes dize, fué vna en Hespaña la lengua Phenicia, i Púnica, Carthaginense; i que entraron estas naciones o lenguas en Hespaña mucho tiempo antes que los Romanos. E visto dudar: pues entraron tanto tiempo antes estas naciones en Hespaña, si traxeron
ellos la lengua Árabe: si lo es la Púnica o Phenicia, o otra que entró juntamente con ellos, porque les parece que vuo mui gran tiempo para poder tomar los Hespañoles la lengua de Carthagineses o Árabes: porque señorearon tanto tiempo a Hespaña... I paréceles mas legítimo tiempo para auerse introduzido esta lengua en Hespaña este tiempo largo, que no quando entraron los Moros Mahometanos, i para esto dizen que ai cosas, nombres de ríos, ciudades i otras en lengua árabe de mucho antes que entrassen Mahometanos en España.

En la lengua Hespañola dize que es latín corrompido. Muchos passan con esto, i que siempre esta provincia vsó i retuuo la latina; i que la Hespañola que agora tenemos se introduxo con los Godos, i su entrada en Hespaña. Esta opinión e oído que la tienen algunos cuerdos i letrados. A otros e visto dudar, i les parece que es más possible que se introduxo muchos siglos antes de los Godos en tiempo de los Romanos, que entraron en Hespaña, i la señorearon tanto tiempo antes, más de trezientos antes de Christo: que son tanto, mucho antes que entrassen los Godos. Que en trezientos años vuo tiempo mui sobrado para corromperse la latina, y con la Vulgar de Hespaña hazerse la bárbara Hespañola vna mixtura de entrambas, que es la que oi tenemos...

En suma, estas dos dificultades, vna en la introducción de la lengua Árabe, otra en la introducción de la lengua Hespañola, V. M. pone la Árabe con la venida de los Moros Mahometanos, i la Hespañola con la venida de los Godos. Que mas razón ai para auerse introduzido en estos tiempos, que no en los antiguos, quando entraron en Hespaña los Carthagineses la primera vez i quando los Romanos.

E vsado en este papel del vocablo o dicción lengua Hespañola, i no la llamo Romance, porque aunque agora al vso vulgar es la misma Hespañola que Romance, dubdo hablando en propiedad. que quiere dezir lengua Romance. Si quiere dezir la latina, limpia, pura. Argumento que en el Euangelio de San Iuan, que V. M. también ha visto, dize en el título de la Cruz de nuestro Redentor, que estaua escrito Hebraice, Graece, & Latine. En lugar de aquella palabra Latine, esta en griego *** que traduze el Vulgato Latine. De manera que es lo mismo lengua latina de Romanos si diremos Romance...

De Granada, treinta de Nouiembre de mil i seiscientos i nueue.

No revela Aldrete el nombre del docto autor de esta carta; pero dice ser quien la escribió persona cuya eminencia en estado, dignidad y letras era de tanto lustre y grandeza, cuanto ninguna mayor ni más esclarecida; y añade que aunque pudiera no haber callado su nombre, pues lo que dice muestra que es ilustrísimo en todo, lo tenía que ocultar, sin embargo, por muchas razones.

Por lo que se refiere a la materia que anuncia el título del capítulo referido, de ella tratamos en el artículo correspondiente a este año de 1614, en la parte tercera del segundo libro del presente Estudio.

Cap. XI. -Dudas que se propusieron sobre el origen de nuestra lengua, i los autores que afirman el uso de la lengua latina en España.

El autor copia el tercer párrafo de la carta del varón eminente que incluye en el capítulo anteriormente citado; y contesta a las dudas propuestas con la autoridad de D. Juan (Obispo de Girona), Mario Aretio, Nebrija, Marineo Siculo, D. Antonio Agustín, Luis Vives, Ambrosio de Morales, Florián de Ocampo, Esteban de Garibay, Justo Lipsio, Juan Vaseo, Andrés de Resende, Andrés de Poza, Paulo Jovio, Juan Becano Goropio, Antonio Possevino, Jerónimo Ruscello, Angelo Caninio, Angelo Rocca, Julio y Joseph Scaligero, Genebrardo, Juan Yáñez Parladoro, D. Diego Pérez de Valencia, Francisco de Vergara, Benedicto Arias Montano, los Cardenales Roberto Bellarmino y César Baronio, el P. Alonso de Salmerón, el Doctor Pedro Antonio Beuter, y Fr. Alonso Venero, de muchos de los cuales cita los textos o referencias.

Cap. XII -La primera venida de los Romanos a España e introducción de su lengua.

Cap. XIII. -En las provincias del orbe Romano se introduxo la lengua latina, i no otra tercera.

Cap. XIV. -Declárase lo que dijo Strabon de la lengua latina en España...

Cap. XV. -La conueniencia, i necesidad forçaron a los Españoles, que recibiesen la lengua de los Romanos.

Cap.XVIII -No pudo la lengua Española llegar a el estado que oi tiene, sino vuiera sido primero latina.

En todos estos capítulos se amplían los argumentos expuestos en el Origen de la lengua castellana.

Cap. XX. Múdanse las lenguas con el tiempo, i varios accidentes: propiamente la lengua Española se llama Romance.


1626.

11. Dos libros de la lengua primera de España. Por Fr. Jacinto de Ledesma y Mansilla, de la Orden de Predicadores: y de el Real Convento de S. Pedro Mártir de Toledo. A D. Francisco Diego López de Zúñiga, Duque de Bejar, Marques de Gibraleon, Conde de Benalcazar y Bañares, Vizconde de la Puebla de Alcocer, Señor de las villas de Capilla, Curiel, y Burguillos: Duque de Mandas, &a.
En Toledo año de 1626. Es copia del mismo original.

MS. de la Real Academia Española en 4.°, de 292 folios + 2 de Indice.

Acompaña al Ms. una hoja volante en la que, después del título copiado, léese:
Es un tomo en 4.°, de papel sin cortar, que consta de 170 folios. Original de letra del P.e Ledesma. Todas las hojas están rubricadas al pie con la firma de Lázaro de los Ríos, que fué Escribano de Cámara. Existe en la librería de San Pedro Mártir de Toledo, Orden de Predicadores, caxón 4, núm. 30.
Port. - Ded. al de Béjar. -Al lector:

... Últimamente ruego a todos los vascongados se ayan piadosamente con este libro, y que no descarguen sobre él la furia de sus machetes y hazconas, considerando la razón mucha que tiene en lo que prueva, y la poca que ellos tenían en usurpar lo que no era suyo; y si acaso lo hicieren sea en tiempo que pueda responderles, porque les hago saber que se me queda lo mejor en el tintero para esa ocasión. - Texto.

Indice.

Libro primero.

Cap. I. -De la causa que movió para escribir estos libros.
Cap. II. -Si fué una la lengua que se habló en el principio del mundo, y quál fué ésta.
Cap. III, -Si hubo algunas escrituras o libros en aquella primera lengua antes del Diluvio.
Cap. IV. -Si la lengua Hebrea y los Hebreos tuvieron este nombre por Heber o por Abraham.
Cap. V. -De la variedad que ha tenido la Lengua y Abecedario Hebreo.
Cap. VI. -Del número de las lenguas que resultó de la confusión.
Cap. VII, -Cuántos años después del Diluvio fué la confusión o división de las Lenguas y Gentes.
Cap. VIII. -De la multiplicación de las Gentes después del Diluvio.
Cap. IX. -De las partes a donde fueron a poblar después de la división de las Gentes.
Cap. X. -De las regiones y provincias que ocuparon los descendientes de Japhet,
Cap. XI. -En que se prosigue la materia comenzada tocante a los hijos de Gomer y Javan.

Libro segundo.

Cap. I. -De cómo Tubal fué el primero que pobló a España.
Cap. II, -En que se prueba que no pudo haber lengua hebrea en España antes de Cristo.
Cap. III. -De la venida de los Griegos a España y de las poblaciones que hicieron y nombres suyos que han quedado en uso.
Cap. IV. -De como los Celtas, Fenices, Carthagineses, Romanos y Godos y Africanos entraron en España.
Cap. V. -En que se responde al fundamento de Poza y se prueba que la Lengua Vascongada no es la Española.

Cap. VI -En que se prosigue la materia del antecedente.
Cap. VII-En que se prueba quál fué la lengua primera de España.
Cap. VIII -De la Letra y Caracteres de la Lengua primera de España.
Cap. IX -En que se responde a algunas razones con que Poza pretende probar su intención.
Cap. X -En que se prosigue la misma materia respondiendo a Poza.
Cap. XI. -En que se advierten algunos yerros de Poza concernientes a la materia.
Cap. XII -De los nombres Griegos que hace Vascongados.
Cap. XIII -En que se reprueban otros dichos de Andrés de Poza.
Cap. XIV y último. -En que se prueba que otros nombres que Poza tiene por Bascongados no lo son.

Fol. 9: … La lengua que Túbal introdujo en España se llamaría Tubalea o Tubalina por respeto del nombre de su príncipe Túbal...

Fols. 12 vto. y 13: ... Doliéndome de que a España se le hiciese tal agravio como es ahijarla una lengua tan agena y forastera como provará este discurso: y en que Andrés de Poza en el prólogo de su libro parece que desafía a todo castellano en razón de sustentar su empresa: y viendo demás de
esto que ni los valientes cultos, ni los críticos celosos an salido a la demanda: yo, si bien con menos lecion y suficiencia que otros, pero a lo menos con más deseo de que conste de la verdad, que materia tan lúbrica y antigua puede tener, me dispuse a hacer esta defensa Apologética de la Lengua antigua de España, provando, como se verá en el discurso, que fué una sola la que en su principio tuvo, y quál fué ésta, y que de ninguna manera pudo ser la vascongada, antes se hará demostración que ni ellos ni ella son hijos naturales de España por descendencia del primer poblador Túbal, sino
advenediços y forasteros retirados en la fragosidad y aspereça de aquellas montañas, sin que tuviesen comunicación alguna con Españoles hasta los tiempos que se irán señalando en sus lugares: mostrando también con claridad la flaqueça y aun falsedad de los fundamentos en que estriba Andrés de Poça para establecer su opinión, con todo lo demás que para la prueva de im intento sea necesario. Y para que este Tratado se ponga con mejor orden, tendrá principio desde
la primera Lengua que en el mundo se habló, que será la materia del capítulo siguiente, y de todo este libro primero.

Fol. 24 vto.: Ya parece queda bien probado que la lengua Syra no pudo ser la primera del mundo; y que las lenguas Hebrea, Caldea, Syriaca y Púnica tienen mucha conformidad entre sí, de lo qual resulta que la Hebrea es la primera que se habló en el mundo, madre y principio de las otras lenguas...

Fols, 176 vto. 177 y 177 vto. -Lista de 90 nombres castellanos procedentes del griego.

Fols. 194 vto. y 195. -Lista de los nombres (en número de 118) que an quedado de la lengua gótica en uso.

Fol. 197 vto.: Todos los que habitaban la parte de España por las costas del Tajo hasta Fuente Rabia hablavan lengua griega...

Fol. 198 vto.: La lengua Vascongada no es la que Túbal truxo a España...

Fols. 215-217: Aunque fueron tantas las naciones que vinieron a España después de Túbal, cinco fueron las más principales y que más dominio tuvieron en ella; algunas en buena parte como fueron la griega, la Fenisa y Cartaginesa, y otras en toda, introduciendo cada qual su Lengua, sus Leyes y costumbres en lo que era de su Señorío.
Los Celtas estragaron mucho la lengua de Túbal en una gran parte de España, aunque no como Señores, sino como Compañeros y Vecinos. Los Fenices y Cartagineses en otra buena parte; de manera, que estas dos naciones se mezclaron en todo lo que no es Asturias y Cantabria, con que corrompieron la lengua legítima y originaria de estos reinos. Por esta causa cuando vinieron los Romanos, que fué la tercera nación poderosa, no era vna sola la Lengua que se hablaba en España, sino diferentes en diferentes provincias. En espacio de casi seiscientos años que los Romanos estuvieron en estos Reinos, trecientos de los cuales fueron señores de él con pacífica posesión, tardando los docientos primeros en la conquista, y los cien últimos en la salida: introduxeron de manera su Lengua, sus Leyes, sus costumbres y su trato que no avia diferencia de los Españoles a los Romanos en quanto a estas cosas; tanta fué su porfía en procurar asentar esto en España y tanta la facilidad, o por mejor decir, suavidad de los naturales en acomodarse a ello. Con esto se perdió totalmente la Lengua que se usava, no sólo la legítima y primera, sino las bastardas y mestiças que de las mezclas con las otras havian resultado. . .

Los Godos, que fué la 4a nación poderosa, no pusieron tanto esfuerzo en que su lengua prevaleciese, si bien en el mucho tiempo que reinaron se introduxeron muchos nombres y modos de decir proprios de su lengua... pero quedando siempre la Lengua Romana como principal y usada en todo el Reino. Los Árabes hicieron mayor daño porque obligaron a que su lengua se usase en todo lo que fué de su dominio, de manera que solos aquellos Españoles que se retiraron a las montañas quedaron con el vso de la lengua Romana...

Por estas mudanzas tan notables no se puede saber determinadamente quál fué la lengua primera de España, aunque se hallan nombres y verbos en cantidad que entre los doctos son tenidos por de la primitiva lengua española ...

Fols. 225 vto. y 226. -Los nombres que se hallan de la lengua legítima y propia de España sin dependencia de otra alguna, según que los autores los refieren, son los que se siguen:

Aspalato, planta que llaman oi Alarguez.
Bacha, el vino.
Briga, ciudad.
Bubaciones, ciertas venas de piedra imán.
Buteo, cierta ave de rapiña.
Cetra, escudo con adarga.
Celia o Ceria, un género de bebida.
Cocolobis, un género de vidueño.
Coscoja.
Duveta, una suerte de silla de España.
Falarica, arma enastada como partesana.
Gordo.
Lança.
Laurices, gaçapos.
Leberides, conejos.
Melancrenas, unos juncos de que los Mallorquines hacían las hondas.
Neci o Neton, el dios Marte.
Sparto.
Vepio, caída.
Zeus, un pece que aora llaman Gallo, y en latín Faber.
Cataspisi, el que se ofrecía a la muerte por sus amigos o parientes.

Fols. 225 vto, a 230: ... Tengo por de la lengua antigua como esotros los siguientes:
Acabar, ablandar, abofetear, achocar, adobe, afán, ágatas, aguardar, ahogar, aina ( = de prisa) /
aide en búlgaro /, aiuso (= debajo), aloque, apenas, aposento, aposentar, aquende, allende, arrendar, asco, asqueroso, ascua, aseo, aseado, atropellar.

Badajo, baldón, baldonar, barriga, barruntar, baxar, baxo, beblada ( = embriagada), bellota, boda, bodigo, bofes, bofetón, bordón, borra, borrego, boto ( = no agudo), botón, brasa, brial ( = vestidura), broquel, bulto, buscar.

Cadera, calabaça, cama, canbron, canto (= piedra), capar, capón, cara, carga, cargo, cáscara, cocote, coca ( = la cabeza), cómo (= adverbio), començar, cosquillas, cosquilloso, coxo (cojo), coxa (coja) (referente a pierna), cruxir (crujir).

çapato, çatico, çerro, çevada, çurdo.
Chapa, chivo, china, chimenea.
Debalde, debajo, debuxar (dibujar), dicha, dichoso, del (preposición de genitivo), derrivar (derribar), descanso, descansar, descargar, desamparar, desaprovechado, desde, desdicha, desdichado, desollar, desollador, desollado, despachar, despacho.

Enbelesa (embelesa), enbelesado (embelesado), enbevecer (embebecer), enbebecido (embebecido), enpapar (empapar), enpero (empero, pero), encargar, encaxar (encajar), engañar, engañador, engaño, escaramujo, escarmiento, escuerço (escuerzo), estirar, estirón, estirado, estruxar (estrujar), estrujado, estrujón.

Falta, faltar, falto, fanega, fino, fisga, floxo (flojo).

Ganar, ganancia, gaxo (gajo), gañan, ganzúa, gamo, gamón, garavato (garabato), gastar, gasto, gastador, garras, garrapata, garrocha, gasavo, gavilán, gorra, grançones, guisado, guisar, guisa (= semblante) /
de esta guisa /.

Haca, hallar, hallazgo, handraxo (andrajo), handraxoso (andrajoso), hígado, holgar, holgura, holgado, huelga, hurraca (urraca).
Jamás, jamón, jarro, jarra, jarrear, javalí (jabalí).
Izquierdo.
Lanparones (lamparones), lanpazo (lampazo), lanpiño (lampiño), lançadera (lanzadera), lançe (lance), llaves, laude (de sepultura), lechón.
Madroño, maguer (= aunque), manteles, mascar, máscara, mastín, medrar, melena, melindre, mella, mellar, mellado, membrillo, membrillar, mesnada ( = la familia de una casa), moço, moça, mochacho (muchacho), mojonera.
Orbigo (río de Astorga), ordeñar, otear, otero, otorgar, ouas (ovas).
Padrón, pagar, palomina (=yerba), panal, pantorrilla, para (preposición), parar (detenerse), pardo, parecer, pavilo (
pabilo), pecas, pecoso, peón, perro, plato, potro, prieto, pro ( = provecho), pero.
Querer, quexa (queja), quexarse (quejarse), quiça (quizá, quizás), quijada.
Rancor (rencor), rasgar, raudal, raça (raza) (de caballos), rebatir, rebuscar, rechaçar (rechazar), remachar, rincón, rollo, rueca.
Salir, salida, salvados, savañon (
sabañón), semblante, soga, soltar, susto.
Taxar (tajar), taxo (tajo), taxador (tajador), talante, tanbien (también, tan bien), tapetado, tavardo (tabardo), tiento, tesón, tibieça (tieieza), tibio, tieso, tira, tiro, tirar, tirador, tiros, tirante, trabajar, trabajo, traça (traza), traçador (trazador), traçar (trazar), trença (trenza), trobar (
encontrar).
Vfano (ufano), vfanía (ufanía), valago, viga.
Xapoipas (= tortas que se fríen en la sartén), xeta (jeta).
Zagal, zarzillos, zorra, zorçal (zorzal, tordo), zutano, zancle (= la hoz).
Fols. 290 vto, a 292. -Lista de homónimos italianos y castellanos, muy curiosa.

En la Biblioteca Nacional de Madrid existe, con la signatura V, 192, otro códice de esta obra del P. Ledesma.


1631


12. Breves lovvores da lingva portvgvesa, com notaveis exemplos da muita semelhança, que tem com a lingua latina. Dirigido a Dom Manoel d Eça, &c. Per Alvaro Ferreira de Vera. (E. de a. del protector.) Em Lisboa. Per Mathias Rodríguez. Anno de 1631.

pág. 78 vta.: Tal he a pronunciaçāo das palavras, que escrevemos com lh, que he pronunciaçāo particular dos Hespanhoes, que nem os Hebreos, Gregos, & latinos a podem pronunciar per suas letras: nem os Árabes, & Mouros dÁfrica com tormento. Polo que para significarmos o que pelo nosso alphabeto latino senāo pode explicar, acrescentamos ao L, a note de aspiraçáo, essi lh: & os
Castelhaos dobrāo o L. assi ll, erradamente pola razāo que dei na Orthographia no capitulo da ditta letra. Os Franceses (dos quals esta pronunciaçāo era alheia, & a tomarāo dos Hespanhoes) ...

Pág. 79: E antigamente antes de virem a Hespanha os Godos, Suevos, & outros barbaros, que succederāo a os Romanos, fallavāo os Portugueses lingua tam chegada a latina, que lhe chamavāo commummente Romana; & inda hoje corrutta lhe chamamos Romance...

Pág. 79 vta.: ... entre os Portugueses, & Castelhanos esta letra M que os Castelhanos pronunciāo sempre por N, inda que sejāo dicçóes latinas...

Dice el autor (pág. 82) que la primera lengua de Portugal y España fué la española hablada por Túbal, hijo de Jafet, cuando vino a poblar la Península en Setúval. No que concordāo muitos, & mui graves authores, (añade Ferreira). Que seja esta, ou aquella, ou que se conservasse mais pura até estes nossos tempos, a muita dúvida sem se corromper, & tomar muitos vocabulos d outras naçoés vezinhas, & muitas estranhas, que a ella vieráo: como forāo os Gregos, latinos, & Godos...

Despois delles (os Gregos) vierāo os Romanos, de que tomamos muita parte da lingua latina, com que ficou limada, & aperfeiçoada de maneira, que tem as cinquo qualidades, que se requerem para ser perfecta húa lengua. Porque he copiosa de palavras: boa na pronunciaçáo, pois nāo acaba em consoantes juntas... escreve o que falla... he apta para todos os estylos de compor: & sobre túdo he tam breve, que em algúas cosas o he mais que a latina...

Pág. 83: Dexando este argumento de palavras quero por outro de exemplos. Todas as naçóes de Europa reconhecem por aventejada a lingua latina, & logo aquella, que mais della participa. Se eu mostrar per exemplos que a lingua Portuguesa he tam copiosa de vocabulos latinos, que podemos compor multas oraçóes; & perihodos, que juntaméte sāo latinos, & Portuguéses, darāo vétajé a nossa? Sim por certo. ..

A este efecto cita el autor dos oraciones; un Soneto de Ioseph Barroso d Almeida em louvor do que cómentou as Georgicas de Virgilio em portugues; unos versos de Dom Miguel da Sylva, y prosa y versos de Manoel Severim de Faria.

Pág. 85: Tem outra grandeza a lingua Portuguésa, que pronuncia melhor a latina, que qualquer outra, porque lhe da a pronunciaçāo conforme a força & vigor das letras. O que nāo tem a castelhana, que todas as dicçoés acabadas en M pronunciāo a maneira de N, & as começadas per V, como se fora B...

Págs. 85 vta. y 86: E quanto a suavidad de pronunciaçáo, & boa graça na linguajem, & de ser deleitosa aos ouvidos (mas nāo dos Portugueses enfastiados) e confessa o eloquentissimo Miguel de Cervantes (de quem se disse que descubrio a alteza de lingua Castelhana) fallando das excelencias de Valença, & da boa graçe do lenguajem da terra, a encarece desta manera: Com quien sola la
Portuguesa puede competir en ser dulce y suave.

Este tratado forma la tercera parte del libro intitulado: Orthographia, ou modo para escrever certo na lingua Portuguesa. Com hvm trattado de memoria artificial: outro da muita semelhança, que tem a lingua Portuguesa com a latina. Author Alvaro Ferreira de Vera, natural da inclyta cidade de Lisboa. Dirigido a Dom Manoel d Eça, &c. (E. de este protector.) Com todas as licenças necessarias. Em Lisboa. Per Mathias Rodriguez. Anno de 1631.

4.°-7 hs. prels. + 88 págs. dobs. - Sign. §, §, A, Y, de 4 hs. -Port. -V. en b. -Lic. del Dr. Jorge Cabral: Lisboa, cusa de San Roque de la Compañía de Jesús 10: de Fevereiro de 1631. -Id. de C. Pereira, Francisco Barrete, D. Miguel de Castro, Fr. Antonio de Souza y otros. -Ad lectorem. - Ded. del autora D. Manuel d Eca, fechada en Lisboa a 8 de Janeiro de 1631. - Pról. - Texto de la Ortografía hasta la f. 56 vta. -El tratado de Memoria artíHcial, sigue con portada suya a la f. 57. -V. en b. - Ded. a D. Manuel d Eca. -V. en b. - Texto. -A la f. 77: portada de los Lovvres. -V. en b.
-A D. Manuel d Eca. -V. en b. - Texto.

1672.

13. + Población, y lengva primitiva de España, recopilada del aparato a sv monarchia antigva en los tres tiempos, el adelon, el mithico, y el histórico, qve escrivia Don Ioseph Pellicer de Ossav y Tovar... y dedica, al Señor Don Diego Gómez Sarmiento de la Cerda hijo y hermano De Los Excelentísimos Duques, i Señores de Híjar, Condes de Salinas, i de Ribadeo
Con Las Licencias Necessarias. En Valencia. Por Benito Macé, junto al Colegio del Señor Patriarcha, Año de MDCLXXII.

4.° 2 hs. prels. + i, u págs. dobs - Sign, a-n, de 4 hs.
Port. - Ded.: Madrid 14 de Noviembre de 1672. -En alabanza de los que ilustran la lengua española por Nicolás Antonio, en su Biblioteca. -Adv. - Texto.

§ 74: ... La Lengua primitiva de España es la única que agora hablamos perficionada con los tiempos, que entró aquí con sus Primeros Pobladores; porque es constante, que fué la Española, vna de las Setenta i Dos de la Confusión, i División en Babel: y ansí lo afirman todos los Autores que hablan de las Lenguas i Dispersión de las Gentes. Claro está que estas autoridades son los falsos cronicones y otras semejantes, desechadas por la moderna crítica, y juzgadas con singular acierto por la pluma del Sr. Godoy Alcántara.

Acrecentaron la lengua indígena, al decir del Cronista aragonés, las colonias griegas y fenicias, los bárbaros y los árabes, en fin; mas de ninguna manera los judíos que en miserables y dispersas tribus vinieron a España. Y en cuanto a la semejanza y afinidad entre nuestra lengua y la latina, escribe: No deve hazer novedad, sabiéndose que son tenidos por Españoles aquellos Antiquísimos Príncipes Hespero, Italo, Zano i otros, i que el Antiguo Parentesco de Entrambas Lenguas se renovó con el arrivo de tantos Españoles a Roma... Con tales argumentos, nacidos de las turbias fuentes antes aludidas, escribe Pellicer todo su alegato, para probar que la lengua matriz de nuestra Península es la misma lengua española hablada hace más de dos mil años.

La aberración de creer que la castellana era una de las 72 lenguas en que fué dividida la caldea, cuando Dios castigó la loca soberbia de Nembrot, y que Túbal, como hijo de Jafet, uno de los descendientes de Noé, la trajo a España, la sostuvieron también el Tostado (Eusebio, 2a parte, cap. XXV), Florián de Ocampo (Crón. lib. I, caps. X y XX) y el Dr. Viana (MS. citado en la Introducción de este Estudio).

Pero lo que parece inexplicable es que, después de publicadas las obras de Núñez de León y de Aldrete, hubiera quien sostuviese tales proposiciones. Sin embargo, ante los delirios de los escritores bascófilos, que vemos repetidos desde el siglo XVI hasta el presente, no debe extrañarnos que el Maestro ximénez Patón suscribiese esta opinión (I), a pesar de los opuestos pareceres que, en su mismo libro del Mercurius trimegistus, consignaron Pedro de Valencia y el P. Francisco de Castro, S. J.; y que el cronista Pellicer no dudara de que el castellano fué uno de los idiomas que se hablaron en la Torre de Babel.



I: Véase en el libro segundo de este Estudio, parte primera, el año de 1621,

1724.

14. La Crusca Provenzale, ovvero, le voci, frasi, forme, e maniere di dire, che la gentilissima, e celebre Lingua Toscana ha preso dalla Provenzale; arricchite, e illustrate, e difese con motivi, con autorità, e con esempj. Aggivntevi Alcune memorie, o notizie istoriche intorno agli antichi Poeti Provenzali Padri della Poesía Volgare, particolarmente circa alcuni di quelli, tragli altri molti, che furono di Nazione Catalana, cavate da MSS. Vaticani, Laurenziani, e altronde. Opera di Don Antonio Bastero, Nobile Barcellonese, Dottor in Filosofía, e nella una, e l´altra Legge, Canónico, e Sagrestano Maggiore dalla Catedrale di Girona, ed Esaminatore Sinodale della medesima Diocesi, detto fra gli Arcadi Iperide Bacchico. ) Volume primo. (Grab. en cob. que representa el caramillo y las ramas de laurel y encima, emblema de Gli Arcadi.) In Roma, MDCCXXIV. Nella Stamperia di Antonio de Rossi, nella Strada del Seminario Romano, vicino alla Rotonda. Con licenza de Svperiori.


Fol. -4 hs. Prels. + 174 págs. - Sign. A-Z de 4 hs. las 4 primeras sin sign. -Anteport. -(Grab. en cob.: alegoría relativa a la obra.) -Port. -Licencia de los Arcades. -Licencias eclesiásticas.

Dando el autor cuenta del plan que intenta seguir en su obra, dice en su
Prefación:

...cominciai a disegnari la premeditata Gramática per uso della mia Nazione, e degl intendenti della Lingua Catalana, e tutto l tempo che avanzava alle mie importante ocupazioni attenenti alla lite allora vertente nella Sagra Romana Ruota sopra l´accennata
elemosina di Girona, l´impiegava nel lavoro dell opera medesima; nella qualle poi, dopo averne abbozzati al quanti capitoli, volendo anche discorrere, e trattare dell origine della stessa Italiana favella; e perció desiderando scoprire, e accumulare altre notizie, oltre aquelle da suddetti Autori dimostrate, risolvi l occhio al mentovato Catalogo, e presa nota degli Scrittori, che anno trattato della materia, andai alla Libreria Casanattense; e per mezzo delle Prose del Cardinal Bembo, e Coll´ Ercolano di Benedetto Varchi, che furono i primi libri, che lessi in quella Libreria, vidi, ed intensi, come la Lingua Toscana era in gran parte composta della Provenzale, e quasi di due Madri figlinola, cioè della latina, e di essa Provenzale; e che gli antichi Provenzali Poeti, altrimenti con più acconcio nome Trovatori appellati, dal trovare il tropo, o la maniera del canto, furono i Padri delle Rime volgari, e i Maestri, che insegnarono il poetare agl Italiani... (Páginas 3 y 4.)

IV. E riflettendo, che la Lingua Provenzale, e la stessa appunto, che la mia materna Catalana, come attestano parecchi Autori e può conoscere ognuno, confrontando le parole, le maniere, i modi di dire, e lo stile delle nostre antiche Costituzioni di Catalalogna, esistenti nella Biblioteca Barberina, cogli antichi Statuti di Provenza, che si trovano nella Libreria Casanattense; e come anche più agevolmente riconoscerá il Lettore dalla lettera, che per questo efetto ho estratta dalla Storia, e Cronica di Provenza di Cesare di Nostradama scritta da Renato d Angió Re di Napoli il decimosesto, e Conte di Provenza il ventunesimo nell anno 1468, en son bon, & franc Catalan Provenzal, come dice l istesso Nostradama, a Giovanni d Angió intitolato Duca di Calavria suo figlio primogenito, e Generale dell Armata Franzese, e Provenzale, che allora si trovava ne confini di Catalogna; (bench
ê nel detto anno, anzi ventisei anni prima, fosse giá il suddetto Conté scaduto dalla Regia di Napoli, avendo prevaluto il partito, e il va ore delle armi de i Catalani, e degli Aragonesi contro degli Angioini, ed essendo in essa rimasto trionfante, e coronato fino dal 1442, il Re Alfonso il II d Aragona, e il I di Napoli cognominato il Magnanimo), la qual lettera ho qui trascritta con la medesima ortografía, che nella predetta Istoria si legge del seguente tenore:

Illustrissimo, e carissimo Duch, primogenit, Governador, e Loctenent general nostre: Nos com sabeu en los dies passats avens consideratió als bons servicis, e merits del noble, e amat conseiller nostre Mossen Barthomeu Gary, l´ y donam perpetualment en seu honorat segon costum de Cathalunia, per a el e à sos fils emperó mascles de legitim matrimoni procreadòs lo Viscomtat de Bas,que ez prop las montanyas de Ampurdà, e certs castels, e altres coses que tenía en las parts de Ozona Joan de Cabrera, à nos inobedient, e rebelle, segon aquestes, e altres coses largament poreu veure en unas lettras patens à vous, e á altres dressades lou día present dades. E perque ez nostraferma voluntat, e intentió, que lod. Moss. Barthomeu dé, aya, e consequesca la possessió libera del dit Viscomtat, Castelz, e altres coses per nos á el donades, axi prest com vinguen á nostra obediensa, vos encarregam que axi ho façan executar per effecte, e per res non aya falla, com axi proceesca de nostra pensa: E sia illustrissimo, e carissimo Primogenit, e Loctenent general nostre la Santa Trinitat vostra garda. Dadas en lo nostre Castel de Bauge á XXI
X, del mes d Abril de l ani Mcccclxviij (1463).
E trasportandola poi in Franzese il medesimo Cesare di Nostradama vi fa la seguente riflessione:

Cette lettre de ce bon pere a son cher fils, qui ne t
êmoigne moius l´amitié grande quil luy portoit, que l´antiquité, et l´excellence de nôtre Vulgaire: voire la conformité quil a avec le langage quon usoit du temps de Charles le Chauve, pour preuve que les Provençaux ont êté les premiers qui ont donné langue au reste des Gaules &c sonne en François ces mêmes paroles, &c ... (Págs. 5-7.)

XI. Quasi tutte le voci, e forme di dire, che per entro l Libro ho annoverate, e registrate le ho cavate dal Vocabolario degli Accademici della Crusca, il quale in tutto l corso del mio lavoro, ho avuto sempre davanti agli occhi, e non me lo son tolto mai di mano, riportando la sua medesima spiegazione, e dichiarazione de significati, e cosí anche l latino, come si legge in esso Vocabolario; e il medesimo ho fatto pure intorno al Greco, allorché ho conosciuto, che la voce Provenzale sia dalla Greca originata, o che n abbia dependenza. Vi ho inseriti, o posti ancora molti degli esempli Toscani, acciocché il Lettore possa piú comodamente confrontargli con quelli dei Provenzali, e si veda, che da questi anno anche spesse fiate tolti i Rimatori, e Prosatori Toscani molti concetti, e molte invenzioni, come osservarono in parte il Bembo l Equicola il Bouche il Paschieri il Pittoni i Nostradami de in particolare Gasparo Scuolano colle sequenti parole



No se puede dexar entre renglones, que se pagaron tanto los Italianos de esta poética invenzion y estilo de los Lemosines, que no sólo les cogieron el arte, y metro, pero aun las mesmas rimas traduzian en su lengua Italiana. Cien años antes que floreciesse el Petrarca, es á saber, el año mil doscientos y cinquenta, vivió en nuestra Ciudad un Cauallero famoso Poeta llamado Mossen Jordi, criado en la Corte del Rey Don Jayme el Conquistador; el qual con mucha gala usó de Sonetos, Sextiles, Terceroles, y Octavas rimas en Lengua Valenciana Lemosina. Y viniendo después al mundo el Petrarca, en el año de mil trescientos y veintisiete, que se enamoró de madama Laura, llamándole su estrella al mayor lauro que Poeta vulgar ha podido conseguir, se valió de las obras deste insigne Valenciano, vendiéndolas al Mundo por suyas en lengua Italiana. Pudiera dar por testigos á muchas de ellas, pero contentareme con sola ésta:

El Petrarca dice:

Pace non trovo, e non ho da far guerra;
E volo sopra ´l Cielo, e giaccio in terra;
E nulla stringo, e tutto ´l Mondo abbraccio:
Ed ho in odio me stesso, ed amo altrui:
S´Amor non e, che dunqne e quel, ch io sento.
Mossen Jordi dixo:

E non he pau, e no tinc quim guerreig;
Vol sobre ´l Cel, e nom movi de terra,
E no estrench res, e tot lo Mon abrás;
Oy he de mi, e vull a altri gran be:
Si no es amor, donchs açó que será?
Traduít al chapurriau:
Y no ting pau, y no ting qui me guerrejo;
Volo
pel sel, y no me moc d´enterra;
Y no estriñ (apreto) res, y tot lo Mon abrasso;
Odio ting de mí, y vull a datre (datra) gran be:
Si no es amor, entonses aixó -açó qué sirá?


Que traduzidos en Castellano quieren dezir:

No tengo paz, y nadie me hace guerra;
Voy por los Cielos, sin dejar el suelo;
Nada recojo, y todo el Mundo abraço;
A mí mesmo aborrezco, y amo á otri:
Y si esto no es Amor, qué es lo que siento?

El modo como pudieron llegar las Obras de Mossen Jordi Cavallero Valenciano a las manos del Petrarca, lo escriue nuestro Antonio Beuter en la Epístola proemial de su Coronica; donde dize, que hallándose en Gascuña con Don Jayme Colona, Obispo de Lumbierri, en tiempo del Papa Juan XXII, como llegase a las rayzes de los Pyrineos (según se comprehende de los Comentarios de Alexandro Vellutello en la Vida que escribió del Petrarca) pudieron venir á sus codiciosos ojos, como tentados de aquel manjar, las rimas del dicho cavallero, que ya entonces corrían por Cataluña, y Gascuña, con grande renombre de su Autor; y entonces le desentrañó el estilo, las agudezas, ternuras, y conceptos, pasándolo todo a su propósito, y Lengua... (Págs. 5-15-17.)




...Né solamente molte voci, come si vede; o pure alquanti modi del dire presero dalla Provenza i Toscani; anzi essi ancora molte figure del parlare, molte sentenze, molti argomenti di Canzoni molti versi medesimi le furarono; e più ne furaron quelli, che maggiori stati sono, e miglior Poeti reputati. Il che agevolmente vederá, chiumque le Provenzali rime piglierá fatica di leggere.
Ed indi Peruditissimo Abate Anton Maria Salvini, alloraché dimostrando, che per arrivare alla perfezione, ed all eccellenza nell arti, e nelle scienze, niuna strada vi ha più facile, né più spedita, che l´imitazione degli ottimi autori, che e quella, che vi conduce dirittamente, disse in lode dello steso Petrarca Non pure la latina Lingua assato perduta, ricondusse a novella vigorosa vita, ma nel Toscano Idioma molto osservó, e molto prese dagli antichi rimatori Provenzali … (Pág. 18.)

...Tutte le nostre voci, che anno uniformitá, e amistanza col Franzese, le anno certamente i Franzesi tolte dal Provenzale ... (Pág. 30.)

... Lo stesso che ho detto in ordine a quelle voci, che anno similitudine, o affinitá col Franzese, si debbe parimente intendere rispetto a quelle, che l´anno col Castigliano, che parimente ho prodotte ne loro luoghi dell´ alfabeto, e che parranno più tosto Castigliane, o dalla Lingua Castigliana esser presse, che dalla Provenzale, come
cominciare, bataglia, cortesia, cambiare, galoppo, peso, aggradare, riposo, e cento più, le quali anno pure i Castigliani cavete dal fonte Provenzale, come affermó il dottissimo Onorato Bouche nella sua sopra citata Istoria di Provenza con le seguenti parole:
Voire cest le commun sentiment de plusieurs grands personnages Italiens, comme jay oüi dire à quelques uns diceux en Italie, que la Langue Provençale êtoit la Mere de la Langue Italienne du jourdhuy. Ce que nous pourrions ausi bien dire de la Langue Espagnole de ce teMs. quelle soit une fille de la Provençale, doù lon peut en quelque façon conclurre, que tous les mots qui son en usage entre ces trois peuples, & qui ne peuvent pas être derivez de quelque racine Grecque, ou Latine ne sont pas tant Espagnols au Italiennes, que Provençaux, comme ceux-cy Italiens
Badar, Engagnar, Escarecar, Pulit, Far escomessa &c, et ceuxcy Espagnols Borrar, Despedaçar, Desamparar, Escupir, Flaqueza, Embud (Entonnoir) & plusieurs autres, quon peut remarquer en la lecture des livres composez en ces langues... (Págs. 34, 35.)

...Ben noto e per altro, a tutti i Letterati, che la nostra Lingua, e più antica assai, della Castigliana, poiché su per tutto il Ponente, tra tutti gli altri Idiomi di quelle parti di gran lunga primiera e cosí florida, culta, ac polita ut nulla feré extiterit Regio, in quam immissa non fuerit e la Castigliana al contrario, mentre fino al 1479, nel quale ad unicum Principem tota Hispaniarum potestas rediit, come dice il Du-Fresne rarioris fuit usus, ut poté barbaris spersa vocabulis. Anzi lo stesso Crescimbeni, parlando sopra questa materia di precedenza, ed antichitá fra le lingue volgari, mi disse aver letto in un certo Autore straniero, che in Catalogna incominció a corrompersi il dialetto latino, che correva in tempo dell Imperio de Goti. Ed a questo proposito e cosa degna d osservare, che in Catalogna pure s incominció l uso di trattare le Leggi, e Costituzioni, e tutti gli atti giudiziali in lingua volgare; anzi nel 1412. D. Ferdinando I, Infante di Castiglia, che su eletto, e dichiarato Re d Aragona, e Conte di Barcellona dagli Stati di Catalogna, Aragona, e Valenza congregati in Caspe, per esser morto intestato, e senza successione il Re Don Martino, che su 1 ultimo Re, e Conte della stirpe de Beringhieri; fece in Catalogna una Legge, tra 1 altre, insieme co i tre Stati generali del Principato, cioé l Ecciesiastico, il Nobile, e l Borghese, o Cittadino, comandando espressamente, che tutte le suddette cose fossero fatte, e trattate nel nostro volgar Catalano, e non in latino, né in altro straniero linguaggio, come aparisce dal Volume delle nostre Costituzioni esistente nella Biblioteca Barberina, e cosí su sempre praticato fino al 1714; la quale legge, per dirlo di passaggio, pare che indirettamente, e in alcun modo sia stata confermata dalla Santissima Vergine Nostra DonnA, coll´ occasione d un miracolo, che a intercession sua, fece il Beato Fra Salvadore d Orta Francescano, di far parlare in Lingua Catalana una Donzella muta di otto anni di Nazione Navarrese, come raccontano i compilatori della Vita di esso Beato Fr. Salvatore, e riferisce il Bollando negli Atti de i Santi. E simile uso poi negli altri Stati, e Regni dell Europa, non che di Castiglia solo, non incominció, che cento cinquant anni dopo, nella propria lingua naturale di ciascun paese. Ma non occorre, che sopra ció mi affatichi, né perda più tempo in addurre dell altre autoritá, e memorie, che mi sono rimase nel Zibaldone, e fra laltre, che.
L´an 1613 on imprimá à Paris un gros livre in quarto en langue Françoise, qui contient 1030 pages, ayant pour titre: Thresor des Langue de cêt univers, contenant les origines, beautez, perfections, decadences, mutations, & ruines des langues, où l´Autheur Monsieur Claude Duret Bourbounois, en compte jusquà 56, & parmy les autres, il place la Cathalanne avant l´Espagnole, & plusieurs autres: mentre che dalle Tavole degli Autori, e de i libri in Provenzale, poste in fronte del mio Vocabolario puó il Lettore abbastanza foddisfarsi; conciossiaché i più antichi, che la Castigliana Lingua in questo, od altro giudizio possa produrre, faranno di gran lunga posteriori a molti di quei, che in esse Tavole oggidí compariscono... (Págs. 36-38.)
... Conchiudo, che più tofto che errori dovrebbero con più proprietá chiamarsi Provenzalismi, de quali abbondano le scritture Toscane del buon secolo, e maggiormente quelle tratte da i testi Provenzali, che sono molte. E molto più si rende ció manifesto, se si considera, come ho toccato di sopra, che la medesima nostra Lingua Provenzale pura, e schietta, che per tutta l Europa si sparse, su ella da Toscani studiosamente ne primi tempi adoperata, e poi lungamente imitata siccome da tutta la Francia, dall´ Inghilterra, e dalla Germania, essendo allora amata, e pregiata come la Greca, e la latina, e su a i più delicati ingegni comune, ed universale; anzi tant oltre passó in riputazione, e fama, che ella sola su in istima tra le lingue... (Págs, 69, 70).

A este prefacio e introducción general, de que tan interesantes fragmentos hemos copiado, sigue un índice biográfico de los trovadores, un catálogo de obras provenzales, un tratado de ortografía y prosodia comparadas entre el provenzal y el italiano, y un índice del glosario proyectado por el autor.
De esta obra no llegó a imprimirse más que el primer tomo, porque, según confiesa el autor en medio de dicho Indice, no tenía dinero para publicarla. Existe manuscrita, juntamente con otras obras de Bastero que conviene citar, en el Archivo de la Academia de Buenas Letras de Barcelona y en la Biblioteca provincial de esta ciudad. En dichos centros se hallan los códices siguientes:
diez tomos que forman parte del Diccionario o Crusca; tres de Misceláneas; cuatro de
Zibaldoni, italiano, francés, provenzal y latín castellano, ó sean colecciones de extractos de escritos sobre materias semejantes a las que trató el mismo Bastero; una historia de la lengua catalana; una gramática italiana; copias enteras y fragmentos de las poesías contenidas en los códices 2.304, 2,306, 2.307 y 2.308 de la Biblioteca Vaticana, y muchos papeles sueltos, entre ellos las adiciones que había hecho a la parte ya impresa de la Crusca.

Bastero fué el predecesor de Raynouard. y la gloria que para sí recaban los franceses corresponde de derecho a España, merced a los trabajos llevados a cabo por el erudito catalán. Un siglo antes que se le ocurrieran al filólogo francés sus famosas conclusiones, Bastero, según se ha visto, publicaba que el toscano y otras lenguas procedían, no del latín corrompido o modificado, sino del provenzal, más tarde proclamado idioma intermedio. Bastero fué el primero que descubrió en una gramática de Ugon Faidit, la célebre regla de la s que tanta fama ha dado en nuestros días a Raynouard (I). Bastero, que fué considerado por Guillermo Schlegel como el más entendido gramático y filólogo que hasta pasadas las dos primeras décadas del presente siglo podíamos consultar acerca de la literatura provenzal, hubiera causado en su tiempo una revolución en los estudios lingüísticos si hubiese publicado completos todos sus trabajos, de la misma manera que en estudios posteriores ejerció influencia notable la parte publicada de sus obras.



No negamos, empero, que el prefacio de la Crusca carece de método bien definido; pues, además de muchas observaciones ociosas no está claro si intentó tratar de la historia literaria de los trovadores, o publicar sus obras, o componer un diccionario y una gramática de su lengua, aunque en esto último parece ser que puso el autor su mayor empeño. Pero en medio de la prolijidad que distingue a esta introducción, son verdaderamente preciosos y de una gran pureza lingüística los fragmentos citados, y utilísimas las observaciones que de ellos colige.

D. Antonio Bastero y Lledó, hermano del Obispo de Gerona D. Baltasar, nació de noble estirpe en Barcelona, año de 1675. Estudió allí Filosofía y ambos Derechos; fué poeta y hábil jurisconsulto; ejercía los cargos de canónigo, sacristán mayor y examinador sinodal de Gerona, cuando se le envió en 1709 a Roma para negociar asuntos de su cabildo. Vivió en la ciudad pontificia por espacio de quince años, y fué en ella de los doce magistrados de la Academia de la Arcadia, en donde tuvo por sobrenombre el de Iperides Bacchico. Falleció el 23 de Septiembre de 1737.

I: Sabido es actualmente que la ausencia de la s indica el nominativo plural en ciertos casos, así como su presencia el singular; regla que se extiende al francés antiguo, y aunque interesantísima por referirse a un resto de declinación conservado en el origen de las lenguas modernas y necesaria para la inteligencia de los textos, ha sido trascordada hasta el punto de que el sabio Fleury diese como una prueba de barbarie en los antiguos escritos franceses, una supuesta confusión de singular y plural.

Sobre Bastero y sus obras literarias pueden verse las Memorias para un Diccionario de escritores catalanes, por el Obispo D. Félix Torres Amat, Barcelona 1836, páginas 95 y 96, y el artículo de D. Manuel Milá y Fontanals, publicado en el Diario de Barcelona, año de 1853 y que se lee en el tomo IV de sus obras completas, coleccionadas por D. Marcelino Menéndez y Pelayo.

1726.

15. Sobre el origen de la lengua Castellana, por la Real Academia Española.

Es el primero de los Discursos proemiales que se leen en el primer tomo de su gran Diccionario de autoridades, del cual damos cuenta en el tercer libro de este Estudio, parte primera.

1728.

16. De la antigüedad, y universalidad del Bascuenze en España, de sus perfecciones, y ventajas sobre otras muchas Lenguas. Demostración previa al Arte, que se dará a luz desta lengua. Su author Manuel De Larramendi. Con las Licencias necessarias. En Salamanca: Por Eugenio García de Honorato. Año de 1728. (Orlada.)

8.°-3 hs. prels. + 170 págs. - Sign. A-K, de 8 hs. menos la primera y la última, de 4.
Port. -V. en b. - Ded. del autor a D. Juan de Idiáquez, Conde de Salazar. - Texto.

Págs. 10, 11 y 1 2, § I: Sentemos en primer lugar, que el Bascuence es lengua más antigua que el Romance en todos sus dialectos, que la Arábiga, que la Gótica, que la latina, y que cuantas lenguas se oyeron en ella por la inundación de bárbaras naciones... Sentemos en segundo lugar que el
Bascuenze es una de las Lenguas primeras que entraron en España después del Diluvio, aun en caso que en su primera población huviesen entrado otras lenguas... La lengua Bascongada en aquellos primitivos tiempos fué lengua común y universal de todos los Españoles...


El autor, en apoyo de su tesis, presume probar que la mayor parte de los nombres de lugares de España son bascongados, y que porción considerabilísima de voces castellanas derívanse del bascuence, a cuyo efecto presenta, con etimologías eúskaras, por lo general puramente caprichosas, muchas de las voces correspondientes a las letras A y B del primer Diccionario de la Real Academia Española. Trata luego de las excelencias del bascuence respecto de otras lenguas; de que es la más perfecta en la propiedad de sus vocablos y de que excede a todas, así en harmonía, riqueza, distinción y puntualidad, como en los modos y fórmulas de hablar. Este libro del Padre Larramendi, donde se repiten, sin crítica alguna, los mismos delirios que consignan la mayor parte de los escritores bascófilos referentes al origen de la lengua castellana, lo escribió por vía de introducción a su Gramática, intitulada: El imposible vencido. Arte de la lengua Bascongada. Su author el P. Manuel de Larramendi de la Compañía de Jesús, Maestro de Theologia de su Real Colegio de Salamanca. Con Licencia: En Salamanca: Por Antonio Joseph Villagordo Alcaraz. Año de 1729. (Orlada.)

8.°-17 hs. Prels. + 404 págs,- Sign. A-Z, Az-Cc, de 8 hs. menos la últ. De 2.
-Port. -v. en b. -Escudo de Guipúzcoa Grab. en cobre, firmado La Cruz f.t - Ded. a Guipúzcoa. -Ap. del Dr. Joseph Larumbe, -Lic. del Provisior: Salamanca 1.° de Julio de 1729. -Ap. del Ldo. D. Juan Domingo de Arzac y Echeveste. -Lic. del Consejo: Madrid 2 de Julio de 1729. Tassa,-Erratas. -Lic. del Prov. de la Compañía de Jesús, de Castilla, P. Juan de Villafañe: Salamanca 13 de Mayo de 1720. - Prólogo, - Texto, dividido en tres partes.

No debemos tampoco omitir aquí esta otra obra del P. Larramendi: Discurso histórico sobre la antigua famosa Cantabria. Question decidida si las provincias de Bizcaya, Guipúzcoa, y Alaba, estuvieron comprehendidas en la Antigua Cantabria? Su Autor El M. R. P. M. Manuel de Larramendi, de la Compañía de Jesús, Maestro que fué de Theología en el Real Colegio de Salamanca, y de Extraordinario en su Universidad. Confessor de la Sereníssima Señora Reina Viuda de Carlos II. Con licencia. En Madrid. por Juan de Zúñiga. Año 1736.

8,°-22 hs. Prels. + 420 págs.+3 hs. finales. - Sign. A y, Aa -Dd de 8 hs.. menos la primera y la última de 6.
Port. -V. en b. - Ded. del autor a D. Fernando, Príncipe de Asturias. -Lic. del Provisor Francisco de Miranda: Colegio de San Ambrosio de Valladolid a 25 de Enero de 1736. -Ap. del R. P. M. Antonio de Goyeneche, S. J.: Colegio Imperial a 7 de Agosto de 1736. -Lic. del Ordinario. -Ap. del Rmo. P. Fr, Bernardo de San Joseph, General de los Carmelitas Descalzos de España: Convento de San
Hermenegildo de Madrid a 5 de Septiembre de 1736. -Lic. del Consejo: Madrid 15 de Septiembre de 1736. -Fe de erratas suscrita por el Lic. D. Manuel García Alesson. -Tassa. -Carta del autor a un pariente y amigo suyo enviándole manuscrita esta obra. -Introd. - Texto. -Tabla de capítulos y secciones. - H. en b.

Trata el capítulo V de los Nombres antiguos de España en general y los particulares antiguos y modernos de las tres provincias, Bizcaya, Guipúzcoa y Alaba, y su origen (págs. 103-126), y desde la página 292 a la 317 defiende el autor que la lengua bascongada es prueba de que las tres provincias eran de la antigua Cantabria.



1731.

17. Origen, y antigvedad de la lengva bascongada y de la Nobleza de Cantabria, sacada a luz por el capitán Don Ivan de Perocheguy, Comisario Ordinario de la Artillería de España. En qve se haze ver que dicha Lengua fué la primera que se habló en el Mundo, y la misma que traxo Túval a España, en el año de 1800 de la Creación, con la particularidad. de cómo y por dónde se introdujo para poblar esta Monarquía, y assi mismo se expressa cómo se introduxeron los Agotes en el valle de Baztan, y en el Pais de Bascos, en el año de 506, con otras curiosidades dignas de ser sabidas para todos los que son oriundos de dicha Lengua. Se dedica al Excelent. Señor Don Jvan de Idiaqvez Conde de Salazar, Grande de España, &c. Barcelona. Por Joseph Texido, Impressor del Rey Nuestro Señor, Año 1731.

8.°-47 págs. desde la portada inclusive. - Signs. A2 (en la pág. 3), A3 (en la 9), A4 (en la 10), A5 (en la 17), A6 (en la 19), y nada más,
Port. -V. en b. - Ded. - Pról, al lector. - Texto. -Una décima en castellano, bascuence y francés.

Este escritor sostiene las mismas proposiciones de todos los bascófilos, a saber: que la lengua bascongada fué, no sólo la primera que se habló en España, a donde la trajo Túbal, sino también la primera del mundo. En su discurso estudia las etimologías de porción de nombres de lugar de la Península, modernamente usados, presumiendo probar que se derivan del eúskaro. Pirineos (= Bi-Erri-Eneac, Pirineac), Aragón (= Arrigonia), Cardona ( = Gatzona, Catzona), Gerona ( = Hiri-ona o Herriona), Barcelona (= Parcer-ona o Parcel-ona), Sagunto ( = Es-egunto), Andalucía ( = Landalucea), Setúval ( = Echetúval), etc.

Otra edición de este libro:

Origen de la nación Bascongada, y de su lengua, de que han dimanado las Monarquías Española, y Francia, y la República de Venecia, que existen al presente. Compvesto por el Coronel Don Juan de Perochegui, Theniente - Provincial de Artillería y Comandante de la de este Reyno de Navarra. Segunda Impresión. Con licencia de Los Superiores: En Pamplona, en la Imprenta de los Herederos de Martínez. Año 1760.

4.°-33 hs, prels. + 105 págs.

El texto de esta edición difiere bastante del de la primera, pues en la presente la dedicatoria y el prólogo son distintos; el texto está dividido en dos partes. Exordio y Recapitulación, y carece de notas marginales; consígnase en él mayor número de etimologías de nombres topográficos, sobre todo franceses, y el libro contiene aprobaciones fechadas el 13 de Julio y el 13 de Agosto de 1760, licencia real, tasa y privilegio y fe de erratas firmada por Sebastián de Mendiburu el 13 de Agosto de 1760.

Hay otra edición de esta obra hecha, tal vez, años antes que la precedente, aunque en la portada de ésta se dice ser la segunda. Su dimensión es en 4.°; consta de 30 páginas, más la hoja del título: Origen de la lengua bascongada. En él no se indica ni lugar ni año de impresión, ni tampoco el nombre del autor; pero en las páginas 28 y 29 se lee lo siguiente: Todo hombre que no pone su nombre en sus escritos parece que se hace sospechoso, no sólo él mismo, sino también los escritos; y assí para librarme de semejante censura, digo que soy el Coronel Don Juan de Perochegui, Theniente Provincial de Artillería y Comandante de la del Reyno de Navarra, que después de tener la honra de estar sirviendo la Corona de cinquenta y un años en esta parte con la mayor distinción, aplaudido de mis Gefes, Oficiales Generales, de Príncipes, y con especialidad del Augustíssimo Rey de las dos Sicilias, como consta de la carta que conservo de su Secretario que fué de Estado, el Excelentíssimo Señor Marques de Salas, Duque de Montealegre, de que expondré aquí su contenido, me he dedicado dar a luz esta Obra, seguro, que ella, y yo estaremos en aptitud de defendernos de toda crítica, respecto que la propuesta cadena tiene tan sólidos eslabones, que no havrá lima en el mundo, por refinada que sea, que pueda debilitar la resistencia de su firmedad.

1737.

18. Orígenes de la lengua española, compuestos por varios autores, recogidos por Don Gregorio Mayans i Siscar, Bibliotecario del Rei Nuestro Señor. Tomo I. Con licencia: Madrid. por Juan de Zúñiga. Año 1737.
8.° -Dos volúmenes. Tomo I. -9 hs. Prels. + 219 págs. - Signaturas, A-0. de 8 hs. menos la ** que es de 4 y la últ. de 6. Anteport. -Port. - Ded. a D. Blas Antonio Nasarre y Ferriz. - Cens. eclesiástica: Madrid 12 de Marzo de 1736. -Lic. del Ordinario: Madrid 20 de Diciembre de 1736. -Aprob. por Don Juan de Iriarte. -Lic. del Consejo: Madrid 24 de Marzo de 1736. -Fe de erratas de los 2 tomos. -Tasa. - Ind. de los 2 tomos. - Texto, que contiene: Orígenes de la lengua española de D. Gregorio Mayans y Siscar (págs 1-199.) -Oración en que se exhorta a seguir la verdadera idea de la Eloquencia Española (páginas 199-219).

T. II -342 págs. 2 hs. de anteport. y port. y una en blanco al fin. - Sign. A-Z, de 8 hs. menos la últ. de 4. -Anteport. -Port. (igual que la del primero). -Diálogo de las lenguas (páginas 1-178). -Refranes de D. Iñigo López de Mendoza (págs. 179-210). -Origen i aplicación del refrán castellano Entrale por la manga, i sácale por el cabezón... (págs. 211-222). -Vocablos godos puestos por Aldrete en su Origen (páginas 222-225), -Vocablos arábigos puestos por Aldrete en su Origen (págs. 225-234). -Vocablos arábigos recogidos por López Tamarit (págs. 235-264). -Vocablos que Aldrete sacó del Fuero Juzgo, Partidas, Historia del Rey D. Alonso y del Infante D. Manuel (págs. 265-272). -Vocabulario de Germanía compuesto por Juan Hidalgo (págs. 273-320). -Extracto del arte de trovar del Marqués de Villena (páginas 321-342).

El P. Fray Francisco Cañes en su Diccionario español -latino -arábigo, publicado en Madrid, año de 1787, dice en la nota de la página XXVII del discurso preliminar que Don José Manuel Cobo de la Torre compuso unas Reflexiones acerca de los Orígenes de D. Gregorio Mayans. Ignoramos el paradero de este Ms.

D. Eduardo de Mier hizo en Madrid, año de 1873, una segunda edición de los Orígenes de Mayans en un solo volumen, que fué impreso en la tipografía de Rivadeneyra. En ella varió el orden de colocación de los diversos trabajos que la obra contiene.

Con la autoridad de Estrabón afirma Mayans que, en tiempos remotos, hablábanse en España muchas y distintas lenguas, y que después los iberos, fenices, celtas, rodios, cartagineses y otros muchos introdujeron sus respectivos idiomas en los lugares que dominaron. Entiende que no bastó la dominación romana para extinguir de un modo rápido las varias lenguas indígenas que se hablaban en España, apoyando su aserto con lo que se desprende de las obras de Cicerón, Tácito, Silio Itálico, Pomponio Mela y otros escritores latinos, aunque al fin dice se habló la lengua latina y se perdieron del todo las antiguas, excepto en la Cantabria, por haber vuelto sus moradores a su antigua rudeza y haber tenido muy poco trato con las naciones más cultas, y también acaso en las montañas más fragosas del Norte de España. No abolieron el lenguaje de Roma, según el autor, los godos ni los demás pueblos septentrionales que invadieron nuestra Península, sino que su influencia se limitó a la introducción de muchísimos vocablos en el cuerpo del idioma patrio; pero, en cambio, por haberse apoderado los árabes de casi toda España, el lenguaje que ellos trajeron se hizo universal, exceptuando los pequeños recintos en que vivieron refugiados los cristianos.
Con la reconquista nació al par la nueva lengua romano-española, esto es, Romana ya españolizada, sin casos en los nombres, con artículos en los apelativos contraídos, con mayor distinción de tiempos en las conjugaciones, con muchas especialidades, que tomaron los Españoles de las lenguas de aquellos con quienes más trataron, las cuales especialidades promete dar a conocer Mayans, mui pormenor en su Gramática Española (que no llegó a publicar).

Esto es lo que mantiene el autor sobre los orígenes del castellano, extendiéndose a la vez en equivocadas afirmaciones sobre la conformidad del bascuence y el castellano, y señalando a continuación las ventajas que la etimología ofrece para averiguar las particulares fuentes de donde procede porción considerable de nuestro caudal lingüístico. A este fin indica las reglas que se deben saber y guardar. § 90. Advierto (dice) a los que hubieren de sacar Etimologías, que no sólo las busquen en la lengua puramente latina, sino en la ya barbarizada; en los glosarios de ella; en los instrumentos más antiguos, y en los primeros libros españoles, en cuyos escritos se ve de la manera que el latín se iba corrompiendo, o por mejor decir se iba formando este lenguaje que hoy hablamos...

§92... la Lengua de que tenemos más voces después de la latina es la Arábiga... y la mayor prueba de esta verdad es ver que tenemos en castellano una vigésima parte (Escalígero dijo una quinta, pero se engañó) de Vocablos Arábigos...

§ 93. Después de la Lengua Árabe de ninguna otra tenemos más voces que de la griega... Pero no sólo por medio de los latinos, sino inmediatamente de los Griegos, o a lo menos sin la mediación de los latinos, hemos recibido muchísimas Voces... (Pone a continuación algunos ejemplos.)

§ 96. Después de la Lengua griega juzgo que de ninguna otra tenemos más Voces que de la Hebrea...

Las lenguas púnica, céltica, gótica y vascuence han contribuido también, por este orden, dice Mayans, a aumentar el caudal del vocabulario castellano, de todas las cuales pone numerosos ejemplos.

Después de señalar así nuestro autor los orígenes generales del castellano, estudia particularmente el cambio que las voces latinas han experimentado al pasar a nuestra lengua; y en el párrafo 161 de su libro establece unos como Cánones o Reglas generales de las Letras que se suelen añadir, quitar o mudar, en el Principio, Medio o Fin de las Dicciones, los cuales comprueba y justifica con muchos ejemplos. Sin citar éstos, señalaremos a continuación las leyes por Mayans establecidas:

A, añadida en castellano al principio de la dicción. A, quitada del principio. A, añadida al fin. A latina = E castellana. A = I, A = O, A = U, A = AI, A = AU, A = UE, AE = A, AE = E, AE = I, AE = IE, AE= O. AE latino, quitado del principio en castellano. AU diptongo = A, AU = E, AU = O.

B, añadida en castellano al medio. B, quitada del medio. B, quitada al fin. B = F, B = H, B = CH, B = P, B=U, B=V.

C, añadida en castellano al principio. C quitada del medio. C, quitada del fin.
C = G propia, C = G impropia o F, C = CH, C = I, C = LL, C = QU, C = T, C = y.

CH, quitada en castellano del medio. CH = C propia, CH = C impropia.

CH = G, CH o C aspirada (que es lo mismo en latín) = CH, letra española, no aspirada.
CH = QU, CH = y, CH = LL, CT = CH.

D, añadida en castellano al principio.
D, quitada al principio. D, añadida al medio. D, quitada del medio. D, añadida al fin. D, quitada del fin. D, quitada del medio y fin. D = G propia, D = L, D = S.

E, añadida en castellano al principio. E, quitada del principio. E, añadida al medio.
E, quitada del medio. E, añadida al fin. E, quitada del fin.
E = A, E = G, E = I, E = IE, E = L, E = IO, E = O, E = U.

F, quitada en castellano del medio. F = B, F = H, FL = LL, F = S, F = V.

G, añadida en castellano al principio. G, quitada del principio. G, añadida al medio. G, quitada del medio. G = C propia, G = C impropia, G = D, G propia = G impropia o F, G = H, G = I, G = L,
G = S, G = T, G = V, G = Y, G = y, G = = Ñ.

H, añadida en castellano al principio. H, quitada del principio. H, quitada del medio. H = I.

I, añadida en castellano al principio. I quitada del principio, I añadida al medio. I quitada del medio. I, añadida al fin. I quitada del fin. I = A, I = E, IE = I, I = G propia, I = L, I = IU.

J, quitada en castellano al principio. J = G gutural.

L, quitada en castellano al principio. L, añadida al fin. L -D. L = I, L = J, L -LL, L = N, L = 0, L = R, L = V, L = T, C = H, L-L = LL.

M, quitada en castellano del medio. M, quitada del fin. M = N, M= V, MN = Ñ

N, añadida en castellano al medio. N, quitada del medio. N, añadida al fin (arcaico).
N = L, N = M, N = X, N = R, NG = Ñ, NI = Ñ.

O, quitada en castellano del principio. O, quitada del medio. O, añadida al fin. = A, = E, = I, = U, O = V, O = UE, OE = E, OE = JE.

PH, quitada en castellano del principio. PH, quitada del medio. PH = B, PH = F, PH = P, PH=V.

P, quitada en castellano del principio. P, quitada del medio.
P = B, P = CH, P = E, P = L, PL = LL, PL = CH, P = U, P = V, PS = P.

QU = C propia, QU = C impropia o y, que = G propia.

R, añadida en castellano al medio. R, quitada del medio. R, añadida al fin. R, quitada del fin.
R = G, R = L, RR = R, R = S.

S, añadida en castellano al principio. S, quitada del principio. S, añadida al medio. S, quitada del medio. S, añadida al fin. S = A, S = C propia, S = C impropia o y, S=D. S = G impropia o gutural, SE = GE, L = y.


T = C impropia o y, T = D. T = G impropia, T = R, T = y, TH quitada en castellano del medio, TH = C, TH = D. TH = L, TH = T.

U, añadida en castellano al medio. U, quitada del medio. U =A, U = E, U = J, U = O, U = UE,
UE = O, U = B, U = N, U = Y.

V, quitada en castellano del principio. V, quitada del medio.
V = B, V = D, V = G, V = H, V = M, VV = G.

X, quitada en castellano al fin. X = C, y -X = S, X = G, X = J.

Y = I, Y = J, Y = 0.

y, añadida en castellano al medio. y, quitada del medio, y = C.

§ 179. Bien distinguido todo esto, se observará que no hai Letra que no se mude en otra; pero que no qualquiera letra se muda en qualquiera,.

§ 180, En lo que toca a la Silabación, se ha de observar que la Castellana es mui diferente de la latina, y assí mui otra que la que propuso la Real Academia. En mi
A be ce Español, queriéndolo Dios, se verán todas las combinaciones posibles según la Pronunciación, que de cinco siglos a esta
parte tiene la Lengua Española, Y procuraré dar Ejemplo de cada sílaba: porque por necesaria inducción sale que sólo son Sílabas Españolas aquellas de que se puede señalar ejemplo en las Dicciones que tiene recibidas la Lengua Española, Cosa que me admiro que no aya observado la Real Academia...

§ 183, Las Etimologías mejor se hallan en unos casos que otros, i mejor en unas personas que en otras. Esto es lo mismo que decir que se han de buscar en las Raíces, de donde nacen los vocablos de nuestra lengua, los quales no siempre son los Nominativos i primeras personas del presente Indicativo de los Verbos: porque en los Nombres Sustantivos que tienen el Ablativo dessemejante al Nominativo la Raíz suele ser el Ablativo, ahora se decline el nombre por la segunda, ahora por la tercera declinación...

§ 184. En los verbos mejor suelen hallarse las Etimologías en el Infinitivo, que en la primera persona del Indicativo...

Mayans concluye su discurso tributando elogios a la suavidad, abundancia, propiedad y energía de la harmoniosa lengua castellana.

La exposición y extracto que acabamos de hacer de una de las más importantes obras de Mayans, bastarían para proclamarle como a varón doctísimo, de laboriosidad incansable y buen instinto filológico, de erudición selecta y recóndita, si no testificaran todas sus publicaciones la agudeza crítica que le caracterizaba, la escogida y provechosa lectura que hizo de viejos y notables libros españoles de muy pocos conocidos, y aquel afán gallardísimo con que, para restaurar la clásica prosa castellana y vulgarizar la doctrina de los humanistas del renacimiento, trabajó siempre el ilustre jurisconsulto valenciano.

Mayans, como decía Forner en sus
Exequias de la lengua castellana, no sólo procuró mantener y propagar la propiedad y pureza de nuestro idioma en un tiempo en que no se hablaba sino algarabía, escribiendo una retórica castellana en la cual se valió de ejemplos de autores españoles castizos, puros y elegantes, sino que excedió este singular mérito, desentrañando, como especie de preparación a aquel estudio, el organismo histórico de nuestra lengua, y adivinando que del examen de fenómenos, al parecer insignificantes, se obtienen grandes resultados. Y, sin embargo, no logró este benemérito erudito imprimir afición a estas especulaciones, ni dirigir los estudios en general
por aquellos rumbos que él se proponía y hubieran sido, para las letras españolas, muy convenientes en el siglo pasado. Lamentable fué, en efecto, que a esto se opusieran el carácter retraído del autor, la no vulgarización de muchos de sus mejores libros, algunos de ellos escritos en lengua latina, y su
voluntario alejamiento de la corte; pues ninguno como Mayans, en el siglo XVIII, en que casi todos nuestros literatos amaban la importación extranjera, estaba poseído del espíritu de la vieja ciencia española, ni ninguno como él fué seguidor fidelísimo de las doctrinas clásicas de nuestros filósofos, jurisconsultos, críticos y humanistas.
No era ciertamente hombre vulgar, quien, a pesar de sus tendencias helénicas, apenas pasado el primer tercio del siglo XVIII, publicaba la doctrina expuesta en sus Orígenes de la lengua española; restablecía la buena prosa castellana, ya por medio de sensatos preceptos, ya publicando porción de libros importantísimos de la literatura castellana, muchos de los cuales había él juntado en escogida librería; escribía la primera vida de Cervantes, y era consultado y aplaudido por Voltaire, Muratori, Heinecio, Gerardo Meerman, David Clément, Otto Mencken y otros de los más famosos literatos de su siglo.

Mayans no escribió el castellano con estilo propio, cosa que acostumbra a suceder a los hombres de mucha lectura; pero supo desentrañar su historia, como se ha demostrado, adivinando algunas de las leyes de su formación.

La obra de los Orígenes de la lengua española no fué, sin embargo, unánimemente bien recibida por sus contemporáneos. Los redactores del Diario de los literatos de España, D. Francisco Manuel de Huerta, D. Juan Martínez de Salafranca y D. Leopoldo Gerónimo Puig, publicaron en el tomo II de
esta obra (I), un estudio expositivo -crítico de la de Mayans, en el cual no hicieron a la obra del literato valenciano toda la justicia que le corresponde. Porque en lugar de limitarse a juzgar con sereno juicio las proposiciones que, como resultado de un nuevo y agudo empirismo, asentaba Mayans, llegaron hasta negarle orden y método en la manera de desarrollar el asunto, sin advertir que el autor se propuso desenvolverlo en la modesta forma de discurso. Además, no reconocieron que Mayans había tratado el punto importantísimo del latín vulgar de la España romana y de las diferencias existentes entre este lenguaje hablado por nuestros aldeanos y el que usaban los rústicos de Roma; y callaron haber sido el primero en ordenar la serie de testimonios referentes a la sujeción de la Cantabria, cuyos sucesos no estaban antes bien distinguidos en nuestros historiadores, y en recoger metódicamente, antes que nadie, las observaciones etimológicas, esparcidas en diversos autores, reduciéndolas a reglas.

I: Diario de los literatos de España, en que se reducen a compendio los Escritos de los Autores Españoles, y se hace juicio de sus Obras desde el año MDCCXXXVII. Tomo II. Contiene las que se han publicado en los meses de Abril, Mayo, y Junio. Dedicado al Rey Nuestro Señor. (Escudo de armas reales.) En Madrid: Por Juan Muñoz. Año 1737. -8.°-8 hs. Prels. + 388 págs. + 2 hs. finales.
Págs. 34-134: Articulo II.

Achacábanle también los redactores del Diario, que no quiso detenerse en reflexionar sobre si la lengua de nuestro primer padre Adán fué inspirada por Dios, y que al tratar de las cosas antiguas de España había prescindido del magisterio de los griegos y no había alegado más testimonios que
los que puso Thomás de Pinedo en las notas a Estéfano Bizantino. Esto era a todas luces injusto, supuesto que Mayans excluyó de propósito los falsos testimonios de muchos griegos antiguos, particularmente de los anteriores a Eratósthenes y en general de los contemporáneos de Alejandro el Magno; pero no dejó de acudir a Herodoto (citado a diferente propósito que lo hizo aquel infeliz judaizante antes aludido), ni olvidó de valerse de Arístides el retórico y de otros muchos que pudieran acreditar sus proposiciones. Atribuyéronle los diaristas a Mayans haber dado por cierta la opinión de los que afirmaban la venida de Túbal a España, siendo así que en los Orígenes se puso como equivocada o incierta. Y esto prueba la precipitación con que juzgaron tal obra, ya que no nos sea dable suponer que dislocaban de propósito las palabras de D. Gregorio, como éste afirmaba en su defensa, de que luego hablaremos.
Hicieron notar los articulistas la importancia excesiva que Mayans dio al elemento griego, en cuya apreciación anduvieron más acertados que en la inexactitud con que resumieron lo que en los Orígenes se dice respecto de la lengua hebrea; aumentaron las prerrogativas otorgadas por el erudito valenciano a la lengua árabe en la composición de nuestro Diccionario; quisieron (por ser, sin duda, nacido en Aragón uno de los articulistas del Diario) contradecir la opinión de que la lengua hablada en dicha comarca no es ningún dialecto, sino tal lengua aragonesa; discutieron con más o menos acierto algunas etimologías, y no se inspiraron, finalmente, en un espíritu de verdad y de justicia, pues llegaron hasta afirmar que el autor de los Orígenes no sabía traducir del latín al castellano.

A esta censura, que no se había escrito con el solo fin de discutir las opiniones de Mayans, sino también con el afán de molestar a su persona, contestó éste en un folleto intitulado:
Conversación sobre el Diario de los literatos de España. La publicó Don Plácido Veranio. (Grabado en madera que representa tres perros ladrando, bajo un cielo estrellado y con luna. Arriba esta leyenda: Alta regebat equos; abajo esta otra: Saevitque Canum latratus in auras.) En Madrid. Con las Licencias necessarias: En la Imprenta de Juan de Zúñiga. Año 1737. -8.°-132 págs.

En dicho escrito de polémica, no desaprovechó Mayans, desde la portada, ocasión para despreciar a sus contradictores, a quienes tampoco dejó de contestar con gran copia de erudición y de argumentos.

Al citado folleto replicaron los redactores del Diario de los literatos en su tomo III, que contiene las (obras) que se han publicado en los meses de Julio, Agosto y Septiembre. Año 1737. En Madrid: Por Antonio Sanz. Artículo VIII, págs. 189-386. En este largo escrito replícase, no tanto a los argumentos aducidos por Mayans en su defensa, como a las palabras más o menos enérgicas y a las frases insinuantes o agresivas consignadas en la conversación que publicó D. Plácido Veranio. En él también se determina al principio el verdadero autor de la censura de los Orígenes, y la participación que los demás redactores tuvieron en el artículo. -El haverse divulgado (escríbese) que D. Juan Martínez Salafranca fué Autor del Extracto de el libro de los Orígenes, le precisa a que satisfaga particularmente los reparos que se le han querido oponer... Haviendo leído el señor Don Francisco Huerta antes que yo el libro de los Orígenes, preguntándole qué le parecía esta obra, entre otras cosas me informó de ciertos reparos en materias de Historia y Geografía; y después que se resolvió que hiciera yo el Extracto por estar ocupados los compañeros, por ahorrar algún trabajo le pedí las dichas notas... Asimismo es del Señor Huerta el Extracto del Autor del Diálogo y demás opúsculos del tomo segundo... También Don Leopoldo Puig, con motivo de instar el tiempo, me quiso aliviar como Amigo, y Compañero...

El tono de esta réplica es bastante más mesurado que el ataque, en propia defensa, dirigido por Mayans, quien ya no volvió a ocuparse más en esta polémica.



1752.

19. Ensayo sobre los alphabetos de las letras desconocidas, Que se encuentran en las más antiguas Medallas, y Monumentos de España. Por Don Luis Joseph Velázquez, Caballero de el Orden de Santiago, de la Academia Real de la Historia. Escrito, revisto, y publicado De orden de la misma Academia. (Grab. en cobre que representa un paisaje fecundado por un río, con este lema: In patriam popvlvmqve flvit.) En Madrid en la Oficina de Antonio Sanz, Impressor del Rey N. S. y de la Academia. Año MDCCLII.

4.° -7 hs, prels. + 163 págs. + 22 hs, (20 de ellas son grabados de antiguos caracteres, medallas y objetos). -Port. -V. en b. - Ded. de la Acad. de la Hist, al Rey D. Fernando VI. -Aprob. de D. Juan de Iriarte: Madrid y Agosto 11 de 1752. -Lic. del Consejo, suscrita por el Secretario D. Joseph Antonio de Yarza: Madrid 14 de Agosto de 1752. -Aprob. del Padre Juan de Aravaca: Madrid 14 de Agosto de 1752. -Lic. A Ordinario. -Fe de erratas, suscrita por el Lic. D. Manuel Licardo de Rivera, Corrector general de S. M. -Tassa. -Acuerdo de la Acad. de la Hist. certificado por D. Sebastián del Castillo, Secretario: Madrid y Agosto 11 de 1752. -Tabla de los artículos de la obra. - Texto. -Tablas de los alphabetos, medallas y demás monumentos que se citan en el discurso de la obra.

Págs. 23 y 24: ... quál fué la Lengua primitiva de los Españoles? Sin detenerme ahora a examinar un punto tan difícil, y que pedía más extensión que la que permite este Ensayo, me contentaré con suponer lo que creo demostrar largamente en mi obra; esto es, que las Lenguas de los Españoles antiguos por la mayor parte, fueron la griega y la Phenicia; o para hablar más propiamente fueron dialectos de estas dos. La prueba más fuerte que tengo para discurrir así, son las observaciones que acabo de hacer sobre las ethymologías de las antiguas voces Españolas; esto es, los nombres primitivos de los Pueblos, Ciudades, Regiones, Montes, Ríos y Promontorios; los nombres de los antiguos Dioses, Héroes y Príncipes de España, y las demás voces Españolas, cuya noticia nos han conservado los escritores antiguos. Como quiera que todas estas voces eran propias del antiguo idioma de España, es preciso que el lenguage antiguo de los Españoles fuese el mismo a que estas voces pertenecen. Las observaciones que he hecho sobre estas voces españolas, demuestran que todas tienen sus ethymologías en el Griego y en el Hebreo, de la cual se conoce que todas pertenecen a la lengua griega y a la Phenicia...

A pesar de los errores que contiene este libro y de la precipitación con que fué compuesto, es el que con más justicia dio en vida fama a su autor; pues sus Orígenes de la poesía castellana, (publicados en 1754 y reimpresos en 1797), no obstante haberse traducido al alemán, con notables adiciones, por Juan Andrés Dieze, en 1769, esto es, pocos años después de publicados, constituyen un libro de vulgares y mal coordinadas especies. A Velázquez le faltaba sentido crítico y poético y buen gusto literario; pero hay que aplaudirle, sin embargo, por su noble afán de reconstruir, en su tiempo, con los fragmentos de los historiadores y geógrafos clásicos, los anales de la España que precedió a la dominación romana.

1756.

20. Sobre la formación de la Lengua castellana.

Trata de esta materia uno de los apéndices a la obra intitulada Observaciones sobre los principios elementales de Historia... por el Marqués de Llió, Vicepresidente, para fundar con uniformidad los papeles académicos concernientes a Cathaluña (páginas 93-666), que se incluye en las Memorias de la Real Academia de Buenas Letras de la ciudad de Barcelona. Origen, Progresos y su Junta general baxo la protección de Su Magestad. que en ella se acordaron.
Tomo I (Grab. en cob. Con licencia. Barcelona: Por Francisco Suriá, impresor de esta Real Academia. S, a.; pero la fecha de la fe de erratas es de Abril de 1756.

Dicho apéndice (págs. 561-648), más aún que de la formación del castellano, trata del lenguaje romano vulgar, señalando las muchas diferencias fonéticas que lo separaban del latín clásico.

Cuanto a la formación de nuestra lengua, se afirma que antecedió a la francesa e italiana; expónense varias dudas sobre el romance español hasta fines del siglo XI, fundadas en documentos catalanes y de la Galia gótica desde mediados del siglo ix; trátase de demostrar la identidad del idioma castellano y del de la Galia gótica en tiempo de los romanos y de los godos, y se añade que, después de la invasión sarracena, se dividió el reino en tres clases, dos de las cuales conservaron el idioma antiguo, y la otra lo confundió con el arábigo. El autor concluye consignando que de la mezcla de
libertadores y libertados, después de las conquistas de D. Alonso VI, empezó a formarse la lengua actual castellana a principios del siglo XII, la cual se perfeccionó principalmente en el reinado de San Fernando. Señala, en fin, como el monumento más antiguo del castellano un epitafio del año 1164, copiado por el Cardenal Aguirre en su Collect. gener. Concil. Hispan, in Chronol, eorum
qnae in histor. S. Eulogii continentur.

Sobre los orígenes asienta que un mismo lenguaje romano vulgar, con solas diferencias accidentales, se hablaba en todo el imperio romano; que éste provino y se formó, más bien que del latín corrupto en tiempo de los godos, del latín ya corrompido por los mismos romanos; que los bárbaros no hicieron más que introducir voces peregrinas que alteraron, pero no mudaron, el idioma, y que éste fué general, singularmente en toda España.

1758.

21. Paleografía española que contiene todos los modos conocidos que ha habido de escribir en España, desde su principio y fundación hasta el presente, a fin de facilitar el registro de los Archivos, y lectura de los manuscritos, y pertenencias de cada particular, juntamente con una historia sucinta del idioma común de Castilla, y demás lenguas o dialectos que se conocen como propios en estos Reinos. Por el P. Esteban de Terreros y Pando: MadriD. Joaquín Ibarra, 1758.
4.° -2 hs. prels. + 160 págs. + 18 láminas numeradas.

Esta obra, que forma parte del tomo XIII de la traducción del Espectáculo de la naturaleza del Abate Pluche, se imprimió también por separado. Aunque trata principalmente de las antiguas escrituras usadas en España, dándose copia grabada de muchos documentos sacados de nuestros archivos, y
en ella se ventila con singular acierto el origen de la lengua castellana y los principales elementos que contribuyeron a su formación, ha sido esta obra siempre singularmente estimada por la multitud de noticias que contiene, y por haber sido una de las primeras en que se discutió el tema del origen de nuestro lenguaje, apoyándose en documentos antiguos.

Sobre quién fué el autor de esta obra, hubo en el siglo pasado sus dudas y equivocaciones, atribuyéndola unos al P. Marcos Burriel y otros al P. Terreros. El biógrafo de este último, en el principio del tomo IV del Diccionario del dicho P. Terreros, resuelve la dificultad en esta forma:

Cuando muerto el traductor, llegó al tomo VII del Espectáculo de la naturaleza, en que Pluche inserta la Paleografía francesa, en el Diálogo veinte, conoció que era inútil su traducción para los naturales de España, y pensó en sustituir una totalmente española. Comunicó este juicioso pensamiento con tres diversos eruditos del reino, que lo aprobaron, juntamente con las diligencias que había empezado a practicar, y le favorecieron con las noticias que le pedían para este mismo fin. Uno de estos eruditos era el P. Burriel, que así le llama muchas veces en cartas y en papeles propios. Este, con el inmenso caudal diplomático que poseía y con su natural franqueza, le remitió desde Toledo, cuyos archivos estaba recorriendo a la sazón, muchos y selectos monumentos. Terreros entresacó de ellos los que juzgó más oportunos para su idea, y de éstos y de los que había recogido con su propia industria, formó el tomito de la Paleografía española cual hoy le logramos.
A poco tiempo de haberse dado a luz con universal y bien merecido aplauso, experimentó Terreros que los eruditos de Trévoux daban por autor de ella a Andrés Burriel, y supo que uno u otro de los literatos españoles lo daban por asentado en sus correspondencias y conversaciones. Aunque de genio moderado, no dejó de resentirse algo el Padre Terrero. y procurando averiguar el origen de este error, halló que sólo procedía de alguna carta del P. Burriel, ya difunto, mal entendida, y en que daba noticia privadamente de lo acaecido en este caso; por lo demás, Burriel protestó siempre, con la verdad y sencillez que le era propia, que nunca le pasó por el pensamiento darse por autor de una obra en que no tenía más parte que haber concurrido con sus noticias, pedidas por un amigo, como se usa entre literatos; y en efecto, ni en la nota de sus trabajos y obras hechas y proyectadas que por estos años comunicó al P. Zacarías, ni en la carta que escribió al P. Rábago, su protector, dándole cuenta de sus tareas literarias y de las disposiciones en que se hallaba para perfeccionarlas, ni, en fin, en la que dirigió de oficio a los Prelados, nada dice de la Paleografía, y mucho menos se da por autor de ella. Es, pues, constante que Burriel ayudó a Terreros en este trabajo, suministrándole
materiales; pero el orden, la forma, la colocación de documentos, el relato y la distribución, que son las cosas que constituyen autor de una obra, son indudablemente de este último.

1767.

22. Del origen i Épocas de la Lengua Española. Por el P. Benito de San Pedro, de la Escuela Pía.

Trata de esta materia el libro I de su Arte del romance castellano, págs. 1-123 del tomo I. -
Véase este mismo año en el libro segundo de este Estudio, parte primera.

Comienza el autor discutiendo si la lengua latina fué general en España en los cuatro primeros siglos de la Era cristiana, bajo la dominación de los romanos. Trata después de la corrupción sufrida por el latín en los tres siglos del reinado de los godos para convertirse en romance, y estudia luego el desenvolvimiento de éste desde la corrupción sarracena hasta la conquista de Toledo y principios del siglo XII. Divide en cinco épocas la historia de la lengua castellana. 1a época. Infancia: desde el siglo XII hasta mitad del XIII y reinado de San Fernando. 2a Mocedad: hasta fin del siglo XIV y reinado de los Reyes Católicos. 3a Edad varonil y de su perfección, por todo el siglo XVI.
4a Decadencia: en el siglo XVII hasta Felipe V. 5a Restablecimiento: en el siglo XVIII.

Termina este libro de la Gramática del P. San Pedro con un capítulo sobre las excelencias del castellano y un catálogo de autoridades en todas dichas edades de nuestra lengua.

1775.

23. Obras posthumas del Rmo P. M. Fr. Martín Sarmiento benedictino. Memorias para la historia de la poesía, y poetas españoles: dadas a luz por el Monasterio de S. Martín de Madrid. y dedicadas al Excmo. Sr. Duque de Medina -Sidonia. Madrid. MDCCLXXV. Por D. Joachin Ibarra Impresor de Cámara de S. M. Con las licencias necesarias.
4.°-XXVII -429 págs. Port. - Ded. del Abad y Monjes de San Martín al Duque de Medina -Sidonia. - Prólogo al lector, de los editores. -Carta que escribió el Rmo. Sarmiento al Excmo. Sr. Cardenal Valentí Gonzaga cuando le envió la obra del origen de la Poesía Española: San Martín de Madrid y Abril 21 de 1745. - Indice por capítulos. - Texto. - Indice alfabético.

Trata el autor en el § V, págs. 94 a 148, de los Caracteres, Escritura y Lengua vulgares de los Españoles, y allí pone las siguientes reflexiones relativas al origen y formación del castellano:

Pág. 96: Del idioma castellano puro y vulgar han dudado algunos de su origen, siendo palmario que es una lengua resultante de la corrupción de la Lengua latina o Romana, y que por eso se llama Romance. Algunos han querido que no el Romance del latín, sino el latín del Romance nuestro
había tomado su origen. Si esto se dice del Romance según se halla en los libros, por antiguos que sean, es opinión ridícula. Si se habla de algún idioma antiquísimo de España, sobre que es salirse de la cuestión, es pura voluntariedad, no habiéndonos quedado noticia de esa lengua; y siendo innegable que entonces se hablaban muchas...

Pág. 98: Es Aldrete el que mejor ha escrito, así en su Origen como en sus Antigüedades, el modo como se fué formando el vulgar idioma Castellano...

Págs. 98 y 99: Digo, pues, que nuestro vulgar idioma no es otro que un total dialecto de la lengua latina, y que si conserva algún vestigio de otra lengua, o de otras que se hubieren hablado en España antes de los Romanos (a que no me opongo), es tan corto y tan oscuro que ninguno le podrá señalar. La razón es palmaria, pues perdidas del todo las lenguas que singularmente eran Españolas, y dexando a un lado la griega, Hebrea y tal qual vocablo Céltico, o Púnico, o Phenicio, por reducibles a la Hebrea, como a madre, es ya quimérico, y más que imposible, que sin revelación divina se hable con fundamento en la materia...

pág. 102: Dexando, pues, tanta antigüedad, acerquémonos más al idioma vulgar. Este tardó mucho en escribirse; y assí por esto como porque las lenguas que se forman de corrupción de otras no se advierten como distintas hasta después de muchos años, no se debe preguntar quándo comenzó a hablarse. Esto sucede también con el vulgar Italiano, con el Francés y con los demás dialectos de la latina. Pero el principio de la corrupción de todos será más cierto colocándole al acabar el siglo tercero.

"Aun supuesto esto, no pudo existir el idioma vulgar castellano hasta muchos años después, de modo que hiciese idioma casi distinto del latín vulgar, aunque más barbarizado. Creo que si la época se coloca en el siglo octavo, es a quanto más se puede extender el escribirlo en el siglo duodécimo... "

Págs. 107 y 108: No es fácil hacer cálculo de las voces extrañas; pero a mí me parece que divididas todas las voces del idioma Castellano en cien partes, las sesenta son puras latinas, o tales, o corruptas. Las diez son Eclesiásticas, y griegas de la media edad. Otras diez son Septentrionales, antiguas, medias y modernas. Otras diez son Orientales, anteriores y posteriores a la invasión de los Moros. Y para las diez restantes deben entrar las voces de las Indias Orientales, y de la América, las voces fingidas, y las de los Gitanos, y finalmente las voces Alemanas y Borgoñonas, que se introduxeron con la Casa de Austria, y las Francesas e Italianas que cada día se van introduciendo...

Págs. 108 y 109: Los nombres que comienzan con Al generalmente son arábigos... pero es preciso discreción; pues hay muchos que comienzan con Al, y aunque pasan por arábigos, no son sino puros latinos arabigados.
Los nombres propios en ende, ondo, nur, arc. riz son Góticos...
Pág. 120: Desde el año 1260 en que, según consta del cap. IX de la Chrónica y vida del Rey D. Alonso el Sabio de Costilla, mandó este Rey en aquel año que se traduxese al vulgar idioma Castellano lo más precioso que estaba escrito en Lengua latina, de Historia, Leyes, Escritura y Ciencias... se perdió el uso de aquellos dos Latines antiguos, ínfimo y medio; y se introduxeron
otros dos géneros de latín en España: uno Eclesiástico, inferior al medio, que se escribía con caracteres góticos, y otro Escolástico, casi tan bárbaro como el ínfimo coetáneo del medio. En breve, desde que se introduce el escribirlo casi todo en Romance hasta la pérdida de Constantinopla, casi se perdió la mediana Latinidad. Cotéjese el latín del Arzobispo D. Rodrigo con el de S. Vicente Ferrer, y se verá la diferencia...

Este libro del P. Sarmiento, no escrito por él para ser publicado, sino para propia satisfacción y recreo de sus amigos, tenía que ser, por lo tanto, desordenado y estar lleno de errores y contradicciones; pero no puede negarse a este benedictino (que por la índole y forma de su erudición parece que vivió más bien en la Edad Media que en el siglo de los PP. Flórez y Risco) una inmensa lectura y laboriosidad y una gran intuición histórica, como lo prueban las observaciones antes transcritas, y el principio, proclamado también en este mismo libro, de la influencia del elemento gallego en la primitiva poesía castellana, indudable hoy después del hallazgo de los dos peregrinos Cancioneros de Roma.


1776.

24. Discursos analíticos sobre la formación de las lenguas, y sobre la castellana en particular, por D. Antonio de Capmany. Madrid. 1776.

Discurso pronunciado en la Real Academia de la Historia. -Trata en él primeramente del origen de las lenguas en general y de la imperfección que a todas ellas distingue, nacida de lo incompleto y limitado del conocimiento humano; sigue estudiando el principio de la castellana que halla en la
latina, y señala después, con muchos ejemplos, las que Capmany considera imperfecciones de nuestro idioma, a saber: la formación de adjetivos de muchos sustantivos, la reducción de muchos conceptos en una sola palabra, la falta de verbales suplidos por los latinos, la abundancia de equívocos, el sentido vago de ciertas palabras y las ideas poco claras que las aplicamos, etc.
Pero no deja de referirse también a todas las partes dignas de alabanza que tiene nuestra habla, que la hacen preferible a las demás lenguas vulgares, en particular a la francesa, a la cual excede sobre todo, según el autor, por la riqueza de variedades con que en la composición puede verse el orden de las palabras. No está tan acertado Capmany al pretender que en el siglo pasado mejoró mucho el idioma, porque la filosofía, al restablecer los derechos de la humanidad. le había infundido vida nueva y muchas perfecciones, ni al achacar el enriquecimiento y depuración de nuestro Diccionario a las traducciones del francés y de otras lenguas que entonces se hicieron, pues notorio es que gran parte de ellas fueron por cierto bien deplorables (I). Capmany quiso ser lógico con sus afirmaciones para fomentar la afición a estudiar las obras extranjeras, y el mismo año de 1776 publicaba en Madrid su Arte de traducir del idioma francés al castellano, con el vocabulario lógico y figurado de la frase comparada de ambas lenguas, del cual se han hecho en Barcelona y en otras partes varias reimpresiones.

Capmany, lo mismo que Mayans, contribuyó mucho, con preceptos sensatos y selectos ejemplos, a la afición por la buena prosa y a la perfección y buen gusto de los que se ejercitaban en la formación del estilo. Pero su mayor gloria fué, sin duda, la de haber conocido y poseído a maravilla nuestro Diccionario, a pesar de que la lengua primera que sus labios balbucearon tal vez no fué la castellana (I), y la de haber fomentado por modo extraordinario los estudios filológicos, según que las indicadas obras lo demuestran. Así, sus contemporáneos le reconocieron como autoridad en tales estudios; y cuando después de muerto (a causa de la epidemia que afligió a Cádiz el año de 1813), tratóse de recordar su memoria, no encontraron sus amigos título que más le cuadrase, que el que pusieron en el epitafio siguiente:
Aquí yace El Filólogo don Antonio Capmany y Montpalau, Diputado por Cataluña En las cortes generales y extraordinarias. Sus obras literarias y sus esfuerzos Por la independencia y gloria
De la nación, Perpetuarán su memoria. Murió en 14 de noviembre de 1813, A los 71 años de su edad. R. I. P. A.

I: Hay que advertir que Capmany, en su edad madura, cambió radicalmente de opinión en este punto, y se hizo acérrimo e intransigente enemigo de todo galicismo real o aparente. Véanse todos sus últimos escritos, y especialmente la segunda edición de la Filosofía de la Elocuencia (1811), que parece la antítesis de la primera (1776).

2 Nació en Barcelona en 24 de Noviembre de 1742, y allí hizo sus estudios elementales y pasó su primera juventud.

1786.

25. Del origen y formación de la Lengua Castellana, por D. Antonio de Capmany y de Montpalau.

Trata de esta materia en las Observaciones críticas sobre la excelencia de la Lengua castellana, que se leen en el tomo I de su Teatro histórico -crítico de la elocuencia española... Madrid. Año MDCCLXXXVI: en la oficina de Antonio de Sancha (págs. CXXIII -CCXXIII).

La lengua castellana, dice Capmany, empezó a ser idioma vulgar o romance, como si dixéramos romano -rústico, hacia el siglo X: tomó índole y forma de dialecto culto en el reynado de Alfonso el Sabio; adquirió cierta grandiosidad baxo de los Reyes D. Juan el Segundo y D. Fernando el Católico; brilló con pompa y magestad en el reynado de Carlos primero, y baxo de su hijo Felipe II se pulió, se enriqueció y añadió a la abundancia mayor suavidad y harmonía. Yo no pretendo engolfarme ahora concluye, en eruditas y prolixas investigaciones sobre el origen elemental e histórico de la filiación, formación y alteraciones primitivas de nuestra lengua, bastando para dar una idea de su antigüedad y progresos, una breve exposición de su más remoto estado, vicisitudes y última fortuna. Este es el plan que Capmany desarrolla en este estudio con claridad y método, con perspicaces observaciones de filología comparativa y muchos y acertados ejemplos.

En la formación de una lengua, dice el autor, se deben tener presentes tres cosas: la etimología de las voces, su material composición y su significación; y a estas tres materias consagra otros tantos capítulos.

Es tan clara la filiación inmediata, escribe al comenzar el primero, o sea el referente a la etimología, que guarda nuestra lengua de la latina, que sin contar las palabras corrompidas y alteradas en su inflexión o terminación, sólo con las que se han conservado íntegras, algunos eruditos han logrado sacar, ya en prosa, ya en verso, diversas composiciones perfectamente bilingües.

Trata luego el autor de los vocablos latinos que han pasado íntegros en su estructura y terminación al castellano o con escasas alteraciones, y pone de ellos numerosos ejemplos; y estudia, en fin, los elementos latino, godo, árabe y lemosín que componen nuestra lengua, deteniéndose especialmente
en lo relativo al primero y último, pues respecto de los restantes limítase a indicar una porción de palabras de raíces góticas y arábigas.

En cuanto a la transformación latino -castellana, o corrupción de las raíces latinas, formula y comprueba con ejemplos las leyes siguientes:

I. Alteraciones en las vocales I = E, E = U = O, A = E, 0 = E, O = U, AU = O, O = UE, E = IE.
2. Alteración en las consonantes a) F = H, P = B, C = G, que = G, L= I, G = I, T = D, S = X. b). GÑ =,Ñ, NN = Ñ, MN = Ñ. c). CT = CH, PL = LL. d). ER = RE o RO, X = y o Y, R = L, e). CC = C, LL = L, PP = P, CT = T, TC = T. f). Supresión de vocales, g). Supresión de sílabas, h). Supresión de consonantes sencillas, i). Aumento de sílabas.

Por lo que dice relación al influjo lemosino, comprende Capmany en los dominios de este término lingüístico el francés y el catalán; y para probar la afinidad que entre éstos y el idioma castellano y el toscano existe, (tanto más notable cuanto más nos acercamos al origen de donde todas estas lenguas provinieron), cita curiosísimas y abundantes voces arcaicas castellanas tomadas del poema del Cid, de la versión del Fuero Juzgo y de las composiciones del monje Berceo, cuya contextura se conforma perfectamente ya con el francés o con el italiano, ya con el habla provincial de Cataluña, Valencia o las islas Baleares. En pos de estas importantes listas de palabras, estúdiase la mudanza experimentada en nuestro idioma desde principios del siglo XVI en la estructura material de las palabras, ahora suprimiendo unas letras o añadiendo otras, ahora convirtiendo las dobles en sencillas o trocando las sílabas o sus propios elementos simples. No deja tampoco Capmany olvidado el estudio del síncope experimentado en ciertos tiempos de las conjugaciones, y de la alteración sufrida en la formación de ciertos modos, y del uso de la posición de los pronombres recíprocos en los infinitivos particularmente, ni olvida tratar de las tres acepciones que hasta fines del siglo XVI tuvo el verbo ser (= ser, estar, haber), de los diversos cambios de género y del uso moderno de los participios contractos de la voz pasiva.

El artículo segundo, que trata de la composición material de las palabras, está dedicado a indicar, por vía de ejemplo, varios grupos de dicciones castellanas numerosas y majestuosas, suaves y harmoniosas, señalando, entre las palabras de sonora y hermosa combinación silábica y de grata terminación, los derivados compuestos, ya de nombre y preposición, ya de dos sustantivos, ya de dos adjetivos, ya de dos verbos, ya de adverbio y verbo, ya de adverbio y participio, ya de participio y adverbio, ya de nombre y verbo, ya de dos preposiciones y verbo, de las cuales combinaciones pone bastantes ejemplos.

El tercer capítulo, en el que trata del significado y valor de las palabras, está principalmente dedicado a las muchas voces que en castellano se derivan de otras radicales. Las cuales clasifica en: a), derivados de nombres de animales, como de caballo, caballar; b), verbos frecuentativos, de voz, vocear; c), verbos imitativos, como cacarear; d), verbos incohativos, como amanecer; e), nombres aumentativos, como culebrón; f), nombres diminutivos, como arroyuelo; g), palabras de acción, como sablazo; h), palabras afectivas, como enfermizo; i), nombres colectivos en el sentido físico, como naranjal; j), adjetivos modificados, como negruzco; k), acepciones de una misma voz, como abrir una sala, abrir el día, abrir las ganas de comer; l), palabras sinónimas.
Capmany termina manifestando los móviles que tuvo para componer este discurso y la manera como lo llevó acabo. Estas críticas observaciones, dice, que me atrevo a presentar a la luz pública, deben ser miradas solamente como unos informes y sumarios apuntamientos, formados sobre la lectura de nuestro Diccionario para aficionar a los extranjeros al cultivo y estudio de la lengua española. Un tratado científico, analítico y más metódico de un idioma tan abundante, primoroso, noble y expresivo, además de pedir una obra separada y peculiar, trabaxada con prolixo esmero y profundas investigaciones, sería superior a mi talento y ciencia; pues es más afición que
conocimiento, y más genio que ingenio, lo que me llevó a extender estos borrones que bosquexé primero por satisfacer mi curiosidad y proseguí para mi propia utilidad y enseñanza.
1787.

26. Pruebas de la filiación latina de la lengua castellana, por D. Antonio de Capmany.
MS. cuyo paradero ignoro, y de cuyo contenido no tengo ninguna noticia.

1788.

27. Discurso sobre el origen, uso y cultura de la lengua española en Aragón.

Inserto en el Memorial literario de Febrero y Marzo de 1788, págs. 274 y 353.

La noble tendencia que inspira todo este trabajo se lee en síntesis a su comienzo.

Dos errores o preocupaciones igualmente injuriosas a Aragón (dícese), se van introduciendo en materia del idioma o lenguaje español. Uno es excluir a este reino de la formación de cultura de la lengua principal de la nación, y otro el adoptar en él la lengua lemosina o provenzal, queriéndola hacer en algunos tiempos común y ordinaria: el primero no se enseña abiertamente, pero el vulgo se va imbuyendo indirectamente de él, no faltando alguno de los doctos que incidentemente lo afirme; el segundo se publica como invención erudita y con todo el aparato seductivo de citar en su confirmación noticias exquisitas, códices y monumentos recónditos; de manera que es necesario cautelarse mucho para no dejarse alucinar de una opinión tan favorita de los sabios. Así es que, en lo antiguo, los mismos escritores llamaban nuestra lengua con la disyuntiva de castellana o española, como se ve en Aldrete, Covarrubias y Sepúlveda, La misma Real Academia le da con frecuencia el nombre de lengua española en la primera edición de su Diccionario, si bien en el Discurso proemial sobre el origen de la lengua dice que este dictado es del uso de los extranjeros, y en su segunda edición constante y solamente con el nombre de castellana. Mayans, en sus
Orígenes, poniéndose a explicar el significado de esta voz, lengua española, dice que por ella se entiende la lengua común de la nación; pero añade que no puede incluir la aragonesa por no tener la perfección que en Castilla, donde el menor comercio con los extranjeros la ha conservado más pura. Todavía está más áspero con nosotros el P. Terreros (Paleografía española, fol. 212, en el tomo XIII del
Espectáculo), que después de olvidar a Aragón, cuando tratando del origen de la lengua menciona casi todas las provincias de España, prosigue luego su historia, y dice que en tiempo del Rey D. Fernando de León, nieto del Rey D. Sancho de Castilla, con motivo de su dominación en León y
Navarra, les comunicó su lengua que también tomaron los aragoneses.

1792.
28. Sobre la formación y progresos del idioma castellano. Discurso leído por Don Martín Fernández de Navarrete, al tomar posesión de su plaza de individuo honorario, de la Real Academia Española, el 29 de Marzo de 1792.

Publicado en las Memorias de dicha Corporación: tomo III: Madrid. 1871. -4.°, páginas 230-241.

Las lenguas que se forman de la corrupción o de los restos de otras muchas, encuentran, por lo mismo, grandes obstáculos en su formación y progresos, porque de la dulzura de unos dialectos, de la rudeza en las inflexiones de otros, de la distinta sintaxis, construcción y carácter de cada uno de
olios, resulta un todo disforme, incapaz de admitir la analogía y orden que tanto contribuye a la claridad del estilo en los grandes escritores. Poseída España de los rodios, los celtas, los fenicios, los cartagineses y otras naciones codiciosas de sus riquezas, admitió tanta diversidad de idiomas, que aun en tiempo de Augusto y de Tiberio se hablaban diez distintos, según el testimonio de los historiadores antiguos.
Estos nos han transmitido algunas de las voces que recibió el latín de estos lenguajes. Uniformóse el de los romanos en todo su imperio, y se esmeraron particularmente en que los españoles le usasen, ya por medio de colonias y tribunales que con este designio fundaron, ya por la comunicación y trato de casi tres centurias, y ya por haber militado gran número de españoles debajo de sus banderas.

A pesar de esto perdió la lengua latina en España la pureza que conservaba en Roma. Adulteróse nuevamente con la venida de los vándalos,
suecos y alanos, que todos tenían lenguas propias, y los godos, procurando más conservar la latina que extender la suya, acabaron de estragarla y corromperla. Tomaron los nombres latinos, pero no los variaron como su natural pedía, sino que acomodándolos a la forma que en sus vocablos godos usaban, les hicieron indeclinables con preposiciones que distinguían un caso de otro, introduciendo al mismo tiempo gran número de ellos en nuestra lengua. La irrupción de los árabes limitó el habla castellana al corto número de españoles que se refugió en las provincias septentrionales. El resto de la Península abrazó el idioma de sus conquistadores; cultivó en él algunas ciencias, cuyas voces conservamos aún, y el castellano se menoscabó al fin, ya haciendo dura y desapacible su pronunciación, ya dando a muchas letras un
sonido áspero y gutural, desconocido en los suaves idiomas de Grecia y Roma.

De tal confusión y tanta diversidad de lenguas y dialectos resultó necesariamente un conjunto de voces bárbaras, que poco análogas a la índole del castellano y del latín, debían dejar de él aquel orden y giro en las oraciones y períodos que auxilia a la memoria, que da claridad a la locución y coadyuva a desenvolver los grandes talentos. Así es que estuvimos tanto tiempo sin escribir en el castellano vulgar, pues aun fijada la época de este idioma, ya distinto del latino, en el siglo VIII, no se puede extender la de su escritura hasta el siglo XI o XII.

Esto es lo que en el discurso se dice relativamente a nuestro estudio, limitándose el autor en el resto a indicar algunas observaciones sobre los primeros monumentos literarios del castellano, sobre la perfección que nuestra lengua alcanzó en las obras de ciertos autores, sobre las ventajas que el examen de otras proporciona para la perfección y acrecentamiento del Diccionario español y sobre las alteraciones sufridas en nuestra habla desde el advenimiento de la casa de Borbón.

D. Martín Fernández de Navarrete fué electo individuo honorario de la Real Academia Española el 15 de Marzo de 1792, y numerario el 31 de Enero de 1797.

1793.

29. Declamación contra los abusos introducidos en el castellano presentada y no premiada en la Academia Española, año de 1791. Síguela una disertación sobre la lengua castellana, y la antecede
un diálogo que explica el designio de la obra. Madrid. MDCCXCIII. En la imprenta de la viuda de Ibarra. Con las licencias necesarias.

4.°, XXVI pág. + 1 h. con port. + 54 pág. + 1 h. con port. y otra con adv. + 214 + 1 pág. de erratas.

La publicó cuando contaba treinta y tres años su autor D. José de Vargas Ponce, capitán de fragata y académico que fué más tarde de la Española y de la de la Historia. Dividió el libro en tres partes: es la primera un diálogo entre el autor y D. Justo y D. Severo, en el cual explica el plan y forma adoptados y juzga los trabajos en que entonces se ocupaba la academia Española; la segunda y la tercera constituyen el verdadero estudio con que certó en esta corporación. Cincuenta y cuatro páginas cuenta la Declamación, ocupando más de la mitad un resumen de alabanzas a nuestros grandes maestros de la lengua y de la poesía castellanas y señalando después las causas a que atribuye la perversión del idioma; son a saber:
a) Abandono por nuestros autores de los buenos libros.
b) Desdén con que se miran las lenguas sabias,
c) Introducción y rápida fortuna del francés,
d) Multitud de malas traducciones, en especial sermonarios y novelas,
e) Escaso cultivo de la Poesía,
f) Desprecio del Teatro nacional y aceptación y boga del italiano,
g) Exquisita gala e inmoderado lujo, ambos de todo punto extranjeros, de las mesas y modas mujeriles.

A esto se reduce dicha Declamación, escrita en tono ampuloso y con grandes licencias oratorias; y nosotros no le hubiéramos dado ciertamente cabida en esta sección, ni en el cuerpo de nuestro estudio crítico -bibliográfico, si no estuviera acompañada de una Disertación acerca de la lengua castellana, en la cual se trata del origen y formación del castellano (escrita por vía de ilustración a la Memoria). Este apéndice es lo más largo del libro, pues ocupa 209 páginas de letra más pequeña y con foliación distinta. Consta de 25 capítulos, y los cuatro primeros refiérense a recordar las diversas colonias y dominaciones que se han sucedido en nuestra Península, afirmando que hubo peculiar lenguaje en cada provincia de las que en sus orígenes se dividió España o Iberia, los cua-les se conservaron por mucho tiempo, mezclándose después con el celta, el fenicio, el cartaginés y el griego, según la sucesiva predominación de todos estos pueblos, hasta que los romanos con sus armas introdujeron su lengua y su literatura, echando éstas tan hondas raíces, que los bárbaros, a pesar de su odio implacable a Roma, no pudieron desterrar el habla del Lacio, siquiera la corrompiesen y desfigurasen, principalmente en su admirable pronunciación y prosodia. Mezclóse después con el árabe, por la larga dominación que este pueblo ejerció en la Península; y no pudiendo ya entonces el latín (dice Vargas Ponce) contener tanta descomposición sin descomponerse él mismo, de sus restos y de las imitaciones allegadizas de todos los otros tuvo hacia el siglo nono cierta forma el dialecto Castellano o Romance... siendo, con todo, su primitivo y principal fundamento la Lengua del Latio con la que guardó siempre analogía...

Del árabe afirma, con la autoridad de Escalígero (que prefiere a la de Mayans), que fué, después del latín, el idioma al que más debe en su formación el castellano.

De las primeras propiedades del romance, de su clara y llena pronunciación y de sus diversos órdenes de acentos y multitud de terminaciones, y de la poesía castellana hasta que se hizo general el naciente idioma, ocúpase, por último, D. José Vargas Ponce aduciendo frecuentemente la autoridad de Aldrete, del Ldo. Poza, de Mayans, del P. Larramendi y otros escritores antiguos o
coetanos del autor. Cita también porción de voces de nuestra lengua derivadas de otras, probando con todo esto el erudito marino su laboriosidad y buen ingenio. Pero, en suma, no expone por propia cuenta opinión alguna que contribuya a adelantar el estudio del origen y formación de nuestra lengua.

Contra la Declamación se publicó entonces un folleto intitulado: La Corneja sin Plumas. Fragmento Póstumo del Licenciado Pablo Ipnocausto. Puerto de Santa María. Por Don Luis de Luque y Leyva. Año de MDCCXCV. -4.°, 67 págs.

Pablo Ipnocausto es pseudónimo de Don Juan Pablo Forner; y el principal objeto de este opúsculo, escrito con gran virulencia y descubierta animadversión personal, pero con la copia de erudición y doctrina propia de todas las obras de su autor, es demostrar que la Declamación de Vargas Ponce es un centón de plagios de Mayans, de Aldrete y del Diálogo de la lengua. De paso se impugnan algunas opiniones vertidas en la Declamación.
Hay en la Biblioteca Nacional de Madrid una copia de La Corneja, en la colección manuscrita de las obras de Forner.

Sobre la Declamación de Vargas Ponce, véase también su correspondencia con Jovellanos (tomo segundo de las obras de éste en la Biblioteca de Rivadeneyra).

1803.

30. Apología de la lengua Bascongada, o ensayo crítico -filosófico de su perfección y antigüedad sobre todas las que se conocen: en respuesta a los reparos propuestos en el Diccionario geográfico -histórico de España, tomo segundo, palabra Navarra. Por D. Pablo Pedro de Astarloa, Presbítero. Madrid. Por Don Gerónimo Ortega. 1803.
4.°-X
XIV -452 págs.

Así se explica el autor en el prólogo dirigido a los bascongados: Habrá veinte años que descubrí en nuestro nativo idioma cierta grandeza y sublimidad que arrastró toda mi atención. Ya antes de esta época Ohienart, Arriet, Moret, Echave, y particularmente el laborioso Larramendi, hicieron ver muchas y raras perfecciones de que abundaba la lengua Bascongada; pero no bastando esto a satisfacer mi deseo, buscaba una lengua perfecta en todo su mecanismo, con la idea de presentarla a todas las naciones cultas, para que cada una de ellas pudiese elevar la suya al grado de perfección y magnificencia de que fuese susceptible.
El prolixo estudio de más de quatro años empleados en la contemplación de una lengua que debió ser primitiva, me proporcionó ideas a mi parecer muy exactas para no errar en la elección del idioma deseado. Con estas ideas me propuse uno a mi modo, constituyéndole Juez árbitro de todos los demás, y con él empecé el juicio comparativo de quantas lenguas vivas y muertas pudo reconocer mi desvelo.

El Sr. Astarloa, en efecto, da muestras de haber estudiado muy provechosamente, lo mismo las lenguas clásicas que las vivas de Europa, así las orientales, sin excluir el chino, como las indígenas americanas, y su Apología es ciertamente un libro de notable erudición y polémica, siendo de lamentar que el buen ingenio y la general cultura del autor estén al servicio de una causa tan
equivocada como la de hacer al bascuence la lengua por excelencia, formada ya, según Astarloa, en la confusión de los idiomas referida por Moisés, y a los bascongados los primeros pobladores de España.

Este libro dio materia al arabista D. J. A. Conde para escribir un folleto intitulado Censura crítica de la pretendida excelencia y antigüedad del bascuence, por D. J. A. C, cura de Montuenga. Madrid, en la Imprenta Real, año de 1804 (8.°, 85 págs.) (I), al cual replicó Astarloa con sus Reflexiones filosóficas en defensa de la Apología de la lengua bascongada, o respuesta a la censura crítica del cura de Montuenga. Madrid. Cano, MDCCCIV (8.° 119 págs.)

I Acerca del folleto de Conde, se publicó un articulo crítico en la Minerva o el Revisor general, tomo III, 1805, pág. 52.

De la Apología se ha hecho recientemente una edición en Bilbao, por P. M. de Merladet y Lasgoitia, 1881. -4.°, 480 págs.

En el archivo manual del Señorío de Vizcaya, existe inédita otra obra de Astarloa:
Discursos filosóficos sobre la primitiva lengua. -4.°, 21 cuadernos de letra clara y legible. El primer cuaderno lleva un prólogo, cuyas páginas están numeradas del I al XII; empieza luego la numeración arábiga hasta el folio 2467, que lleva la última hoja del cuaderno 21, en que concluye la obra.

Según se lee en una carta que D. Juan Antonio Moguel escribió a Vargas Ponce, a 30 de Mayo de 1802, D. Pedro Pablo Astarloa tenía escrito un Diccionario de apellidos, que suponemos contendría muchas observaciones aprovechables para la historia de la lengua castellana. (Memorial histórico español, tomo I, pág. 713.)

1805.

31. Ensayo histórico -critico sobre el origen y progresos de las lenguas, señaladamente del romance castellano. -Catálogo de algunas voces castellanas puramente arábigas, o derivadas de la lengua griega y de los idiomas orientales, pero introducidas en España por los árabes. Por el Sr. D. Francisco Martínez Marina, canónigo de la Real Iglesia de San Isidro, actual Director de la Academia.

4.° may. -63 -VIII -85 págs. + 1 de erratas.

En las Memorias de la Real Academia de la Historia, tomo IV. Madrid, imprenta de Sancha. Año de 1805.

Notable trabajo de crítica histórica, y mucho más notable aún si se considera la fecha en que fué escrito. Razón tiene el autor al afirmar que la lengua primitiva de España es problema anejo al de los tiempos fabulosos, y por consiguiente insoluble; como así mismo al añadir que fuese cualquiera la lengua de los primeros habitadores de esta Península y de las sucesivas colonias que la poblaron después, ello fué que en tiempo de la dominación romana no se hablaba más que el latín, sin que hubiera entonces lengua nacional distinta. Y del latín solamente, dice el Sr. Martínez Marina, nació y se formó el castellano, cuyo léxico se acrecentó más tarde con el de los árabes, sobre todo hasta el punto que en la formación de nuestra lengua corresponden tres partes al latín y una al arábigo.

El romance castellano debe su origen a la ignorancia, negligencia y descuido de los españoles en cultivar su antigua lengua latina. Cita la célebre inscripción de Santa Cruz de Cangas, como primer vagido del castellano; hasta 1150, sin embargo, no hay ningún documento escrito en romance.

Usa de una prudencia muy plausible al tratar de la etimología; y cuanto a las arábigas (que en un catálogo por el autor formado, y puesto a continuación de su Ensayo, pasan de 1.500) viene a establecer estos principios sobre cambio de letras de aquel idioma al castellano.





1806.

32. Alfabeto de la lengua primitiva de España y explicación de sus más antiguos monumentos de inscripciones y medallas: por D. Juan Bautista Erro y Azpiroz, Contador principal por S. M. de Rentas reales, propios y arbitrios de la ciudad y provincia de Soria. Madrid. 1806.
8.° may. -300 págs. con láminas.
Los capítulos V y VI llevan estos epígrafes:

-El alfabeto griego no es de origen fenicio, sino español.

-Demostración que acredita el origen vascongado del alfabeto griego.

De lo que claramente se deduce el disparatado intento del autor en su libro, a saber: que el bascuence fué la lengua primitiva de España y base de la castellana; lo cual confirmaba en su Mundo primitivo, obra que no llegó a concluir, habiéndose publicado el primer tomo solamente.

Hizo un compendio de la obra de Erro, y lo ilustró con un prólogo y notas el Sr. G. Waldo Evonig, Ministro que fué de los Estados Unidos en Madrid. publicándolo en Boston, año de 1829: Alphabet of the primitive language of Spain, by J. B. Erro Azpiroz. -8°

1817.

33. Uber die cantabrische oder Baskische Sprache. Von W. von Humboldt.

Estudio muy notable sobre la derivación de la lengua basca de la de los antiguos iberos, publicado como apéndice del Mithrídates, de Adelung y Vater, theil IV, 1817. -8.°, páginas 275-300.

1821.
34. Grammaire comparée des langues de l´Europe Latine, dans leurs rapports avec la langue de troubadours. Par M. Raynouard. membre de l´Institut Royal de France (Acad. Française et Acad. des Inscriptions et Belles -Lettres), secrétaire perpétuel de l´Academie française... Paris, &
l´imprimerie de Firmin Didot... 1821.
4.°-LXVIII -412 págs.

La tendencia de la obra, claramente declarada en el Discurso preliminar, es defender la opinión de que todas las lenguas romances tienen su origen en una lengua intermedia entre el latín y las actuales neo latinas, o romance primitivo o lengua usada por los trovadores. Esto ya lo defendió e intentó probar M. Raynouard en sus Elements de la Grammaire romane avant l´an 1000 y en
su Grammaire de la langue romane ou Langue des troubadours. En esta lengua dice también que radica la castellana, siendo así lógico con sus principios, y afirma que el primer documento que nos atestigua que la lengua romance primitiva se usaba ya en España y Portugal, es del 8.° siglo: el ordenamiento publicado en 772 ( = 734) por Alboacem, hijo de Mahomet Alhamar, hijo de Tarif. Cita luego los cambios o trasposiciones de letras entre la lengua de los trovadores y el castellano, que cree sirven para demostrar que el origen del segundo está en la primera; y con el mismo objeto aduce muchas terminaciones de sustantivos y adjetivos en ambos idiomas. Hace ligeras observaciones históricas sobre el mallorquín, el valenciano y el catalán, que dice ser muy semejante a la lengua hablada en el cantón de Vaud. de los Alpes.

Conforme con estas indicaciones del prólogo, se halla en el texto desenvuelto el estudio de todas las partes de la oración (Analogía solamente), estudiando a la vez en cada uno de los capítulos el francés, el español, el portugués y el italiano relativamente a su origen, o sea a la primitiva lengua romance.

El problema de los orígenes y formación del castellano lo tenemos hoy resuelto, sin que en modo alguno pueda admitirse el principio sentado por Raynouard en este libro, que por otra parte carece de la novedad que principalmente los franceses le atribuyen; pues un siglo antes el catalán Bastero había publicado ya el mismo principio y muchas de las leyes que este filólogo francés hubo establecido. En la lengua del Lacio está, sin duda ninguna, la fuente de donde mana el castellano con sus demás idiomas congéneres, ya por medio del bajo latín de los primeros siglos, en que las lenguas populares acababan de brotar del tronco latino, ya por medio del de los notarios y el de los monjes que comenzaron a escribir las nuevas lenguas, ignorando el conocimiento de la formación de las palabras, a estas dos suertes de bajo latín, señaladas por Díez, agrega Littré, en sus estudios sobre la Historia de la lengua francesa, una tercera, es a saber: la originada por las formas romances, que se alteraban de nuevo con tendencias a su primitivo origen latino; pero esto es ya parte de la organización y reconstitución de un nuevo idioma, más bien que de su inmediato principio.
Porque es preciso distinguir entre lo que constituye la alteración directa de una forma originaria, y entre lo que disgregado sirve de raíz a un nuevo ser glotológico y se manifiesta en todas las caras de su desarrollo. Esto pasa en los orígenes inmediatos del castellano como en los de toda lengua, tal como nosotros los concebimos, opuestos a esas grandes unidades y a esos centros lingüísticos primitivos defendidos con entusiasmo por algunos autores. Envejecen las palabras y tienden a reemplazar sus consonantes fuertes y duras por otras débiles y suaves; los sonidos llenos se extinguen poco a poco y se pierden; las finales desaparecen y las palabras se contraen; altéranse éstas, en fin, en su estructura interior, porque se pierde la integridad de las formas gramaticales, y de este lenguaje corrompido y mutilado nace el principio regenerador que infunde una nueva organización en sucesivos períodos. Entonces las radicales sufren innumerables formas, y a la confusión de los casos de los nombres y de los tiempos de los verbos y de todas las flexiones gramaticales perdidas, a la dislocada sintaxis, sucede el uso de palabras auxiliares, supliéndose con preposiciones los casos del sustantivo; con artículos, los géneros; con pronombres, las personas; con auxiliares, ciertos tiempos y voces de los verbos; pero en modo alguno debe confundirse, en cualquiera de las épocas por que pasa una lengua hasta el día de su fijación, lo que es propio de su desenvolvimiento con lo que es originario y primitivo. No han nacido con intermedio de un léxico y de ciertas reglas gramaticales más o menos perfectas, el
pali y los diversos dialectos prácritos del sánscrito; el persa del zend; el griego antiguo del griego moderno; el inglés del anglo-sajón; el holandés del frisón; el danés y el sueco de la antigua lengua de Escandinavia, todavía hablada en Islandia, sino que se han formado según los principios generales indicados; y esa nueva fuente o manera, como dice el eminente Littré, con que contribuyó el bajo latín al origen de las lenguas
romances, no es más que un período, o fenómeno particular mejor dicho, de su primitivo desenvolvimiento.

No obstante, Littré se valió de esta misma observación para explicar y combatir en su citada obra la hipótesis sustentada por M. Raynouard cincuenta años antes, hoy completamente inaceptable, supuestos los progresos filológicos ya realizados, y estando en manos de los doctos las obras de Díez. El cual ha puesto de manifiesto con sus estudios lo errado de la opinión defendida por
aquel sabio francés en su Gramática comparada de las lenguas de la Europa latina en sus relaciones con la de los trovadores, probando la imposibilidad de que el provenzal haya sido un miembro intermedio entre el latín y las lenguas romances, principio con tanto tesón y no poca crítica sostenido por Raynouard. Este investigador infatigable y benemérito, que así desatendió
los hechos gramaticales que antes de él se habían establecido, como adquirió con sus estudios el título de fundador de la crítica filológica sobre los orígenes de las lenguas romances, seducido por la originalidad y atractivos de la teoría que había imaginado, la propuso a los sabios, legando en los
propios hechos particulares que citaba, y en la misma comparación que ofrecía entre los idiomas neo-latinos, la más clara impugnación de su teoría. Las frases de las letanías carlovingias que cita en su apoyo, los nombres geográficos, las palabras proverbiales que entresaca de los poemas alemanes del siglo XIII, no son más que argumentos que, como el puñal de Cambises, vuélvanse contra el mismo que los sustenta.

El
tu lo juva de las primeras, ¿acaso es otra cosa que la reunión de dos palabras latinas con un artículo de la lengua vulgar que existía ya entonces en provenzal, español e italiano?
El
Pro nos, ¿es posible que deje de reconocerse como el conjunto de dos palabras genuinamente latinas en que la segunda está en acusativo en lugar de estar en ablativo, confusión de caso tan frecuente en el bajo latín?. (I)

La terminación en it y las en a, alba, tomba, barba, y la identidad de raíz en muchas palabras castellanas, italianas y provenzales, ¿es, por ventura, una coincidencia que demuestre la existencia del tipo común intermediario? El consiguiente no puede ser más equivocado, supuesto que lo que el antecedente prueba de una manera clarísima es que la radical y la terminación latina se conservan a menudo en las palabras nacidas al par de la lengua adulterada de Cicerón y Quintiliano. Y los gritos de guerra que se leen en los poemas alemanes caballerescos de la Edad Media, ¿qué significan sino la procedencia del francés o provenzal, en que originariamente estaba escrita la obra, que luego se tradujo al idioma germano?

La existencia y el estudio del
válaco de las orillas del Danubio, donde los romanos fundaron una colonia, llamado por los mismos que lo hablan romeni (= romance), y acerca del cual dice Raynouard, aunque con inexactitudes y ambigüedades, que no desconoce sus analogías con el latín, si bien añade que las diferencias que con él tiene son mucho mayores, es, a nuestro juicio, la prueba más clara e inequívoca de que ni está demostrado ni es admisible lo dicho por aquel ilustre filólogo francés.

Es evidente la indudable filiación neo-latina del romance oriental: su declinación es romance; usa, como el español y el italiano, de preposiciones en vez de desinencias; muchos adverbios, preposiciones y conjunciones más o menos directamente revelan igual origen que el de aquellos otros idiomas; a pesar de la limitada y parcial influencia que haya podido recibir de las lenguas búlgara, eslava y albanesa que rodean el dominio del válaco, el fondo de sus accidentes gramaticales y de su vocabulario es puramente latino. Por consiguiente, ¿cómo puede deducirse que el provenzal ha ejercido influencia, a través de Alemania, en las márgenes del Danubio? ¿O cómo ha de resultar que allí se formó por casualidad un idioma análogo a los demás neo-latinos?

I: M. Ampère, que ha rebatido admirablemente la hipótesis de Raynouard. dice que en Terencio ha encontrado también el uso del acusativo por el ablativo. -Véase su Histoire littéraire de la France
avant le donzième siècle, tomo III, y su Histoire de la formation de la langue française.


Por último, es contrario a toda ley histórica pensar que mientras se hallaba fraccionada Europa entera y sucedíanse las guerras entre pueblo y pueblo, y asolaban las naciones los hijos de Scancia derramados por el Mediodía del viejo continente, se pudiera formar una lengua común y general, derivada del latín, sin autoridad que la impusiera por medio de una literatura floreciente o de
un gran predominio guerrero que uniese bajo una sola espada gran variedad de pueblos. La experiencia demuestra que si una lengua hablada en muchos pueblos se corrompe, modifica y transforma según leyes generales, no puede eximirse de las circunstancias particulares que la influyen, según la historia de los diversos países en donde se forma o renace. La filosofía de la historia y la filología comparada, condenan, en fin, la existencia de un romance único, primitivo y originario de las modernas lenguas neo-latinas.

Y no será inoportuno oponer aquí también algunas razones a la conclusión general propuesta por el célebre Max Müller en su opúsculo
Uber deutsche Schattirung romanischer Worte, en donde dice que las lenguas romances han nacido del latín, mixtificado por los bárbaros o germanos invasores. Según él, tan lejos están el castellano o el italiano del latín, como el nuevo alto alemán del antiguo alto alemán, el bengalí del sánscrito; y funda su aserto en que las lenguas romances no representan el latín tal como debió desenvolverse en la Roma antigua y en las provincias italianas, sino tal como los pueblos extranjeros, y particularmente los pueblos alemanes, se lo apropiaron y modificaron.

Esta opinión respetable, que envuelve en parte una verdad ya demostrada, cual es la del elemento gótico en el romance, no puede admitirse en absoluto, tanto porque no cabe que el organismo y la tradición latina se vieran en determinado momento interrumpidos por una solución de continuidad.
cuanto porque si los bárbaros hubieran excedido en número a las naciones del Mediodía que invadieron, y su influencia hubiera sido radical en la lengua, habrían conservado su propia habla, como pasó en las orillas del Rhin y en cierta parte de Bélgica y en Inglaterra, en donde el idioma de las colonias latinas fué por ellos desterrado. Por otra parte, un estudio atento de gramática comparada basta para justificar conclusiones contrarias a las de Müller. Pero no debemos nosotros ampliar tanto este punto; y bástenos decir con Littré (Véase su Histoire de la langue française, 9e edición, tomo I, párrafo 8.) que si se despoja el latín de sus casos y éstos se suplen con sus respectivas preposiciones; si se introduce el quod allí donde el latín ponía su infinitivo o donde el griego escribía
öTl, casi siempre se hallará una frase romance y no germana en vez de la frase latina. En cuanto al verbo haber, que aparece como auxiliar en los más antiguos monumentos de las lenguas germánicas, de lo cual podría sacarse partido en apoyo de aquellas teorías y decir que tal circunstancia influyó sobre su empleo en el romance, no es preciso argumentar nada, supuesto que desde el válaco al portugués se ve la marcha similar que siguen todas las lenguas neo-latinas en el uso de los auxiliares, como la han seguido en este mismo punto gramatical otros tantos idiomas que de una fuente común manaban: el bengalí, el persa, el griego moderno, el árabe vulgar.
El inmenso repertorio de hechos y de observaciones que reunió Federico Díez en su Gramática y en su Diccionario, esclarecen, en fin, con luz vivísima todos estos puntos, que ligeramente nos hemos creído obligados a indicar, porque de lleno alcanzan a la lengua castellana en los períodos de su origen y formación, y directamente se relacionan con todas las obras de que tratamos en este
primer libro.

1821.

35. Prüfung der Untersuchungen über die Urbervohner Hispaniens vermittelst der baskischen Sprache. Von Wilhelm von Humboldt. Berlín, 1821.

Libro de aguda y filosófica investigación filológica, muy importante para dilucidar el punto dificilísimo de la primera lengua hablada en España por los iberos y de su influencia y derivación en el basco o euskaro.

En él, analizando las radicales bascongadas, procuró demostrar el autor que la lengua ibera se extendió por toda la Península y por las islas del Mediterráneo, Cerdeña y Sicilia, para cuyo propósito sirvióse mucho de los nombres topográficos.



M. Marrasx tradujo al francés el año 1866, esta obra de Humboldt, ilustrándola con un preliminar y curiosas notas.

1827.

36. Discurso en acción de gracias leído en la Real Academia Española por D. José Musso y Valiente, al tiempo de tomar posesión de la plaza de Honorario el 2 de Agosto de 1827.

Publicado en las Memorias de la Academia, tomo III: Madrid. 1871, págs. 106-12.

En él trata de la parte que en la formación, progresos y aun decadencia de los idiomas tienen los acaecimientos políticos de las naciones. Primeramente nota lo que en algunas sociedades antiguas se halla en apoyo de su tesis, y se extiende luego en largas consideraciones relativas a nuestro idioma. Allí se explica, sobre sus orígenes, de esta manera: Es, sin duda, la lengua castellana
hija de la latina; pero fué su producción a modo de lo que fingen del fénix de los poetas: nació de sus cenizas, y presentó después, aunque también hermoso, diverso semblante. Tomaba del provenzal, que era hermano suyo; tomaba del árabe, con quien hasta entonces nada había tenido que ver; y a pesar de ello mostraba más afición a tomar de éste que de aquél... Con los sones guturales, cuyo hábito contrajo, adquirió muchas palabras, muchos modismos, tantos en verdad, que casi se arabizó; de modo que a pesar del odio inveterado y tenaz por tantos motivos sostenido entre castellanos y moros, diríamos que llegaron aquéllos a pensar y hablar a la manera arábiga...

1828.

37. Opúsculos gramático -satíricos del Dr. D. Antonio Puigblanch contra el Dr. D. Joaquín Villanueva, escritos en defensa propia, en los que también se tratan materias de interés común. Tomo I, Londres (sin año). En la imprenta de Guillermo Guthrie. -Tomo II, Londres (sin año). En la imprenta de Vicente Torras. -En 4.° menor.

Tomo I. -CLX -212 -38 -10 págs, - Signs, a-o, A-S, A-b, *-*2.

Contiene: Anteport. -Port. - Prólogo con morrión, que los latinos llamaban galeato. -Visita del dómine Gafas al dómine Lucas, uno i otro emigrados en Londres, i diálogo entre los dos sobre la crítica que ha hecho Juanillo el tuerto de la falta de Gramática castellana, i sobra de gramática parda de D. Pedro Saiz Castellanos, auditor que fué de guerra del ejército de Cataluña, mandado por el general D. Francisco Espoz y Mina, en las anotaciones que imprimió en Veracruz acerca de las
campañas de aquel ejército en los años 1822 i 1823. Publícala un amigo del dómine Lucas, Londres. En la imprenta de Guthrie i Lovell, 1828. - Texto. - Prospecto de la obra filológico -filosófica intitulada Observaciones sobre el origen y genio de la lengua castellana, en las que también se habla de las demás lenguas principales de Europa, por Antonio Puigblanch. Londres. En la imprenta española de M. Calero. Año 1828. - Texto: catorce grupos de cuestiones sobre varios orígenes de la lengua castellana. - Texto: otros anuncios, impresos ya los opúsculos. - Texto.

Tomo II. -XLIV (comienza en la 213 a 550) y 27 hs. no fols. - Signs, a-d. T-y, AA-ZZ, AAA-EEE.
Contiene: Anteport. -Port. -Parchazo de Parcemiqui Tibiquoque, que puede servir de peto i de espaldar, i de brafoneras i brazales, i quijotes i espinilleras del prólogo con morrión que va puesto en el tomo primero. - Texto. -Falsedades i renuncias del Dr. D. Joaquín Villanueva, eclesiástico de campanillas, en su critica del prospecto de la obra filológico -filosófica del Dr. Puigblanch, puestas de manifiesto por el Interesado. Londres. En la imprenta de Guthrie, 1829. - Texto. -Índices de
los dos tomos. - Indice de materias. -Correcciones y adiciones. -Adición última.

El autor de estos dos volúmenes, nacido en Mataró el 3 de Febrero de 1775, de padre y madre respectivamente llamados Puig y Blanch (de cuyos apellidos hizo él luego uno solo), es uno de los hombres de más vasta ilustración en materias filológicas que en los tiempos modernos ha tenido España, si bien deslustrada por su espíritu atrabiliario y mal avenido con todo lo más noble y
digno de respeto. Antiguo novicio en la Cartuja de Monte Alegre; catedrático después en la Universidad de Alcalá, donde imprimió el año 1808 una Gramática hebrea conforme a los principios orchellianos, aunque de método confuso; jansenista beligerante el año II, emigrado en Londres más tarde, liberal exaltadísimo en las Cortes del 22, enriquecido de no vulgares conocimientos en las lenguas orientales y poseedor de abundantísimas noticias eruditas sobre gramática y lexicografía castellana, el Dr. Puigblanch se decidió a escribir estos Opúsculos
satírico -gramáticos para difamar a sus compañeros de emigración Villanueva y Salvá, más que para contender libremente con ellos. Es este libro ciertamente inverosímil en el siglo XIX, como dice muy bien un insigne crítico (I) verdadero libro de gladiador literario, porque más que en los anales de la literatura debe figurar en los del pugilato, al lado de los de Filelfo, Poggio, Lorenzo
Valla, Scalígero y Gaspar Scioppio, o de aquellos yambos de Arquiloco y de Hiponacte, que hacían ahorcarse a los hombres. Nada es respetado en tales páginas: ni la religión católica, ni sus ministros, ni la majestad real, ni el honor de España. Porque de todo esto y de muchísimas otras materias,
a cual más divergentes, trata el Dr. Puigblanch, quien lo mismo denuesta al transgresor de una regla gramatical que menosprecia o infama las más respetables memorias; lo mismo habla de etimologías que del celibato eclesiástico y del gobierno que más conviene a España y a América. Basta con
esto para que se juzgue cuál sea el conjunto de esta obra, de la que expondremos ahora el único oro que de ella puede extraerse; a saber, cuanto dice relación a la filología, castellana, en cuyas interioridades fué el autor, sin duda ninguna, insigne maestro, supuestas las abundantes ideas críticas que se hallan esparcidas, aunque sin método ni hilación, en sus Opúsculos gramático -satíricos .

Pocos alcanzaron en su tiempo a ver tan claro el problema del origen de nuestra lengua; y gloria es suya el haber intentado refutar la teoría de Raynouard, que hacía derivar las lenguas neo-latinas de una primitiva lengua romana rústica y no del bajo latín y por sucesivas formaciones; y el haber tratado del idioma válaco o romance oriental como idioma derivado del latín y hermano de las modernas lenguas romances, nacido por la emigración de aquella colonia que desde Italia envió el Emperador Trajano a orillas del Danubio.

I: D. Marcelino Menéndez y Pelayo; Historia de los heterodoxos españoles, tomo III, cap. III, págs. 527-8.

Es lástima grande que Puigblanch no llegase a escribir y publicar sus Observaciones sobre el origen y genio de la lengua castellana, cuyo prospecto se halla en el primer tomo de sus Opúsculos, y en el cual se da una idea tan completa del plan y criterio que se proponía seguir el autor, que esas pocas páginas bastan sólo a acreditar de excelente filólogo al hombre que concibió tal empresa.

He aquí las ideas principales (no todas aceptables) que en dicha obra pensaba Puigblanch exponer y demostrar:

La lengua bascongada, antiguamente cántabra, es mezcla del antiquísimo idioma ibérico y del idioma celta o galo, de prosapia latina, y no fué general en España, como se ha pretendido absurdamente.
La lengua castellana no sólo existió antes del siglo X, sino antes de la invasión de los bárbaros y aun antes de la caída del Imperio romano, debiéndose llamar más bien hermana que hija de la latina, la cual, por haberse adoptado para la religión y la legislación hasta después de la Edad Media, y para el estudio de las ciencias hasta los tiempos modernos, ha venido influyendo sin
cesar en la formación de nuestro idioma.

Los bárbaros no intentaron desterrar la lengua latina, antes procuraron conservarla tal como la hallaron, de la misma manera que dieron órdenes para la conservación de los monumentos romanos de las bellas artes. De las voces de origen griego y fenicio proponíase el autor hablar largamente: en su
specimen revela alto juicio y profunda intención crítica al mostrar sus deseos de rebatir que la lengua hebrea fuese madre de todas las lenguas, afirmando, en cambio, que así el idioma hebreo como el fenicio, el arábigo y demás afines deben considerarse como vástagos de otro más antiguo asiático, cuyo nombre por su misma grande antigüedad se ha perdido, y que a este idioma, más bien que al hebreo ni al fenicio, deben atribuirse en su última reducción las voces asiáticas, europeas y africanas que hasta ahora se han atribuido a uno u otro de estos idiomas.
Así entreveía Puigblanch los grandes adelantos que la filología comparada había de reportar con las eruditísimas investigaciones de los Bopp, los Burnouf, los Max Müller.

Al par que en el propio castellano, el autor, adelantándose en esto a los modernos procedimientos de la filología comparada, busca en el portugués, el provenzal, el catalán, el valenciano, el francés y el italiano los argumentos para probar sus asertos y destruir lo sentado por el referido M. Raynouard. De la semejanza con el provenzal intenta hablar largamente, poniendo de resalto que la abundancia de vocales medias y de sonido obscuro, y de consonantes dentales en el castellano anterior al siglo XV, asemejaba más en lo antiguo la lengua del Fuero Juzgo y la de los trovadores. No obstante, en ningún tiempo se ha podido confundir el provenzal con el castellano.

Derívanse, en suma, según nuestro autor, del latín los nombres, verbos y demás partes de la oración gramatical del idioma castellano, la cual derivación, así como también la formación de las mismas, por ser a veces diferentes de las que se usaban en el siglo de oro de aquella lengua, se fija comúnmente en la Edad Media; y con ejemplos de una y otra, prueba que algunos de éstos muestran más bien el estado de menor perfección que tuvo el latín antes de aquel siglo que el de su decadencia después de él, observación que favorece, en su pensar, la antigüedad de nuestro idioma.

A fin de hacer una completa historia del castellano, proyectaba Puigblanch formar por siglos como una paleología del mismo, en la que se indicaran las principales variaciones que en su uso han ocurrido, en cuanto aparecen en las obras en él escritas desde el siglo XII hasta los comienzos del presente.

Dice que el verbo ser y sus derivados siendo, sido, se, sea y otros anticuados análogos a éstos, no es el
sum, es, fuí, sino otro verbo que no nombra.

Piensa que la mudanza del antiguo sonido dental de las dos consonantes f y x, que es el de la j y ch francesa, en gutural, y de la y rechinante greco-latina en la llamada ceceosa o balbuciente, no se hizo en castellano hasta fines del siglo XVI o poco antes, ni fué común hasta muy entrado el XVII, cuando ya no había africanos en España, y no desde un principio y con motivo de la invasión de éstos.

Muchísimas cuestiones etimológicas hubiéranse, en fin, resuelto en esta obra proyectada, así como también la parte que en el acrecentamiento de nuestro léxico tuvieron, además de los elementos citados, el arábigo, el lenguaje de Germanía, ni tan arbitrario ni tan despreciable como se cree comúnmente, y las voces que de las Indias orientales y occidentales vinieron con motivo del descubrimiento de las Américas por España y Portugal.
Por estas ideas se podrá juzgar de la capital importancia de esta obra, concebida en 1828 y no realizada por desgracia para la literatura española.

1831.

38. Sur les langues romanes actuelles, l´espagnol, le portugais, le rhétoroman (en Suisse), le français, litalien et le daco-roman (dans plusieurs pays de l´Europe orientale). Par Lorenz Diefenbach. 1831.

4.° -122 págs.
Es de advertir que este ilustre hijo de Darmstadt, tan respetado por sus trabajos de etnografía y de lingüística comparada, y sobre todo por su
Glossarium latino -germanicum mediae et infimae latinitatis, publicó el trabajo que encabeza esta cédula cinco años antes de que apareciese el primer volumen de la Gramática de las lenguas romances de Díez. Este honró, años adelante, la sabiduría de Diefenbach, dedicándole su Diccionario etimológico.
Diefenbach terminó su opúsculo con esta promesa, que no llegó a realizar: "A continuación del presente trabajo, publicaré una historia de toda la familia lingüística latina (romana), con los dialectos desde los orígenes hasta la época presente, con ejemplos y noticias dialectológicas y otras."

1836-42.

39. Grammatik der Romanischen Sprachen. Von Friedrich Díez. Bonn, 1836-42.
4-° -3 vols.
La segunda edición alemana fué también hecha en Bonn, 1856-60, 3 vols, en un tomo.
-Cuarta edición. -Bonn, Eduard Webers Verlags, Buchhandlung. 1876.
4.°-primer tomo, VIII -314. págs. -2: tomo, 1876. Ind. -501. -3.er tomo, 1877, VII -488 págs.

-Traducción francesa: Grammaire des langues romanes par Frédéric Díez. Troisième édition refondue et augmentée. Tome premier, traduit par Auguste Brachet et Gaston Paris. Paris... 1874.

4.°-VIII -476 págs. -Tomo II, 458 págs. -Tomo III, 456 págs.

Anteriormente, en 1863, M. Paris había publicado un extracto del Díez, precedido de un prólogo, con este título: Introduction a la grammaire des langues romanes traduite de lallemand par Gaston Paris 1863. (Paris, imprimerie de Jouaust et fils, rue Saint- Honoré, 338). 4.°, XXIV-163 págs.

Esta obra, por ser verdaderamente esencial y la más importante de todas cuantas se citan en todo el presente Estudio, merece nuestra preferente atención.

La Gramática y el Diccionario etimológico de Federico Díez han abierto los caminos que nos han conducido a la posesión de muchos misterios filológicos; y, guiados por esas obras memorables, ha sido posible resolver gran parte de los problemas que los sabios habían planteado sobre la historia del romance. En ellas se han establecido con claridad y precisión las leyes fónicas y el inventario general de las raíces y de las flexiones de nuestra lengua, esclareciendo su estudio con el paralelo de las demás neo-latinas; en ellas se ha dado base sólida a la sintaxis castellana, fundándola en el verdadero carácter y significación primitiva e histórica de cada flexión; en ellas, en fin, se ha demostrado de un modo irrefutable que el idioma de Castilla no es el resultado de un mecanismo artificial separado o distinto de aquél por cuya virtud vivieron las antiguas lenguas, sino que, por el contrario, es obra de transformación y renovación llevada a cabo por generaciones sucesivas, obedientes a varias leyes que presiden la historia de las palabras y de la Gramática.

Pruébase concluyentemente con el examen de tales obras la manera indudable con que la lengua del Lacio se convirtió en las llamadas romances por medio de la corrupción y de la evolución, testificándose al par en ellas que sólo la harmonía de estos dos principios nos lleva al esclarecimiento de la verdad en esta materia, ya que el principio de la corrupción considerado como único agente o promotor de la derivación latina de las lenguas que hablamos en el Mediodía occidental de Europa, no podía satisfacer las exigencias científicas.

Este principio generador, considerado como exclusivo, ha sido, sin embargo, la opinión más antigua y generalizada.

Su defensa era clara y manifiesta. Extinguidas durante la larga agonía del Imperio romano las clases ilustradas; sustituidos por jefes y administradores bárbaros los jefes y administradores romanos, y cayendo en el mayor abandono la educación y las letras, alteróse el lenguaje con innumerables solecismos y barbarismos que mancharon la nobleza, harmonía y perfección de la lengua de
Augusto. Llegóse hasta tal punto, que no se distinguían unos casos de otros; confundíase el neutro con el masculino, y multitud de locuciones viciosas dislocaron por completo su organismo gramatical. Consecuencia de esto fué el largo período en que se vio que las lenguas romances procedían por corrupción de la que inventarió con paciencia y sabiduría dignas de toda ponderación, en el siglo XVII, el Sr. de Du Cange (Carlos Dufresne) en su Glossarium mediae et infimae
latinitatis, del que acaba de hacerse completa edición (I), confirmando así la estimación y autoridad que disfruta hoy esta gran obra, después de dos siglos de haberse compuesto y de los grandes progresos de la filología comparada.

Mas si en la formación del romance tienen explicación esas particularidades de la media e ínfima Latinidad. ¿cómo explicarse la aparición de ese elemento admirable para la precisión y claridad de la frase llamado artículo, cuya carencia es una de las imperfecciones reales del latín? ¿Cómo darse cuenta de este precioso elemento gramatical, que nosotros tenemos no sólo en calidad de artículo definido, lo mismo que el griego, sino de artículo indefinido que tanto completa el sistema de los determinativos? ¿Cómo explicarse la riqueza de las conjugaciones de nuestros verbos, que han descompuesto el pretérito latino en dos, y han especificado el llamado sentido condicional
del futuro? Estas formas, que no se encuentran ni aun en la clásica latinidad, de las cuales en absoluto carece la lengua de Horacio, sólo han podido producirse mediante un principio de evolución que, obrando al par o separadamente de la influencia del latín bárbaro y de la decadencia política eintelectual del Imperio que corrompió el lenguaje, fecundó y desenvolvió los gérmenes analíticos que nacían con las nuevas lenguas.

I: Glossarium mediae et infimae latinitatis Condiotum a Carolo Dufresne Domingo Du Cange. Auctum a monachis ordinis S. Benedictis, cum suplementis integris D. P. Carpenterii Adelungii, aliorum, suisque digessit G. A. L. Henschel sequuntur glossarium Gallicum, tabulae, indices, auctorum et rerum, dissertaciones. Editio nova aucta pluribus vertis aliorum scriptorum a Leopold Favre. Paris, Niort, 1882 -1888. -4.°, 10 vols.

Es la más correcta y copiosa de las ediciones de tan importante obra. El Sr. Favre ha aumentado el
glosario con más de cuatro mil voces omitidas por Du Cange y sus anotadores; y es de advertir que en esta impresión se han incluido (como dice el título) los trabajos de Henschel, si bien corregidas las faltas o errores en que incurrió.



A tal influencia débese la desaparición de los casos y de la voz pasiva romances, y las más notables diferencias entre nuestra Gramática y la latina; diferencias que una fuerza neológica producía, y que en manera alguna deben considerarse como solecismos acarreados por el habla vulgar de Roma, ni como reflejo fiel de aquéllos que, condensados por el buen uso y las autoridades clásicas, prevalecieron en las clases iliteratas, en las provincias, y, finalmente, en los labios de todos los súbditos del Bajo Imperio.

Si las lenguas romances (dice bien un eminente filólogo) se han apropiado a manera de artículo los pronombres ille y unus del latín, variando su sentido y carácter gramaticales, ante la excelencia de esta concepción no puede decirse que haya solecismo ni que por corrupción se ha efectuado
un fenómeno más bien propio de la evolución histórica de aquellos idiomas, a este ejemplo pudiéranse añadir otros muchos; pero baste recordar, otra vez, que en los severos procedimientos de las obras de Díez se halla el testimonio concreto de nuestras observaciones críticas e históricas sobre el castellano y demás romances, y el argumento formidable que destruye todas las antiguas invenciones sobre nuestros orígenes y formación lingüística.

En conclusión, las obras de Díez serán difícilmente superadas. Cúpole a tan insigne maestro el mérito de explorar todos los caminos y de espigar el campo con su Gramática y su Diccionario, dejando para sus sucesores la tarea de ahondar más profundamente la labor. La filología comparada de las lenguas neolatinas quedó transformada por su obra, ya en cada una de las partes de la Gramática, ya en las leyes fónicas de la etimología que estableció con claridad insuperable. Ciertamente no habrá quien diga nada más de nuevo. Pruébalo así la Gramática del Profesor de la Universidad de Iena, W. Meyer, cuyo primer volumen del primer tomo acaba de publicarse; obra grandiosa en verdad, anunciada con pompa como más perfecta que la de Díez, pero que en realidad
no es más que una repetición de ésta, con notables ampliaciones críticas e históricas, vestida con un nuevo método que la ha hecho más inasequible y dificultosa para su estudio, siendo en ella menos claro lo que a cada lengua romance corresponde, pues se hace el estudio de todas de una manera simultánea. No podemos, pues, decir que la Gramática histórica del castellano no se ha escrito,
porque lo está en la obra de Díez.

Mas, aparte de la doctrina que puede sacarse de este libro cuyo resumen o extracto vamos a publicar, es grato también ver indicada o confirmada, aunque de una manera ruda y empírica, la teoría del docto alemán en los trabajos que en varias épocas publicaron nuestros antepasados, y de los cuales se dará noticia en las diversas partes de este libro; verla compuesta en nuestra lengua según el estudio atento de los trabajos que a continuación se citan en las tres partes de nuestra
presente obra, donde está de manifiesto la actividad intelectual de nuestros antepasados en estos estudios, ya considerados como arte, pero que hoy constituyen muchos de ellos documentos históricos de inapreciable valor filológico, ya como ciencia escudriñadora de los orígenes y de la etimología de la lengua castellana.

Creemos, por lo tanto, que cumple a nuestro propósito, supuesto lo indicado en la advertencia preliminar, exponer aquí, en forma de Gramática histórica castellana, lo que el insigne profesor de la Universidad de Bonn dejó consignado acerca de nuestro idioma. Para ello, concretándonos a la morfología, someteremos las leyes y los fenómenos por él notados a un método semejante a los
que emplearon Gleig en su History of the english language, el Dr. Vilmor en su Anfangsgründe der deutschen Grammatik zunaechst für die obersten Klassen der Gymnasien, Fornaciari en su Grammatica storica della lingua italiana estratta e compendiata dalla Grammatica romana di Federico Díez y Brachet en su Grammaire historique de la langue française: método elemental y exento de las disquisiciones crítico -históricas, de las observaciones de filología comparada y de los
juicios de gramática general que abundan en la obra del filólogo alemán. Así y todo, nuestros apuntes o extractos ofrecerán las mismas observaciones, los mismos ejemplos y las mismas palabras empleadas por el catedrático de Bonn en su Gramática de las lenguas romances.

Réstanos poner aquí algunas noticias biográficas de este modesto y eximio filólogo alemán.

Friedrich Díez nació en Giessen (Hesse -Darmstadt) el 15 de Marzo de 1794. Tuvo por maestro en el gimnasio de esta ciudad a Welcker, uno de los sabios más ilustres de aquel tiempo, que le inició en los estudios de las lenguas y de las literaturas clásicas y le despertó la afición a las lenguas
romances. Regresaba entonces Welcker de Italia, donde había pasado dos años, y, entusiasmado con la lengua y los escritores de la península adriática, transmitió a Díez estos mismos entusiasmos. Unióles desde entonces a ambos espíritus una misma inclinación científica y una amistad constante: años después los dos fueron colegas en la Universidad de Bonn.

En 1813 Díez abandonó sus científicas ocupaciones para alistarse como voluntario en las tropas de la provincia de Hesse (Hessen), en cuyas filas hizo la gloriosa campaña contra Francia. Terminada ésta. Díez se consagró en 1816, en la Universidad de Göttingen, a estudiar especialmente la literatura castellana y la portuguesa, publicando en Francfort, año de 1817, la traducción en verso de porción de romances españoles, acerca de los cuales imprimió más tarde un estudio en Berlín, año de 1821.
En Abril de 1818, Díez, siguiendo el movimiento de entusiasmo que en todos los hombres de letras de Alemania existía, fué a visitar a Goethe, que se encontraba entonces en Iena.

Habiendo recibido la borla de doctor en Giessen, año 1821, trasladóse a Bonn en 1822 en calidad de privat docent.

Sabido es que en las universidades alemanas éste es el primer paso necesario para obtener la investidura de profesor. Al doctor que solicita dicho cargo se le facilita un aula en la universidad, y tiene el derecho de anunciar en el programa oficial de los profesores, el curso que se propone explicar. No tiene más beneficios que la retribución de los asistentes al curso; pero al cabo de algún
tiempo, más o menos largo, según la importancia que adquiera el profesor privado, recibe el título y el sueldo de profesor extraordinario. La categoría de profesor ordinario, que es la inmediata y superior, no se obtiene sin haber pasado por las dos anteriores, excepto en casos excepcionales. Díez fué profesor extraordinario en 1823 y profesor ordinario en 1830.

En esta fecha había ya publicado sus Memorias sobre la Poesía romántica (Berlín, 1825); su estudio sobre la Poesía de los trovadores (Zwickau, 1826), ambas traducidas al francés por M. de Roisin en 1842 y 1845 respectivamente, y las Vidas y obras de los trovadores (Zwickau, 1829).

Una vez en el desempeño de su cátedra, y observando la falta de unidad y de método que existía en los trabajos relativos a las lenguas romances, y pensando al par que de su comparación y estudio histórico podrían aportarse a la ciencia grandes beneficios, concibió la obra de su Gramática y de su Diccionario. Lo que me ha guiado (ha escrito él mismo) para emprender y realizar mis trabajos filológicos, ha sido únicamente el ejemplo de Jacobo Grimm. Aplicar a las lenguas romances su gramática y su método: tal fué el objeto que me propuse. Así, pues, yo no he hecho más que aplicar con cierta libertad sus procedimientos para lograr mis fines. Estas palabras, tomadas de una carta particular dirigida a M. Gaston París, son reveladoras de la modestia de aquel sabio que, a pesar de sus declaraciones, excedió a Grimm en el orden y en la disposición de sus materiales; hizo más fácil o accesible el estudio lingüístico, y subordinó de un modo estricto su imaginación a los hechos, de los cuales nunca dedujo más que lo que ellos mismos explicaban lógicamente.

Para demostrar, en fin, la bondad y el candor de este sabio, copiaremos un fragmento de otra carta escrita al mismo Gaston París, que fué durante un año oyente de su cátedra en Bonn. En dicha carta se refería a cierto desacuerdo que sobre un punto particular de su gramática le había manifestado
el distinguido filólogo francés. He aquí mi consejo, querido amigo (escribía Díez). Si dudáis sobre lo que yo digo, seguid vuestra inspiración y no suscribáis una opinión ajena. Nosotros nos equivocamos todos, y los viejos estamos más especialmente sujetos a este defecto de no separarnos de una idea a la cual nos hemos acostumbrado. La juventud es más viva y más libre: encuentra a
menudo lo que a nosotros se nos escapa. Las faltas que me descubráis, decidlas sin temor: yo os quedaré agradecido.

Díez murió en Bonn el 29 de Mayo de 1876.

NOTAS PARA LA FORMACIÓN DE UNA GRAMÁTICA HISTÓRICA DE LA LENGUA CASTELLANA SEGÚN EL MÉTODO E INVESTIGACIONES DE
FEDERICO DÍEZ.
LIBRO PRIMERO.

FONÉTICA O ESTUDIO DE LAS LETRAS.

Dividimos este primer libro en tres partes. En la primera, partiendo de las lenguas madres, estudiaremos las vicisitudes de sus letras en la castellana; en la segunda, remontándonos al origen de nuestro idioma, considerado ya como organismo completo, expondremos la significación etimológica de las letras castellanas. El latín es base y fuente de nuestra lengua; pero como también otros elementos extranjeros han ejercido su influencia en ella, sufriendo transformaciones propias en su vocabulario, después de haber estudiado las letras latinas, haremos el examen de otras letras extranjeras, como de las de los germanos en sus diferentes dialectos, para lo cual procuraremos presentar un cuadro completo de las leyes que han presidido estas modificaciones. La influencia del árabe es también considerable en nuestro idioma, y por esto creemos necesario dar aquí asimismo con exactitud las reglas de la transformación. El elemento griego, de poca importancia, puede unirse al latino. Estas dos partes, que se completan y determinan mutuamente, van seguidas de una tercera sección, consagrada al estudio de la prosodia.

PARTE PRIMERA.
Letras latinas.

Antes de concretar el estudio de las cuestiones que se presentan al examinar las letras latinas comparadas con las castellanas, hay que notar una división importante, determinada por el tiempo, y que separa el elemento latino en dos clases. La primera, de suma trascendencia, comprende todas las palabras que el pueblo ha formado de la lengua primitiva, según leyes tanto más seguras cuanto más inconscientes. La. segunda clase se compone de todas las palabras introducidas muchos siglos después, y aun de las mismas de nuestros días que, con exactitud literal y sin ninguna intervención de las leyes fundamentales, han acrecentado nuestro léxico. Pueden compararse las primeras
palabras con las creaciones de la naturaleza, y las segundas con las del arte. Pueden citarse como ejemplos de las primeras
caudal, palabras, velar, y de las segundas, capital, parábola, vigilar. Este procedimiento había necesariamente de llevar gran número de palabras latinas, bajo una doble forma, a las lenguas derivadas; y los ejemplos que hemos citado son de esta categoría.

Esta división de palabras en dos clases, según su origen, es muy importante, y los gramáticos las distinguen, siguiendo a A. W. Schlegel, en voces populares y voces sabias, o eruditas, según que las haya formado el elemento antiguo y popular o el elemento moderno.

Las voces populares tienen tres caracteres distintivos: la observación exacta de la acentuación latina, la supresión de la vocal breve átona y la caída o pérdida de la consonante media. Da estas tres reglas, la primera la estudiaremos en la tercera sección; la segunda, a propósito de las vocales átonas, en la presente, y la tercera encontrará su aplicación en cada una de las consonantes. Todas las palabras que no observen estas tres reglas, se caracterizan como del elemento sabio o erudito.

VOCALES.

Su importancia en castellano depende principalmente del acento: la vocal acentuada es el alma, el centro de la palabra; en este punto el genio de la lengua se ha impuesto en sus creaciones una regla precisa, mientras que se permite cambios más rápidos con las palabras no acentuadas o átonas. Estas dos categorías han tenido para ella el valor de dos elementos específicamente distintos, y por esto es necesario estudiarlos separadamente.

I
Vocales acentuadas o tónicas.

Las vocales acentuadas exigen, por razón de su importancia, un estudio minucioso. En ellas hay que establecer una segunda división, fundada en la cantidad. que las diferencia en largas y breves; dejando otra categoría aparte para las que son largas por posición. No hay más que la
a a la cual
no se aplique esta división.

Esta vocal se ha conservado intacta, aunque alguna vez se debilita en ai o e, como en alerce, de larix. El caso más frecuente y más importante es cuando la a (por la influencia de una e o i unida a ella) se convierte en ai o ei, e o ei. Ejemplos: aire, de aer; primero, de primarius; beso, de basium;
hecho, de factus.

E

I. -Cuando es larga por naturaleza, o cuando lo es por la caída de una consonante (mensis, m
ésis), la e persevera intacta, o no se altera por lo general, excepto en algunas, muy pocas, ocasiones, en que se diptonga, por causa de una confusión con e breve. Ejemplos generales:
avena, blasfemia, cedo, celo, cera, creo, debo, peso (pensum, pésum), remo, red. sebo (sebum), tela, tres, velo, vena, veneno, querella, haber, prima-vera (vér), arboleda (arborétum).

Ejemplos de diptongo ie: fiera (féria). Siena (Séna), tieso (tensus, tésus).

La e persevera particularmente intacta delante de l: cautela, candela, cruel, fiel.

La e se cambia en i algunas veces, aunque raras: consigo (sécum), venino, arc. (venénum).

II -Primero -E breve, delante de consonantes simples, pasa generalmente al diptongo ie.
Bien (béne), diez, yegua (équa), fiebre (fébris), hiere (férit), fiero, yerno (géner), hiedra (hédera), ayer (héri), liebre (lépus), miel, miedo (métus), niebla (nébula), niego, pie, siego (séco), tiene, viene, viernes (véneris), viejo (vetulus).

2. Empero la e permanece intacta algunas veces cuando hay proparoxyton o lo había en latín: adulterio, madera (matéria), menester (ministerium), género, lépido, médico, mérito.

En más de un caso es la eufonía la que decide sobre la forma romance, porque la vocal siguiente contiene ya una e paladial.

III. -E en posición se diptonga igualmente en ie. Ejemplos: ciento, cierro, finiestra, arc. hierro (ferrum), confieso, fiesta, miembro, piel (pellis), pienso, pierdo, siempre, siento, siete (septem), tiempo, tierra, habiendo y otros gerundios. En las sílabas antepenúltimas la e permanece intacta de una manera preferente: férreo, término, vértebra.

Muchas palabras modernas en que la e se ha convertido en i, proceden de las arcaicas que contenían el diptongo ie: silla, níspero, víspera= siella, niéspero, viéspera, arc.

I (i)

I. -La i larga persevera intacta, sin excepción apenas. Convido (invito), crin, digo, higo (ficus), hilo (filum), hijo (filius), fin, frívolo, giro, isla, libra, lizo (licium), lirio, (lilium), lima, lino, miga, nido, pía (pica), pillo, pino, riba, escribo, espiga, espina, vil, vino, viso, feliz, amigo, gentil, cautivo, ruina.
Excepción: esteva (stiva).

II. -Primero -I breve delante de una consonante simple, se convierte en e. Ejemplos: bebo, cebo (cibus), cedo (cito), dedo (digitus), hebra (fibra), fe (fides), menos, negro, neto, pez, pella (pila), pelo, pera, recio (rigidus), seno, sed, temo, veo (video). Diptongos: nieve = neve, pliego = plego (plico), riego = rego (rigo).

2: Hay muchos casos en que la i breve en igual caso no ha sufrido transformación ninguna. Ejemplos: arbitrio, discípulo, envidia, líquido, mijo (milium), mínimo, nítido, rígido, símil, tina, título, viuda (vidua), vicio, hechizo (facticius), ficticio, familia, maravilla, posible, terrible, marítimo, justicia, servicio, libro, lío, tigre, día, pío, estría.

III. I en posición debe considerarse como i breve. Por consiguiente, tendremos, por ejemplo:
cepo, crespo, cresta, letra, lengua, pez, seco, espeso, verga. Y, sin embargo, persiste (con más abundancia que la e breve delante de una consonante simple), delante de ll, n y s. Así: arcilla (argilla), brillar, mil, píldora, villa, cinco, cincho, finjo, quinto, extingo, arista, asisto, conquisto, epístola, fisco, ministro, mixto, triste.

O

I. -O larga permanece intacta: corona, don, flor, honor, leo, no, nono, nos, persona, pomo, como, sol, solo, voz, vos, voto, glorioso.

Excepciones. Algunas veces se convierte en el diptongo ne: cigüeña (cicónia), cuello (cóllo), consuelo (consolor), mueble (mobilis), huevo (ovum). Otras veces se convierte en u:
yuso (deorsum), nudo, nuedo, ar.c (nodus), octubre (october).

II. -O breve, delante de una consonante simple, se convierte en el diptongo ue. bueno, buey (bovem), cuece (coquit), duende (domitus), duele, fuego, fuero (forum), fuera (foras), juego (jocus), jueves (jovis), luego, muele (molit), mueve (movet), pueblo (populus), ruega (rogat), rueda, escuela, suegro, suelo, suele, sueño, vuela (volat), hijuelo (filiolus).
En el castellano antiguo abundan muchísimo los ejemplos de esta transformación.


III. -O en posición delante de l, m, n, *, s, se transforma en ue. Ejemplos: cuelgo (colloco), cuello, fuelle (follis), muelle, suelto, vuelvo, dueño (domnus), sueño (somnus), cuento (computo), luengo, fuente, puente, encuentro (de contra), cuerda (chorda), muerte, puerta, suerte, fuerte, huerto, tuerto, duermo, cuerno, cuerpo, cuervo, huérfano (orphanus), huesa (fossa), hueste, nuestro, hueso (ossum), pues (post). Excepciones: monte, torno.

A menudo, para facilitar la pronunciación, se elide la u delante de una consonante simple: estera (storea), fleco (flocus), frente (frontem). También se cambia directamente la o en u: cumplo (compleo), pregunto (percontor), tundo (tondeo).

U

I. -U larga persiste siempre, casi sin excepción. Agudo, bruma, bruto, búho, crudo, cuyo (cujus), cuba (cupa), cura, duro, humo (fumus), huso (fusus), confuso, húmedo, julio, junio, luz, lunbre (lumen), muro, música, mudo, nube, nudo, nutro, pluma, prima, puro, escudo, seguro, espuma, sudo, consumo, uno, útil, uva, futuro, virtud. Como excepción, la u se convierte en o algunas veces: copa, odre.

II. -U breve delante de las consonantes simples, se convierte en o. Ejemplos: cobre (cuprum), gola, joven (juvenis), logro (lucror), lobo (lupus), lodo (lutum), pozo, podo, sobro (supero).

U breve en la sílaba antepenúltima originariamente, y en otros casos, persiste en su misma naturaleza: cúmulo, fluido, número, lluvia (pluvia), cuño (cuneus), dudo (dubito), huyo (fugio), rujo (rujio), cruz, gula, yugo, rudo.

El diptongo ue aparece como resultado en algunas voces: cueva (cubare, en una carta del año 1075, Esp. Sag. XXVI, 460), nuez (nucem), nuera (nurus).

III. -En posición, la o representa por lo común a la u. Bola, colmo, hondo (fundus), gota, lomo (lumbus), plomo (plumbum), rojo, torre, donde.

La u subsiste como antepenúltima y como penúltima, delante de muchas consonantes, particularmente de ch, ug y ñ. Ejemplos: cúspide, rústico, escucho (ausculto), cumbre (culmen), culpa, culto, curso, dulce, duplo, fruto, gruño (grunnio), gusto, justo, lucho (luctor), mucho (multus), mundo, nulo, puño (pugnus), purgo, turbo, azufre (sulphur), mijo, uña (ungula).

Y (y)
Las formas castellanas de esta vocal griega son las siguientes:

1, e, como en sesto (*), consejo (*).

2, o, principalmente en las palabras que los romanos recibieron directamente de los griegos; v. gr.: bolsa (*), torzo (thyrsus), tomillo (thymum), onza.

3. Sin variación alguna; ejemplo: gruta (crypta), tufo (*).






DIPTONGOS.

El latín ha transmitido pocos de sus diptongos al castellano. Desde la más antigua fecha estos sonidos dobles comenzáronse a transformar en sonidos simples: algunos, como ai, oi, ei, habían caído ya en desuso en los tiempos en que principiaron las guerras civiles. Ae y oe, procedentes de ai y oi, persistieron en la lengua culta hasta los siglos III y IV. El castellano es rico en diptongos; pero no por herencia del latín, sino por adquisición propia, por génesis espontánea.

AE OE

El primer diptongo se transforma en ie, e, i. Ejemplos: cielo, ciego, cieno (caenum, coenum), griego, quiere (quaerit), heces (foeces), heno (faenum), tea (taeda), tedio, Galicia (Gallaecia), judío, siglo, sieglo.

El griego *, se transforma en a, no en e.
El segundo diptongo, cuando no puede confundirse con el primero, se transforma directamente en e, sin el intermedio ie: cena, hembra, pena.

AU

Al lado de este diptongo se halla en latín la forma condensada o: así, aurícula y orícula, cauda y coda, caulis y coles, caupo y copo, claudere y clodere, taurus y torus, estaban más o menos simultáneamente en uso. Festo dice que en muchas palabras la o no se usaba más que en el campo.

En castellano aparece el mismo fenómeno. Los dos sonidos, el diptongo y la vocal, se han conservado a la par: el uno en una parte, el otro en otra; de donde se concluye que la vocal simple no fué, con exclusión del diptongo, transportada del Lacio a las provincias, sino que corrientemente se usaba en la lengua popular.

La forma que prevalece de una manera predominante en el castellano es la simple, no siendo tan frecuente la au. Ejemplos: oigo (audio), oro, oso, cola (cauda), col, cosa, coto (cautum), hoz (faux), joya (gaudium), poco, pobre, poro, ronco (raucus), toro, tesoro, aura, austro, causa, claustro, fraude, lauro, laurel, pauso, restauro.

Algunas veces la u del diptongo se convierte en las consonantes l, b, p: calma (*), Pablo (Paulus), abdencia, cabsar, cáptela, arcaicos.

EU UI

Perseveran ambos en muchas voces sabias y geográficas en particular: Europa, neutro, reúma, fui.

VOCALES ÁTONAS.

Si las vocales tónicas subsisten o se modifican, según leyes fijas y determinadas, no pasa esto con las vocales átonas, más bien sujetas al imperio del azar o del capricho. Estas no tienen en castellano más que un valor numérico; la naturaleza de la letra importa poco; su resistencia es la que principalmente importa: por esto son susceptibles de las metamorfosis más diversas. Apuntarlas todas sería una tarea larga, casi imposible, porque sería necesario apuntar innumerables hechos particulares, que no tienen enlace entre sí ni se sujetan a leyes generales. No obstante, algunos fenómenos necesitan mención especial, y otros más importantes detallado análisis.

La vocal átona puede ser simplemente vecina de una consonante, o formar un hiato con otra vocal; y como estas diferentes posiciones obran distintamente sobre ella, conviene estudiar en particular y por separado cada uno de estos casos.

1: -VOCALES ÁTONAS FUERA DE LOS CASOS DE HIATO.

Primeramente hay que distinguir los casos en que están colocados antes de la sílaba tónica o después de ella.

1: Antes de la sílaba tónica. En este caso, la vocal átona sufre muchas transformaciones, bastante arbitrarias, en las cuales la cantidad no tiene importancia alguna. Es de notar, sobre todo, esta confusión en la sílaba que principia la palabra. En ella hay preferencia marcada por la a, la cual se sustituye ala e o i, sin duda porque aquella letra se produce más naturalmente en los órganos vocales antes del esfuerzo decisivo que necesita la sílaba tónica. Ejemplos: ayuno (jejunium), balanza (bilaux), galardón (widarlón, alto alemán), sargento (serviens).
La e sustituye a la i latina átona, o convertida en átona, siempre que la sílaba siguiente contiene una segunda i átona: la causa es la eufonía, que no consiente dos i i inmediatamente pronunciadas. Ejemplos: Cecilia, arc. (Sicilia), ceniza (cinis), ceñir (cingere), cetrino (citrens), colegir (colligere), concebir (concipere), constreñir (constringere), corregir (corrigere), decir (dicere), envidia, encina (ilicina), enemigo (inimicus), Felipe (Philippus), freir (frigere), hebilla (fibella), henchir (implere), mestizo (mixticins), reír (ridere), reñir (ringi), sencillo (simplicellus), teñir (tingere), vecino (vicinus). Excepciones: la i persevera a menudo, sobre todo en las voces poco populares: afligir, dirigir, escribir (escrebir, arc.), extinguir, fingir (fenjir, arc.), imprimir, recibir, redimir (redemir, arc.), vivir (vevir, arc.) -Viceversa, la e primitiva, cuando la sílaba siguiente tiene ie, está reemplazada por i: cimiento (caementum), simiente (sementis), tinieblas (tenebrae), mintiera, sintiese y demás tiempos semejantes de la conjugación.

2: Después de la sílaba tónica, en la proparoxiton, la vocal siguiente inmediata (i o u por lo común) desaparece. Obra (opera), puesto (positus), ojo (oculus). Este fenómeno frecuente e interesante no debe extrañar en el castellano, si se considera que en la lengua madre en muy antiguas inscripciones se lee dedro por dedero, Lebro por Libero, fect por fecit y otras formas; y la prosa clásica y el estilo poético ofrecen estos ejemplos: ardus (arid.), carte (arrite), circlus, opra, periclum, poclum, porgo, postus, saeclum, spectaculum.

La suerte de las vocales átonas finales será particularmente estudiada en la parte segunda. De la flexión, al tratar de la conjugación. Baste decir ahora que la a, i, o, persisten generalmente; pero que la u se transforma en o: casa, fuerte, fácil, orden, amo, bueno, caballo.

2° -VOCALES ÁTONAS QUE FORMAN HIATO.

El castellano procura siempre con empeño evitar el encuentro de dos vocales en dos sílabas distintas de una palabra, o sea el hiato originario, ya por elisión, ya por atracción de la primera vocal, ya por contracción, ya, en fin, por la introducción de una consonante. La existencia del hiato está a veces
indicada por una h colocada entre las vocales: ahí, ahina, arc. ahullar, vihuela.

Los tres casos de hiato más importantes son los siguientes: el hiato en las palabras átonas; el hiato que resulta de una composición latina o castellana, y el hiato producido por la caída de una consonante castellana.


I - HIATO ORIGINADO EN LAS PALABRAS SIMPLES.

1.° Si la primera vocal es tónica, el hiato se destruye con dificultad, y es, por lo tanto, frecuente. Sin embargo, algunas veces se obtiene: a), por la inmixtión de una consonante, como, por ejemplo, de v después de u -o: llover (plueve), y por la intercalación de una y castellana: escarabajo (scarabacus); b), por elisión, pared (parietem), dos (dúos); c), por cambio del acento para formar un diptongo: Dios (Deus).

2: Si el acento no está sobre la primera de las vocales, y ésta es i, e, u, la destrucción del hiato es más fácil y se nota frecuentemente.

A. -Trataremos primeramente de las combinaciones que comienzan por i, e, pues las dos vocales son aquí equivalentes, o más bien, la e tiene el valor de la i. Los romanos las confundían frecuentemente en las desinencias eus, ius; sus gramáticos emplean alleum, doleum, palleum, sobreus, por allium, etc. En las inscripciones se lee dolea por dolia, filea por filia, y viceversa abias por abeas, vinia por vinea. Vosio cita tinia por tinea. En los casos en que la vocal i (comprendiendo en ella también la e), se modifica por sinéresis en i consonante, esto es en j, nosotros la llamaremos, para abreviar, i paladial. La contracción de los grupos disílabos ia, ie, io, ea, eo en una sílaba, era ya usada por los poetas romanos. El castellano ofrece numerosísimos ejemplos de esta índole. La pronunciación de la i paladial depende, por otra parte, de la naturaleza de la consonante precedente: el paso a las guturales g o c es también frecuente.

a) Líquidas con i paladial.
Después de L: Batalla, maravilla. La forma dominante es j aspirada: ajeno (alienus), ajo, ceja (cilium), consejo, hijo (filius), mijo (milium), mujer, paja, salga (saliam), valga, y los casos semejantes de la conjugación. Bataja, meravija, son voces anticuadas del Poema de Alexandro y del Fuero Juzgo.

Después de N: Baño, caloña = calumnia, campaña, cuño, engeño (arc.), España, viña; con aspiración: extranjero (extraneus), granja (granea).

Después de M la i permanece vocal: blasfemia (blasphemia).

Cuando la R precede a las átonas ius, ia, ium, de donde nacen los grupos ari, eri, ori, uri (us), la i es atraída por la tónica y forma con ella un diptongo, o se consonifica o se elimina. De ari rara vez se produce air en castellano, como donaire (donarium); generalmente se convierte en er, esto es, el
diptongo ai se simplifica en e; ejemplo: caballo, carcelero (carcerarius), enero (januarius), primero. Del grupo eri se produce la misma forma: madera (materia). El grupo ori se diptonga, como en cuero (corium). El uri se convierte en uer por la transición uir: agüero (augurium), Duero (Durius), huero (*g), salmuera (muria). Apócope: lavador (lavatorium).

b)
Silvantes (silbantes) con i paladial.
Después de S, T, C, la i desaparece o se vuelve muda, y la consonante conserva su pronunciación usual. Esta regla sufre importantes excepciones.
Después de S. Ejemplos: Blas, por atracción; beso por baiso (basium), queso por caiso (caseus), faisán.

Después de T. Ejemplos: Avestruz (avis struthio), dureza (duritia). Marzo, plaza, pozo, razón, tizón: j en ajenjo (absinthitum).
Después de C (ch, que). Ejemplos: brazo, calza, haz (facies), hechizo (facticius), meuaza, arc.

c) Después de las consonantes suaves y de la v, la j paladial tiene la pronunciación de y griega, sincopando la consonante que la precede.

Después de D. Ejemplos: poyo, rayo,
yornada, (arc. jornada).

Después de G. Ejemplos: ensayo, haya (fagea).

Después de B. Ejemplos: sage, arc. La j en g en la conjugación:
oygo (oigo, audio).

Después de V. Ejemplos: greuge (gravium, bajo latín greugia), ligero, sargento.

d) Después de la P fuerte, la paladial suave se vuelve fuerte. Ejemplos: pichón, reprochar.

Hay que añadir que las reglas expuestas hasta aquí, de ninguna manera se aplican a todas las palabras: tenemos muchas, sobre todo entre las que son poco populares o modernas, que conservan su forma latina. Ejemplo de esta observación son las palabras de doble forma que posee el castellano o las comparaciones entre palabras arcaicas y modernas de una misma raíz y significado.

B. -En la u átona, cuando tiene la posición arriba indicada, hay ejemplos de transposición o de atracción: viuda, vibda (arc.), sopo, supo, hobo, hubo (habuit, haubit).
Elisión: atrevo (altribuo), coso (consuo), muerto (mortuus), bato (batuo), contino (
continuo, continuus).

II. - Hiato que proviene de la composición. Ya sea ésta latina, ya sea romance, el hiato desaparece por elisión. Antojo (ante oculum), cubrir, dende (de inde), dorar, telaraña (tela aranea). En las palabras modernas el hiato persevera más fácilmente: coetáneo, entreabrir, maniobrar, preexistir, puntiagudo, reanimar.

III - Hiato por desaparición de la consonante. Al sincoparse ciertas consonantes cuando están entre dos vocales, se producen casos de hiato que no siempre tolera la lengua anulándolo, ya por contracción, ya por intercalación de otras consonantes: ver de veer (arc.) -Después de u, o, a, se interpone en algunos casos de hiato la b o la v: cobarde, clavo, bravo, frívolo, pavón.

Cuadro de las vocales y diptongos latinos con su correspondencia castellana, según las reglas principales ya expuestas.

A -a
E -larga a / breve ie / en posición e, ie
I -larga i / breve e / en posición e, i
O -larga o / breve ue / en posición o, ue
U -larga u / breve o, u / en posición o, u

AE = e, ie
OE = e
AU = o






CONSONANTES

La fonética clasifica las consonantes en simples, dobles y combinadas o múltiples.
Es considerada como simple, por lo menos cuando es inicial, aquella consonante a la que sigue la semivocal r, siquiera haya casos en que este grupo deba clasificarse entre las consonantes múltiples. En estas hay que contar, no solamente las combinaciones de dos o más consonantes, que ya existen en latín, sino también las que se han formado en castellano, por la desaparición de vocales originarias. Cuando en ellas hay dos consonantes desiguales, desaparece la primera.
Más adelante pondremos los ejemplos. Si por la desaparición de una vocal resulta un grupo de tres consonantes, y la del medio es una muda o una f, estas últimas desaparecen, y sólo pueden persistir entre dos líquidas: etu, pectinare= peinar. Hay, sin embargo, muchas excepciones. La fonética, sobre todo, estudia lo concerniente al sitio de la consonante en la palabra, estableciendo sus leyes según que sea inicial, media o final.
Estudiaremos primeramente las líquidas, y a ellas añadiremos o asociaremos la nasal labial m y la nasal dental n, y además las mudas. Para estas últimas invertiremos el orden indicado en el alfabeto griego, ß, y, ó, porque las dentales están más cerca de las líquidas l, n, r. Las silbantes las distribuiremos entre los diversos órganos. El orden será, pues: l, m, n, r; t (th), d. y, s; c (ch), que,
g, j, h; p, b,f (ph), v.

L
1. Las permutaciones de la l en letras de la misma naturaleza, son frecuentes:
a). En r. Inicial: ruiseñor (luscinia). Media: caramillo (calamus), lirio (lilium). Muy frecuente cuando a la l sigue otra consonante: surco (sulcus). -b). En n Inicial: nutria (
luha, lutra? *), nivel (libella). Media: encina (ilicina), mortandad (mortaldad). -c). En d: almidón (amylun).

2: La l inicial desaparece muchas veces por confusión con el artículo: onza (lyncem).
Por la misma razón se junta o se incorpora la l algunas veces a las vocales iniciales de las palabras.

3 .° La l, como la r, está sujeta a frecuentes transposiciones: olvidar (oblitare), silvar (sibilare), milagro (miraculum), palabra (parabola), peligro (periculum).

4.° La l media se duplica o refuerza, aunque no es frecuente: camello (camelus), muelle (moles), pella (pila), querella. En el dialecto catalán es frecuente, sobre todo, en la l inicial. En el castellano antiguo abundan los ejemplos.

5.° Cuando a la l sigue otra consonante y la precede a, la primera se elide de ordinario, y la vocal se convierte en o. Ejemplos: coz (calx), escoplo (scalprum), hoz (falx), otero (altarium), otro (alter). En el grupo lt, precedido de u, nuestra lengua pronuncia ui o uch: buitre (vultur), mucho (multus).

Ll. -Este sonido doble corresponde al simple latino: arcilla, bello, bullir, caballo, cuello (collum), ella, estrella (stella), fallecer, gallina, grillo, meollo (medulla), muelle (mollis), pollo (pullus), centella (scintilla), silla (sella), valle, vasallo, villa.

LR. -Intercala una d eufónica: valdré por valere.

LC. -Véase C.
LM. -Véase M.
NL. -Véase N.
RL. -Véase R.



TL, CL, GL, PL, BL, FL.
1° Estos grupos tienen particular importancia, porque en las voces de uso más vulgar ya modifican en gran manera el sonido originario, ya lo borran por completo. CL, PL, FL, se convierten en Ll: llamar (clamare), llave (clavis), llaga (plaga), lleno (plenus), llano (planus), llorar (plorare), llama
(flamma). Algunas veces ch: chato (*g, platt). Casos de desaparición de la muda delante de r: lirón (ghrem), lacio (
flácido, flaccidus). La forma dominante de la media (tl, cl, gl, pl) es j: almeja (mytilus), viejo (vetulus), abeja (apicula), corneja (cornicula), grajo (graculus), hinojo (foeniculim), lenteja (lenticula), ojo (oculus), oreja (auricula), teja (tegula), manojo (manipulns). La forma de la media bl y fl es ll: chillar (silbar, sibilare), sollar, arc. (sufflare). En muchos casos los citados grupos se convierten en ch: cachorra (catulus), cuchara (cochlear), espiche, prov. (spiculum), hacha (facula), mancha (macula), ancho (amplius), henchir (implere), hinchar (inflar, inflare).

Otra modificación de estos grupos es el cambio de l en r: engrudo (gluten).

2: A pesar de las reglas citadas, la forma latina resiste con bastante frecuencia a toda modificación: clamor, clemente, plebe, gleba, blando, flagelo, claro, clavo, placer, flojo, flor, clamar.

M

1.° Esta letra se transforma accidentalmente: a) En su vecina n. Inicial, cuando la sílaba siguiente contiene también una labial: níspero, nembrar, arc. (memorare). Este cambio de la m es más frecuente en las combinaciones mt, md. mph. b) Al cambio de la I en la muda vecina d, corresponde el de la m en b: bierven, arc. (vermis).

2: La final exige particular atención. Cuando la m tiene esta posición en latín, pasa a n en ciertos monosílabos: con (cum), quien (quem), tan (tam). En las voces no monosílabas, y particularmente en las bíblicas, usamos también n: Adán, Belén.

ML, MN, MR. -Estos grupos, procedentes de la elisión de una vocal, intercalan por lo común una b como elemento eufónico: a) ML: temblar (tremulare). b) MN, cambiándose la n en r: cumbre (culmen), hembra (femina), hombre (hominem), lumbre (lumen), nombre (nomen), sembrar (seminare), mimbre (vimen) . -MN, cuando forman grupo en su origen, permanecen intactas o experimentan la asimilación habitual de la m en n. Según Prisciano, la n, detrás de la m, tenía un sonido débil, lo cual parece contradecir la frecuente asimilación nn = ñ. Otoño, daño, doña, sueño, columna, coluna.
MT, MD se sustituyen por nt, nd: andas (amites), conde, contar, duende (domitus), senda (semita), lindar (limitare), lindo (limpidus), circundar.
MB. -Véase B.
MPH (griego) cambia casi generalmente m en n: anfibio, anfiteatro, linfa, sinfonía.
NM. -Véase N.
GM. -Véase G.



N

1.° La transformación de la n en otra líquida es frecuente: a) En l, en la inicial: Lebrija (Nebrissa); en la media, Barcelona (Barcinon), Antolín (Antoninus). b) En r: sangre (sanguinem), timbre (
tímpano, tympanum). Véanse otros ejemplos: en MN y NM. c) En m: mastuerzo (nasturtium), marfil (árabe nabfil), y particularmente delante de p, b, v.



2: NN conviértense en nj = ñ. Año, caña, cáñamo (cannabis), gruñir, paño, peña (pinna). Algunas veces también en la inicial simple conviértese en ñ. Ñuño (nudo, nodo, nodus), nublo (nublado, nubilum).

NM. -La N ya se convierte en l o r, ya desaparece: alma (ánima), mermar (minimare).

NR. -a) Así como la b se intercala entre m y una líquida, y la t entre s y r, de la misma suerte una d se intercala entre u y r, y l y r (Véase LR). Verifícase esto por lo general en el futuro de ciertos verbos: pondré, tendré, vendré. -b) NR están también invertidas: yerno (gener), tierno (tener).

ND. -Véase D.
NS (çn, nz) admite el síncope de la n: asa (ansa), costar, esposo, isla, mesa, mes, mostrar, sexo, tieso (
tenso, tensus), tras, Vicente.
NC-Véase C.
NG. -Si la N está seguida de a, o, u, delante de la gutural g, ésta y aquélla subsisten. Seguida de e, i, como entonces la g se convierte en j, ya toma la pronunciación romance, ya se convierte en lingual. Véase NG en la G.

MN. -Véase M.
GN. -Véase G.
PN. -Véase P.

R

1.° Es general la permutación de los sonidos linguales líquidos l, u, r. -a) R se convierte en L. Media: alambre (aeramen), ancla (anchora), Catalina, miércoles, plegaria (precaria), roble (robur), taladro (*g), templar (temperare), tinieblas (tenebrae). Final: cárcel, mármol, papel (papyrus), vergel (viridarium),
b) El paso de la u a r no es muy frecuente.
c) Tampoco lo es el de la r a d: pórfido (porphirus).

2 .° Las consonantes iniciales, sobre todo la t y la f, ejercen sobre la r especial atracción, no sólo cuando está en la misma sílaba, sino también cuando se halla en una de las siguientes. Esta atracción puede también ser ejercida por una consonante media. Ejemplos: fraguar (fabricare), ogro
(orcus), preguntar (percontari), trujal (torcular), yerno (gener). Pero algunas veces, por el contrario, la r también se separa de la consonante inicial: cocodrilo, corchete, escudriñar (scrutinium), pesebre (praesepe), quebrar (crepare).

3: La R desaparece algunas veces delante de j o ch: sobejo (
soberbio?, superculus), macho (masculus). Es muy frecuente cuando está detrás de una fuerte: canasta (canistrum), quemar (cremare), temblar (tremulare). Hay también caso de apócope, sobre todo en voces arcaicas: maese (maestre, magister), nueso (nuestro, noster).

RL. -La primera se asimila a la segunda en ciertos casos: hacello = hacerlo.

RS, como NS, experimenta el síncope de la líquida, ni más ni menos que en el latín.
Avieso (aversus), través (
transverso, transversum), oso (ursus),
RC. -Véase C.



LR y NR intercalan una d, como se ha visto al tratar de la L y N. El grupo RR, resultante de un caso de síncope, emplea a veces el mismo procedimiento.

MR. -Véase M.
NR. -Véase N.
TR. -Véase T.
DR. -Véase d.
SR. -Véase 5.
BN. -Véase B.

T, TH

I, ° En la th, como en la ch y ph, la aspiración desaparece; de donde se sigue que la th equivale a la fuerte misma en las palabras que el castellano ha recibido directamente del griego: tallo (thallus), torso (thyrsus). Inicial: t subsiste en todos los casos. Media: subsiste también en muchas palabras, de origen moderno casi todas: abeto (abietem), agitar, aparato, apetito, astuto, betún, bruto, grato, gritar (quiritare), habitar, incitar, infinito, irritar, margarita, meta, notar, planeta, poeta, quieto, recitar, refutar, secreto, seta, visitar, voto. Otras veces, y es lo más general, se trueca por la suave: agudo, amado, condado, dedo (digitus), emperador, lodo, madre, miedo, mudar, padre, rueda, saludar, sentido, espada, estrada, todo, vida. Ejemplo de síncope: trigo (triticum). Final: cambiase la fuerte por la suave, como en la media: abad (abbatem), ciudad (civitatem), lid, red, sed (sitis), salud, virtud, amad (amate); algunas de estas voces anticuadas conservan la t.

2: Delante de i, e átonas, seguidas en la misma sílaba de otra vocal, t se convierte en c o y:
gracia, nación, palacio, dureza, cazar.
Véanse en el capítulo del hiato otras formas ya indicadas, que ha tomado este grupo.

T delante de i tónica, seguida de otra vocal, al menos en las palabras griegas, obedece a la misma ley fonética: profecía, democracia, aristocracia, Milcíades, Macías. Alguna vez también tiene esto lugar sin la presencia de la segunda vocal: gonce.

El grupo TT no se transforma en letra suave. Ejemplo: gato, glotón, gota, cuadro, saeta.
TL. -Véase L.
TR medias. -Algunas veces se transforman en la suave: padre, madre, ladrón, cedro (citrus).
TC-Véase C.
MT. -Véase M.

ST (çt), en medio de las palabras, se transforma en j o y. T final desaparece. Decíase ya en Roma: pos legem, pos te, posquam. Ejemplos: dejar (desitare), quejar (questare), ujier (ostiarius), rezar (recitare), Ecija (Écija, Astigis), es (est), pues (post), Jerez (Asta Regia), Zúñiga (Stuñiga).

ST iniciales. -Véase S.
CT. -Véase C.
PT. -Véase P.
BT. -Véase B.


D

1.° D inicial permanece. Media, entre dos vocales, muchas veces desaparece. Ejemplos: aojar, bayo, caer, creer, hastío (fastidium), feo (foedus), fiel, hoy (hodie), juez, loar, meollo, oír, porfía (perfidia), poseer (possidere), poyo (podium), raíz, roer (rodere), tea (taeda). Muchas de estas voces, en su forma anticuada, conservan la letra originaria.
-D final desaparece: fe, pie; excepción, merced; pero no cuando subsiste la vocal final: sede.

2: Así como la t delante de la i paladial se convierte en y = ts, así también la d se convierte en
y = ds: bazo (badius), orzuelo (hordeum), vergüenza (verecundia). Ya en el latín de la decadencia se halla esta corrupción, pues se pronunciaba el griego * *, za, ze, zabolus por diabolus, zaconus por
diaconus, etc.

3: El cambio en l, n, r, es frecuente: a) En l: cola (cauda), esquela (squeda), melecina, (arc.), Gil (Aegidius). -b) En n: palafrén. -c) En r; lámpara (-da).

DI, DV observan la ley de la bj y bv: ayudar, avenir,

MD. -Véase M.
ND. -La d desaparece en muchas palabras: Blanes, nombre de lugar (Blanda), Gerona (Gerunda), manar, arc. (
mandar, mandare).
GD -Véase G.
PD. -Véase P.
y

Este sonido compuesto (ds con s suave), se reemplaza por d, a causa de la r que le sigue, en casos como sidra (sicera). En otros casos, por g paladial: gengibre (zingibere).
S
Esta letra la pronunciaban los latinos duramente cuando era inicial, y también cuando media, después de consonantes (excepto después de n); suave entre las vocales; sorda y vibrante al final, especialmente en la antigua lengua popular, donde acabó por borrarse en estos diversos tonos. En castellano moderno no hay diferencia en su pronunciación, cualquiera que sea su posición en la palabra.

1 .° Se transforma a veces en x =j. Ejemplos: jabón (sapo), Jalón, río (Salo), jarcia, Játiva (Setabis), Jenil (
Genil, Singilis), jerga, jeringa, Castro -Jeriz (Castrum -Sirici), baja (bassus), cejar (cessare), Lebrija (Nebrissa), pájaro, vejiga.

2: La s se cambia también en y, c, ch: zafir, zueco, zócalo, azufre (sulphur), zurdo, almuerzo, rozar (rosus), cedazo (setaceum), cendal (sindon?), Cerdeña (Sardinia), cerrar (sera), Cervantes (Servandus, según Cabrera), acechar (assectari), decir (desidere), Córcega (Corsiga), rucio (russeus), chiflar (sif.), chuflar, proverbio (suf fl.), chusma (*g*).

3: Hay voces, muy pocas, en que de s o g proviene r: orma (*g).

4.° ST, SC, SP. -Al comienzo de dicción, toma en castellano una e inicial, añadiéndose una sílaba de esta manera: estar, escribo, espero, estática, esclerótica, esperma.
SM corre la misma suerte en las palabras que proceden del griego: esmeralda (*g), esmeril (*g)

S media, después de consonante, no admite vocal precedente: abstraer, constreñir, inspirar.

RT medias. -Véase T.
SC medias. -Véase C.
NS. -Véase TV,
RS. -Véase R.
CS. -Véase C.
PS. -Véase P.
BS. -Véase B.

C, CH

La aspirada tiene el mismo valor que la fuerte. Según la letra vocal que sigue a la c, ésta tiene un sonido gutural o un sonido paladial o silbante.

I. -1.° Delante de a, o, u; o de una consonante o siendo final, la c es gutural sin subsistir constantemente como fuerte. C inicial subsiste comúnmente. Sin embargo, hay ejemplos de suave análogos al latín: gobius (*g), grabatus (*g), gummi (*g). Cuando le sigue una r o una l no influyen nada para casos semejantes: graso (
craso error, crassus), greda (creta), gato, gavia.

C media, seguida de vocal, experimenta la misma suerte que la t: truécase frecuentemente por la suave, como en el latín: negotium (nec otium), Saguntus (*g), y muchas voces de la baja latinidad. Ejemplos: agrio, amigo, embriago, ciego, digo, dragón, higo (ficus), fuego, lago, lágrima, luego, Lugo (Lucus), magro, Málaga (-ca), migo (mecum), miga, Miguel (Michael), milagro (miraculum), anegar, pagar, pega (pica), sagrado, segar, siglo, segundo, seguro, espiga, estómago, trigo (triticum), berruga -
verruga, vejiga. La letra fuerte ha resistido solamente en un corto número de palabras: saúco (sambucus), secreto (segredo, arc.), poco, caduco, opaco, cloaca, y en las que tienen las terminaciones ico, ica, icar: médico, rústico, música, aplicar, implicar, indicar, justificar.

La C desaparece o se sincopa en la desinencia icar, en el siguiente caso: emplear (implicare).

C final desaparece: di, ni, sí. Pero en castellano antiguo conviértese en n en las partículas nin, sin, y la c media parece seguir la misma regla: ansí (así, aeque, sic). Enteco, de hecticus, puede servir también de ejemplo.
2: El grupo originario ca (cca), conviértese en ch; muchas veces, cuando es inicial:
chantre, chanzoneta, chapitel. Media: bachiller.
Hay muchas excepciones. Aspirada: jefe.

II -1.° Delante de e, i, ae, oe, la c latina ha perdido en castellano casi completamente su antigua pronunciación gutural, convirtiéndose en s. También desaparece el sonido gutural cuando precede otra consonante a la c. La c final se sustituye por consonantes análogas: cerviz, diez.

2: A veces la gutural primitiva está representada por otras silbantes o paladiales.
La ch es más frecuente que la y: zarzillo (circellus), chicharro (cicer), chico (ciccum), chinche
(cimicem), corcho (corticem), marchito (marcidus).

3: La ch latina delante de las vocales suaves, es c en algunas voces como: Celedonia, cirujano, arzobispo (arçobispo), brazo (braço). -En las inscripciones romanas léese: bracuum, y en algunas cartas senodocium y sinedocio, años 648 y 757.



CC. -Boca, chico (ciccum), flaco, moco, pecar, saco, seco, vaca. Delante de e, i, esta doble consonante, cuando persiste en castellano, la primera conserva al mismo tiempo el sonido gutural: accesión, accidente.

CL. -Véase L.
CT. -La asimilación es menos frecuente que la subsistencia de este grupo: abstracto, acto, activo, directo, docto, doctor, efecto (efeto, arc.), fruto, matar (mactare), octubre (otubre, arc.), olfato, junto, llanto (plauctus), santo, aflicción (aflción, arc.), facción (fación, arc.)
La resolución de la c en i y n, formando diptongo, se ve en pleito (plectere), auto (
acto, actus), carauter, prov. (carácter, character). En las palabras más importantes la ch es la forma castellana de ct: derecho, dicho, estrecho (strictus), lecho, noche, ocho, pecho, techo, cincho (cinctus).

CS = X, -Subsiste a menudo este sonido, como en examen, exequias, eximir, sexo, máximo, y también delante de otras consonantes, como en extremo, sexto, texto. La asimilación se ofrece en muchas palabras, así delante de consonantes como de vocales: fresno (fraxinus), tasar (taxare), tósigo (
tóxico, toxicum), ansio (anxius). Otras voces prefieren la aspirada x = j: Alejandro, bujo o buxo (prov.), cojo, dije (dixi), ejemplo, tejer. Cuando una a precede a esta aspirada, se cambia en e: eje (axis), lejos (lexus), madeja (metaxa), mejilla, tejo (taxus). En la primera sílaba de la palabra,
algunas veces se propone a la x = j una u: enjambre, enjemplo (
ejemplo, arc.), enjundia (axungia), enjugar (exsuccare). Ejemplo de la resolución de la c de este grupo delante de s: seis (sex).

LC, NC, RC, TC, DC-Es frecuente el paso de la fuerte gutural a la paladial suave y a la aspirada.
-a) LC, delgado. -b) NC (que proviene a menudo por síncope de ndc), manjar, monja (monacha).
-c) RC, cargar. -d) TC, hereje (
herético, hereticus), salvaje, viaje. -e) DC, juzgar.

SC medias delante de e, i, siguen casi idénticamente la regla de cs:
faja, fajo (fascis), peje; pero la forma habitual es c o y: conocer, crecer, haz (fascis), pacer, pez.
SC inicial. -Véase S.


que
1.° El sonido gutural subsiste delante de a, o, u, esto es, cuando la que es sonora. En otros casos desaparece. Ejemplos: cual, cuanto, cuatro, cincuenta, cantidad, catorce, nunca, escama (squama), como. La letra suave, en su lugar, es también frecuente: agua, yegua (equa), antiguo, igual, algo (aliquod), sigo (segnor).

2: Delante de e, i, en diferentes palabras en que la u ha debido convertirse en muda, que se pronuncia como la c castellana delante de las vocales. La u se pronuncia en las palabras modernas, como cuestión, consecuencia: de otra suerte es muda, como en querer, quitar. C o y, en acebo (aquifolium), cinco, torcer, cocer, lazo.

G

La suave ha seguido la suerte de la fuerte. La letra siguiente fija su valor.

I -1.° Delante de las vocales a, o, u, y delante de las consonantes, g persiste como gutural suave, ya se debilite o desaparezca como las otras suaves. Nada hay que decir de la g inicial. Media subsiste a menudo: castigar, fatigar, fuga, yugo, legar (legare), negro, plaga. A veces hay el síncope de esta letra, como en Calahorra (Calagurris), Loharre, liar (ligare), lidiar (litigare, elidiare), Mahón (Mago), entero, pereza (pigritia, pegricia, arc.)

2. Al cambio de la c en ch corresponde el de la g en j delante de a latina, siquiera sean raros los casos en castellano: jalde, joya.

3. En algunas voces a suave ha pasado a ser fuerte: Cádiz (Gades), Cinca (Cinga), cangrena -arc. (gangrena).

II -1.° Delante de e, i, la g despójase de su calidad de gutural suave y transfórmase en aspirada. Al fin de la palabra, cuando ha hecho desaparecer delante de ella las vocales decisivas e, i, la g acaba también por desaparecer, o está representada por una i = y: ley (leg-em), rey (reg-em).

2: Cambiase la g en c después de u o r: arcilla (argilla), encía (guigiva), recio (rigidus), uncir (jungere).

3: G seguida de vocal se diptonga, desapareciendo y debilitándose la vocal en ye: yema (gemma), yerno (gener), yeso (gypsium), leyenda (legenda). En otros casos la g desaparece completamente o está representada por h muda: encía (guigiva), Elvira (Gelvira, Geloira), hermano, hinojo (
foeniculum, en el libro aparece: geniculum).

4.° Los ejemplos de síncope de la g antes de e, i, abundan. Cuidar, dedo, ensayo (exagium), frío, huir (fugere), leer (legere), León (Legio), más, maestro, país, reina, saeta, veinte.

GU. -Argüir, extinguir, lengua. Sin u, sangre.
GL. -Véase L.
GM. -En muchas palabras desaparece la muda: llama, examen, jumento, aumentar, flema, pimiento. Otras la conservan: dogma, enigma, fragmento.

GN. -Toma las formas siguientes: a) Transposición fonética suave: pugna, tamaño. -b) Idem sin metátesis: reyno (
reino, regnum). -c) La desaparición de la g casi no se produce más que en las sílabas átonas y en la final: conocer, desdén (dignius).

Gd. -La g cámbiase en l o n: esmeralda (esmeragda, arc.), almendra.

NG. -Cuando está seguido de a, o, u, no da lugar a ninguna observación. Seguido de e, i, acontece lo siguiente: a) Permanece, como en fingir. -b) Se verifica una suave degeneración fonética, como en unir (jungere), plañir, reñir (ringi), ceñir (cingere).

J
Este sonido, que en la historia de nuestra lengua fluctúa entre consonante y vocal, ha conservado su antiguo valor, y ha tomado también otro nuevo, sin que la vocal siguiente haya ejercido sobre él ninguna influencia.

1.° La j primitiva se encuentra como semivocal, al modo de la j alemana, con j en Yago (Jacobus), ya (jam), yugo, ayudar, ayunar (jejunare), ayuntar (adjuntare), cuyo, mayo, raya (raja), yoglar, arc. (joculare), deyecto (dejectus).

2. ° La j desaparece en aullar (ejulare), echar (jactare o ejactare), enero (januarius), uncir (jungere).

DJ. -Véase D.
B.J-Véase B.
H

El latín aspiraba todavía fuertemente esta letra: profundo spiritu, anhelis faucibus, exploso ore fundetur, dice Mario Victorino. Pero ya en la época clásica era incierto su uso. Y sobre todo en la escritura lapidaria es donde se emplea u omite con la mayor arbitrariedad, escribiendo ic, oc, aduc, eredes, oris, onestus, omo y hac en lugar de ac, hobitus, hornamentum. Muchos documentos en que el uso caprichoso de esta letra se ve en aumento, atestiguan la verdad de que, inmediatamente después de la caída de Roma, la h se convirtió en un signo sin valor. Entre nosotros la h es también letra inútil y sin sonido, salvo en rarísimos casos. El espíritu áspero es también en griego moderno un signo mudo.

Tiene tan poca vitalidad la h, que apenas ofrece ejemplos de transformación fónica. En la ortografía de la baja latinidad, michi por mihi, nichil por nihil, así como en español aniquilar (annichilare), demuestran que la h es igual a ch, como ésta a que, para prevalecer y no ser anulada la primera de estas letras.

P

I .° La p inicial no se convierte en suave más que raras veces: verdolaga (portulaca).

La p media se transforma en la suave b: abeja (apicula), cabestro, cabo, cabra, cebolla, recibir, cubrir, cuba, obispo (episcopus), lebrel (leporarius), lobo (lupus), obra, pobre, pueblo, saber, sabio, sabor, soberbio, sobre. La fuerte subsiste en las palabras de moderno origen o procedentes del italiano: capital, copia, discrepar, disipar, participar, estúpido, estupro, vapor, capitán, caporal, apio, copla, copia, manopla, papa, pipa, propio.

2: La p rara vez se cambia por f: golfo (*g), trofeo (tropaeum).

PP. -Cepo, copa, lampazo (lappaceus), mapa, popa, estopa, suplicar, Filipo.
PL. -Véase L.

Los grupos iniciales PN, PT, PS pierden de ordinario la primera letra: neuma (pneuma, *g), tisana (ptisana), Tolomeo (Ptolomaeus), salmo (psalmus).

PT media. Esta combinación está sujeta a la asimilación de la p, o a la resolución de esta letra en u, por el paso de la p a b = u. Ejemplos: atar (aptare), catar (captare), gruta, malacho, prov. (alto alemán malatsch, maletsch), meta (napta, desde el siglo VIII, por neptis), escrito, siete, seto (septum). P = b = u: bautizar, cabdal = caudal (capitalis), cabdillo = caudillo (capitellum, con cambio de sentido), cautivo (captivus), Ceuta (Septa). Algunas veces la combinación pt media subsiste en castellano: captar, óptimo, rapto, ruptura.

PD está sometida a la síncope de la p: aturdir (extorpidire), codicia = cobdicia, arc. (cupiditia).

PS media y final, se resuelven en s o x. Ejemplos: caxa = caja (capsa), ese (ipse). -PS subsiste en las palabras técnicas: elipsis. SP. -Véase S.



B
Inicial, persevera. Media se suaviza muchas veces en v, y en este caso su desaparición o síncope no es rara. Ejemplos. B suave: beber, caballo, escribir, tablas, probar, haber, labrar. V: maravilla. Síncope: codo (cubitus), hediondo (foetibundus).

2: Cambio de la b en otras labiales: a) En f; escofina (scobina). -
b) En m: cáñamo (cannabis), trementina (terebinthinus), Norma (Norba).

BL y BR experimentan a veces la resolución de la b en u, como en griego *g = *g, faular, arc. (fabulari), paraula, arc. por interversión palabra (
parabola).

BT como pt. -Ejemplos: sota en composición, soterrar (
enterrar), sutil, dudar, beodo (bibitus), deuda, raudo (rápido, rabitus), como en bd.

BS subsiste, o se asimila a la p, o se resuelve en us. Ejemplos: esconder, escuro = obscuro = oscuro, absolver, abstenido, obsceno, obstar, sustancia = substancia, ausente (absens).

BI, BV. -Tiene lugar a veces la asimilación de la primera: sujeto; pero subsisten con frecuencia: objeto, obviar.

MB. -A menudo desaparece la segunda consonante. Ejemplos: lamer (lambere), lomo (lumbus), paloma (palumba,
colom -columbus), plomo (plumbum), Xarama (Jarama, Saramba).

F, Ph

La diferencia fonética que reina en latín entre la f y la ph, desaparece completamente en castellano: ph tiene la pronunciación de f y como tal se escribe.

1: El más importante de los accidentes de la f es su conversión en h delante de vocal, al principio de la palabra y rara vez en medio. En este caso la f pierde el elemento labial que posee, para convertirse en una simple aspiración que, por lo general, no es sensible. Ejemplos: haba, hablar (fabulari), hacer, hambre (fames), harto (fartus), haz (facies), hender (findere), herir, hierro (ferrum), hijo (filius), hilo, hoja (
folio, folium), hondo, horca (furca), horma, horno (furmus), hostigar (fustigar, fustigare), huir (fugí en chapurriau, fugere), humo, hurto. En medio de dicción no es común más que en los compuestos: sahumar (suf -fumare), Sahagún (Sant -Fagunt). Esta h no existe en el castellano antiguo, que escribía y decía faba, fablar, facer, etc. El castellano de hoy, a pesar de lo indicado, tiene también muchos casos en que conserva la f, como en fácil, falso, faltar, fama, familia, favor, faja, fe, feliz, feo, fiero, fiesta, fiel, fin, firme, fijar, fué, fuego, fuente, fuera, fuerte, fuga, fumar, furia, etc. En unos casos la brevedad de la palabra ha impedido sin duda el paso a h, como en feo, fin, fué; en otros ha sido causa la necesidad de distinguir los varios sentidos de las voces, como en fe, fiero y fiel, que pudieran haberse confundido con he (habeo), hiero (ferio) y hiel (fel). Hay casos en que el castellano también admite dobles formas: falda y halda, faz y haz, fibra y hebra.

2: Paso de la f a otras labiales. Ejemplos: a) En b inicial: busto (fustis?); media: ábrego (africus), Cristóbal
Colón (Christophorus Columbus), cuévano (cove, covec en chapurriau, cophinus), Esteban (Stephanus), rábano (raphanus), trébol (trifolium : tres hojas).
-b) En p media: diptongo, golpe, soplar, zampoña, púrpura (*g).




3: Ejemplos de síncope: desollar, conhortar, rehusar por refusar.

FF. -Existe en casi todos los compuestos, aunque con un sonido más suave: diferir, sofocar, ofender.
FL. -Véase L.

V

V inicial tiene menos estabilidad que las mudas, pues frecuentemente se cambia en un sonido más fuerte. Media, persiste en muchas palabras de uso frecuente: cava, favor, frívolo, grave, lavar, nativo, nave, nuevo, pavón, pavor, privar, saliva. Cuando la v está entre dos vocales, se sincopa: hoya (fovea), friolero (frivolus), vianda. Alguna vez se produce la síncope precediendo consonante a la v, resuelta antes en u: Gonzalo (-aluns), polilla (de pulvis).

1.° El latín confundía la b con la v, sobre todo desde principios del siglo IV. Adamantius Martyrius hizo una disertación especial sobre el verdadero empleo de las dos letras; pero él mismo erró frecuentemente, poniendo como ejemplos: besica, manuviae, lavor. En inscripciones y en cartas de los siglos VI, VII y VIII hay muchos ejemplos de este uso promiscuo.

Este cambio de letras ha de ser, por lo tanto, muy frecuente en castellano; así, en la inicial, escríbese: barrer (verrere), Basco (Vasco); en la media: corbo (
curva, curvo, corvo, corvus), corbar (curvar, corvar, curvare).

2° La v raras veces se convierte en f: palafrenero, frasco.

3: La v se convierte en g gutural, ocasionada por razón de confundirse con la w arcaica alemana. En la inicial: golpe (vulpus), Gasconia (Vasconia), gastar, (con menos frecuencia en la media: Alagón (Alawna), agüelo, prov. (
abuelo, avulus); güe en lugar del grupo aspirado vue, que también se sustituye por hue.

4.° Delante de las consonantes, v se vocaliza en u: ciudad.

DV. -Véase D.
BV. -Véase B.

Tablas de las principales transformaciones fonéticas de las consonantes latino -castellanas




Latinas gu nge, i ps
Castellanas ñ, iu ng, ñ s
Todas las combinaciones que se indican pertenecen al grupo medio, salvo las letras mudas con l, que a la vez corresponden a la inicial.


LETRAS ALEMANAS

Para la debida apreciación del elemento alemán o germánico en el castellano, debemos remontarnos a su más pura y antigua forma, al gótico. Estamos obligados, es verdad, a buscar nuestros materiales en el antiguo alto alemán, que es una fuente infinitamente más abundante, y a veces también en el anglo-sajón, el frisón, el holandés, el noruego; pero en todos estos casos es siempre preciso remontarse a la forma gótica.

VOCALES.
A. -La gótica e, que corresponde al antiguo alto alemán a, no ha penetrado en castellano. El nombre Suero, en las cartas Suerius, parece contradecir este principio, porque nos recuerda svers, *g, pero realmente es el latín suarius = suerius, correspondiente al antiguo alto alemán suari = gravis, forma primitiva de la palabra; pues Suero, Suerius ha podido muy bien proceder de Suarius, mas no éste de aquél.

La a primitiva subsiste ordinariamente en castellano, aun en aquellos casos en que ha degenerado, por perifonía en e, en los textos del antiguo alto alemán. Ejemplos: albergue (
actual: Jugendherberge: albergue para jóvenes o para la juventud, heriberga, harjis, gót.), escanciar (skenkan).

Los nombres del antiguo alto alemán compuestos con hari, como Gundahari, Walthari, por derivación del medio alto alemán Gunther, Walther, cambian su a en e: Gunterio, Gualterio.

E. -La e latina se convierte, como hemos visto, en el diptongo ie. Este diptongo apenas se produce en las palabras procedentes del germano. Sin embargo, hay ejemplos en yelmo (helm), fieltro (felz = filz).

I. -1.° El castellano conserva la
i alemana con el mismo valor que la i latina.
Ejemplos: gris, guisa (wisa), lista, rico (ríhhi).

2: Debemos también considerar la i y la aí del gótico, y la i y la e (
con diéresis) del antiguo alto alemán. Este sonido tiene su representación más común en castellano, ya por e, ya por la misma i. Ejemplos: fresco (frisc), esgrimir (skirman), triscar (thriskan gótico dreskan arcaico alto alemán).

O. -El castellano conserva generalmente el valor de esta vocal. No obstante, hay casos de formación de diptongos, que así se apoyan sobre la o gótica (ant, alt, alem.
o, uo), como sobre la o del antiguo alto alemán (gót. u, au). Ejemplos: espuela (sporo), huesa (hosa), rueca (rocco).

U. -1.° Cuando la u es larga, permanece intacta como en latín. Ejemplos: Bruno, buque, espuma.
2: Cuando es breve, la forma dominante es o: mofar (mupfen), Alfonso (-funs). Hay también ejemplos de permanencia de la u: cundir (kunds, gót.), estufa (stupa), tumbar (tumba, arc. noruego).

AI. -A este diptongo gótico corresponde de ordinario el antiguo alto alemán ei o e por condensación; pero en muchos monumentos hallamos ai, que es también muy frecuente en cartas de los siglos VI, VII y VIII. El castellano, como el anglo-sajón, no deja percibir particularmente, por lo general, más que la vocal acentuada; pero hay también frecuentes casos en que el diptongo subsiste. Ejemplos: gala (geil), ñana (geinon?), guadañar (weidanon), raza (reiça). Ai en airon, guay, arc. (vai, gót.)

AU. -El diptongo gótico au, en antiguo alto alemán o, ou (rara vez au), antiguo noruego au, anglo-sajón ea, en su génesis castellana es semejante al latín au. Ejemplos: botar (bozen, medio alt, alem. bauta ant. noruego), galopar (hlaupan, gót.), lonja (louba), lote (klaut-s, gót.), lozano (laus, gót.; los, ant, alt, alem.), robar (
raupen actual, roubon), sopa (Suppe actual, saup, ant. noruego).

lU . -No es frecuente y su representación es incierta. Ejemplo: esquivar (skiuhan), donde la u parece consonificarse en v: tregua (triuwa, triwa), quilla (kiol). En el nombre propio español Gustios o Gustioz (bajo latín Gudesthens, Godesteo, Gusteus), que procede del gótico guths, thuis (servidor de Dios), las dos vocales permanecen. El poema del Cid acentúa este nombre en la primera sílaba; los romances en la o de la última.



CONSONANTES.

L. -Una muda, seguida de esta letra, la duplica: quilla (kegil).

M. -Final, se cambia en n: Beltrán (Bertram).

R. -Después de consonante inicial, se trueca frecuentemente en l; blandón (brand), flete (fracht).

T. -1.° La fuerte del orden de las dentales permanece inalterable en la mayor parte de los casos: Inicial, tacaño (taai, holand.; zahi, ant, alt, alem.), tapón (tap, bajo alem.; zapfo, ant, alt, alem.), tirar (tairan, gót.), tocar (zucchon). Media, batel (bat), botar, brote (broz), hato (fazza, vaz), guita (wita = vita, lat.), escote (skot, fris.; schosz, alem. mod.), espeto (
Spieß actual, spiz). -El paso de la fuerte a la suave no es frecuente por la t alemana. Excepción: guiar (vitan, gót.)

2: La y por t se encuentra sobre todo en la media castellana: cazo (chezi), mozo (mutz), pinza (pfelzen). La silbante desposeída por una paladial: flecha (flitz), pincha (pfetzen).

ST. -Medias, en las palabras latinas se simplifican en x, j o y. Igual acontece en diversas palabras alemanas: broza (burst o brosta, ant, alt, alem.), crujir (kruisian, gót.)

D. -1.° La suave del orden de las dentales (convertida en t en el ant, alt, alem.) sigue la misma ley que la d latina; subsiste generalmente: draga (dregg, ant. nor.); media: banda (bandi, gót.), brida, guardar (vadan).

TH. -La aspirada (que poseían todos los antiguos dialectos de la familia germánica, y que sólo el antiguo alto alemán ha modificado en provecho de la letra suave), no puede tener en castellano una representación precisa como la * griega (después de su paso por la th latina), porque se ha confundido con la d, que la reemplaza en el alto alemán. En los casos en que la aspirada fué transmitida al castellano, cedió su sonido extranjero a la fuerte. Primitivamente esta t parecía haber sido el único modo de transcripción: así, tudesco (Thiudisk). En la inicial, la transcripción castellana se aplica con todo el rigor posible: tejón (Thamf, ant, alt, alem.; Tamf, alem. mod.; Theihan, gót.), triscar (Thriskan, gót,), truco, tohalla (thvahl, gót.)

SL, SM, SN. -Estos grupos, desconocidos en la inicial de las voces latinas, al tomarlos nuestra lengua del elemento germánico, les ha prepuesto una e, como a la combinación at, st, se, sp. Ejemplos: esmalte (
Schmelz, smelz), esclavo (intercalando una c).

K. -La gutural fuerte, convertida en medio y en fin de palabra en una aspirada en el antiguo alto alemán, no ha sido trasladada por el castellano de la misma manera que la letra latina correspondiente. En tanto que la c latina pierde su valor delante de e, i, la letra alemana delante de estas vocales subsiste como gutural. Así como del latín scena procede escena, del alemán skina procede esquina. El paso de la gutural fuerte a la suave es una regla para las voces latinas
(media principalmente), y es, en cambio, una excepción para las alemanas.

Latín: C, castellano ca, co, cu (ga, go, gu), ce, ci.

Alemán: K, castellano ca, co, cu (ga, go, gu), che, chi.

Ejemplos: quilla, esquila, escalón (skilling), Fadrique.

Excepciones: Rodrigo, suave inicial por kr: garfio, grupo (kropf?).

G, -1.° La gótica suave, que en antiguo alto alemán cambiase en k, ha sido variamente traducida por las lenguas romances, porque ya conserva su sonido gutural, ya se trueca por una paladial o por otra gutural. Ejemplos: gabela (gaful), albergue, jardín (Garten), girón (gere, gare, fris.), desmayar (magan).

J. -La i o j, que pertenece al
subfijo, en las palabras compuestas obedece a la misma ley que la i paladial latina, y subsiste aun en casos en que el antiguo alto alemán la ha borrado. La j castellana tiene a veces su razón de ser en la i final del nominativo o en una j contenida en el genitivo,
a) Después de l, persiste. Ejemplos: agasajar (gasaljo, ant, alt, alem.), hijo (filius, lat.)
-b) Después de otras consonantes, la permanencia de la j es menos general. Ejemplos varios: esturión (sturjo), sitiar (sittian, ant. saj.?), logia (laubja), cripta (krippea = kripja), garfio (hrapfjo = krapfo), ataviar (ga-tevjan, gót. = taujan).

H. -No habiendo el castellano admitido la aspirada latina, claro es que la aspirada germánica no ha podido ejercer en nuestra lengua considerable influencia. El castellano de hoy carece de esta letra, aunque la tiene en la escritura, en las palabras de origen alemán: hacha (haque), heraldo (heraut);
pero el castellano antiguo dábale a esta letra germánica el sonido de f; faca, faraute (palabra usada como sinónimo de traductor, intérprete, por ejemplo en el libro de Bernardino Gómez Miedes sobre Iayme I el Conquistador).
Hállase la suave o la fuerte en lugar de la aspirada alemana en tacaño (threihan).

HL, HR, -Estas combinaciones, cuando son iniciales, ya. suprimen en su tránsito al castellano la aspiración, sin compensación ninguna ya la transforman en la aspirada labial f, ya, en fin, se separa el grupo por la inserción de una vocal (a, e), la cual hace desaparecer la h. Ejemplos: HL: flanco
(hlancha, ant, alt, alem.), lote (hlauts, gót. hloz, ant, alt, alem.), Luis (Ludovico = Ludwig, Hludowic, ant, alt, alem.). galopar (hlaupan). - HR: arenga (
arenque = Hering, hring, ant, alt, alem.)
HT. -Grupo medio y final; se cambia en t, a veces en it. Ejemplos: Matilde (Mahthilt), aguaitar prov. gaita (
wachten, observar = beowachten, wahten).

P. -1.° Esta letra, (p, ph, pf, ant, alt, alem.), salvo en las palabras extranjeras, ocurre poco en las lenguas germánicas: su presencia en tal sitio de las palabras, no puede, por lo tanto, ser frecuente en castellano. Hay, sin embargo, ejemplos: pizcar (pfetzen), placa (
Plakatte, plak, holand.), polea (pull = tirar de, pull, saj.) La p media y final permanece intacta de ordinario. Ejemplos: estampar (stampfen), lapo (lappa), trepar (trap, Treppe = escalera, Treppen = escaleras, Leiter las de mano),

2: La f del alto alemán ha dejado algunos rasgos en el castellano: mofar (mupfen), rifar (riffen, báv.), esquife (Skif,
Schiff = barco, ship en inglés), estafa (Stapf).

B. -I .° La gótica suave, que el alto alemán, ha elevado a la fuerte, y que las lenguas septentrionales han reemplazado a menudo por la aspirada en el medio y al fin de las palabras, permanece por lo común intacta en castellano. Ejemplos: adobar (dubban), lobo (lob,
Wolf = lobo = lupus), grabar (graban). La b gótica se suaviza también en v, muchas veces, en medio de las palabras.

2: Lo mismo que en el antiguo alto alemán, hay palabras castellanas en las cuales la fuerte sustituye a la suave inicial: palla (baila), palco (balco,
balcón), poltrón (Polstermöbel, polstar, bolstar).

F. -Esta letra, ni más ni menos que la latina, pasa al castellano, resolviéndose en una aspiración hoy imperceptible. Ejemplos: inicial, hato (
farcillo, faza), halda (falta); media, moho (Schimmel, muffen), cadahalso (cadalso).

VW. -1.° El signo gótico era una v simple (griego
u); el del antiguo alto alemán una v o u dobladas, y su valor era el de la w inglesa. El órgano vocal de los españoles no ha estado dispuesto a conservar esta pronunciación cuando tenía muchos diptongos o combinaciones en que ya la empleaba. Por esto adoptaron la representación gu o g(u), en que la gutural condensa e incorpora, por decirlo así, la aspiración flotante de la w alemana. Esta transformación se ve principalmente en la inicial. Ejemplos: guerra (Krieg, Werra), Guillermo (Wilhelm), Guido (Wito), guisa (vis, cara = wisa).

2: En medio de palabra, la w se convierte en v o b; g sería un sonido demasiado duro: garbo (harw-, herbe, alem. mod.), iba (iwa).

3: La resolución de la w en ou = o, de la cual hay tantos ejemplos en la antigüedad (griego *g, por Wandalus
= vándalo; *g, por Vopiscus), ha dejado alguna huella en los nombres propios y patronímicos de origen germánico. Ejemplos: Arnaldo, Bertoldo (Berthold Brecht), Baldovinos (Alec Baldwin).

LETRAS ÁRABES.

La representación de las letras árabes en el castellano ofrece bastantes analogías con la de las alemanas, si bien no puede desconocerse que nuestra lengua se ha apropiado con fidelidad extraordinaria el elemento arábigo, en tanto que con el sajón lo ha hecho de un modo más mediato y remoto. A continuación señalaremos los cambios más importantes de los sonidos árabes en el castellano. El escaso número de palabras persas, malayas y de otras lenguas orientales que el castellano posee, lo ha adquirido por medio del árabe.

L, M, N, R. -Aquí encontramos hechos conocidos. La r, por ejemplo, se convierte en l: añafil (annafir), y en d: alarido (alarir,
gritos a Alá ?). La n inicial se convierte en m; marfil (nabfil). En el grupo mr se intercala la b: Alhambra (Alhamra → h → f → Alfambra, por ejemplo la de de Teruel), zambra (zamr).

T, D. -La representación de los diferentes sonidos dentales es uniforme: t (
*a = árabe, no se transcribe), t con un puntito abajo y ´t, se convierten en t; lo mismo que las variaciones de d, se convierten en d: nosotros no tenemos el oído tan delicado para percibir aquellas diferencias. Ejemplos: tamarindo (tamar hendi), arrate, retama (ratam), tabique (tabiq), talismán (telsam), tara
(tarah), matraca (matragah), alarde (alard), adarve (addarb), almud (almod). En la media hay ejemplos de una pronunciación más suave: algodón, almadraque, maravedí.

S, SCH, y. -Sustituyen a la S las diversas silbantes, con variedad empleadas. Ejemplos: sena (sana), zumaque (sommaq), azúcar (
chapurriau sucre = sokkar), arancel (arasel), arafate (assa-fa te), azote (assant), azucena (assusan), taza (´tassah), A la ç sustituye generalmente la y. Ejemplos: zurrón (morral = çorrah), alcázar (qaçr, qasar), azòfar (azufre, sofre ? = aççofr ), alcance (alqanaç). Sch se halla sustituida por x = j. Ejemplos: jaqueca (schqiqah), jarabe (sirup, sirope = scharab), ojalá (enscha allah). También se trueca en ch: achaque (as-chaki), y en las silbantes puras c o s; albricia (albascharah), sorbete (schorb). La paladial suave g se convierte en j: jaez (gahar), jarra (garrafa = garrah), alforja (alchorg). En ch alguna vez: Elche (Elig = Elg).
La y, salvo raras excepciones, permanece en castellano: azafrán (
chapurriau safrá = zafaran), zarco (zaraq), azogue (mercurio ? = azzaibaq). Alguna vez se convierte la y en s o g: carmesí (quermazi), girafa (zarrafah).

K, G. -Entre k y que, el castellano no hace ninguna diferencia, convirtiendo ambas en c gutural. Lo más importante es que la k, la g, y la que, delante de las vocales suaves, permanecen siempre guturales: Guadalquivir (Vadalkebir). La gutural suave ain, deja algún rasgo en la pronunciación
castellana, o se contiene en la y o en la j: alarde (alard o alñard), arroba (arroba), atalaya (talaah), jazmín (jasamun).

CH, H. -Se atribuye ordinariamente a la ch el valor de la j. Nuestra lengua hubiera podido apropiarse fácilmente la letra árabe; pero en realidad no está reemplazada por la j, sino por la f = h, como sucede respecto del latín. La pronunciación de la ch árabe y de la j española, no eran la misma. Y esta contradicción aparente se explica muy bien por la observación recientemente hecha de que nuestra aspirada gutural tenía en su origen el valor de una paladial, y, por consiguiente, no podía expresar la gutural árabe. Ejemplos: alfanje (alchangar), almohada (almechaddah).
-La h, que equivale a la ch suave, sufre la misma modificación que la h. Ejemplos: forro (´horr), almohaza (almehassah), zahareño (çahra), aljófar (al-gauhar), café (qakuah). Otras veces la aspirada árabe se sustituye por la fuerte o por la suave, o también desaparece: alcachofa (
la carchofa = al-charschufa), garrobo, algarrobo (garrofa, garrofé = charrub), alazán (alhaçan).

B, F, V. -La B árabe pasa a la fuerte en muchas palabras: julepe (golab); otras veces subsiste: jarabe (scharab). -La f subsiste en castellano, no debilitándose en h: fardo (fard), faro (farah), alférez (alfares), añafil, azafate, azafrán, azufaifa,
azufaifo (azzofaizaf), cafre (kafir), calafatear (qalafa), cenefa (sanifah), cifra (çifr), garrafa, girafa, marfil; alhóndiga (alfondoq) es una excepción de la regla. La semivocal v, como la w alemana, se convierte en gu: alguacil (vazir), Guadiana (Vadiana), Guadalaviar (Vadelabiar), Guadalupe, Guadalope río que pasa porAlcañiz: Alqannit (Vadelub).

LETRAS ESPAÑOLAS.

VOCALES SENCILLAS.

Son a, e, i = y, o, u, y no ofrecen ninguna dificultad, así bajo el punto de vista fonético, como bajo el etimológico.

Hállase a menudo antepuesta: 1 .° Por motivo de eufonía delante de y, como en ayantar (jentare), ayer (heri), ayuncar, arc.; ayuso, id. 2: Delante de muchos sustantivos, donde recuerda el artículo árabe, como en abedul (bétula), alerce (larix), arruga (ruga), avispa (vespa), azufre (sulphur). 3: En muchos verbos, donde no tiene el sentido de la partícula ad: aconsejar, amenazar, arrepentirse, atajar. -A substituye a la c en regalar (regelare), sarga (serica), sarta (serta), yantar, arc. (jentare).
- Procede de ei o ai alemana en gala (geil?).

E

Se deriva: I .°, de a -i, sobre todo en los casos donde este grupo se convierte en ie en italiano y francés, por ejemplo: caballero, enero (jannuarius), primero, beso, lego (laicus), hecho, plegue (placeas), quepo (capio), sepa (sapiat), madeja (mataxa). -Esta e es frecuente en las escrituras antiguas: sendero (semitarius), mercatero, freznedo (fraxinetum), año 780; 2:, de o -u por intermedio de ue, como en fleco (floccus), frente (
fron en chapurriau -frons), culebra (colúbra), flueco, fruente, culnebra, arcaicos.
I, Y

La segunda no se emplea como vocal más que en la conjunción copulativa y en algunos diptongos. También en las voces griegas, como cielo, lira, ha cedido su puesto a la i. Los antiguos empleaban ambos signos promiscuamente, sin regla alguna, usando con frecuencia la y en la inicial: ygual
(aquare), ynojo (
hinojo, foeniculum, geniculum, fonoll, fenollo en chapurriau), ynfierno, yvierno, yr, ayna, syn, fyncó.

Algunas veces proviene de
e o i: mío. -Existe un ie arcaico por i, particularmente usado en el sufijo illo; por ejemplo: anyello (anillo o agnus = corderito ?), castiello, poquiello, flumenciello.

O

Procede: I .°, de la o breve, como en coma, cólera, coro, modo, odio, ópera, rosa, estómago;
2: del diptongo au, como en o, cosa, oro, poco, pobre, tesoro, gota (gauta), clavo (clau = clavius); 3:, de la u o y en posición, como en boca, toca, pollo, bona, corro, colmo, tronco, onda, sordo, tordo, torno, torso (thyrsus), mosca; -4.°, de al, como en coz (
calsigada, cossa en ch. = calx), otro (atre en chapurriau = alter).

U

Procede de u larga en duro, rústico; y de o breve o de u, en tundir, cruz, escucho. En los perfectos, como hube (habui = haubi, por atracción), plugo (
si us plau en catalán = placuit), supe (sapui), está condensada de au. En los diptongos tiene muchas veces una procedencia de consonante.

DIPTONGOS.

En el estudio sobre ortografía castellana que precede al Diccionario de la Academia española (1726) se admiten los siguientes:
ae, ai, ao, au; ea, ei, eo, eu; iu; oe, oi, ou, ui; ea; ia, ie, io, iu; oa; ua, ue, uo. Ai, ei, oi finales, se escriben hoy con y, lo que pasaba también entonces cuando eran medias.
Ejemplos: acaecer (
acaescer arc.), ay, aire, alcaide, amáis, caos, lavaos (lavad os), pauta; ea, rey, reina, peine, seis, veinte, visteis, aceite, beodo, deuda, feudo; luido; coetáneo, doy, soy, sois, oigo; heroico, toisón, Souza, contino (continuo); muy, buitre, cuidado; beato, beatitud, etérea; Diago, graciable, gracia, gloria, nuedo, Dios, judío, región, ocioso, viuda; coagular; cuajo, agua, muero, vergüenza, suntuoso, arduo. Sobre muchas de estas combinaciones no pueden proponerse sino muy dudosas reglas. Otras merecen atención especial y pueden ser objeto de más concretas observaciones.

AU

Proviene de varias combinaciones: I°, de au latino, como en aumentar, causa, lauro;
2°, de las sílabas ac y ag en auto (actus), launa (láganum);
3°, de ap y ab: cautivo (captivus), raudo (
rápido, rapidus), ausente (absens);
4°, de al: sauce (salix);
5°, de la desaparición de una consonante latina en aún (adhuc);
6°, de un origen francés o provenzal; ejemplos: gaucho (gauche), jaula (
garjola = jaiole = geole).

IE

Proviene: 1.°, del latín i -e: piedad. durmiendo; 2:, del diptongo de e breve y de ge, como en fiero, liebre, miel, viene, cielo; pero ie empléase también a menudo por e en posición y algunas veces por i: ciento, fiesta, tiempo, nieve. En la media se escribe y se pronuncia y por i: yedra (
hedra = hedera), yegua (egua), yelmo (casco = Helm, helmet inglés), yerba (herba en ch. hierba), yermo (chapurriau erm = eremus), yerro (error), yerto (hurtus), yesca (esca). El nombre Fontecubierta ofrece ya este diptongo en una carta de 747. (Esp. Sagrada, XL, 361.)

UE

El castellano forma este sonido: 1.° De la o breve, como en nuevo, ruego. Empléalo a menudo, sobre todo delante de ciertas consonantes, por o en posición, como es cuello, luengo (
largo), muerte; raras veces por o larga. 2: La naturaleza da este diptongo en otra, cuando, por causa de atracción, proviene de u -i o de o -i, en cuyos casos corresponde al ou portugués. Así en agüero, Duero, mastuerzo (nasturtium), sabueso (segusius), Sigüenza (Segontia), vergüenza (vergoña en chapurriau, verecundia), cuero (couro, port.), muero (mouro, port.) En juez (judex, ju-iz, port), ue proviene de un síncope.

CONSONANTES.

Todos los caracteres latinos de esta índole los usa el castellano. La moderna ortografía no ha suprimido más que las combinaciones ch, ph, th, rh, escribiendo cristiano, filosofía, teología, reno.

No todas las consonantes pueden estar en nuestra lengua al fin de las palabras: jamás se encuentra ninguna fuerte ni suave, excepto la d; rara vez la líquida m; tampoco la f, ni la v, ni la ch paladial. Solamente permanecen la l, n, r, s, x = j, d, y: mal, pan, mayor, más, reloj, abad, veloz. Las voces extranjeras, cuando terminan por alguna consonante disonante al español, al ser aceptadas por nuestra lengua, reciben ordinariamente una e final: norte (north, inglés), este (east, inglés), duque (duc, francés), estoque (stoch), jefe (chef). Exceptúanse los nombres bíblicos como Judith, Nenbrod o Nembroth, Isaac, Jacob, Caleb. Pero el castellano antiguo, por el contrario, hacía desaparecer a menudo la vocal final, terminando las palabras en las más diversas consonantes: cum (por
como), art, cort, englut (engrudo), much, cab (cabe,
junto a), quisab (qui sap en chapurriau, quién sabe), of (hube), nuef (nou en chapurriau, nueve).

Es de notar que el castellano no admite ninguna reduplicación de consonante, excepto de la r, de la n en los compuestos y de la c cuando la primera es gutural y la segunda silbante. Escríbese abad, abreviar, boca, Baco (Bacchus), adición, bola, Apolo, Tíbulo, sumo, cepo, Filipo (
Felipe), grueso, diese, amasar, disimular. Parnaso, Taso, meter; carro, hierro, tierra, arrestar, arriba, correcto;
connivencia, ennoblecer, innato, innovar, innumerable; acceder, facción, acción, acceso, acto.
Antiguamente usábanse las dos ss, (o
ß) escribiéndose diesse, dulcíssimo, etc. La ortografía moderna no las conserva; sí, en cambio, las dos mm latinas, representadas por nm:
conmemorar, conmover, enmudecer, inmoble, inmortal.

Los varios grupos de consonantes hállanse en la inicial como en el latín: dr es el más frecuente; gr sólo en las voces griegas; st, se, sp, puede decirse que no son usados, pues por lo común se les antepone una e. En el medio de las palabras las combinaciones son más numerosas. Una muda
y una líquida se encuentran en DL y DM, aunque solamente en las enclíticas, como dad-le, dad-me; también DN: dadnos. GL, en regla, seglar, siglo. Una muda y una silbante se hallan, sobre todo, en los compuestos: así, DV, es, PS, BS, en adviento, máximo, cápsula, absurdo. Una muda con una aspirada, en composición. DJ, Bjf: adjunto, ab-jurar. Con una fuerte o una suave, CT, GD (arc. y poco frecuente), PT.PD (arc.), BT (arc.), BD (arc.), salvo en los compuestos: acto, esmaragda (esmeralda), óptimo, capdal (
caudal), cabtela (cautela), cobdicia (codicia), ab-dicar (abdicar). Entre las silbantes, la s admite en pos de sí cualquier consonante, sea cual fuere su índole: SL, SM, SN, SR, SD, SC, SG, SJ, SB, SF, etc. (eslabón, pasmar, asno, esdrújulo, descerrajar, sesgo, desjuntar, esbozo, esfuerzo), VL, VR = BL, BR. Hállanse una líquida con otra líquida en las combinaciones LM, LN, LR, al-rededor; MN (no frecuente), calumnia; NM, inmortal; NR, Enrique, honra; RL, RM, RN.

L, M, N, R

Hay que notar las dos pronunciaciones de la r: una fuerte, la otra suave. La primera se emplea en la inicial, aun cuando la palabra entre en composición y forme la segunda parte de ella, y en la media, después de l, n, s, no duplicándose hoy en la escritura: rosa, abrogar, manirroto, alrededor, honra, Israel. Antiguamente se duplicaba el signo en medio de la palabra cuando tenía el sonido fuerte. La lengua moderna ofrece también muchos casos de duplicación y sonido fuerte en la media entre dos vocales: espárrago (asparagus), marrón (masmaris), murria (muria). En los otros casos la r se pronuncia más suave: amor, hora, virtud.

Nace una líquida, a menudo, de otra líquida o de una letra vecina. Por ejemplo: l nace de n en calonge, arc. (
canónigo, canonicus); de r en celebro (cerebro), arc. (cerebrum), blandir (brandir,
francés), quilate (árabe, qirat); de d o t en cola (cauda), madrileño (Madrid-), Isabel (Elisabeth), almuerzo (
amorsá en ch. admorsus). M viene de n inicial en marfil (nabfil, árabe); de b y v en cáñamo (cannabis), mimbre (vime en chapurriau, vimen). N viene de l, por ejemplo, en encina (ilicina, ilex); de m inicial en níspera (mespilum); media en lindo (limpio, limpidus); a menudo también de m final. R viene de l en lirio (lilium); de n en cofre.
L se produce por simple intercalación en espliego (
espígol en ch = espique). También la m en embriago (ebrio, ebriacus), lampazo (lappaceus). La intercalación de la u es muy frecuente, sobre todo delante de las silbantes y de las dentales: causar (quassare), ensayo (exagium), mensage (mensaje) (message, francés), mancilla (= macilla), manzana (matiana), ponzoña (poison inglés, potio), foenza (treccia, italiano), alondra (alauda), rendir (reddere), cementerio (caemeterium), mancha (macula). Delante de las guturales, enjundia (axungia), lonja (loggia, italiano), parangón (= para-con), langosta (llangosto en ch. locusta), ninguno (nec-unus). La R se intercala en brújula, traste, trueno (tonus), estrella (stella), ristra (restés).

Dos ll sólo son iniciales y medias, jamás finales. Este signo se encuentra ya en el poema de Mío Cid y en el poema de José (
Jusef o Yusef): Ch (como en portugués); pero en los monumentos más antiguos se usaba la l o la l seguida de i.

La ll procede: a) De las dos ll latinas: bello, caballo, valle. -b) De la l sencilla, alguna vez: camello. -c) De la l con i paladial: batalla, maravilla. -d) De las combinaciones cl, gl, pl, bl, fl, en la inicial y en la media, como llave (
clau en chapurriau, clavis), llaga (pl.), llama (flamma), malla (mancha?, macula), sellar (segell en catalán, sello, sigillare), escollo (scopulus), trillar (tribulare), sollar, arc. (suflare).

Ñ, o sea las dos nn, estaba escrita por los antiguos, ya doble, ya sencilla sin tilde, ya ny: de modo que se ha escrito
Espanna, Espana, Espanya y España.
Ñ proviene: a) De nn: año, gruñir. -b) De mn: daño, doña. -c) Raras veces de n sencilla: ordeñar, nublo, arc. y prov. (nubilum), ñudo, id, id. (nodus). -d) De n con i paladial: España, cuño.
-e) De gn: puño. -f) De ng, como en plañir.
T, D

La t representa frecuentemente a ct y pt: fruto, retar. -D inicial y final, es una t suave: amado, madre, salud. Se intercala a menudo: a) Entre l y r, n y r: valdré, tendré. -b) Después de l seguida de vocal: celda (cella), humilde (humilis), rebelde (rebelles), toldo (tholus), atildar (tilian, anglosajón). -c) Después de n: péndola (pennula).

Procede: a) De x: ansío, tasar. -b) De ns, rs, primeramente convertidas en dos ss, luego simplificadas: mesa, mostrar, oso (ursus).

y

Su origen es múltiple y vario. Procede:
a) De la y basca, griega, alemana y árabe, por ejemplo: zaga, zaque, ácimo = ázimo, celo = zelo, bautizar, zinco = cinco (zinck), azafrán, zambra, zarzal.
b) De t y d con i paladial, por ejemplo: razón, avestruz (avis struthio), cazar (
captar, captiare), bazo (badius).
c) En algunos casos simplemente de t y d: mayorazgo (majoraticus), juzgo (judico).
d) De ce, ci ( = che, chi, que, qui), por ejemplo: amenaza, zarzillo (circellus), diezmo (
décimo, la décima parte, decimus), arzobispo (archiep.), brazo, lazo.
e) De s: azufre, azúcar, quizá (
qui sap en chapurriau, quisabe), y también en la desinencia es = ez de los patronímicos: Gómez, Velázquez, así como en Cádiz (Gades), y en la desinencia verbal zco, como en nazco, crezco.
f) De st: gozo (
done gust, fa goich, lligí en chapurriau, gusto, gustus), rezar (recitare).
g) De sc = sk: en zambo (scambus).

C, que

C gutural, o sea delante de a, o, u, procede: a) De la aspirada griega o alemana: cólera, rico (richi). -b) De la que latina delante de u: cual, cuando, cuasi = qual, quando, quasi, arcaicos; como = quomo, arc.

C silbante, o sea delante de e, i, tiene muchos y varios orígenes: a) De ce, ci, sce, sci: cetro (
sceptro), ciencia (scientia), conocer. -b) De una y extranjera: céfiro, aceite (zait, árabe, azeytun).
-c) De che, chi, que, qui: cirujano (
Chirurg alemán, chirurgus), torcer, cinco, acebo (grévol en ch. : ilex aquifolium). -d) De t con i paladial: nación, Ponce (Pontius). -e) De s latina: cerrar (sera); de s árabe: cenefa, cifra, acicalar. -f) De st: trance (tránsito, transitus). -g) De sch: cédula (schedula).
-h) De ge, gi: arcilla (
argila en chapurriau, argilla). -i) De la g italiana: celosía (gelosía).

La que moderna, que sólo usamos delante de e, i, con u muda, procede, ya de la que latina, ya de ca o ch latinas, como por ejemplo: quepo (
cábigo en chapurriau, capo), queso (formache en chapurriau del fransés fromage, caseus), quimera (chimaera). Alterna con la c gutural: delinco, delinquir.

CH

Proviene: a) Del latín ce, ci: chinche (cimicem).
-b) De s; chuflar, prov. (sufflare).
-c) De cl, pl, tl, fl inicial y media: hacha (facula), cacho (catulus), trinchar (inflare).
-d) De ct: dicho (
dit en chapurriau, dictum), lecho (llit en ch. lectum).
-e) De pt: malacho (male aptus).
-f) De lt: cuchillo (cultellus), mucho.
-g) Del árabe sch: achaqne (schaka).
-h) De la ch basca: chaparra, chacona, charro,
chapela. (Dónde está la tx de txapela ? Este autor no la conocía).
-i) De ci, sci italianos: facha, charlar.
-j) De la ch francesa: marchar, marchante.
-k) De la letra suave sonora francesa: pichón (pigeon).
-l) Coexiste con la y en chamarra = zamarra, zanco = chanco.
-ll) Se encuentra, por último, en muchos vocablos tomados de las lenguas autóctonas de América.
También del caló, o la lengua de los gitanos: churumbel.

X

Esta letra ha perdido hoy casi todo su valor de antiguos tiempos, en los cuales tenía la pronunciación especial determinada en muchos de los números de las secciones de Ortología y de Ortografía del libro segundo de nuestro estudio.

Hoy sólo se pronuncia como cs o gs, es decir, lo mismo que en latín. Esta letra no se encuentra más que en medio de las palabras, usada principalmente delante de consonante y siempre en las partículas componentes ex y extra: sexto, extranjero, extremo. También hay muchos casos en que se halla entre vocales: flexible, máximo, fluxión, sexo. Asimismo se conserva en los nombres propios, como Praxiteles, Zeuxis.

El castellano moderno ha sustituido con j la x de todos los siguientes vocablos que vamos a citar, en los que, ya en la inicial, ya en la media, ya en la final, el antiguo idioma usaba de dicha letra. La x procedía:
a) De la x latina: Xerxes (
Jerges, Gerges), Alexandro, dixo, exemplo, exército, próximo, sustantivo.
b) Algunas veces de sc que, sin embargo, produce y: faxo (
feix en chapurriau, fascis), pexe (peix, piscis).
c) De ss y de s: baxo, carcax (carcasso, italiano), xeringa (
jeringa, syrinx), Xuarez (Suárez).
d) De la sch árabe: xaqueca (schaqiqah), oxalá (ojalá, enscha allah).

Remitimos, según lo indicado, todas estas observaciones a la J.

G

G suave proviene, ante todo, de su correspondiente latina, y además: a) De la fuerte, raras veces, en la inicial, como en graso, guitarra (*g); con frecuencia, en la media (sc = sg): fisga (fiskon, gót.), riesgo (risco, italiano), sesgo. -b) De las aspiradas árabes o alemanas, como en garrobo, algarrobo, algarroba (charrub) -c) De la i paladial en ciertas formas del presente: salgo, tengo, valgo, de salio, teneo, valeo. -d) De la w alemana: tregua (triwa); también de la v árabe: Guadalaviar (Vadelabiar); rara vez de la v latina. -e) De d en algunos casos extraños: gazapo (
cachap, cachapera en chapurriau, dasypus ?), golfín (delfín, delphinus), gragea (dragée, francés, píldora).

En el grupo gn, la g conserva el sonido gutural que le es propio: gnomon (
gnomo), digno, signo.

Estando la g delante de e, i, sin una u intermedia, el valor de dicha g es el de una aspirada, o sea el mismo de la j. Véase lo que a continuación decimos.

J

Proviene: 1°, de la j latina: jamás, juego; 2°, de la i paladial: jornada, hijo, granja (granea); 3°, de la suave g: jardín; 4°, de nc, tc, dc: manjar, salvaje, mieje, arc. (médico), 5°, de cl, gl, tl, pl: ojo, cuajar (coagulare), viejo, manojo (
manoll, com lo llibre de Julio Micolau de La Fresneda (fraxinus), no li diu dingú Freixneda, manipulus); 6°, de la g paladial árabe: jarra (garrafa, garrah), julepe (golab). También del francés ge: jalea (gelée), jaula (gábia, garjola, geóle). -Véase X.

Y

Hace, como en inglés, el oficio de consonante. Media, es siempre consonante; final, siempre vocal. Así sucede el caso raro y peregrino de que esta letra es vocal en el singular de un nombre, y en el plural del mismo es consonante: buey, rey, ley, etc.; bueyes, reyes, leyes, etc.

Proviene la y: 1°, de la j latina: ya, mayo, Pompeyo (
como Fabra, el de la gramática del catalán normativo); 2°, en lugar de ge, en yelo; 3:, reemplaza a la i cuando el diptongo ie inicial se trueca en ye: yedra (hiedra); 4°, entre dos vocales, cuando la segunda es tónica: cayó, leyeron; 5°, se intercala por eufonía después de u tónica, seguida de una segunda vocal: arguya, contribuye, tuyo.

H

Es siempre muda, cualquiera que sea su procedencia, por lo cual en la antigua literatura está frecuentemente omitida. Su origen es múltiple. Proviene: 1°, de la h latina, que la hemos conservado siempre: haber, héroe, honor, así como de la h alemana: heraldo; 2°, de la f latina o de su letra árabe correspondiente o alemana: haba (faba), hoja (folium), alhóndiga (alfondoq, árabe),
halda (falt, antiguo alto alemán), Hernando (
Fernando, Ferdinand, Fridnand). En los monumentos literarios de la Edad Media y en las cartas pueblas, estas voces y otras semejantes, ya se escriben con h, ya sin ella, ya con la f originaria; 3°, de aspiradas árabes que han pasado a la f; almohaza (alme hassah); 4°, de la v latina, con f por intermediaria; 5°, a menudo se antepone a las vocales: henchir (umplí, omplí en chapurriau, implere), hinchar (unflá en ch. inflare). Este hecho, a primera vista caprichoso, se produce:
a), cuando una g ha desaparecido: helar (
gelá en ch.), hermano (germá en ch.), hinojo (fonoll, fenoll en ch.).
b) hie alterna con ye en hiema, yema; hielo, yelo; hieso, yeso (
ges, alchés, alchez en ch.); hierro, yerro (ervum), diferente a hiero (ferrum, ferro, fierro en chapurriau)
c) h precede siempre al diptongo ue: Huebra (Opera), huele (
fa auló en chapurriau, olet), huérfano (orphanus), Huesca (Osca), hueso (os), huevo (ou, ous en chapurriau, ovum).

P, B, F, V

P proviene de f, en golpe (colaphus).
B se confunde frecuentemente con v y viceversa. B o v provienen:
a) De f, en cuévano (
cove, covec, cophinus), Cristóbal o Cristóval (Christophorus).
b) De u, en Pablo (Paulus).
c) De o, en Ibáñez o Iváñez (Ioannes, lat.; Ivan, ruso).
d) De m, en algún caso.
F proviene, en algunos casos, de p y b: trofeo, golfo (*g), escofina (scob).
P o B pueden intercalarse alguna vez después de la m.



PARTE TERCERA.

Prosodia.

Hemos estudiado la historia de las letras en su orden descendente y ascendente. Pero las letras no sirven más que para componer exteriormente la palabra; son el cuerpo de ella: falta examinar lo que constituye en este cuerpo su vida y su alma, la prosodia, la medida del tiempo, el acento que acompaña el sonido, a fin de ver, bajo este respecto, cómo el castellano se desenvuelve relativamente a su lengua originaria. La teoría es sencilla: la cantidad primitiva ha perdido su fuerza; pero el acento, en el cual reside propiamente el centro de gravedad de la palabra, se mantiene en su sitio, y ejerce sobre la cantidad una influencia hasta ahora desconocida. La métrica, empleada en las fechas más antiguas de la Edad Media, descubre ya esta transformación prosódica. Trataremos separadamente de cada una de estas dos modalidades: la cantidad y el acento.

1. -Cantidad.

Es fácil observar, con un oído atento, que en el castellano, como en las demás lenguas neolatinas, hay una diferencia entre las largas y las breves: así, la voz beato tiene una a más larga que apto; mesa, una e más larga que esta. Por eso se oye a menudo una palabra pronunciada de diferente manera, según que se dé menos importancia a la duración más o menos larga de la vocal, aunque el acento esté correctamente. He aquí las reglas generales relativas a la cantidad:

I. Es larga toda vocal acentuada delante de una consonante sencilla, a la cual sigue una nueva vocal: la cantidad primitiva no produce ninguna diferencia. La causa de este fenómeno, conocido asimismo por el alemán y el griego moderno, consiste, en parte al menos, en la desaparición o abreviación de las sílabas de derivación y de flexión, cuya cantidad ha sido desde entonces por las sílabas breves acentuadas, a fin de asegurar a la palabra una cierta extensión. Por consiguiente, se pronuncia con la vocal larga mano (manus), arena (
e con una raya encima), solo (solus), rosa (rosa, o con una u pequeña encima), fuego (focus) humilde (humilis).

2. La vocal acentuada en posición es breve, aunque corresponda a una vocal latina, larga por naturaleza, como en gente (
gen o gent, gens), lardo (lardum), mente (mens), mil (mille), narro, nupcias (nuptiae). Claro que en gente la sílaba gen tiene menos extensión que te, pues la voz reposa sobre la consonante n; pero las dos vocales tienen una cantidad igual, o son, por lo menos, las dos breves, pues ligeras diferencias de cantidad no pueden siempre ser medidas con precisión exacta aun por el oído más atento. Así ningún español pronuncia gente de tal suerte que la e equivalga a dos breves. Una muda con r, que ya no está en posición en latín, hace que la vocal precedente pueda ser pronunciada larga en castellano, como en libro (llibre en ch. liber), piedra (pedra en ch. petra), estupro (stuprum). La brevedad se pierde cuando una de las consonantes (lo cual es frecuente) se elide o resuelve en una vocal, como en auto (acto). Al lado de la posición latina se presenta, con una acción igual sobre la cantidad, la posición castellana: prodúcese por la caída de una vocal o por el tránsito suave en una consonante. Ejemplos: hombre (home en ch. hominem, homnem), escollo (scopulus, scoplus). El hecho de que la cantidad dependa de la posición, se comprueba en los ejemplos visita, al lado de vista. La vocal castellana en posición puede dilatarse en un diptongo; pero si se compara este diptongo con el que se produce delante de una consonante sencilla, encuéntrase que el primero responde solamente a dos breves (fuent-e), y el segundo a una breve y una larga, es decir, a tres breves (fueg-o).




3. Las vocales átonas son breves, sin tener en cuenta su cantidad primitiva: infinito (infinitus), natural (naturalis), maravilla (mirabilia). Por esta razón, los diptongos se reducen a menudo a vocales sencillas: escuchar (escoltá y auscultá (dotó o meche) en ch. auscultare), agosto (agost en ch. augustus), oreja (orella, aurella en ch, auricula). Si las sílabas átonas preceden a las acentuadas, no es necesario que sus vocales tengan todas una brevedad igual. Si la vocal átona está colocada después de una sílaba acentuada, aquélla es la más breve posible, como en bellísimo. Los diptongos, o las vocales en posición, no pueden encontrarse en esta situación, y la larga latina está siempre abreviada: contra, a con una raya encima, pronúnciase contra, a con una u pequeña encima.

Estos principios sobre la prosodia castellana, son generales asimismo a las demás lenguas neo-latinas.

Respecto de nuestra lengua, bueno será advertir además que la cantidad, como dice Rengifo en su Arte poética, caps. VI y VII, se reconoce por el acento. Larga es la sílaba que tiene el acento principal, y todas las otras sílabas son breves. Que la sílaba sea larga, no determina, ni implica materialmente que sea larga la vocal acentuada, porque ésta se halla sometida a principios generales. Sobre las sílabas finales y medias, hay que notar lo siguiente:

1° La tónica final es en castellano aguda, pero no larga: dará, traspié, aquí, resistió, Perú. Igualmente lo es la vocal acentuada que está delante de una consonante final, como en oficial, cruel, sol, español, azul, capitán, bien, jardín, león, común, mar, amor, compás, francés, decís, Dios, Jesús, rapaz, altivez, feroz, feliz, cruz, verdad, salud, virtud.

2° Las consonantes dobles latinas se simplifican, según ya se ha dicho, en nuestra lengua, y esto determina que sea larga la vocal precedente.

II. -Acento.

Conserva, por lo común, su sitio primitivo, sin que por esto falten excepciones. Aquí nos referimos al acento agudo; el grave se ha perdido en los dominios de la atonía. El acento es el eje de las palabras consideradas históricamente. Con la pérdida de la cantidad se han modificado, es verdad. las dimensiones de las sílabas, establecidas en los fundamentos del edificio del lenguaje y que protegen las raíces como los sufijos; con la del acento, la palabra se hubiera convertido en otra, la lengua habría perdido completamente su genuina índole histórica.

1.° El verbo es la parte de la oración que con más frecuencia presenta los cambios del acento, según se verá, en su correspondiente lagar, en el libro II de estas notas gramaticales. Algunos verbos llevan hoy el acento de la segunda o tercera sílaba en la primera: coopério = cubro, in-delégo = en-
dilgo (endilgo).

2: El sufijo diminutivo íolus toma el acento sobre la segunda vocal: filíolus (
fillól en ch.) = hijuélo. La causa es, sin duda, que ió se presta más al diptongo que ío. El sufijo inus, asimismo, modifica el acento: cédrínus = ce -trino (cetrino). Por ilis e icus, ica, encuéntranse también ejemplos con el acento en diverso sitio.

3: Delante de las mudas acompañadas de r, el acento está algunas veces en donde se reconoce como breve la vocal en latín. Ejemplos: alégre, culébra, entéro (
íntegro, integrum), tiniéblas.

4.° Sin esta condición, también el acento cambia de lugar en diferentes palabras.
Las más importantes son las siguientes:
acebo (aquifolium), albedrío (arbitrium), Cartagena (Carthaginem), dádiva (dativa), dios (deus), yo (ego), hígado (
feche en ch. ficatum), héroe (heroem), impío (impius), impúdico (impudicos), mujer (mulier, mulieris, lat. med.), patena (patina), pelícano (pelicanus), pero (per hoc), reina (regina), rúbrica (rubrica), sino, si no (si non), tábano (tabanus), trébol (trébol : tres fulles en ch. trifolium).

5.° El acento que se encuentra en vocal distinta, está sometido a los accidentes fónicos de las vocales acentuadas; por ejemplo: ordeno (ordino), tinieblas (tenebrae). Sin embargo, hay muchos casos en que la vocal permanece intacta: imagino.

6.° Las palabras griegas empleadas por los romanos, conservan en general su acentuación latina sometida a la cantidad. Ejemplos (
sin transcribir el griego): aviso, amatista, iglesia, cólera, elogio, palabra, sátrapa, pasmo, tallo, talento. Empero, hay muchas palabras que no obedecen a los principios determinantes de la prosodia latina para seguir la acentuación griega; lo cual no es fortuito, sino consecuencia de determinados principios que ha mantenido particularmente el griego
de la Edad Media. Los ejemplos de esta influencia pudieran ser muchos; he aquí algunos: acónito, lat, acon
ítum), idea, ídolo, tisana (ptisana). -El acento griego subsiste también en muchos nombres geográficos: Ebro, *g, Epiro (*g). -Sin embargo, hay también otras palabras, cuyo acento, a pesar de proceder directamente del griego, ha sufrido un cambio de sitio en castellano: espasmo, talega, cama.
La influencia más fecunda del acento griego se manifiesta en el sufijo ia, en el cual la i, lo mismo que en el griego ia (
i + alfa) lleva frecuentemente el acento. Ejemplos: filosofía, sophia en Prudencio, monarquía. Igualmente en ciertos nombres geográficos en ia. Ejemplos: Alejandría, Antioquía, y también policía (actual política, politia).

7.° En la acentuación de los nombres de personas hay que observar muchas y diversas particularidades, dependientes, más que de una regla fija, del capricho de la lengua:
estas palabras son generalmente extrañas al elemento popular. Ejemplos: Darío (*g, Darius), Jacobo (*g, Jacobus), Basilio (*g, Basilius), Isidro, Isidoro. Al lado de estos nombres, que tan varia acentuación castellana ofrecen, ya conservando, ya modificando la griega, contrasta la regularidad de los nombres propios griegos en eus, los cuales tienen una e acentuada: Orféo, Peleo, Teséo, Perséo. Los nombres en on llevan el acento en esta última sílaba: Agamenón, Gerión, Jasón. Los
nombres bíblicos, excepto los terminados en a, como Eva, acentúan la vocal última:
Jefté, Josué, Noé, Leví, Jericó, Esaú, Jacob, etc.

8.° Las voces de origen alemán, cuando tienen el acento en la penúltima y terminan en una vocal átona, conservan en castellano el acento primitivo: huésa (hósa),



LIBRO SEGUNDO.

FLExiÓN o ESTUDIO DE LAS FORMAS GRAMATICALES.

El castellano, como las demás lenguas neo-latinas, ha perdido una parte de las antiguas formas de flexión. La causa de este fenómeno radica en cierta negligencia propia de las lenguas populares. La pronunciación de estas formas, rigurosamente sometida a las leyes de la cantidad. hácese difícil, e incómoda su variedad; su sonido, como su sentido, se obscurece, y el espíritu, que tiende siempre a la precisión, busca, en el empleo de las palabras auxiliares apropiadas, la manera de llenar el vacío que por tal modo se ha producido en el organismo del lenguaje. Estas palabras auxiliares, usadas
ya aisladamente, ya como afijos, cambian de ordinario su propia significación por una más abstracta que responde a la forma gramatical que se han encargado de representar. En rigor, el estudio de estas palabras no debería mezclarse con el de la flexión, de la que son la negación: sería más propio
dejarlas para el libro III, o sea el de la formación de las palabras, o para la sintaxis. Mas, en realidad. separar estas palabras del libro que trata de la flexión, sería dislocar lo que el sentimiento popular ha unido, y establecer vacíos que no puede tolerar la Gramática de una lengua sintética. Es, por consiguiente, razonable subordinar, en favor de la práctica y de la claridad. la teoría, y unir inmediatamente al estudio de las flexiones el de las palabras auxiliares.

PRIMERA PARTE.

Declinación.

Afecta al sustantivo, al adjetivo, al numeral y al pronombre: su oficio es señalar el género, el número y el caso.

I. -Sustantivo.

Como compañero casi inseparable del nombre, y precediéndole siempre, aparece el artículo, desconocido en el latín, declinado con de y ad. Su derivación de ille, del cual ha conservado ya la primera sílaba, ya la segunda, es evidente. Parece que la primera sílaba del pronombre latino, en su calidad de acentuada, hubiera debido tener la preferencia para la formación de esta nueva parte del discurso; pero la segunda había para ella de contener la flexión, y así se emplean las dos. Hasta el siglo VI no hay ejemplos de la aparición del artículo. Y no se introdujo para distinguir los casos y los números, papel que no podría desempeñar, pues su flexión es tan defectuosa como la de
otros nombres, sino que su empleo parecía determinado solamente por la razón sintáctica de separar de una manera más distinta el individuo de la especie, por lo cual se encuentra también en las lenguas de flexión completa. Así vemos en el mismo sentido empleado como artículo el numeral unus, para designar una unidad determinada, lo mismo que en alemán ein y en griego (
*g, parecido a Evxc).
-Como el artículo ille es casi inseparable del sustantivo, y por sí mismo nada expresa, le señalamos este lugar en el estudio de la flexión del sustantivo.

1.° Cinco declinaciones, según la antigua división, comprendía el sistema entero de la flexión del sustantivo latino. La marca o señal de las tres primeras se ha conservado, más o menos fielmente, en nuestra lengua; la cuarta ha pasado a la segunda, como lo prueba el plural frutos (
fruits en ch. fructi); los nombres de la quinta ya han pasado a la primera, como día (dies), ya han conservado su forma, tomando puesto entre los de la tercera: fe (fides), especie (species).


El paso de una declinación a otra, se produce algunas veces por las tres que han subsistido. No obstante, son raros los ejemplos de palabras cuyo cambio de declinación no ha sido determinado por la intención de dotarles de otro género. Paso de la tercera a la primera: neptis = nieta. De la tercera a la segunda: codex = códex, código. De la cuarta a la primera: nurus = nuera. Estos tránsitos de una declinación a otra han creado gran número de heteróclitos, porque a menudo la antigua declinación de una palabra persiste al lado de la nueva, y muchas veces el cambio de forma ha introducido un nuevo sentido.

2° El género puede estudiarse a la vez que la flexión, porque va inseparablemente unido a las formas de la declinación. En la aplicación del género no sigue el castellano al latín con regla fija; antes, por el contrario, obran en su formación las causas más diversas. Pueden citarse muchos ejemplos de estos cambios: a) La terminación a de la primera declinación, ha conservado su género. Ejemplos: el papa, el poeta, el profeta. Las terminaciones en a son masculinas cuando designan una persona masculina: el cura, el justicia. Palabras nuevas: el camarada, el corneta, el guardián, el guía, el centinela, el espía, el trompeta, el planeta, el espada. Otras modificaciones del género que implican, en tanto que pueden reconocerse, un cambio de declinación, son: lagarto (lacerta), madero y madera (materia), olivo (oliva, árbol), meollo (medulla).
b) Terminación us de la segunda y cuarta declinación. Ejemplos de masculinos convertidos en femeninos: fruta (fructus), grada (gradus), huerta (lo
hort, la horta en ch. hortus), rama (lo ram, la rama en ch. ramus), tumba (*g). Todos los femeninos de esta terminación se convierten en masculinos: abyssus, porticus; los nombres de piedras preciosas, como sapphirus (el zafiro); los de árboles, como buxus (el boj, lo boix en ch.), cupressus (lo siprés en ch.), ebenus (-um), ébano, fraxinus, laurus, pinus, platanus, de donde se derivan aviso, pórtico, boj, ciprés, ébano, fresno, laurel (lloré en ch.), pino (pi en ch.), plátano (platané en ch.). Algunos de estos vocablos, como cupressus, laurus, platanus, eran igualmente empleados por el latín arcaico como masculinos. Manus ha conservado su género femenino. Pharus, cristallus, ficus (la figa, les figues, la figuera, les figueres en chapurriau) son hoy también masculinos; pero smaragdus (esmeralda) es, sin embargo, femenino.
c) Terminaciones o, io. El masculino ordo es en español orden, común. Margo igualmente: margen (
marge en ch.). Pipio y titio son masculinos: pichón, tizón (teó, tió en ch.). El femenino origo da el masculino origen.
d) Terminaciones er, or, os, ur, us, oris. Carcer = cárcel, uter = odre, flos = flor, lepus = liebre (
llebre, liebre en ch. llépure rumano). Los masculinos de la terminación or, oris, conservan su género en español; pero hay algunos comunes, como color (coló en ch.), claror (claró en ch.)
e) Terminaciones as, es, is, us. Masculinos: limes = límite, crinis = crin, fustis = fuste, pulvis = polvo. Femeninos: sementis = simiente (
llaó, sementera en ch.), potestas = potestad, callis = calle (carré y carrera en ch.), canalis = canal, cinis = ceniza (sendra en ch.), finis = fin (común), grus = grúa.
f) Terminaciones us, rs. Masculinos: dens = diente (
una den, dos dens en ch.), pons = puente (un pon, dos pons en ch. común). Femeninos: frons-tis = frente (lo o la fron en ch.), gens = gente (la gen o la chen en ch.), sors = suerte (la sort en ch.). Comunes: infans = infante (infán, chiquet, sagal en ch.).
g) Terminación x. Masculinos: cimex = chinche. Femeninos, en parte comunes: lynx (masc. solamente en Horacio) = lince, perdix (alguna vez masc.) = perdiz (
la perdiu, lo perdigot, la perdigana en ch.).
h) Los neutros toman el género masculino, rara vez el femenino. A estos últimos pertenecen cochlearium = cuchara (
la cullera, les culleres en ch.), culmen = cumbre, legumen = legumbre (la llegum, les llegums en ch.), lumen = lumbre (la llum, lo foc en ch.), fel = hiel (fel en chapurriau), mel (mel en chapurriau, qué es mes dols que la mel? -Una figa en pel.) = miel.

Además de estos neutros y de algunos más, se encuentran otros que, por el paso de su forma plural a la primera declinación, se han convertido en femeninos. Ejemplos: arma = arma, cilia (
sella en ch. selles) = ceja, festa (festa en ch.) = fiesta, folia (fulla, fulles en ch.) = hoja, gaudia = joya, ligna = leña (lleña en ch.), luminaria (llumenária en ch.) = luminaria, opera = obra, signa = seña (señal, siñal en ch.), insignia = enseña, tormenta = tormenta, vela = vela, vota = boda. Los nombres de
frutas deben también contarse entre los de esta clase. Ejemplos:
cerasum (
sirera, sireres en ch.), fragnum (fraula en valencià, fresa, frses en ch.), morum, pomum, pirum, prunum (pruna en ch. rumano, como el palinca de pruna, aguardiente de ciruela, etc),
cereza, fresa, manzana, mora, poma (manzana), pera, ciruela. Deben añadirse a estos nombres un gran número de neutros de adjetivos: batualia = batalla, mirabilia = maravilla, nova (
nou, nova en ch.) = nueva.

3: Acerca del número hemos de notar que los sustantivos latinos que son exclusiva o preferentemente usados en plural, permanecen por lo general en el mismo número en nuestra lengua. Así, aquae (en el sentido de aguas termales) = las aguas (
les aigues termals en ch.), braccae = bragas (les bragues en ch.), exequiae = exequias, nuptiae = nupcias, sponsalia = esponsales, tenebrae (la tenebra, les tenebres en ch.) = tinieblas. Hay además muchas palabras nuevas de igual índole que, por la idea que expresan, se usan siempre en plural: albricias, entrañas, tenazas, tijeras.

4.° Las partículas de los casos de nuestra lengua son: para el genitivo
de, para el dativo a; sólo el castellano antiguo apostrofa la e de de.

ARTÍCULO.

Masculino: el
Femenino: la
Neutro: lo
Del
De la
De lo
Al
A la
A lo
El
la
lo
Plural: los
las

De los
De las

A los
A las

Los
las

En ciertas circunstancias el dativo hace también la función del acusativo. Hay que observar:
a) El artículo neutro es una adquisición propia del castellano, y no se emplea más que con el adjetivo abstracto elevado a la calidad de sustantivo: lo bueno, lo grande, lo mejor, lo mío. Lo por él se encuentra en los antiguos, particularmente en el dialecto leonés y aragonés; por ejemplo: lo lazo, lo chico (niño); y se une a las preposiciones, según se indicará más adelante.
b) La elisión de la terminación femenina no ha llegado a ser común. Para evitar el hiato cambiase la delante de a por el, sin atender al género: el agua, el águila, el ala, el alba, el alma, el ave; plural, las aguas, etc. Este empleo del artículo masculino, que en tiempos antiguos tenía también lugar delante de otras vocales (el esperanza, el hora), no es común delante de todos los femeninos que empiezan por a. El uso de el delante de las voces femeninas, es debido según la aplicación de Delius, Jahrb. IX, 95, a una elisión de la a en la antigua forma ela: el águila por el ´aguila.
c) La fusión con preposiciones, hoy desconocida, era antiguamente usada. Ejemplos: enno (= enlo) pecado (Fuero Juzgo, XI), ennos prelados (libro V), enna cibdat (libro I), conna obediencia (= con
la) (Berceo, sil. 119), polla rancura (=por la) (Alejandro, 1279).


Gil Vicente escribe nel, y también naquel, naqueste. La enclisis del artículo después de palabras de otra naturaleza, como en quandol, polvo, es una forma que asimismo se encuentra en los viejos textos castellanos.

La declinación no conoce en el plural ninguna otra característica que s.

I.

Singular. Coron-a.
Plural. Coron-as.

II.

Singular. Añ-o.
Plural. Añ-os.

III.

Singular. Cort-e, flor, jabalí.
Plural. Corte-es, flor-cs, jabalí-es.

1a declinación. -Los masculinos conservan su a en el plural: poeta, poetas; poema, poemas.

2a declinación. -Algunas palabras de la cuarta declinación latina ponen u por o: espíritu, ímpetu, tribu; plural: espíritus, ímpetus, tribus. La primera, palabra eclesiástica, ha podido ser conservada en esta forma, gracias al latín spiritus; las otras no pertenecen al antiguo vocabulario castellano. Uno de los primeros ejemplos del plural
os es: villa quae ab antiquis vocabatur santos medianos. (España Sagrada, tomo XXXVII, 335, siglo IX.)

3a declinación. -a) Comprende hoy, aparte de la terminación e, todas las terminaciones consonantes, como ciudad. ciudades; mies, mieses; rey, reyes; y asimismo, aunque la palabra (como dios, mal, apóstol) haya originariamente pertenecido a la segunda (los antiguos decían dio, plural dios; malo, apostolo). Además, las palabras extranjeras con vocal final acentuada: albalá, albalaes;
alelí, alelíes; biricú, biricúes.
b) Pie tiene por plural pies y no piees (arc. piede, piedes); maravedí tiene maravedís, maravedíes, maravedises; canapé, canapés; café, cafés.
c) El vocablo arc. res (res mala, Berceo) tiene, en general, el acusativo singular ren.
d) Una regla ortográfica obliga a que y pase a ces y j a ges: perdiz, perdices; reloj, relojes.
Indeclinables. -Son las terminaciones átonas es, is, como en lunes, hipótesis,
crisis.

II. -Adjetivo.

Hay que considerar, a propósito de su flexión, tres puntos: el género, la declinación y la comparación.

1.° Género. -La lengua latina posee adjetivos de tres y de dos formas de género, y otros que no tienen ninguno, al menos en el singular,
a) Los de tres formas tienen las terminaciones us, a, um (bonus, bona, bonum); er, era, erum (liber, libera, liberum); y en el estilo elevado er, ris, re (acer, acris, acre).



b) Los de dos formas reúnen los géneros masculino y femenino en una sola terminación is,
y tienen para el neutro e (brevis, breve); los sustantivos de acento móvil en tor, femenino trix, son también empleados como adjetivos y tienen en el plural un género neutro (victores, victricis, victricia); pero como propiamente son sustantivos, no son susceptibles de comparación.
c) La mayor parte de los que no tienen género (uniformes) terminan en s o x.

El neutro del adjetivo se ha confundido, en castellano, con el del sustantivo. Solamente cuando el adjetivo hace el oficio de un sustantivo abstracto, permanece con el sentido latino del neutro, como en lo bello = *g.

Las terminaciones de género en los adjetivos castellanos, son las siguientes:
a) Las terminaciones us, a, persisten: bueno, buena. Con éstas se han confundido er, era; siendo de advertir que el acusativo de er, erum, es la base de la forma masculina, de donde procede negro, tierno, otro, neutro, nuestro. Algunos pasan a la clase de uniformes, como firme, libre, pigre. Para la tercera clase er, eris, en la cual las dos terminaciones concuerdan en el acusativo rem, no podía haber más que una terminación común. Ejemplos: acre, alegre (alacrem), campestre, célebre, pedestre, salubre, silvestre. Los adjetivos en is no tienen más que una terminación, como breve, dulce.
b) Los adjetivos de una sola terminación subsisten de igual modo en castellano.

Nuestra lengua, como las demás neo-latinas, tiene predilección por la clase del adjetivo us, a, que distingue los géneros.

2: La declinación del adjetivo es, en latín, semejante a la del sustantivo, y, de la misma manera, no difieren tampoco ambas en castellano.

3: Una particularidad del adjetivo (como del adverbio, su derivado), es la comparación. A este efecto, el latín posee tres formas propias: para el comparativo ior, para el superlativo imus e issimus. El castellano ha renunciado en principio a esta comparación, reemplazándola por el conocido procedimiento de la perífrasis. Tampoco el latín desdeñaba este procedimiento; pero no
lo empleaba más que cuando la radical del positivo terminaba en vocal, y entonces formaba el comparativo con magis y el superlativo con maxime: pius, magis pius, maxime pius. Nosotros hemos tomado por modelo esta formación perifrástica, mediante adverbios; pero no usamos siempre las mismas palabras. Así conservamos para el comparativo magis: más dulce. No así la forma perifrástica latina del superlativo; pero sí, en cambio, en el sentido absoluto subsiste la forma directa, como bellísimo, bonísimo (
boníssim en ch. buenísimo).

Persisten en castellano algunas formas de gradación, cuyos positivos faltaban ya en latín o se han extinguido en el tránsito histórico o morfológico. Ejemplos: ulterior, interior, exterior, inferior, superior, posterior.

4.° Sobre el adjetivo castellano debe además advertirse particularmente lo que sigue:

Variable: a) Masc, o, fem, a: pur-o, pur-a; plur. : pur-os, pur-as. Las palabras bueno, malo, santo, suprimen delante del masculino la vocal de flexión; santo, además, su última consonante. Así se dice buen caballo, mal hombre, San Pedro. Santo permanece intacto en Santo Tomás, Santo Domingo, etc. Los adjetivos numerales primero, tercero, postrero (
último), suprimen también la vocal final delante de los masculinos: primero, intacto en los poetas y delante de los femeninos; ciento se abrevia en cien.



b) Masculino sin señal de flexión, fem, a: español, español-a; plural: español-es, español-as. A esta clase puede decirse que no pertenecen más que las palabras que al mismo tiempo son sustantivos, sobre todo nombres comunes, como alemán, catalán, francés, burgalés, andaluz; pero encuéntranse también nombres comunes, como tajador, alazán, holgazán; montes (montensis) es una excepción.

Son invariables todos aquéllos en e, i, y la mayor parte de los adjetivos propios terminados en consonante, como fuerte, plural fuert-es; común, comun-es; ruín, ruín-es; mejor, mejor-es; cortés, cortes-es; veloz, veloc-es. Vese aquí también grande abreviarse en el singular: gran caballo.

COMPARACIÓN.

1.° Se expresa mediante
más colocado delante del positivo; comparativo, más fuerte; superlativo, el (la) más fuerte. Los antiguos empleaban también plus por más: comparativo, plus generales (Alejandro, 9); plus blanco (ib. 1.244; Berceo, Mill. 438); plus bermejo (ib. Sil. 230).

2: A los comparativos orgánicos no pertenecen más que los siguientes: a) Los anormales:

bueno mejor óptimo
malo peor pésimo
grande mayor máximo
pequeño menor mínimo

Comparativo también más bueno; superlativo también, el mejor, el más bueno.
b) El superlativo ísimo, érrimo, empleado solamente en sentido absoluto y no por todos los adjetivos: durísimo, piísimo, utilísimo, celebérrimo, misérrimo. En su formación:
a) el diptongo de la radical vuelve a su vocal primitiva: bueno, bonísimo; fuerte, fortísimo;
b) c truécase delante de la flexión en qu, y o c: blanco, blanquísimo; feliz, felicísimo;
c) la final contraída ble vuelve a tomar la vocal expulsada: amable, amabilísimo;
d) algunas palabras restablecen también la consonante sincopada: fiel, fidelísimo;
e) la terminación átona io se cambia en ísimo en lugar de iísimo: recio, recísimo.

III. -Numeral.

1.° En latín no es susceptible de flexión en todas sus modalidades. Los números cardinales de 4 a 100 carecen de flexión; viceversa los ordinales, distributivos, multiplicativos y proporcionales, que gozan de la flexión ordinaria del adjetivo. Entre los cardinales (por flexión entendemos también la designación del género),
unus solamente es flexible; duo no lo es hoy, pero lo fué antiguamente; ambo es declinable; ducenti, trecenti, etc. igualmente; las demás especies siguen la declinación del adjetivo.
2: Refirámonos, pues, particularmente al numeral castellano: uno, una. Dos carece de género, pero existe el arcaico
duas, dues: duas naves (Alejandro, 425); duas virtudes (Fuero Juzgo, págs. II y sig.); dues fijas (Mío Cid. 255). Ambos, ambas. De 3 a 100 no hay flexión; pero úsase doscientos, doscientas; trescientos, trescientas, etc. Mil carece de forma plural; dícese dos mil, tres mil.

IV. - Pronombre.

1.° En latín tiene, ya su flexión propia, indicada generalmente por el genitivo ius, ya la flexión ordinaria de los adjetivos. A la clase de los que tienen flexión propia pertenecen, sobre todo, los pronombres personales ego, tu, sui; además ipse, hic, ille, is, iste, qui y quis, unus, alius, ullus, nullus, alter, neuter, uter, cuya declinación no se aparta de la del adjetivo más que en algunas
ocasiones. A la segunda clase corresponden el posesivo meus (meu en ch.), tuus (teu en ch.), suus (seu en ch.), noster (nostre en ch.), vester (vostre en ch.) y las demás palabras pronominales.
-No todos estos pronombres han pasado a nuestra lengua, pues de los citados nos faltan hic, is, uter, ullus; otros se han creado de nuevo por composición, según veremos más adelante. Aunque debiéramos estudiar solamente los que ofrecen en su flexión algún rasgo particular, antiguo o moderno, es también útil mencionar los pronombres más importantes, análogos en su total estructura al adjetivo.

En la flexión del pronombre, el castellano ofrece más vida que en la de las otras partes de la oración de que ya hemos tratado. Aquí la flexión no ha ido a perderse completamente en la forma del acusativo: no sólo el nominativo ha conservado en gran parte sus derechos, sino que también el genitivo y el dativo han sido utilizados, a fin de obtener una distinción más precisa de caso, y, por consiguiente, mayor facilidad de expresión.

2: Los pronombres personales latinos corresponden en castellano a las formas siguientes:
Singular.
yo tú él, ella, ello
de mí de tí, de sí de él, de ella, de ello
a mí a tí, a sí a él, a ella, a ello
mí tí, sí él, ella, ello

Plural.
nos vos ellos, ellas
de nos de vos, de sí de ellos, de ellas
a nos a vos, a si a ellos, a ellas
nos vos, sí ellos, ellas

Observaciones:
1a: El acusativo no aparece más que acompañado de una preposición; en el caso de dependencia directa del verbo, la preposición del dativo es la que se emplea: así, amo a tí, y no amo tí.
2a: La lengua moderna ha alargado nos y vos en nosotros (nosotras) y vosotros (vosotras), expresiones que antiguamente encontrábanse algunas veces, pero sin referirse a ninguna regla determinada: lo usual era la palabra simple, que hoy sólo tiene valor en el estilo cancilleresco.
3a: Él es apócope del arcaico
elle o ele, el cual también existe en la forma elli ( = egli, italiano) (Berceo, Sil. 20). Por de el se emplea el compuesto del, y antiguamente della, dello.
4a: La unión con
con produce el pleonasmo arcaico conusco (nobisc.) y convusco.

PRONOMBRES PERSONALES CONJUNTIVOS.
Singular.
Dat.: me te se le le (la) le (neut.)
Ac: me te se le la lo (neut.)

Plural.
Dat.: nos os se les les
Ac: nos os se los (les) las

a) Vos, por la abreviada os, es forma anticuada: non vos puet valer (Berceo, Mil. 202); preguntarvos (248); contarvos (Duel. 28); fablarvos (Ruiz, 5). En el siglo XV empléase aún vos al par que os.
b) Los dativos le y les acercábanse más, bajo su forma anticuada li, lis, al latín originario
illi, illis: dandoli (Fuero Juzgo, p.a II); pedirli (ib. IX); guardabali (Berceo, Sil. 24; lis, ib. 25; Loor, 60).
c) El acusativo singular le por lo (latín illum), que obedece mejor las leyes fónicas, es una forma disimilatriz enfrente del neutro lo. Pero la lengua antigua lo empleaba también como masculino: exienlo ver, non lo detienen, judguestilo (Bc, Mil. 230). De este le ha salido la forma paralela muy usada, les por los. Pero la forma la, más usada aún para el dativo femenino le, no puede justificarse bajo ningún punto de vista gramatical.
d) Una razón de eufonía ha determinado la regla de que le, lo, la, les, los, las, se cambien por
se delante de las palabras enclíticas que comienzan por l: sela por lela; selas por leslas,
e) La antigua lengua gozaba todavía de la libertad de emplear como sufijos, al modo provenzal, con supresión de e, o, me, te, se, le, lo: todom lo pechará, quet pudo engendrar, ques casaren (Fuero Juzgo); nol coge, la manol va besar, qnel fará pro Cal, e D.; fizol, dixol (Bc); librol, chol (Conde Lucanor) Hasta el siglo XIV hállanse muchos casos. Y en el siglo XV se encuentran también ejemplos de la tercera persona, como
quel (que lo) despoje (Juan de Mena, Coron. 43), nol pude hablar, nol dexan (Canc. gen.)

3: El posesivo tiene dos formas; la primitiva es:
Masc.: mío, tuyo, suyo,
nuestro, vuestro, suyo.
Fem.: mía, tuya, suya,
nuestra, vuestra, suya.

Con el plural regular. Por nuestro, vuestro, existe la forma anticuada
nueso, vueso.

Una abreviación sin género y sin artículo es:
mí, plural: mis; tu, plural tus; su, plural sus.

Los antiguos empleaban to, so, plural tos, sos (
tons pares, sons pares en chapurriau); y también, al modo provenzal, sa por su. (sa, san germana, sa padrina en chapurriau).

4.° Demostrativos.
Ese y aquese, este y aqueste (las segundas formas son anticuadas), tienen la flexión siguiente:

ese esa eso
esos esas

Él se declina como el artículo, esto es:

él, los la, las lo

Igualmente aquel, aquella, aquello; plural: aquellos, aquellas.

Observaciones:
a) Al antiguo español
elli, corresponde aquí un nominativo y acusativo essi (Berc. Sil. 15); y a menudo esti (Fuero Juzgo, p. II; Berc. Mill. 20.)
b) Los antiguos empleaban también en lugar de
el, la forma más completa ello, por ejemplo: ello mal (F.J. 108 b); ela maldat (XIII, a); non governaven elos poblos que los (les) eran dados (V.a); ellas cosas, las quales, etc. (V. b)

5.° Interrogativos y relativos. Que, sin flexión; quien, plur. quien y quienes; cual, plur. cuales, común (neutro lo cual), con el artículo relativo; sin él, interrogativo.

Observación. -Qui (latín
quis), cuyo lugar ocupa en castellano quien, hoy ha desaparecido (pero no en chapurriau); pero los antiguos lo empleaban con un valor igual al italiano chi o che: qui? (Berc. Sil. 246; Mill. 108; Mili, 55); sin interrogación (Alx. 94), el qui la face (lo qui -que la faigue en chapurriau) (F. J. I.a, comp. 22); los qui (Berc. Sil. 138); en qui, personal (Sil. 288, Mili. 143); neutro (ibid. 19).

6.° Al italiano
altri (atre en chapurriau) corresponde nuestro antiguo otri, que se usaba así en el caso oblicuo como en el directo, por ejemplo: dotri (d´atre, datre, de un atre en chapurriau) (F. J. 61.a), a otri (10.a), por otri (31.a) El latín alius no ha legado al castellano más que el neutro arcaico al.

Uno y sus compuestos alguno y ninguno, se abrevian en un delante de los sustantivos. Alguien, cada, nadie, lo mismo que los arcaicos
qualque, quisque, son comunes y carecen de plural.

SEGUNDA PARTE.

Conjugación.

I. -Relación con la conjugación latina.

La flexión del verbo latino, si se la compara con la de otras lenguas antiguas, particularmente con la del griego, ofrece rasgos particulares de descomposición. El cual se ha extinguido; los tiempos se obtienen en parte por la perífrasis; falta entre los modos el optativo, entre las voces la media. Empero, esta parte de la oración ofrece todavía formas ricamente desenvueltas. Nuestro objeto principal será investigar las vicisitudes que ha experimentado el verbo latino al pasar al dominio
casllano.

I. -Activo.

Indicativo. -El presente, el perfecto y el imperfecto se han conservado: canto, cantaba, canté. El pluscuamperfecto existe también: cantara. (
si yo cantara en chapurriau)

Subjuntivo. -El presente subsiste; el imperfecto se ha extinguido, así como el perfecto. El pluscuamperfecto se conserva: cantase. (
si yo cantara en chapurriau)

Imperativo. -Se ha conservado en el primero de sus tiempos, con una forma propia para el plural: canta, cantad (
canta, cantéu en chapurriau).

Infinitivo. -No ha conservado más que el presente: cantar (
cantá en chapurriau).

Gerundio. -Existe bajo la forma de su ablativo: cantando (
cantán en chapurriau).

Supinos. -No existen: sus funciones las hace el infinitivo.

Participios. -Se conserva el de presente con valor de adjetivo: cantante (
cantán en ch.)

Hay que reconocer, por lo dicho, que el verbo activo ha salido bastante completo en este naufragio de las formas gramaticales. Sin embargo, tres tiempos, el imperfecto de subjuntivo, el perfecto del mismo y el futuro simple han desaparecido, por su semejanza más o menos exacta con otras formas temporales; como
cantarem, por ejemplo, que, si no se pronunciase bien la vocal de flexión e, podría confundirse con cantarim, cantaram, cantabo con cantabam; audiam, futuro con audiam, presente. Estos tiempos se han reemplazado en castellano por la perífrasis, valiéndonos del verbo haber e, unido ya al participio, ya al infinitivo. Por este medio también hemos ganado, desde el punto de vista de la representación exterior, otros tiempos, además de los que la conjugación
latina nos ha ofrecido; pero no hay necesidad de explicar cuánto ha perdido, en cambio, el castellano por este procedimiento, en lo relativo a la intensidad de la expresión.
a) Para varios tiempos del pasado, se emplea
habere unido al participio pasivo; y así, por ejemplo, he cantado (es decir, habeo cantatum, hay cantat en chapurriau), está en lugar de cantavi; habere se
despoja de su significación individual y sirve como auxiliar para designar las relaciones subjetivas (personales) de la acción expresada por el verbo al participio. Aparte la acción del verbo, el participio no tiene otro oficio que expresar en general el pasado, del cual el auxiliar ha tenido la función de expresar la determinación precisa y gradual: he, había, hube cantado. Lo que puede sorprender en este método perifrástico, es solamente el empleo del participio pasivo; pero como habere era en su origen un verbo activo, no podía unirse a él más que un participio pasivo. No era desconocida o extraña al latín esta perífrasis, pues léese en Cicerón: habeo perspectum, habeo cognitum, satis dictum habeo; y con la adición de un régimen, habeo absolutum epos, bellum diis indictum habuit, sinónimos de perspexi, cognovi, dixi, absolvi, indixit.
Du Cange pone algunos ejemplos de la baja latinidad. como postqnam eam sponsatam habuit. Aquí el verbo auxiliar aparece ya claramente en su paso a la significación abstracta; pero posee todavía su fuerza activa rigiendo acusativo. Propiamente hay en esta clase de perífrasis una elipsis: habeo absolutum epos, debería ser explicado por habeo a me absolutum epos, si fuera precisa alguna explicación para un fenómeno tan natural como el uso abstracto de la idea fundamental de habere.
b) Empléase también el verbo habere para la perífrasis del futuro. Conforme a la fórmula del pasado, se hubiera podido escoger el futuro del participio pasivo; pero la sintaxis latina brindaba con un medio y ejemplo más práctico en el infinitivo unido a habere. Esta construcción, conocida también del griego, era tal vez más propia de la lengua popular que de la lengua erudita. Du Cange consigna varios ejemplos de esta naturaleza, tomados del latín de la Edad Media. La fórmula habeo audire, vino a ser exactamente habeo audiendum o habeo quod audiam. Desde el punto de vista de la forma no hay aquí más que la renovación de un procedimiento, notado a menudo en la historia de las lenguas: después de haberse convertido el verbo auxiliar en una simple palabra formal, se aglutina poco a poco como un sufijo con el infinitivo, y acaba por formar un solo cuerpo que, bajo el aspecto de un tiempo simple, reemplaza al futuro latino, producido en parte por una construcción análoga. Amabo de ama -fuio; amaré de amar -he, amar -te -he. Por el mismo método creóse con habebam un segundo tiempo que, por su sentido, corresponde al imperfecto del subjuntivo latino. Esta combinación fundióse asimismo en una forma única, bien que no se reconoce con igual claridad que la anterior: cantar-ía (cantaría).
Además de la desaparición de varios tiempos latinos, reconstruidos mediante el nuevo indicado procedimiento, falta todavía que mencionar el cambio de sentido, esto es, el paso de una forma de tiempo o de modo a otra. La causa de esta importante modificación reside sobre todo en el hecho de que muchos tiempos, por la inevitable usurpación del método perifrástico, tenían doble existencia bajo la forma sintética y bajo la forma analítica; y esta última, en virtud de su mayor claridad material, gozó de preponderancia y anuló una parte de los tiempos simples.
a) El imperfecto de subjuntivo, en razón de su flexión menos expresiva, pareció no poder ser empleado, según se ha observado ya: el lugar de este tiempo fué ocupado entonces por el pluscuamperfecto del mismo modo, suplantado a la vez por su concurrente perifrástico: cantassem (
si nosalres cantessim en català), equivalió a cantarem (si natros o natres cantarem en chapurriau).
b) El pluscuamperfecto de indicativo subsiste en nuestra lengua, pero con una significación indecisa: en castellano antiguo hacía paralelamente su oficio con el imperfecto de subjuntivo; en castellano moderno hace exclusivamente el oficio de este segundo: la significación
yo había amado, ha pasado a la de yo amaría.
c) El futuro anterior ha sido empleado como un futuro de subjuntivo.
d) Si entre los compuestos con
habere, el presente cantare habeo expresaba el sentido de yo tengo la intención de cantar, el imperfecto hubiera lógicamente debido de tomar el de yo tenía la intención de cantar; pero el uso proclamó el sentido yo tendré la intención de cantar. No hay completo acuerdo sobre el nombre de este nuevo tiempo. Más comúnmente lo llamamos futuro imperfecto: en efecto, responde en su significación a la forma latina cantaturus essem, que consiste en un futuro y en un imperfecto. Llamámoslo también condicional, por el papel que desempeña en la frase condicional.
e) Al gerundio se le ha atribuido el oficio de participio presente, lo que significa la pérdida de
este último.

Cuadro comparado de los tiempos y modos simples y compuestos de la conjugación latina y castellana.

SIMPLES.
Latín Castellano Chapurriau

Canto canto canto
Cantabam cantaba cantaba
Cantavi canté vach cantá
Cantaram cantara cantara
Cantabo, Cantaro cantare cantara ?
Cantem, Cantarem cante canta
Cantarim, Cantassem cantase cantara
Canta canta canta
Cantare cantar cantá
Cantando cantando cantán
Cantans cantante cantán
Cantatus cantado cantat, cantada

COMPUESTOS.

Latín Castellano Chapurriau

Cantare habeo cantaré cantaré
Cantare habebam cantaría cantaría
Cantare habui ?


Procedimientos formales.

1.° En la flexión personal, los sonidos están sometidos a la misma ley y a las mismas permutaciones que se observan también fuera de la flexión. Vamos a resumir rápidamente estos casos, apoyándolos en algunos ejemplos del latín vulgar. El procedimiento de la vocal a es sumamente variable y no puede todavía ser aquí explicado. I, cuando no desaparece, cámbiase en e: cantades, arc. (cantatis), sientes (sentís): algunas veces permanece intacta. U pasa comúnmente a o; tememos (timemus), cantaron (cantarunt). Cartas e inscripciones de los primeros siglos testifican este cambio de la i y u átonas. Las consonantes de flexión son: m, s, t, n. La m final desaparece en la conjugación como en la declinación. En el mismo latín: attinge, recipie (atingam, recipiam, en Festo). La s conservámosla en la segunda persona de los dos números: cantas, cantáis (cantas, cantatis).

Igualmente en la primera persona del plural: cantamos. T final desaparece: cantaba (cantabat). La n se conserva o no desaparece más que en las formas secundarias.

2: El castellano no ha conservado estrictamente el acento primitivo. Los puntos siguientes son los más importantes:
a) Si en el presente latino el acento está sobre la antepenúltima, adelanta en castellano a la siguiente. b) La primera y la segunda persona plural del presente de indicativo, acentúan siempre la vocal de flexión, aunque sea breve en latín.
c) La primera persona plural del perfecto de indicativo adelanta el acento latino de la antepenúltima a la penúltima sílaba: hicimos (fecimus,
vam fé en chapurriau).
d) La primera y la segunda personas plural del imperfecto de subjuntivo (pluscuamperfecto latino), colocan el acento latino una sílaba atrás: cantásemos, cantáseis (cantavissemus,
cantavissetis), si natros o natres cantárem, si vatros o vatres cantáreu en chapurriau.

3: Extraña a la gramática latina y admitida en la castellana es la diptongación de la vocal radical, cuando es e, o; rara vez cuando es i, u. Prodúcese según las reglas generales expuestas en la fonética. -La apofonía, de la que ya en latín hay ejemplos, ha hecho importantes progresos en castellano, -La atracción ha influido aunque menos, sobre la flexión del verbo.

2. -Pasiva.

La flexión de esta voz ha perecido: sólo el participio perfecto (porque el de futuro ha pasado completamente a la clase de adjetivos) se ha conservado. Este se emplea (aunque sirve de compensación a diferentes tiempos activos) para formar también, con la ayuda del verbo
esse, la pasiva toda entera. La lengua latina ha producido esta perífrasis, porque de la misma manera reemplazaba los tiempos del pasado. El verbo auxiliar está destinado a expresar por su forma la persona, el número, el tiempo y el modo; el participio da la idea, pero mantiene (lo cual no sucede en la voz activa) sus derechos como adjetivo, esto es, que cuenta con género, número y caso (nominativo).

Además del verbo
esse (sé en chapurriau), es empleado de la misma manera para esta perífrasis de la voz pasiva, el verbo stare (está en chapurriau).

Si el pasivo se ha extinguido, el deponente no ha tenido mejor suerte. Hay muchos verbos deponentes castellanos, pero tienen siempre la forma activa.

3. -Modos de flexión.

1° Flexión débil. -Las tres conjugaciones con los infinitivos arc. ere, ire, se encuentran en castellano. La conjugación en A es la primera; la conjugación en E la segunda; la conjugación en I la tercera. -Sobre los diversos tiempos, debe observarse lo siguiente:

I .° El presente impide en general la regularidad hasta suprimir completamente las vocales características e, i (ind. eo, io; subjuntivo, eam, iam): temo, tema (timeo, timeam); siento, sienta (sentio, sentiam). Estas vocales, no obstante, han subsistido en algunos verbos débiles, y constituyen una pequeña desviación del paradigma.

2: El imperfecto de la segunda conjugación sigue la forma de la tercera (latín cuarta), iebam: hubiera podido estar representada por ieva, iea; sin embargo, iva o ia, que ha adoptado el uso, no es peor que la contracción ibam, como en audibam, nutribam, scibam, servibam, vestibam y otras.
3: La flexión del perfecto avi, evi, ivi, ha sufrido absolutamente la síncopa o desaparición de la v, lo cual no se produce en latín más que en la segunda persona del singular y en la segunda y tercera persona del plural de la primera y de la segunda conjugación, y en todo el perfecto de la tercera: amé, amaste; sentí, sentiste.

4.° El participio de la primera y de la cuarta latinas atus, itus, fué fielmente reproducido por ato, ito, y las formas correspondientes. Y ¿cómo el de la segunda, que exige una vocal larga, ha sido representado? Regularmente debiera haber sido por eto; pero la lengua madre no ofrecía más que
pocos ejemplos con etus, y hasta éstos se habían perdido, pasando a la conjugación en I. Por consiguiente, adoptóse la terminación
utus, contraída de uitos, a la cual habíase acostumbrado el oído por un número considerable de ejemplos (argutus, consputns, consutus, dilutus, imbutus, indutus, minutus, secutus, solutus, statutus, tributus), aunque la vocal está en contradicción con
la del perfecto. En la baja latinidad aparece espontáneamente aplicada a los verbos nuevos: incenduta, pendutus, forbattutus, decerumtum, sterumtus, stratus, reddutus. Pero nuestra lengua, cuando ya se hubo formado, renunció al participio en
udo (no así el chapurriau, udo -ut: batut, batido, futut, jodido, mereixcut, merecido, abatut, abatido, etc), y escogió, como para el perfecto, la forma de la tercera conjugación: ido.

Muchos verbos latinos, al pasar al castellano, han cambiado una conjugación débil por otra: lat. cambire, cast. cambiar. No es siempre seguro que un nombre haya servido de intermedio, aunque sucede muchas veces, pues en el citado ejemplo tenemos hoy el sustantivo cambio, bajo lat. cambium.

2: -Flexión fuerte.

Es menester, ante todo, consignar que esta flexión ha sufrido considerables variaciones, ya por su mezcla o composición con la flexión débil, ya por su paso a ésta.
-1°: La conjugación mixta había ya entrado profundamente en la lengua latina, donde muchos verbos fuertes formaban ciertos tiempos según la primera, la segunda y la cuarta conjugación. Esta transformación ha ejercido gran influencia sobre el castellano. Notemos los puntos siguientes:
a) La mezcla con la primera conjugación no es grandemente usada en latín: prodúcese en los infinitivos crepare, cubare, fricare, juvare, lavare, plicare, secare, sonare, tonare, v
etare. En castellano la forma fuerte fué sencillamente reemplazada por la débil: soné, sonado. Es verdad que algunos de estos verbos poseen en latín una forma débil al lado de una fuerte.
b) La mezcla con las formas de la segunda conjugación es muy frecuente, de modo que el perfecto y el supino siguen la flexión fuerte, el presente y el infinitivo la débil; sin embargo, muchas formas secundarias de los dos últimos tiempos establecen la existencia primitiva de una flexión fuerte: así, al lado de ferveo fervere, frendeo frendere, fulgeo fulgere, oleo olere, strideo stridere, tergeo tergere, hállanse fervo fervere, frendo frendere, etc.; compuesto de ridere irridere puede tener una e breve, y tondo por tondeo, que se encuentra en las inscripciones, parece, por lo menos, haber sido voz popular. En castellano los verbos de esta clase no tienen la forma con e breve.
c) Aperire, fulcire, salire, sentire, sepelire, venire, vincire y otros, ofrecen la mezcla con la cuarta.

2: La transformación de la forma fuerte en débil, se producía ya en latín, aunque no pueden citarse muchos ejemplos; pero en castellano esta reforma, unida a la necesidad de la unificación de las flexiones, toma una extensión poco común, pues nuestra habla se opone abiertamente a la flexión fuerte.
a) Un corto número de verbos han pasado solamente a la primera conjugación: consumar de consumere; mear (
mingitar) de mejere; menguar de minuere, minvere (minvá, menguá en ch.).
b) El paso a la tercera (castellana), que estaba más próxima de la segunda, es de mucha importancia. Ejemplo: con e originariamente breve, concebir, fingir, huir (
fuchí o fugí en chapurriau, fugere), morir, parir, seguir, convertir. Es de notar que en las antiguas formas latinas se encuentra parire por parere. Ejemplo: con e originariamente larga, lucir.
c) Un número todavía más considerable permanece fiel a la e del infinitivo, a pesar de que estos verbos pertenecen a la forma débil son hoy los de la segunda conjugación castellana.

Por esta decidida inclinación del castellano hacia la forma débil, el paso de los verbos débiles a la forma fuerte es un hecho apenas posible. Así, todas las nuevas creaciones con elementos latinos o extranjeros acomodáronse a la forma débil.

Relativamente a los tiempos primitivos de la flexión fuerte, es menester todavía observar lo siguiente:
Infinitivo.
a) Es caso raro el de alargarse la e breve: cadere, capere, sapere.
b) El paso de la e a i, se efectúa con poca frecuencia en la flexión fuerte: decir (dicere).
c) Los infinitivos con e breve (acentuados sobre la radical) están sometidos a una fuerte contracción: la última consonante del radical se sincopa con o sin la vocal siguiente: ver (videre). Esta contracción o síncopa afecta también a los tiempos compuestos con el infinitivo.

En el presente, la i o la e de derivación (capio, facio, sapio, debeo, doleo, habeo, pereo, teneo, valeo, video), ha dado lugar a irregularidades y a formas dobles: caigo, pongo, traigo.

Entre las diferentes formas del perfecto, la forma reduplicativa ha desaparecido. A conseguir tal objeto caminaba ya el latín, que de scicidi, tetini, tetuli, hizo scidi, tenui, tuli, y al lado de pependi, peperci, pepuli, pupugi, spopondi, tetendi, tutudi, puso pendi, parsi, pulsi, punxi, spondi, tendi, tusi o tunsi, según se hallan en ciertos escritores o citadas por los gramáticos. En la lengua popular, los últimos restos de esta importante forma habían desaparecido, habiendo sido reemplazados de diferentes maneras. Los otros medios de formación del perfecto continuaron empleándose; pero el uno tomó a menudo el sitio del otro.
a) El empleo de la s, ya en algunos gramáticos y autores latinos, ha continuado, suplantando los otros medios de flexión en muchos verbos. Prisciano atribuye al verbo quaeso, forma más antigua de quaero, un perfecto quaesi, al cual, sin duda, se refiere el castellano
quise.
b) La forma con una u intercalada, está más o menos respetada y reproducida de diferentes maneras: supe (sapui,
vach sabé en chapurriau).

El participio ha sufrido más que el perfecto. La que más ha subsistido ha sido la forma -sus, -ctus, -ptus.

3: De los verbos anormales, el castellano ha conservado
esse, posse, velle, ferre, ire.
a)
Esse regula su infinitivo según la tercera conjugación latina: ser. Como este verbo está incompleto, y la voz pasiva, que se sirve de él para la expresión perifrástica, exige que sea completo, las formas que le faltaban ya han sido creadas por analogía, como el gerundio essendo, el participio presente essente; ya se han tomado de otros verbos, como el participio pasado stato de stare. Además de este verbo, sedere y fieri han debido llenar el vacío de las formas que faltaban al latín, o que se habían perdido después.
b) Posse no ha formado un infinitivo possere (
pugué, podé en ch.) o poder, como essere o ser de esse: lo ha derivado de nuevo de la sílaba pot, contenida en potest, etc, a saber: potere, italiano, y poder, castellano; el imperfecto poteram ha pasado, con otros tiempos, a la terminación de la segunda conjugación (poteva, italiano; podía, castellano). El gerundio y el participio de presente han sido creados según el modelo de la segunda conjugación.
c) Velle fué igualmente asimilado a la segunda. Sólo las antiguas formas castellanas si-vuel-qual,
si-vuel-quando, si-vuel-que, permiten suponer una remota existencia en nuestra lengua de este verbo, que hoy nos falta completamente.
d) Ferre no se encuentra más que en los compuestos y ha pasado a la tercera conjugación: preferir,
e) Ire, en su calidad de palabra poco expresiva, ha perdido la mayor parte de sus tiempos: la idea está expresada por un verbo nuevo: andar, aunque este verbo tiene una existencia independiente con flexión completa. Este verbo puede referirse a aditare, empleado por Ennio, aunque esta etimología no está universalmente admitida.

CONJUGACIÓN CASTELLANA.

Flexión personal.
a) La s se ha conservado en todas partes; pero la t final ha desaparecido. (En el Fuero Juzgo y en el poema de Mío Cid y otros documentos antiguos subsiste.)
b) La segunda persona plural (excepto en el perfecto, del que se hablará más adelante), ha tenido primeramente la terminación des por is: cantades, cantábades, cantaredes, etc.; en fin, la d desaparece, y la e, para producir un diptongo, ha pasado a i: cantáis (cantéu en ch,), cantabais (cantáeu o cantábeu en ch.), cantaseis (cantáreu en ch.). Ya en el Cancionero general encuéntranse las dos formas, una al lado de otra; el trisílabo digades, al lado del disílabo digáis, lo cual ha durado hasta los días de Cervantes. La antigua d ha persistido mucho tiempo en los casos donde estaba precedida de una vocal átona. Montemayor dice, por ejemplo: podéis, veréis y érades, íbades; Cervantes, sepáis, echéis y seríades, durmiéredes. Calderón no ofrece ningún ejemplo de D. Al par de eredes, los antiguos pronunciaban también erdes: fezierdes, dierdes (Berceo, Ruiz); pudierdes todavía en Garcilaso; en lugar de eis también es: valés, tenés, sabrés, en el Cancionero general (
y común en Argentina).
c) Al lado de ia, ie, estaban antiguamente autorizados cantíe, cantaríe (
cantaríe en ch.), habríe (hauríe y ñauríe en ch.), perderíemos (pedríem o perdríem en ch.), veríedes (voríes, voríeu en ch.), sentíen (sentíen en ch.).
d) Casi es obvio consignar que los antiguos dejaban caer a su grado la vocal final e, como en fues, matest, parist, exient, en toda especie de palabras.
e) El cambio del acento es un fenómeno muy frecuente: excepto en el presente y en el perfecto fuerte, en los cuales la acentuación de la primera y segunda persona plural es la misma que la de la primera singular: de ahí, cantaba, cantábamos, cantábais, cantára, cantáramos, cantárais, cantáse, cantásemos, cantáseis (
chapurriau cantaba, cantábem o cantáem, cantára, cantárem, cantáreu, cantáre, cantárem, cantáreu). Lo mismo sucede en las más antiguas obras poéticas, pues no se descubre en ellas ningún rasgo del acento primitivo.

El infinitivo termina, por apócope de la e, en ar, er, ir.

El futuro del indicativo y el condicional en ría, toleraban antiguamente la separación de la flexión, mediante un pronombre intercalado, y de esta manera vuelven a su primitivo estado, al cual deben su existencia:
decir te han, haber los hemos; en el poema del Cid: dar le ien, fer lo yen, los cuales son sinónimos de te decir han, les habremos (los haurém en ch.), le daríen (li daríuen o li donaríen en ch.), lo faríen (lo o li faríen en ch.).

Acerca del presente de los tres modos ocurre observar lo siguiente:
a) La formación de diptongos es frecuentísima, pero se produce según reglas inciertas. De e y o breves latinas provienen ie y ue, pero al mismo tiempo de i y u. El diptongo se produce más seguramente cuando la e o la o se encuentran delante de l, m, n, r, s, que hacen posición
con otra consonante.

b) El acento reposa siempre en el singular y en la tercera persona plural sobre la penúltima sílaba: imagino, determino, notifico, suplico, articulo, animo, imagine, etc.; imperativo, imagina. Para colocar bien el acento, es preciso saber ciertamente cuál es la antepenúltima sílaba, lo cual sólo puede ser dudoso cuando la flexión está precedida de una vocal, porque entonces ésta puede formar un diptongo con la vocal de flexión. Pronunciase desafío, envío; pero también agravio, apremio, limpio. Solamente por una síncopa presérvase la acentuación correcta: cargo (cárrico), colgo (colloco), curto (cóutero), huelgo (fóllico). El plural del imperativo no se confunde con la persona correspondiente del presente de indicativo; tiene su forma propia: cantad, haced, distínguese de cantáis, hacéis. Cantade, por cantad. que se encuentra en los antiguos, sobre todo en el poema de Alfonso XI, se acerca al portugués cantai. En habere, esse, sapere (sábre o sabé en chapurriau), el imperativo, tomado del subjuntivo, nos es desconocido en castellano.

En el imperfecto, la b no se conserva más que después de a: de ebam, ibam, se ha hecho ia; en la antigua lengua también ie: avie, avien.

El perfecto diptonga en la segunda persona plural es en eis: cantásteis, hicísteis; antiguamente cantastes, hicistes. Este eis no resulta, pues, de edes: cantástedes supondría en latín cantavistitis.
Es una formación por analogía con la terminación general -is, y no ha sido introducida más que cuando se han contraído las sílabas átonas edes en eis.

El pluscuamperfecto primitivo (cantara) no se emplea hoy más que en el sentido condicional; pero antiguamente se usaba en significación primitiva.

Futuro de subjuntivo. Su flexión en la primera conjugación es arc. ares, arc. áremos, áreis, aren. Pero antiguamente la primera persona terminaba a menudo en o en lugar de e, y esta terminación testifica en favor de su origen del futuro anterior latino, con cuyas funciones nuestro futuro tiene estrechas relaciones. Ejemplos con o: tornaro, podiero, fuero, fallesciero, sopiero (todos de
Berceo). El poema del Cid emplea sin vocal: visquier, dixier, mandar.

El participio presente no está en uso: alguna vez, aunque rara, se encuentra en los antiguos.

Final de la radical. -Reglas ortográficas:
a) Para conservar la pronunciación gutural, c y g antes de e pasan siempre a qu, gu, toco, toque, pago, pague.
b) Para favorecer la aspiración, g se cambia delante de a, o en j: coger, cojo, coja; fingir, finjo, finja. c) Para convertir en muda, delante de a y o, la u de qu, que lo es delante de e, i, cámbiase qu en c: delinquir, delinque, delinco, delinca.
d) Delante de e, i, la y se cambia en c: fuerzo, fuerce.
e) Entre dos vocales se escribe siempre y por i: caer, cayó, cayeron, poseer, poseyere, huir, huyo.

La enclisis del pronombre personal modifica muchas veces la forma del verbo, a saber:

a) La r del infinitivo se asimila a la l siguiente: amalla, hacello, sentillo (arcaico y poético), por amarla, etc.
b) En el plural del imperativo, la d desaparece delante de os (por vos): alegraos por alegrados; arrepentíos por arrepentidos; cambia de lugar la d con la l, apoyándose en ésta: amaldo, haceldo (arcaico), por amadlo, hacedlo.
c) En la primera persona del plural del presente de subjuntivo, la s desaparece delante de nos: alegrémonos por
alegrémosnos.

Los verbos auxiliares son haber y ser: en lugar de haber admítese, con ciertas restricciones, tener. Haber sirve para la perífrasis de los otros dos, y, por consiguiente, de todos los demás verbos.

1.° Haber. Formas arcaicas: aves, ave, aven, por has, ha, han; habemos por hemos; hobi, hobo, por hube, hubo. En el poema del Cid también
off.

Forma moderna (Véase la última edición de la Gramática de la Academia Española).

2° Ser. Forma moderna (Véase la Gramática de la Academia).

Observaciones: a) Debe observarse la palabra especialmente española eres por es, sois (estis). Formas arcaicas: so = soy, sodes = sois, fust = fuiste, fo = fué; también foron, fos y otras análogas, b) Al lado de fui había todavía un segundo perfecto, sovi, sovist, sovo, suvo, sovieron, sovioron, soviesse, soviessen, (Berceo; Poema de Alexandro.)
c) Esse ss ha mezclado, no con stare, sino evidentemente con sedere, lo cual prueba: 1.°, el sentido de ser, que algunas veces se confunde todavía con el de sedere, como en el poema de Mío Cid, sed en vuestro escaño; 2:, la forma: ¿por qué esser se habrá abreviado en ser? Ser ha existido más bien antiguamente bajo la forma de
seer (disílabo), y refiérese a sedere, como ver, veer, arc. a videre; la d latina persistía todavía sin que el verbo tenga por esto necesariamente el sentido de sentarse.
Ejemplos: Ya más alegre seyo (Apol.); seo bien pagado (Bc.); en la su merced seo (Sil.); siedes (Bc.); que de linaje sedes (Apol.); sieden (Bc.); sedia (Alex.); sedie (P. C, Be, Alexandro); sedien (P. C); seian (Alex.); seyendo (F. J.); seyer (Apol.) El perfecto sovo, acabado de citar, pertenece a sedere, y no es más difícil referirlo a sedit, que estovo a stetit, crovo a credidit. Sedere ha dado a esse el presente de subjuntivo (seya, más tarde sea), el imperativo (soy, sé, seed. sed), el infinitivo, el gerundio y el participio (seído, sido): las otras formas han acabado por desaparecer.
La sinonimia de esse y sedere se presenta de la manera más clara cuando los dos verbos están en relación el uno con el otro, como en los versos portugueses de Trovas e cantares, pág. 6: Todas as outras donas non son ren contra ela, nen an ja de SEER. La doble significación de seer ha sido causa, sin duda, de que se haya introducido, rindiéndole su significación primitiva, la expresión estar sentado.

Véase el cuadro de las modernas y autorizadas formas de las tres conjugaciones en la última edición de la Gramática de la Academia Española.

El presente diptonga en muchos verbos e en ie, según el modelo siguiente:

Indicativo: niego, niegas, niega; negamos, negáis, niegan.
Chapurriau: nego, negues, negue, neguem o negám, neguéu o negáu, neguen.

Subjuntivo: niegue, niegues, niegue; neguemos, neguéis, nieguen.
Chapurriau: nego, negos, nego, neguém, neguéu, negon.

Imperativo: niega, negad.
Chapurriau: nega, neguéu.

La vocal radical o pasa también al diptongo ue.
a) Los verbos que diptongan la e son: alentar, calentar, escarmentar, cegar, decentar, cerrar, encerrar, acortar, concertar, cimentar, acrecentar, adestrar, sosegar, comenzar, empezar, confesar, fregar, gobernar, helar, herrar, infernar, invernar, en-, enco-, reco-recomendar, mentar, merendar, negar, nevar, apacentar, empedrar, pensar, despertar, plegar, apretar, quebrar, regar, arrendar, derrengar, segar, sembrar, sentar, asentar, serrar, temblar, tentar, aterrar, desterrar, enterrar, atestar, tropezar, a-, re-, ventar, atravesar.

2: O (u) forma diptongo en agorar, colar, colgar, descollar, contar, encontrar, acordar, acostar, costar, encorvar, forzar, regoldar, degollar, engrosar, holgar, jugar, amolar, remolcar, almorzar, mostrar, renovar, desollar, desovar, poblar, emporcar, a-postar, probar, aprobar, derrocar, rodar, asolar, consolar, soldar, soltar, sonar, soñar, tostar, tronar, avergonzar, volar, volcar y revolcar.

El perfecto canté se explica por
cantavi. Un inconveniente es la coincidencia de este tiempo con el presente en la primera persona plural, cantamos. Hay que notar la terminación este por aste en el poema del Cid: salveste.

Verbos aislados, a) Andar está completo; pero ha formado el perfecto anduve, según estuve; y así, anduviese, anduviere y anduviera. Por
anduvo se encuentra antiguamente andido (Bc. Alex. F. J.), andidiste (P. C), andidieron (ib. 658, Bc. Alex. F. ).) o andudo (F. J. 101 a), plural andodieron (Alex.), y también andodiera (Cal, e Dim.)
b) Dar: presente, doy, das, da, damos, dais, dan; sub. dé; perf. di, diste, dio, dimos, disteis, dieron;
y así, diese, diere, diera.
c) Estar = dar, solamente el perfecto
estuve, como hube; y así, estuviese, estuviere (estevier, F. J. p. IV, a), estuviera. En castellano antiguo se encuentra, además de estove, un segundo perfecto construido sobre steti, estido, tercera persona (P. C. 3641, Bc. Sil. 71, Mis. 99): de ahí, estidiere (F. J. 36.a), que es ciertamente la flexión más antigua: también estudo = estut (Alex.); de ahí estodiera. En Berceo se encuentran las formas correspondientes: catido de catar, entrido de entrar; en Ruiz, demandudieres de demandar.

Segunda conjugación.

La distinción de la segunda y la tercera conjugación latinas está completamente suprimida: el infinitivo no conoce más que una sola flexión = er. El castellano, después de la caída de la segunda e, no ha debido favorecer la final átona en r en lugar de conócer, quérer, lámer, prefiere pronunciar conocer, querer, lamer. No se descubre ningún rastro de la e átona, aun en las fechas más antiguas de la historia de nuestra lengua. Los verbos son muchos: no hay necesidad de enumerarlos, pues se puede dar fácilmente cuenta de lo que ha quedado en la flexión fuerte; así, batir (
bátre en ch. batuere), concebir (consebí en ch. concipere), confundir, erguir (evigere), gemir (gemegá en ch.), hervir (bullí, fiebre en ch. fervere), morir, arrepentir, regir, rendir, vivir; en castellano antiguo hay, por el contrario, todavía confonder (confóndre, confundí en ch.), erger, morrer, render
(Alex. Berceo).

Esta conjugación se confunde casi absolutamente con la que sigue: y, aunque en el plural del presente se distinguen por la vocal característica, en la tercera persona vuelven a identificarse, porque ambas convierten el latino unt e iunt en
en: serbent por serviunt léese ya en una carta del siglo IX. La vocal característica persiste también en el futuro. Al principio la segunda se distinguía
asimismo mediante el participio en
utus, que después ha sido poco a poco reemplazado por el de la tercera ido. Lo cual se prueba con muchos ejemplos de los antiguos textos, donde ambas formas existen; así, abatudo (abatut en chapurriau) (Alex.); percebudo (persibit, persebut en ch.) (F. J. 2.b, Alex.); encendudo (ensés en ch.) (F. J. 136a); cernudo (Berc. Sil. 457); defendudo (defengut en ch.)(F. J. 13.a); metudo (embutit, futut, ficat en ch.) (P. C, Alex. F. J. 30. b 35.a); prometudo (prometut en ch.) (F. J, ib. X, a); connozudo (conegut en ch.) (F. J. 34.b, 56, a); pendudo (penjat en ch.) (Berc); perdudo (perdut en ch.) (ib. Alex.); prendudo (F. J. 123. b); corrompudo (corromput en ch.) (ib. 182. b); sabudo (sabut en ch.) (Alex.}; spendudo (F. J. 107. b); estavlezudo (establit en ch.), costrenudo (constreñit en ch. constreñido en castellano) (ib. 14, a); temudo (Alex.); entendudo (entengut, entés en ch.) (F. J.); tenudo (ib.); contenudo (ib. 2, a, 27.a, 104. b); atrevudo (atrebit en ch.) (Alex. 595); vendudo (venut en ch.) (F. J. 126, a); venzudo (vensut en ch.) (P. C. 3656, F. J. 31.b, Berc. Mill. 119). En la lengua moderna esta flexión se ha extinguido.

Presente. La vocal radical acentuada forma diptongo en los verbos siguientes:
a) e en ie: encender, cerner, defender, heder (foetere), hender (findere), perder, ascender, tender, atender, verter;
b) o en ue: cocer, doler, llover (
ploure en ch. pluere), moler (móldre en ch.), morder (mossegá en ch.), mover (moure en ch.), oler (fé auló en ch. pres. huelo), soler, absolver, disolver, torcer, volver, toller (arc. subj. pres. tuelga, F. J. II. b).

Verbos aislados, a) Caer (
caure en ch. cadere); caigo, caes; caiga (arc. cayo, caya). Valer (váldre en ch.): valgo, vales; valga; valdré, valdrás, etc. (pres, arc. valo, va la).
b) Los verbos en cer precedidos de una vocal hacen el presente en zco; subjuntivo, -zca: nacer, nazco, naces, nace, nacemos, nacéis, nacen; subj. nazcan, etc. A esta clase pertenecen
pacer (pasturá en ch. pascere), encarecer (incarescere), empobrecer, crecer, conocer y muchos más.
c) Los verbos siguientes tiene un doble participio, uno débil y otro fuerte: prender, prendido, preso; romper, rompido (poético), roto; proveer (providere), proveído, provisto. Otros participios fuertes, como defenso, nato, suspenso, compulso, extenso, absorto, resuelto, convicto, han abandonado su significación verbal y convertídose en adjetivos; la significación verbal no pertenece más que a las formas débiles: defendido, nacido (
naixcut en ch.), etc. Los antiguos empleaban un número considerable de estos participios fuertes; por ejemplo: asconso (amagat en ch. absconditus, Canc. de Baena); enceso (ensés en ch. incensus), cocho (coctus), contrecho (contractus), espeso (expensus, con el sentido activo en Berceo Mill, 215).
d) Solver no tiene más que un perfecto fuerte: suelto: acerca del verbo ver, véase la conjugación fuerte.
e) Defectivos: soler; suelo, etc. (suelgo, Cancionero de Baena); solía, etc.; solí, etc. Yacer: yace, yacen. Sobre este último y sobre placer, véase la flexión fuerte.

Tercera conjugación.

El castellano desconoce la unión o mezcla con las formas incoactivas. Por lo cual, desaparece la irregularidad de la tercera conjugación; pero encuentra su equivalencia en una modificación particular de la vocal radical, que no sólo atañe al presente, sino también a otros tiempos. Hay dos clases de verbos sometidos a esta modificación:

a) El presente forma diptongo de la manera conocida, e en ie, o en ue; pero, en las formas acentuadas sobre la flexión,
e pasa a i o a n, con tal que la sílaba siguiente no contenga una i acentuada. Paradigmas:
Indicativo, presente: siento, sientes, siente, sentimos, sentís, sienten.
Imperfecto: sentía, sentías, sentía, etc.
Perfecto: sentí, sentiste, sintió, sentimos, sentisteis, sintieron.
Futuro: sentiré, como también sentiría.
Subjuntivo, presente: sienta, sientas, sienta, sintamos, sintáis, sientan.
Imperfecto: sintiese, etc. y también sintiere, sintiera.
Imperativo: siente, sentid.
Gerundio: sintiendo.
Participio: sentido.

Los verbos con la vocal radical o tienen una flexión correspondiente, a saber: dormir, duermo, duermes, duerme, dormimos, dormís, duermen; duerma, duermas, duerma, durmamos, durmáis, duerman; dormía, etc.; dormí, dormiste, durmió, dormimos, dormísteis, durmieron; dormiré y dormiría; durmiese; durmiere; durmiera; duerme, dormid; durmiendo; dormido.
Los verbos con e son: erguir (erigere), donde se escribe ye por ie (yergo, erguimos, irguió), con-, de-, di-, inferir (conferre, etc.), digerir, ingerir, herir (
ferí en ch. ferire), adherir (adhaerere), hervir (fervere), mentir, arrepentir (poenitere), adquirir, inquirir (éste y el precedente con i en la radical), discernir, sentir, ad-, con-, contro-, di-, invertir. Los en o son dormir, morir.

b) Aquellos verbos cuya vocal radical e proviene de una i latina, no se distinguen de los de la primera clase más que porque tienen, también en el presente, una i en lugar de ie; así, pido, pides, pide, pedimos, pedís, piden; subj.: pida, pidas, pida, pidamos, pidáis, pidan. No existen verbos correspondientes con o. Son: concebir (concipere), ceñir (cingere), freir (
fregí, frechí, frigí, frichí en ch. frigere), gemir (gemegá en ch.), engreír, henchir (omplí en ch. implere), colegir, elegir, desleír, medir (metiri), pedir (demaná, demandare en ch. pedí no es correcte en ch. petere), competir (competere), regir, reír (riure en ch. ridere), rendir (reddere), reñir (ringi), derretir (deterere), seguir, servir, constreñir (constringere), teñir (tingere), vestir. En antiguos textos, como por ejemplo en el libro de Calila é Dimna, extiéndese este cambio de la vocal a diversos tiempos de la conjugación fuerte, como en dixe, dexiste, dixo, deximos, etc.; fice, feciste; quise, quesiste.

Verbos aislados: a) Asir (apisci); azgo, ases; azga. -Oír (
sentí, escoltá, de auscultare, en ch. audire); oigo (escoltá en ch. oyo, arc.), oyes; oiga, oigas (ozga, F. J. 26,b; ozca, Alex. 346).
-Salir (salire); salgo, sales; subj. salga; imperativo sal (sin e), salid; saldré.
-Exir, arc. (
eixí en ch. exire); exco (ixco, ixes, ix, ixím o eixím, ixíu o eixíu, íxen en ch.); subj. ygamos, iscamos (ixcám en ch.); imp, ix (ix en chapurriau). (Véanse los glosarios de Sánchez.)
b) Los verbos en ucir proceden en el presente como los en cer (2a conjugación), bien que en conducir, conduzco (
conduíxco en ch.); lucir (lluí en ch.), luzco (lluíxco en ch.), por ejemplo, el final sco no existe en el latín.
c) Los verbos siguientes tienen un doble participio: oprimir, suprimir, suprimido, oprimido, opreso; prescribir, prescribido, prescrito; injerir (ingerere), injerido, injerto; además existen muchos participios fuertes con un sentido de adjetivo, como en la segunda; así, deciso, incluso, incurso,
bendito, maldito; en castellano antiguo
cinto (lo sinto, correcha en ch. = cinto, correa) por ceñido, repiso por repentido, tonso por tundido.
d) Tienen el participio fuerte: abrir (obrí, aubríen ch.), abierto (
ubert en ch.); cubrir (cubrí en ch. cubierto (cubert en ch.); escribir (escriure en ch.), escrito (escrit en ch.); freir, frito (fregit, frigit, frechit, frichit en ch.); morir (morí en ch.), muerto (mort, morta en ch.).
e) Defectivos. Ir se une a
vadere y esse de la manera siguiente:
voy, vas, va, vamos (imos, arc.), vais, van; vaya, vayas, etc.; ve, vayamos y vamos; id; iba; fui y fuese; fuere, fuera; iré; iría; yendo; ido.
Pudrir (
putí es fé mala auló, pudó, com la put put en ch. putiere); pudre, pudren; pudre, pudrid (imp.); podría, podrían; podriré, etc.: podriría, etc.; podrido (podrit en ch.), pudrido (pudrit en ch.).

Flexión fuerte. -Está extinguida y no quedan más que algunos restos. Los textos de los siglos XII y XIII presentan aún ejemplos donde puede estudiarse la decadencia progresiva de esta forma.

El infinitivo no sufre ninguna contracción: se dice decir (dicere), hacer (
fé en ch. facere); la contracción se presenta en el futuro: diré, haré, por deciré, haceré.
La terminación eo, eam; io, iam del presente, comprendiendo los verbos de conjugaciones regulares, no es sensible más que en haya (
haigue, haygue, ñague en ch. habeam), huyo (su(g)io), salgo (salio), tengo, valgo, vengo; asimismo quepo, por la atracción caipo (capiam), sepa (sápiga, sábiga, sápia, sábia en ch.) por saipa (sapiam), plegue por plaica (si us plau en català, placeat). Hay formaciones inorgánicas tales, como pongo (fico, poso en ch.), caigo (caigo en ch.), traigo (porto en ch.), cual si estas palabras hubieran sido producidas por ponio, cadio, trahio.
La. segunda y tercera personas de singular, así como todo el plural, se atienen rigurosamente, salvo la diptongación, a la forma del infinitivo: así, tengo, tienes, tiene, tenemos, tenéis, tienen (
ting o tinc, tens, té, tením, teníu, ténen, ch.); los verbos ya citados de la segunda y tercera conjugación en
-cer, -cir, se conjugan lo mismo.

Perfecto. -a) Flexión con cambio de la vocal radical y sufijo personal: hice, pude, vine, vide (arc.) b) Con s, j (x): quise, puse, dije, traje (
vach volé o vóldre, vach ficá, vach di, vach portáen ch.) y otras muchas formas que ya no se usan. En algunos casos la antigua lengua invertía la x (es) en se: de traxit salió trasco; de vixit, visco (yo vic o vixgo vixco a Beseit, en ch.), y a estas últimas se unió nasco (naixco en chapurriau), para el cual no tiene el latín perfecto.
c) En hube (habui), plugo (placuit) y supe (sapui), no se puede desconocer la influencia de la flexión ui: los antiguos ponían o por u, y esta o representa el diptongo au, producido por atracción: habui, haubi, hobe. De
hube se forma el perfecto de otros verbos auxiliares: tuve, estuve; suve o sove (arc.) y anduve (vach caminá o aná en ch.). Sobre igual modelo se hizo además cupe (vach cabreen ch.), conjugándose capio (aquí no cábigo, sí que cápigo, no cábio, sí cápio en ch.), capui, como sapio (sápigo, sábigo, sábio, sápio en ch.), sapui. La forma secundaria truxe por traxe, debe igualmente tener su fuente en traxni por traxi. En pude (vach pugué o podé en ch. potni) la atracción es dudosa, por lo cual es prudente clasificarlo en la primera clase. La flexión de este tiempo es la siguiente:

Singular: supe, supiste, supo. (
vach sabé o sábre, vas sabé o sábre, va sabé o sábre en ch.)
Plural: supimos, supisteis, supieron. (
vam sabé o sábre, vau sabé o sábre, van sabé o sábre en ch.)

Por e en la prim. pers. sing. se nota aún en la antigua lengua i, que es sin duda la forma primitiva: así, vidi, prisi, sovi, trasqui, visqui (
vach viure en ch. cast. mod. viví). Es difícil explicar la o de la terc. pers. sing. a no ser por una influencia de la conjugación débil, cuya o correspondiente está además acentuada. La terc. pers. plur. se distingue por la observación del acento latino, aunque en otros casos, como por ejemplo en el infinitivo, seguimos camino propio. Sin embargo, al lado de la forma corriente, se encuentra, por hicieron (van fé en ch.), pusieron (van ficá o posá en ch.), traxeron (van portá en ch. trajeron), una forma popular: hizon, puson, trason (Vid. Mayans t. II, Oríg. Sánchez, III, XXXVI, y Monlau, Dic, etim.) Esta forma del plural ha salido evidentemente de la terc. persona sing. hizo, puso, traxo. - Proceden del perfecto, el imperfecto y el futuro de subjuntivo, lo mismo que el primer condicional: supiese, supiere, supiera. (si yo sapiguera o sabiguera, si ell o ella sapiguere o sabiguere en ch.)

El participio de los verbos termina, ya por to (cho), ya por una forma débil: mencionados quedan más arriba algunos verbos con perfecto débil, cuyo participio termina en
so o sto (preso, supreso, visto).

Lista de verlos castellanos antiguos y modernos.
Primera clase.
-Perfecto con simple sufijo personal. Facere: hacer; hago, haces; haga; haz (comp. face en Plauto, etc.), haced, hice; haré; hecho. Formas arcaicas, en parte contraídas son: far y fer (
fé en chapurriau, fer sin pronunciar la r final, hacer), faz (tú fas en chapurriau, Cal, e Dim.) y fay (fa en chapurriau, hace) (Ruíz); femos (natros o natres fem en ch. hacemos) (P. C); feches (vatros o vatres feu en chapurriau, hacéis = facitis) (ib.); fed (ib.), y fech (Berceo) (feu en chapurriau, haced); fiz (yo vach fé en chapurriau, hice) (Cal, e Dim.) Satisfacer tiene el imperativo satisfazce.
-Posse: poder; puedo, puedes, puede, podemos, podéis. pueden; pueda; pude; podré; podido. Un rasgo de la flexión débil: en Berceo, que escribió
podió (va pugué o podé en ch.) por pudo.
-Venire: venir, vengo, vienes; venga; von, venid; vine, viniste, vino, vinimos, vinisteis, vinieron; también veniste, venimos, vinisteis; vendré (verné, arc.); venido.
-Videre: veer, arc.; vidi (Berceo), vido (ib.), vio (: río) (Berc. Mil. 85, Alex. 281), también en el Cancionero general y aun en Garcilaso y Montemayor; vidieron (Berc. Loor, 28) visto. Cast. mod.: ver, veo, ves, ve, etc.; vea, veía, vía, (prov.) imperf.; vi, viste, vio, etc.; viese; viera; visto.
Proveer, participio provisto y
proveído.

Segunda clase. -Perfecto: -se, -je (xe).
-Cingere: ceñir, arc. perf. cinxo (P. C); cinto (Alex.); moderno, ceñí, ceñido.
-Dicere: decir; digo, dices, dice, decimos, decís, dicen; diga; di, decid; dije, dijeron; diré; diciendo, dicho. Bendecir, maldecir: bendice, maldice imperativo; maldeciré, bendeciré;
bendecido, maldecido, y bendito, maldito, arc. Bendicho, maldicho. Contradecir; imperativo, contradice.
-Ducere: aducir; aduzco, aduces, aducimos; aduzca; aduce, aduz, aducid; aduje, adujeron; aducido; arc. aducho (aductus).
-Fugere: huir, arc. fuir (
fugí, fuchí en ch.); fuxo, (F. J. II.a, Apol. 386); fusso, (Berc. Mill. 121. 130). Castellano moderno: huir; huí; huido.
-Mittere.: meter; arc. miso, (Berc.)
-Ponere: poner; pongo, pones; ponga; pon, poned; puse (arc. pose, poso. Cal.); pondré (arc. porné); puesto.
-Prendere: prender; perf, arc. Prisi (
pres en ch.), (Berc. Mill. 191. 204) (pris, C. P. 543), priso (P. C, Berc. Sil. 62. 84), apriso (Berceo), deprisso (Cancionero de Baena), prisieron (P. C. 1107); prisiese (Cal, e Dim.); part. preso, también hoy.
-Quaerere: querer (
vóldre, volé en ch.), quiero, quieres, queremos, quieren; quise; querré; quisto, solamente bien quisto, mal quisto; las demás veces querido.
-Radere: raer (
ratá, rossegá en ch.); arc. raxo (rajo), perf. (P. C. 3667).
-Ridere; reír (
riure, enriure en ch.) ; arc. riso (Berc. Mil. 182. 353).
-Scribere: escribir (
escriure en ch.); arc. perf, escripso, (Berceo); participio, escrito (escrit en ch.), también hoy.
Spondere: responder (
contestá, respóndre en ch.); arc. repuso, (P. C.)
-Tangere: tañer; arc. tanxo, (P. C.)
-Trahere: traer; traigo, traes; traiga; traje, trajeron; trayendo; traído, arc. trayo; truxe, troxe = port. trouxe; lo mismo trasqui (Berc. Mill. 250).
-Vivere: vivir; arc. vesquí (Conde Lucanor 20), visco (
vic, vixgo, vixco en chapurriau) (Berceo Sil. 80); visquiese (F. J. 5.a); visquiere (viguere, visquere, vixquere en ch.), (P. C. 251, F. J. 61.a 103. b, Part.)

Tercera clase. -Perfecto por atracción, capere: caber; quepo, cabes; quepa; cupe (arc. copo, 3a pers.); cabré, cabido. -Credere: creer; crovo, (P. C); deserovo (dis-credidit), (Berceo); crovieron, crovierse, (P. C.) - Habere. (Véase más atrás.) -Jacere: yacer; arc. iogui, iogo, (Berc.); yoguíes, (Alex.); fut. iazredes, (P. C. 2644); iazdrie, (Berc. Mill. 203). -Noscere: conocer (
conéixe en ch.); arc. conuvo, (P. C.) Castellano moderno: conoció, (connuvieron, Berc.) -Placere: placer, impersonal y defectivo; place; plegue; placía; plugo (arc. plogo); pluguiese; pluguiera; pluguiere; arc. plazra. -Sapere: saber; sé; sabes; sepa; sabe, sabed; supe (arc. sope): sabré; sabido. -Sedere: arc. seer; sovo. (Véase más atrás.) -Stare: estar. (Véase mas atrás.) -Tenere: tener (tíndre en ch.); tengo, tienes; tenga; ten, tened; tuve (tove. Cal, e Dim. F. J.); tendré (arc. terné); tenido (tingut en chapurriau).


LIBRO TERCERO.

FORMACIÓN DE LAS PALABRAS.

La formación de los nuevos vocablos castellanos acontece de dos maneras:
1. Añadiendo a una palabra despojada de su flexión, alguna o algunas letras que modifican su significación.
2. Reuniendo varias palabras para expresar con ellas una sola idea. El primer procedimiento se llama derivación; el segundo composición.

Todas las clases de palabras pueden modificarse según dichos procedimientos.

Conviene a la vez examinar, desde cada uno de estos puntos de vista, el sustantivo, el adjetivo y el verbo, pues estas partes de la oración ofrecen observaciones que les son comunes y que contribuyen simultáneamente a su mejor estudio; pero trataremos aparte de las demás clases de palabras: los numerales, los pronombres, las partículas.

PRIMERA PARTE.

Derivación.

En la formación de las palabras por derivación hay que distinguir dos clases de sufijos. El sufijo, que es al mismo tiempo el signo gramatical que caracteriza la clase donde deba entrar, ya sea la radical, ya sea el tema que se obtiene alargándola; y el sufijo independiente de la categoría gramatical, cuya función consiste en modificar la idea de la radical. En el primer caso hay una
derivación impropia; en el segundo una derivación propia. Es verdad que los sufijos de la primera especie, como a en el latín adven-a, e en caed-e-s, u en curr-u-s, considerados desde el punto de vista etimológico, son igualmente derivativos; pero no producen la impresión directa de formas de derivación propias, y en la práctica se los considera como parte de las flexiones, entre las cuales se pierden a menudo por completo.

El castellano es más rico en derivaciones que su lengua madre el latín. La desaparición de muchísimas palabras sencillas, producida la mayor parte de las veces por su pequeña dimensión o su forma incómoda, engendra nuevas creaciones, por la vía nueva y segura de la derivación. Por esto el castellano, como las demás lenguas neolatinas, puede llamarse verdaderamente creador; pobreza de raíces, abundancia de retoños: he aquí lo que caracteriza su léxico. Sin embargo, hay que establecer una distinción esencial. Los sufijos de derivación proporcionados por la antigua lengua,
se vuelven a encontrar en la castellana; pero en ésta no gozan de sus mismos antiguos derechos en cuanto a su aplicación a las radicales. Muchos de ellos no son aptos para nuevas formaciones; fáltales toda fuerza de producción y deben considerarse como petrificados; el idioma los ha conservado como elementos inertes, sin encontrar en ellos un instrumento de formación o sin
querer utilizarlo, porque ya poseía por lo general su equivalente en otra forma. En latín existían ya estos sufijos petrificados, que sólo el etimologista puede reconocer; en castellano hubieron de aumentar considerablemente.

Acerca de la derivación hemos de notar los puntos siguientes, que ya se refieren a la forma, ya al sentido:
1: Todo sufijo castellano, que contiene la vocal de derivación, exige dos condiciones para considerársele como tal y aplicársele a nuevas formaciones: ha de ser silábico y tener el acento.

Hay ejemplos de sufijos sin acento; pero tienen un sentido obscuro y su empleo es muy poco frecuente. Semejantes derivaciones corresponden a los primeros siglos de la lengua y se presentan como desenvolvimiento puramente
fonetivo, sin significación individual.

2: El sufijo está en general sometido a las mismas leyes fónicas que la radical de la palabra. Empero, hay sufijos activos, para los cuales es necesario tener una forma clara y significativa, que están reproducidos, en lo posible, fiel y completamente.

3: En la aplicación de los sufijos de derivación a ciertas clases de palabras, el castellano se atiene, con bastante exactitud, al modelo latino.

4: Acontece que muchas veces se aplican sufijos propiamente castellanos a las radicales latinas. Menos frecuente es que la derivación se una, no a la radical, sino a la flexión, esto es, a la forma del nominativo, que viene a ser una parte complementaria de la palabra.

5: En las nuevas formaciones no subsisten de ordinario las vocales latinas de derivación o de unión i, u. A veces estas vocales influyen sobre la formación de las palabras.

6: Cuando un sufijo que comienza por e, i se une a las consonantes c, g para crear nuevas derivaciones, ¿siguen estas consonantes la ley común y pierden su pronunciación gutural? Así debía de ser, lo mismo en las antiguas que en las nuevas formaciones; mas hay que advertir una diferencia acerca de las segundas, es decir, de las que todavía no existían en latín. En los primeros siglos de la formación del castellano, en tanto que los órganos eran sensibles a la fuerza paladial de las guturales, las nuevas derivaciones se regulaban según la ley general. Pero cuando esta tendencia de los órganos pasó o cesó, los sonidos guturales delante de las vocales e, i, han mantenido su
pronunciación natural.

7: Sírvese nuestra lengua todavía de ciertos sufijos que intercala entre la palabra primitiva y el sufijo lógico propiamente dicho:
1-c, ç, y, s, tienen una fuerza diminutiva y son idénticos al latín e en c-ellus (au-c-ella). Los casos son: a) cico: av-ec-cica; b) cello: don-y-ello; c) cuelo: hombr-ez-uelo; d) cino: vello-c-ino; e) cito, cita: hombre-cito, mujer-cita.
2-La r intercalada es extraña al latín, y por lo tanto difícil de explicar. Los casos son: a)
ría: porqu-er-ía, de puerco; b) roso: med-r-oso, de miedo.

8: Hay sufijos de derivación que están representados en castellano de dos maneras:
1. Habiendo una simple diferencia de forma, de tal suerte que una de las representaciones se adapte mejor a la forma primitiva, en tanto que la otra difiera considerablemente.
2. Habiendo una diferencia de fondo, en cuya virtud imprimen a la palabra una variación o gradación de la idea.

9: A menudo sucede que un sufijo cambia su significación primitiva, particularmente en las voces nuevamente formadas. Esta modificación acontece, sobre todo, en los sufijos de sentido obscuro.

10: Al lado de las terminaciones latinas que no se usan en las nuevas creaciones, hay otras de las cuales se ha servido el castellano concierta parsimonia. Algunas terminaciones que en la lengua madre eran poco usadas, han ganado en castellano un dominio más o menos extenso, ya porque lo poseían en el latín vulgar, ya. porque lo han alcanzado en la formación histórica de nuestro idioma mediante su fácil aplicación.


11: El encadenamiento de varios sufijos es frecuentísimo en castellano. Las formas silábicas de esta naturaleza pueden alargar desmesuradamente una palabra. Existe asimismo la reduplicación de un sufijo.

12: La extensión que tiene el castellano en el dominio de la derivación es tal, que con dificultad puede sorprender la aparición o desenvolvimiento de nuevos sufijos. Estos han tenido todos su origen en una forma latina cualquiera, produciéndose por el simple cambio de una vocal, mediante el cual se ha procurado expresar una diversa fase de una idea.

13: La superabundancia de sufijos de derivación no ha sido obstáculo para la aclimatación de sufijos extranjeros: así, el alemán y la lengua ibérica han aumentado el número de aquéllos en nuestra lengua .

14: Los verbos que tienen el infinitivo sincopado, no dan para la derivación esta forma, sino la plena, tal como se encuentra particularmente en la primera persona del plural del presente de indicativo.

15: A menudo se suprime en nuestra lengua la vocal de flexión de ciertas terminaciones, como azo, izo, ano, ino.

I. -Nombre.

1: Los sustantivos pueden proceder de adjetivos sin ningún cambio de forma, es decir, que estos últimos, simples o compuestos, pasan directamente, bajo la forma de uno de los dos géneros, a la categoría de los primeros. Asimismo hay sustantivos que provienen de adjetivos derivados. Este
procedimiento engendra muchos sustantivos nuevos para representar personas, objetos o ideas abstractas. Los nombres de objetos proceden de adjetivos que ya se derivaban de sustantivos del mismo género; los abstractos provienen, sobre todo, de adjetivos femeninos. Y viceversa, prodúcense adjetivos con sólo añadir las terminaciones genéricas a los sustantivos; pero este
procedimiento se observa con menos frecuencia. La aposición puede haber influido en muchos casos, mas no en todos.

2: Los sustantivos proceden de verbos por la simple adición de una terminación genérica a la radical. Esto acontecía ya en latín, donde los verbos de la tercera y segunda conjugación, rara vez los de la cuarta, han producido simples nombres análogos. El castellano posee una cantidad considerable de estos vocablos, los cuales pertenecen solamente a la primera y a la segunda declinación, y son casi siempre abstractos: en este sentido expresan, ya la idea del infinitivo, ya la de un participio presente. En su mayor parte proceden estos sustantivos de la primera conjugación. -Nuestro idioma no ha formado adjetivos de verbos, según este procedimiento, usado en latín, en dicere, maledicus; fugere, profugus, y otros muchos casos; porque poseyendo tantos sufijos de derivación para esta parte de la oración, no tenía necesidad de semejantes formaciones.
-A propósito de esta formación nominal, debe advertirse que la nueva palabra se regula por las formas del singular del presente de indicativo castellano; y estas formas son decisivas, sobre todo en lo que concierne a la vocal de los verbos sujetos a diptongación.

3: A la derivación propia del sustantivo se prestan todas las partes de la oración; el pronombre, rara vez; las partículas, apenas. Los adjetivos también se derivan de toda especie de palabras, especialmente de las partículas.


4: El castellano es muy rico en formas diminutivas y aumentativas de las ideas. Estas formas no sólo se refieren al sustantivo abstracto y concreto, sino también al adjetivo. El latín no ofrece más que contado número de formas: hanse obtenido nuevas formas de diferente maneras. Por una parte, se han escogido las terminaciones de los adjetivos que encerraban una idea de origen o de semejanza, a las cuales va fácilmente unida la de pequeñez o de grandeza; por otra, se ha servido nuestra lengua de variaciones de formas apropiadas o ha tomado otras extranjeras.
-Sobre este punto hay que observar:
a) Estos derivados no obedecen rigurosamente al género de los primitivos. Es frecuente el masculino, que en castellano ocupa el lugar del neutro.
b) La fuerza diminutiva o aumentativa de una forma, no es activa más que cuando el primitivo existe verdaderamente; si éste desaparece, con él se extingue al par la modificación contenida en la palabra derivada. Debe, de igual modo, considerarse como extinguida cuando se ha modificado la significación del primitivo.
c) Los dos géneros de estos sufijos no pueden unirse a cualquier palabra: el uso es el verdadero y el único guía.

5: La disminución es al mismo tiempo la expresión de la pequeñez relativa. Se ha hecho de la disminución el uso más liberal, según se juzgará por las siguientes partículas castellanas: illo, cillo, uelo, zuelo, ejo, ino, ezno, ato, ete, ito, ote, ico, cico, arro.

6: Hay también gran número de sufijos castellanos para la formación de los aumentativos. Helos aquí: on, azo, acho, ueco, uso, ote, asco, orro, procedentes del latín, del griego, del alemán y del ibérico.

7: Pueden unirse a la disminución o aumentación las ideas accesorias de agradable o desagradable. Lo pequeño puede ser sinónimo de mezquino, y lo grande puede comprender lo bueno. Hay ciertos sufijos absolutamente
empeorativos bajo el punto de vista de la dimensión.

8: Por el encadenamiento de varios sufijos diminutivos o aumentativos, puédese hacer pasar la idea del primitivo por las más diversas fases, sólo reservadas al adjetivo en las otras lenguas.

9: La lengua castellana emplea varios medios para establecer la distinción del género natural.
1-Diferencia de la raíz: taurus, vacca; toro, vaca. Casi todos los casos en donde el latín expresa la distinción de los sexos se encuentran también en castellano, bien que otras voces se hayan a menudo mezcladas con las latinas; pero el número de estos casos se ha aumentado con palabras nuevas, entre las cuales cuéntanse muchas que en latín no tienen más que una forma para los dos
géneros.
2-El medio generalmente empleado para cambiar el género masculino en femenino, es la modificación de la forma. Esto sucede por el simple cambio de desinencia, como en el adj. filius, filia; hijo, hija. Los ejemplos latinos se han conservado en su mayor parte en castellano. Se aplica también a los neutros la distinción del género: mancebo, manceba. Muchos nombres de la tercera declinación forman su femenino mediante a: señor, señora; también tor (dor) hace generalmente tora; pastor, pastora. Esa, isa: duquesa, profetisa.
3 -La aumentación o disminución han sido asimismo empleadas para designar el género; la primera para el masculino, como el más fuerte; la segunda para el femenino, como el más débil. Aquí la forma del femenino procede de la del masculino:
a) Masc. On: sirve para designar el macho, como en perdigón (
perdigacho en chapurriau),
b) Fem. dim.: sírvese sobre todo de esta forma para los nombres propios: Paulina, Enriqueta.
-El número de palabras con una terminación para los dos géneros y de palabras comunes, se ha restringido considerablemente desde que los medios de cambiar un género en otro por la forma se han multiplicado. En los primeros, las palabras auxiliares, como macho y hembra, sirven para de-
notar la distinción. Ejemplos de comunes que se han conservado o introducido de nuevo: el y la camarada, consorte, homicida, joven. A continuación ponemos una lista de los más importantes sufijos de derivación con algunos ejemplos: primeramente los sufijos vocales; después los que tienen una consonante sencilla, doble, o dos consonantes diferentes. El orden que seguiremos es el alfabético, según la última letra colocada delante de la vocal del género o de la flexión: la terminación us, a, nm, es la primera; sigue es, is; después eus o ius, y las demás.

1: Derivaciones puramente vocales.

eus, ius. 1-Adjetivos: aereus, argenteus, aureus, cereus, ferreus, igneus, lapideus, ebrius, nescius, proprius, sapius. Estas voces, en tanto que designan una materia, son generalmente poéticas en castellano: aéreo, argénteo, áureo, etc. -No se han introducido formaciones nuevas, aunque el latín de la decadencia posee un número considerable (adipeus, bestius, capreus, classeus, pelleus, pipereus, rupeus, similagineus, aveus, vaporeus, virgineus). Pero hay cierto número de formaciones analógicas, dándose la terminación ius a simples adjetivos: agrio, novio.

2: Entre los sustantivos cuéntanse, por ejemplo: linea, lintea, pinea, vinea. El castellano posee muchos sustantivos de este género: vidrio (vitreaus), ansia, granja (granea), haya (
fach en chapurriau, fagea), viña.
Ia. -1 -Nombres comunes: angustia, fallacia, gratia, invidia: angustia, falacia, gracia, envidia.
-Son abundantes las nuevas derivaciones, aunque la tendencia a variar el acento sobre la derivación les da una apariencia no latina. La acentuación griega ha influido algo en este fenómeno: *g, astrología, astronomía, manía, monarquía, filosofía. -Las nuevas formaciones son denominativas, rara vez verbales, y, desde el punto de vista del sentido, sobre todo abstractas; muchas veces designan una dignidad, o el local o dominio a ella aneja. Así, alegría, falsía, maestría, vicaría, baronía, sabiduría, curaduría, valía, señoría, compañía, germanía, algarabía, habladuría, falsía, galería. -La
inmixtión de una r antes del sufijo ía es frecuente, sobre todo cuando se quiere expresar una ocupación, o el lugar de esta ocupación, o su resultado, y entonces la derivación toma un sentido colectivo: bellaquería, fullería (fullero), majadería (majadero), porquería, peletería, pesquería, artillería, ferretería, joyería, secretaría, judería, morería.

2: Los nombres geográficos conservan, lo mismo que los nombres comunes, su acento primitivo: Asia, Francia, Germania, Grecia, Soria. -Excepciones de palabras originarias del griego: Antioquía, Alejandría. -Las nuevas derivaciones siguen, ya a la antigua, ya a la nueva acentuación. A la primera pertenecen: Baviera, Persia, Rusia, Prusia, Suecia.
A la segunda: Lombardía, Rumanía, Turquía, Normandía.

Ium. -Aplicado a los sustantivos, tales como convivium, imperium, refugium, ha promovido algunas imitaciones; así, murmurio (murmuratio,
murmuración).

Uus. -Sobre todo aplicado a los adjetivos: aequus, con iniquus, antiquus, arduus, assiduus, congruus, conspicuus, continuus, exiguus, fatuus, mortuus, mutuus, nocuus, obliquus, praecipuus, strenuus, vacuus, viduus; también (con cambio de u en v) parvus (parvo), salvus (salvo). En castellano se han conservado todos estos vocablos con la degeneración fonética del sufijo,
uus en uo. Las palabras populares evitan el hiato contenido en un: contino (continuo), viudo.







2: Derivaciones con una consonante sencilla. Entendemos por tales, no solamente las derivaciones simples, que inmediatamente proceden del primitivo, sino también aquellas que proceden de otra derivación, como en aticus, at-icus. Estas derivaciones tienen en los dos casos, casi siempre, necesidad de una vocal de unión.
C

Acus. -1.° Adjetivo: ebriacus, opacus. A este modelo parecen referirse bellaco y sus similares,

2: sustantivo: cloaca, lingulaca, pastinaca (
pastanaga català, safranoria chapurriau), portulaca, verbenaca, sobre todo palabras del reino vegetal. Los sustantivos de la terminación ac, de los dos géneros, no faltan en castellano; pero no siempre se ve claramente si esta terminación es derivativa. Ejemplos: barraca, carraca, casaca, espinaca, matraca (árabe), pataca (pataca en chapurriau, patata castellano moderno), urraca, verdolaga (de portulaca). - Hay que considerar aparte algunos sufijos extraños al latín, y ciertos elementos que tienen el mismo sonido. Los nombres patronímicos españoles en aga y aya, como Arriaga, Arteaga, Madariaga, Minaya, Salaya, podrían tener su origen en la primitiva lengua ibérica. Según Humboldt (Prüfung, p. 39, comp. p. 31), la terminación aga es muy frecuente en basco, en el cual también se encuentra el sufijo aya en nombres comunes, tales como arraya (pescado), ibaya (ribera), zabaya (escena).

ec. -Esta terminación se aplica a muchísimas palabras; pero la mayor parte de ellas son de un origen tan obscuro, que no puede decirse nada de cierto sobre la naturaleza de su terminación, que a la vez, no parece expresar ninguna idea determinada. En muchas de estas palabras, ec no debe considerarse como un sufijo. Ejemplos: babieca, muñeca, jaqueca (árabe).

icus. Adjetivos: mendicus, pudicus; mendigo, púdico.
sustantivos: amicus, umbiculus, formica, vesica, posticum; amigo, ombligo, hormiga, vejiga, postigo. -Con esta derivación no hay nuevas palabras.

Adjetivos: modicus, laicus, publicus, rusticus, unicus, germanicus, italicus (ico), módico, laico, público, rústico, único germánico, itálico. - Hállase a menudo un sufijo ego, iego, semejante al latino icus. Así, andariego, niego, palaciego, veraniego, labriego. No se presume el origen de esta forma.

2: Sustantivos: africus, medicus, porticus, syndicus, fabrica, musica, toxicum; ábrego, médico, pórtico, síndico, fábrica, música, tósigo (
tóxico), -Las nuevas formaciones, casi exclusivamente femeninas, son raras, y la vocal de unión no se ha conservado en todas: oca.

ic. -Forma diminutiva. Ejemplos. -1: Adjetivos: bueno, bonico; llano, llanico; menudo, menudico; moreno, morenico; con una c, ciego, cieguecico.
2: Sustantivos: animal, animalico; perro, perrico; barba, barbica; tijera, tijerica; nombres propios: Juan, Juanico, Pedro, Perico con c: aire, airecico,
cierzo, ciercico; mujer, mujercica. - Hay voces formadas con esta disminución, la cual no es, sin embargo, sensible: pellico (piel).

At-icus. -1: Adjetivos: fanaticus, lunaticus, silvaticus; fanático, lunático, selvático.
-Palabra nueva: temático.
2: Sustantivo: adgo, azgo designa, sobre todo, cargos e impuestos: alguaciladgo, alguacilazgo, almirantadgo, almirantazgo, mayorazgo, hallazgo, hartazgo. Esta derivación era familiar al más antiguo latín de la Edad Media.



Al lado de estas derivaciones, se encuentra, en antiguas voces castellanas, una forma producida mediante una g = j, de cuya identidad con aticus no puede dudarse. 1: Adjetivo: salvaje (silvaticus). -Voz nueva: ramaje. -2: Sustantivo: viaje (viaticum). El número de nuevos sustantivos es grande: derivados de sustantivos, expresan ideas abstractas, concretas y algunas veces personales. Ejemplos: barnaje (arc.), brebaje, carnaje, cordaje, homenaje, hospedaje, lenguaje, mensaje, paraje, personaje, ultraje, ventanaje.
-Es presumible que esta forma tenga su origen en las lenguas del norte. En algunos vocablos este origen está manifiesto. -Encuéntranse también algunas imitaciones de eticus, iticus: así, monástico, escolástico.

Ucus. -1: Adjetivo: raras veces se encuentra este sufijo. Ejemplo: maluco,
ventanuco.

2: Sustantivos: sambucus, lactuca, verruca; saúco, lechuga, verruga. -Las voces nuevas de esta terminación son muchas y la primitiva se distingue, las más veces, con claridad. Ejemplos: abejarruco, besugo, mendrugo, tarugo, verdugo, pechuga, tortuga.

aç, çe, iç, oç, (axacis, execis icis, ix icis, icis, ox ocis): bellax, fallax, formax, huiax, mordax; y en el latín de la decadencia también currax, linguax, vervex, cornix, junix, perdix, pumex, runcex, salix, sorex, atrox, ferox. Esta forma, por la obscuridad de su significación, ha sufrido modificaciones arbitrarias, entre las cuales la más frecuente es el paso a la primera y segunda declinación.
Ejemplos: capaz, falaz, feraz, cerviz, perdiz, raíz, cáliz, apéndice, pómez, pulga, sauce, romaza, atroz, feroz. -Las formaciones analógicas son pocas: nariz, barniz, lombriz (lumbricus).
-Algunos adjetivos, que primitivamente pertenecían a la derivación siguiente, pero que han dejado caer su vocal final y perdido la característica del género, se encuentran hoy en esta forma: montaraz, torcaz.
aceus, icius, oceus, uceus. -Tienen a veces una doble forma castellana: -zo, -cho. Ejemplo: pueblazo, pueblacho.
Aceus. -1: Adjetivo: arenaceus, capillaceus, gallinaceus, lappaceus, vinaceus (latín de la decadencia), liliaceus, siliginaceus, terraceus. Castellano (-azo, -acho), aumentativo: ancho, anchazo; pueblo, populacho; rico, ricacho; grande, grandazo.

2: Sustantivos: son muchos los formados nuevamente con aceus; en su mayor parte son aumentativos o indican la semejanza o el origen. Ejemplos: espinazo, arcaza, hilaza, linaza, mordaza, terraza, capacho -zo, mostacho, muchacho, penacho, borracha, garnacha. Aumentativos: animal, animalazo; gallina, gallinaza. Este sufijo indica también la acción de un instrumento: flechazo, manotazo, latigazo, puntillazo, zapatazo.

icius (iceus). -1.° Adjetivos: adventicius, facticius, ficticius, paniceus, pellicius (latín de
la decadencia), fracticius, sementitius, septicius, simulaticius. Castellano (-izo, -icio), advenedizo, hechizo, ficticio. -Las palabras nuevas abundan, uniéndose el sufijo, ya a un participio pasado existente o supuesto como en latín, ya a un nombre o a la radical de un verbo. Ejemplos: cambiadizo, castizo, puente levadizo, mestizo, pajizo, plegadizo, postizo, espantadizo.

2: Sustantivo. Este sufijo también ha producido muchos sustantivos, que tienen, en su mayor parte, un sentido concreto, y son casi todos de nueva formación. Ejemplos (también iz): aprendiz, caballerizo, cañizo, hechizo, pasadizo, corteza, hortaliza, capricho, salchicha.

oceus. -Pertenecen en teoría a este grupo algunas palabras derivadas con
och: garrocha, cartucho.

uceus. -1.° Adjetivo. Ejemplos (-uzo, -ucho): lechuzo, machucho.
2: sustantivo. Ejemplos: andaluz, capuz -ucho, u, a, caperuza, garrucha, aguilucho.
Diminutivo: avechucho.

D

idus. -Adjetivos: aridus, calidus, frigidus, limpidus, nitidus, rigidus; árido, cálido, frío, limpio, nítido, rígido.
Olus, a, um (e-olus, i-olus) con sentido diminutivo. -1.° Sustantivos: filiolus, urceolus; hijuelo, orzuelo (hordeolus). -Las formaciones analógicas son abundantísimas: abuelo (avolus -avulus), buñuelo, pañuelo, sanguijuela, viruela, hojuela; diminutivo, mozuelo. -Una y da a esta forma una decidida acción diminutiva (-ezuelo, -izuelo): cuerno, cornezuelo; paño, pañizuelo; sin disminución: anzuelo (
ham en chapurriau, hamus).
2: Adjetivo. Ejemplos: bajo, bajuelo; chico, chicuelo. Con inmixtión de una c: ciego, cieguezuelo.

ulus, a, um. -1.° Sustantivos sin significación diminutiva: populus, ferula, fibula, fabula, cingulum. Esta terminación ha pasado de diversa manera, ya conservándose la vocal átona de unión
u, ya cambiándose por la vocal vecina o, ya elidiéndose. Así, pueblo, férula, fístula, tabla, cíngulo.
-Las palabras nuevas, que son casi todas nombres comunes ordinarios, excluyen la idea de disminución, o más bien la han abandonado desde que se han introducido a este efecto formas más expresivas. Excepciones: brújula, góndola, orla, cúpula.
2: Adjetivos: credulus, pendulus, tremulus; crédulo, péndulo, trémolo (
tremolá en ch = temblar).

ac-ulus, ec-ulus, ic-ulus, uc-ulus, o simplemente cuando van unidos a una consonante c-ulus.
-Estos sufijos se han abreviado en -clus, y producen, en parte, formas dobles. -A esta ley fónica no están sometidas ciertas expresiones litúrgicas, como coenaculum, tabernaculum y otras, como spectaculum; cenáculo, tabernáculo, espectáculo. -Estas derivaciones son ya verbales, ya denominativas. En latín tienen una acción diminutiva; en castellano no se efectúa más que en ciertos casos,
ac-ulus: graculus, novacula, gubernaculum, miraculum; granja, navaja, gobernalle (
gobernáculo), milagro.
-Formaciones analógicas: badajo, cascajo, espantajo, estropajo, latinajo, trabajo, rodaja, sonaja, tinaja.
ec-ulus, ic-ulus. -1.° sustantivos: cuniculus, folliculus, apicula, auricula, clavicula, lenticula, ovicula. Castellano (-ejo, -ijo) conejo, hollejo, abeja, oreja, clavija, lenteja, oveja. -Las nuevas derivaciones son abundantes: acertijo, azulejo, cangrejo, junquillo, regocijo, vencejo, botija, lagartija, molleja. A menudo diminutivos: anillo, anillejo; lugar, lugarejo; zagal, zagalejo.

2° Adjetivo: dulciculus. Castellano, parejo (bajo latín, pariculus), bermejo (vermiculus). Diminutivo: amarillo, amarillejo; poquillo, poquillejo.

uc-ulus, en veruculum. Refiérense a este sufijo muchas palabras derivadas en iculus y uculus; esto es, que se han pronunciado peduculus, genuculum (
foeniculum) acucula, panucula. Castellano (-ojo, -ujo): piojo (poll en ch.), hinojo (fonoll, fenoll en chapurriau), aguja (agulla en ch.), panoja (panolla en ch.). -Formaciones analógicas (también -ull): cerrojo, magullo, burbuja, capullo.

c-ulus, unido a consonantes tales como n, r, s: carbunculus, portiuncula, musculus; carbunclo, porciúncula, músculo. Apenas hay formaciones nuevas.

ela: candela, cautela, clientela, parentela, tutela; igual en nuestra lengua.



alis. -1.° Adjetivos: aequalis, capitalis, legalis, mortalis, naturalis. Castellano (al): igual, capital, legal, mortal, natural. El latín de la decadencia, sobre todo el eclesiástico, aumentó el número de estas formaciones: (aeternalis, meridionalis, realis, sapientialis, spiritalis. -Otros ejemplos castellanos: celestial, filosofal, fiscal, frutal, mayoral, mundanal, perenal, terrenal.

2: sustantivos de esta terminación: canalis, sodalis, animal, cervical, vectical. El castellano posee muchísimos de estos sustantivos, de los cuales sólo una pequeña parte se apoyan en verdaderos adjetivos latinos: refiérense, ya a personas, ya a objetos (que es lo más frecuente). Ejemplos: cardenal, arsenal, portal, quintal, señal, etc.; muchas palabras que corresponden a la idea del sufijo
latino
etum: arenal, cerezal, naranjal, peñascal, almendral, frejenal (freginal, friginal en ch.).

elis. -Adjetivos: crudelis, fidelis; cruel, fiel. No existe ninguna formación analógica.

ilis. -1.° Adjetivos: civilis, gentilis, juvenilis, subtilis; (il) civil, gentil, juvenil, sutil.
Este sufijo se emplea rara vez para la formación de nuevos adjetivos, pues no faltan los sufijos de la misma significación. Ejemplos: concejil, cerril, pastoril (-alis), varonil.

2° sustantivos: cubile, sedile; cubil, sedil. Hay pocos sustantivos nuevos en ile, ilis: badil, barril, buril, carril, marfil (árabe
nabfil), monjil, pernil (de pierna, jamón = jamba francés = jambon; magre, pernil, cuixot en chapurriau), pretil, redil.

ilis. -Facilis, fertilis, fragilis, utilis; fácil, fértil, frágil, útil. No hay nuevas formaciones.

b -ilis. -Aplícase a las radicales de verbos simples o modificados: amabilis, amicabilis, flebilis, credibilis, visibilis, volubilis. -Las formaciones analógicas son muchísimas (ble): agradable, movible, sufrible. -Este sufijo: a) expresa una posibilidad pasiva; unido a los intransitivos, y alguna vez a los transitivos, tiene una significación activa. Ejemplos: falible, devorable.
-b) Únese a menudo a los sustantivos; hermanable, manuable, apacible, favorable, razonable.

Muchos adjetivos en alis, ilis (bilis), han producido, bajo la forma neutra del plural, sustantivos castellanos de la primera declinación. La idea de pluralidad que ellos contenían ha tomado entonces un carácter colectivo. Ejemplos (alla, aja, illa, ija): batalla, muralla, mortaja, maravilla, baratija. Otros colectivos de este género se han producido sin la ayuda del tipo latino. Este sufijo expresa alguna vez la idea de una multitud de personas con una intención depresiva: canalla, faramalla, rocalla.

M

amen: aramen, certamen, examen, levamen, ligamen, velamen, vexamen; latín de la decadencia; notamen, siccamen. Castellano (-ambre, -amen): alambre, certamen, examen, ligamen, velamen, enjambre. El castellano atribuye a este sufijo una idea colectiva extraña al latín, y lo emplea en muchas formaciones, casi todas denominativas. Ejemplos: cochambre, fiambre, pelambre.

imen: crimen, farcimen, nutrimen, vimen. Castellano (-imen, -imbre): crimen, mimbre.

Las formaciones analógicas son raras, y proceden en parte de la primera conjugación.
Ejemplos: urdimbre, régimen.

umen: acumen, albumen, bitumen, ferrumen, legumen. Castellano (-umbre-ume-un):
betún, herrumbre, legumbre.
N

anus. -1.° Adjetivos: humanus, mundanus, paganus, rusticanus, urbanus; nombres de pueblos: gallicanus, mantuanus, romanus, venetianus. Castellano (-ano): humano, mundano, pagano, urbano, galicano, mantuano, romano, veneciano. -Muchos derivados en
aneus han tomado esta forma.
-En las nuevas formaciones únese este sufijo a sustantivos, adjetivos y adverbios. Ejemplos: anciano, cercano, cotidiano (cuotidiano), hortelano, comarcano, tardano (
préssec tardá de Calanda en chapurriau, melocotón tardano o tardío), liviano, soberano, temprano, lejano, ufano, villano, castellano, valenciano, zamorano.

2: Sustantivo: a) Masculino latino: decanus, etc. Castellano (-ano,-an): decano, deán, ciudadano, capitán, capellán, escribano, guardián, serrano, gavilán, gusano, pantano, solano, verano. Femenino castellano: campana, fontana, mañana, sotana, tartana, ventana. -Observación: en muchas de estas palabras se observa todavía, entre an y el sufijo primitivo, otro sufijo intermedio,
es. Así, art-es-ano, cort-es-ano. Este elemento no tiene en todos los casos el mismo origen.

enus: alienus, plenus, arena, avena, catena, habena, sagena, venenum. Apenas ha sido imitada esta terminación latina; pues las palabras que tenemos con ella, o bien son resultado de una deformación, o bien las voces de que proceden son extranjeras u obscuras. Ejemplos: carena, patena (patina), azucena (árabe), barrena (barrina en chapurriau,
Bohr, del verbo böhren en alemán : taladrar, broca), melena.

inus. -1. ° Adjetivos: asininus, caninus, cervinus, divinus, marinus, latinus, numantinus, florentinus. Castellano (ino): camino,
canino, cervino, divino, marino, latino, numantino, florentino. Inus ha
servido para formar diversos adjetivos que expresan en general la materia (latín, -cus) o el origen. Ejemplos: dañino, paladino, argelino, granadino, vizcaíno.

2: Sustantivo, a) Masculinos de adjetivos latinos: sobrino, molino, pollino. La mayor parte expresan personas, animales, objetos o ideas abstractas. Ejemplos (también -in): merino, padrino, danzarín, mastín, rocín, bacín (
bassí en ch. orinal), camino, festín, florín, jardín.
b) Femeninos, así abstractos como concretos: gallina, mina, resina. Los nuevos derivados proceden de verbos (la mayor parte abstractos), o de nombres (la mayor parte concretos). Ejemplos: bolina, cantina, colina, cortina, encina, esclavina, neblina,
salvagina (salvajina).

inus. -1.° Adjetivos: cedrinus, crystallinus, laurinus, myrtinus, petrinus. El castellano alarga la i breve, de suerte que esta forma concuerda con la precedente; así,
cedrino (cetrino), cristalino, pristino (-us).
2: sustantivos: asinus, cophinus, dominus, fraxinus, bucina, femina, pagina. Castellano: asno, cofre, dueño, fresno, bocina, hembra, página. Poseemos también una forma ezno (esno), destinada a señalar el origen: lobo, lobezno; pavo, pavezno (arc.); pecado, pecadesno (ib.); víbora, viborezno. Es, sin duda, contracción de
cinus, esto es, inus precedido de una c diminutiva: lobezno, latinizado, sería lupicinus (antiguo apellido aragonés: Lupicino). Este sufijo se aplica también a algunas palabras que designan objetos, como torezno (torrezno), rodezno.

Inus tiene además una acción diminutiva. Esta acción es extraña a los sufijos latinos inus (
uno con i con rayita y otro con i con u pequeña encima); pero inus contiene en sí la idea de origen o descendencia: sororinus es el retoño de soror, libertinus de libertus, amitina de amita; así, lo más joven puede fácilmente considerarse como lo muy pequeño. Este sufijo se encuentra en la baja Latinidad. Ejemplos castellanos: a) Adjetivo (ino): verde, verdino. b) sustantivo (-in,-ino); ánsar, ansarino; palomo, palomino; espada, espadín.
unus. -En jejunus, importunus, opportunus. Atribuímos a esta terminación una idea de origen o semejanza. Ejemplos (-uno): caballuno, zorruno, cabruno.
t-ud-in (tudo, tudinis). Procede de adjetivos: amaritudo, consuetudo, mansuetudo; latín de la decadencia: humilitudo, languitudo, marcitudo. Formaciones analógicas castellanas: aptitud. certitud, esclavitud. gratituD. Quietud. Esta forma, en su desenvolvimiento (
desarrollo) popular, ha sufrido una gran modificación. Así (-udue, -umbre): costumbre, dulcedumbre, mansedumbre, pesadumbre, podredumbre (= putredo), quexumbre (quejumbre) (arc.)

ag-in, ig-in, ug-in. -Estas derivaciones pierden su acentuación legítima y fluctúan entre la forma del acusativo y la del nominativo.

ag-in (ago, aginis): f
árrago, imago, sartago. Castellano: fárrago, imagen, sartén.

ig-in (igo, iginis): caligo, fuligo, origo. Castellano:, caligo (arc.), hollín (
fullí en ch.), origen.

ug-in (ugo, uginis): aerugo, albugo, ferrugo, lanugo. Castellano: orín (arc.), herrín.

on (o, onis). -1.° sustantivos que designan personas agentes, animales y cosas de diversa naturaleza, como bibo, erro, latro, lurco, praedo; capo, falco, leo, pavo; carbo, mucro, pulmo, sapo. Castellano (on): ladrón (
lladre en ch.), halcón (falcó en ch.), carbón (carbó en ch.), -El castellano emplea on en muchas derivaciones, y no es siempre de verbos de donde proceden sus nombres personales. Ejemplos: bufón, burlón, buscón, dormilón, mirón, peón, cabrón, hurón, bastón, bordón, cantón, cajón, corazón, montón, rincón, salón, turbión. Esta terminación se emplea como aumentativo: hombre, hombrón; sala, salón; espada, espadón.

2: Por esto, en los adjetivos, on da una significación aumentativa. Ejemplos: mozo, mocetón.

ion (io, ionis). -1.° Masculinos: ludio, optio, pusio, tabellio, papilio, scorpio, strusthio, titio. Existen muchas palabras análogas, siempre derivadas del sustantivo, pero que no siempre se reconocen con claridad. Ejemplos: infanzón (bajo lat, infancio), brabanzón (de Brabantia), gorrión, pinzón, arzón (arcus, arcio). -2: Femeninos: legio, opinio, suspicio, unio. Sobre estas palabras no se han producido formaciones analógicas.
t-ion al lado de s-ion (tio tionis, sio sionis): vinatio, nutritio, potio, cantio, factio, occasio, illusio, mansio. Este sufijo se une al supino y da a la idea del infinitivo una forma de sustantivo. No es raro, sin embargo, ver que el sentido abstracto pasa al concreto; así en mansio, natio, patio, venatio. En
castellano este sentido es más amplio. Ejemplos (-ción, -zón): nación, razón, nutrición, desperdicio (forma nominativa). Ejemplos de la forma sión: ocasión, prisión, tensión. - Hay muchas formaciones nuevas: embarcación, guarnición, salvación, alteración, calcinación, curación.

ANEUS, INEUS, ONEUS.

aneus. -1.° Adjetivo: extraneus, circumforaneus, spontaneus, subitaneus, subterraneus.
Castellano (-año, -aneo): extraño, subterráneo, espontáneo, sopitaño (arc.) -De aneus se pasa fácilmente a la forma anus, como en el provenzal de Aragón
forano, y en el latino fontaneus, a cuyo lado se encuentra fontanus. -A este ejemplo latino se ajustan algunas nuevas derivaciones que proceden, ya de sustantivos, ya de adverbios: tacaño, cutáneo, frustráneo.

2: Sustantivo: aranea, castanea, calcaneum. Castellano: araña, castaña, calcañar.
-Sobre estas palabras se han formado además: ermitaño, redaño, campaña, espadaña, entraña, hazaña.
ineus. -Aplicado a sustantivos, como en cocc-in-eus, sangu-in-eus, vim-in-eus, pertenece al sufijo eus y no tiene en castellano más importancia que este último. Ejemplo: sanguino. sustantivo: estameña (stamineus).

oneus: err-on-eus, id-on-eus, pulm-on-eus, ultr-on-eus. Castellano: erróneo, idóneo. Derivaciones con el sufijo ueño (= oneus), que se une a los sustantivos y adjetivos: halagüeño, pedigüeño, risueño. Sustantivo: ponzoña, zampoña. -El sufijo monium en alimonium, matrimonium, patrimonium, testimonium, etc. no ha suscitado formaciones analógicas.

R

t-ura al lado de s-ura. -En factura, natura, pictura, mensura. Esta derivación, que se une al supino, expresa una acción; pero a menudo acontece que el sentido activo se vuelve pasivo: así,
pictura significa la acción de pintar y objeto pintado. En muchas formaciones nuevas, únese esta derivación a los adjetivos, en cuyo caso su significación sufre poco. Ejemplos (-ura): Extremadura, lectura, quebradura, cerradura; unida a adjetivo: bravura, frescura, largura, verdura, gordura, grosura, llanura. Observación: algunas palabras que suenan de un modo semejante, deben su existencia a una modificación de forma del sufijo or: ardura (prov.) de ardor, calura (calentura) (prov.) de calor, pavura de pavor.

aris. -1.° Adjetivo: familiaris, popularis, regularis, singularis, vulgaris. Castellano (-ar): familiar, popular, regular, singular, vulgar. Palabras nuevas: filar (
hilar), albar.

2: Como sustantivos tenía el latín altare, alvear, cochlear, collare, luminare, de los cuales la mayor parte subsisten en castellano. Hay muchas voces nuevas, entre las cuales algunas no convienen con el tipo latino. -Este sufijo ar castellano hace el oficio de al, sobre todo cuando este último corresponde al latino etum. Ejemplos: escolar, juglar, hogar, lugar, paladar, pilar, muladar, pajar, palomar, manzanar, olivar, pinar.

or, oris. -sustantivo: albor, claror (
la claró en ch. Plauto), fragor, olor (auló, oló en ch.), pudor (pudó en ch.), rancor (San Jerónimo). Castellano (-or): albor, claror, fragor, olor, rencor.

Las creaciones castellanas proceden a menudo de adjetivos: blancor, dulzor, largor, loor, tristor (
tristó en ch.) (arc.); la mayor parte pasan a ura.

t-or al lado de s-or; -Imperator, salvator, conditor, bibitor, traditor, doctor, antecessor.
Castellano (-dor, -sor): emperador, salvador, bebedor, traidor, doctor, antecesor, amador, etc.
Existen muchas formaciones nuevas. Pero no toman su origen, como en latín, del participio pasado (propiamente del supino), sino del tema del verbo, cuya forma en la conjugación fuerte no es la misma; y por ella se desenvuelven, al lado de las formas clásicas ya existentes, las formas nuevas que tienen, por lo común, una significación distinta. Ejemplos: hablador, conocedor, hacedor,
decidor, fingidor, pintor, vencedor, regidor, rector, comedor, provisor, proveedor, corredor, seguidor.
Un femenino de este sufijo es trix, tricis, como en imperatrix, matrix. Castellano (-triz):
emperatriz, matriz. -Frecuentemente es suplantado por dora. Así, pecadora, amadora, no pecatriz, amatriz. -Observación: si el sufijo ía se une al sufijo or, este último se cambia en ur. Ejemplos: contador (contaduría), curador (curaduría), hablador (habladuría), sabidor,
sabedor (sabiduría). En el castellano antiguo usábase de oria (que hoy subsiste en portugués).

arius. -1.° Adjetivo: adversarius, contrarius, primarius. Castellano (-ario, -ero): adversario, contrario, primero.

-Muchas palabras nuevas proceden de él: así en Berceo, baldrero, cobdiciadero, drechurero, poridadero, señero, y en los demás autores antiguos.

2° sustantivo. El masculino designa, sobre todo, personas agentes: arquero (arcuarius), carbonero;
(-el): lebrel, cuartel (quartarius). Entre el número de las palabras creadas de nuevo, pueden citarse: caballero, camarero, carnicero, portero, cordero; (-er): mercader; (-el): laurel.

3: Los femeninos son nombres de cosas de diversa naturaleza, y, sobre todo, colectivos: muchos proceden del plural neutro y contienen la idea de él. De adjetivos latinos proceden higuera, ribera, plegaria, etc. Hay muchas formaciones nuevas: bandera, barrera, carrera, ceguera.

4.° El neutro indica el lugar donde está contenido el primitivo: así, apiarium, columbarium, fumarium, viridarium (latín de la decadencia), bacarium, calicularium, herbarium. Castellano (-ar, -el): armario, verjel, habar. Formaciones analógicas, pero, en general, con una significación diferente: acero, hormiguero, broquel.

t-orius al lado de s-orius. -1.° Adjetivo: amatorius, adventorius, laudatorius, transitorius, censorius, latín de la decadencia: colatorius, contradictorius, disputatorius, privatorius, resolutorius. Castellano (-torio): amatorio, laudatorio, transitorio, contradictorio, resolutorio. - Hay adjetivos análogos, que proceden casi únicamente de verbos, sin que sea necesario un sustantivo en tor intermedio. Dichos adjetivos expresan, sobre todo, una relación de posibilidad o de necesidad. Ejemplos: mortuorio, narratorio. Para denotar posibilidad. tenemos la forma -dero: casadero, duradero, hacedero, venidero, placentero, placentorio (arc.)

2: sustantivo, a) Femeninos: barbatoria, curatoria, pariatoria, en los escritores de la decadencia. Palabras nuevas castellanas: escapatoria, palmatoria, pepitoria, b) Neutros: auditorium, dormitorium, etc. Latín de la decadencia: accubitorium, purgatorium, signatorium, tonsorium. Castellano (-dor generalmente): comedor, mirador, lavador, obrador, refectorio.


S

osus. -Este sufijo, unido a los sustantivos, produce adjetivos que indican una posesión o la plenitud de una posesión, como gibbosus, gloriosus, ingeniosus y otros análogos. Muchas de estas voces se presentan por primera vez en el latín de la decadencia; pero, en su formación, se atienen menos rigurosamente a la idea y al modo de derivación de las más antiguas palabras, pues a veces se forman sobre adjetivos.
Ejemplos: aquilosus (de aquilus), brucosus, cancellosus, catenosus, dissidiosus, fastuosus, sonorosus, vigorosus, virtuosus. Castellano: amoroso, dichoso, dificultoso, orgulloso, piadoso, temeroso, valeroso; con r: asqueroso, medroso. Muchas palabras nuevas proceden de adjetivos y producen una aumentación de la idea: caudaloso, rancioso, de caudal y rancio. sustantivo: raposo, raposa (
rabosa en chapurriau, zorra o zorro), ventosa.

T

atus. -Se une a sustantivos que designan empleos o dignidades: comitatus, consulatus, ducatus, episcopatus. -Castellano (-ado): condado, consulado, ducado, episcopado. -Sobre estas palabras se han formado marquesado, reinado. En lugar de atus, en este sentido, empleamos también azgo.




atus, itus, utus. -1.° Adjetivos que designan posesión y que tienen forma de participios, pero que proceden de sustantivos: apiatus, barbatus, cordatus, auritus, galeritus, pellitus, astutus, cornutus (cornut en chapurriau), nasutus (nassut en chapurriau). - Hay muchas imitaciones: el sufijo, desde el punto de vista de la idea, corresponde de ordinario, en las nuevas formaciones, al alemán -ig. Ejemplos castellanos de la primera forma: demasiado, gibado (geput en chapurriau) (prov.), taimado. Ejemplos de la segunda: dolorido, garrido (arábe) Ejemplos de la tercera; su función dominante es expresar intensamente, como en nasatus, la posesión del primitivo: narigudo, barbado, peludo, cabezudo, membrudo, locudo (arc.)

2: Hay muchos sustantivos femeninos de esta formación, los cuales no imitan más que la forma participal de la primera conjugación. Designan sobre todo: a) Una masa o una idea de abundancia: dinerada, nevada, calderada. -b) Lo mismo que el primitivo expresa: azada, cantarada, mesnada. -c) El producto del primitivo: cornada, cuchillada, espolada. -Observaciones: hay pocos mascu-linos de esta especie; son en parte adjetivos usados sustantivamente: bocado, costado. -Tenemos muchos sustantivos en ido, que expresan un ruido; proceden de verbos de la primera conjugación: bramido, ladrido, graznido, quejido, ronquido, sonido, alarido. Pueden referirse a los ejemplos latinos, de una significación análoga, que pertenecen a la cuarta declinación: gannitus, hinnitus, rugitus.

tus al lado de sus. -Se une a los sustantivos y procede del participio pasado activo. 1.° Masculinos que corresponden a los neutros latinos, como fossatum, judicatum, dictum, scriptum, pensum; se regulan en general sobre la idea de estos neutros, esto es, expresando un participio pasado: candado, ganado, pescado.

2: Los femeninos son muchos más, y constituyen una preciosa adquisición del castellano: el latín solo tiene algunos ejemplos. Muchas palabras de la tercera conjugación se regulan en este caso sobre su forma primitiva: así, pérdida. Las palabras verbales de esta especie tienen, cuando se
derivan de transitivos, ya un sentido pasivo, ya un sentido activo, y pasan, sobre todo en el segundo caso, de su significación abstracta a una significación concreta. Ejemplos: armada, rociada. En cuanto a los intransitivos, abandonan el sentido pasado por el presente: errada, entrada.

etum es colectivo. Las palabras derivadas mediante este sufijo, indican el lugar de reunión del primitivo: arboretum, cannetum, fructetum, lauretum, myrtetum, olivetum, palmetum.
Castellano (-edo, -eda): viñedo, arboleda. Más ejemplos se encuentran en nombres patronímicos: Cañedo, Pinedo. Formaciones analógicas con etum no son frecuentes, por hacer el oficio de este sufijo otros, como arium y ale. Ejemplos: olmeda (ulmetum), alameda; patronímicos: Acebedo, Ucedo, Quevedo.

ita, ites (griego, ír/-,?). -1.° Personales, como eremita. Levita y muchas palabras de posterior fecha, como carmelita, jesuíta, moscovita. 2: Nombres de cosas, como calamita, margarita.

t-at (tas, tatis): bonitas, civitas, libertas, vilitas, voluntas. Frecuente en el latín de la decadencia: animalitas, identitas, limpiditas, miserabilitas, modicitas. Castellano, (-dad. -tad): bondad, ciudad, libertad, voluntad. Estos son denominativos con un sentido abstracto, análogo a los compuestos alemanes con
heit. Las formaciones nuevas siguen esta regla. Así, amistad, beldad, lealtad, malvestad (arc. ), parquedad.

t-ut (tut, tutis): juventus, servitus, virtus. Castellano (-tud): juventud, virtud. Sobre servitus se ha formado esclavitud.



atius, itius, utius. Acerca de las relaciones de los sufijos -tius y -Cens. véase anteriormente la C. -Por -tius hay otras formas especiales: 1: Palatium, solatium. Castellano (-acio, -az): palacio, solaz. 2: Hospitium, servitium. Castellano (-cio): hospicio, servicio.

itia: avaritia, duritia, justitia, laetitia, pigritia, planitia. Este sufijo, destinado a las palabras abstractas, se presenta bajo dos formas: la una, con la vocal de unión i, acércase más al latín; la otra cambia, según una regla general, esta i por e. Castellano (-eza, -icia): avaricia, dureza, justicia, pereza, pigricia (arc.), llaneza. - Hay muchas formaciones nuevas, que proceden regularmente de adjetivos. Ejemplos: alteza, delicadeza, franqueza, largueza, nobleza, riqueza. -Observación: la forma secundaria
ities ha sido también introducida, y ha servido de modelo a nuevas formaciones. Castellano (-ez): altivez, amarillez, dejadez, durez (dureza), rigidez.

V

avus. En octavns = octavo.

ivus. -1° Adjetivo: captivus, fugitivns, nativus, vacivus; latín de la decadencia: attractivus, coctivus, compensativus, complexivns, concretivus, descriptivus. Castellano (-ivo, -ío): cautivo, fugitivo, nativo, vacío. -Las formaciones analógicas son muchas y proceden, ya de verbos, ya de sustantivos y adjetivos. Ejemplos: altivo, baldío, bravío, pensativo, sombrío, tardío.

2: Empléanse como sustantivos gingiva, lixiva, saliva, donativum. Castellano:
encía, lejía, saliva, donativo, bailío, falsío, gentío, motivo, poderío, rocío, dádiva (con transposición del acento).

3: -Derivaciones con una consonante doble.

LL

ellus, illus. -Este sufijo se usa muchísimo en castellano para formar diminutivos. Pero su fuerza diminutiva se ha extinguido casi siempre, y sólo reaparece algunas veces, cuando se le añaden nuevas formas de disminución. Ejemplos: 1.° sustantivo: a) Cuyo valor diminutivo se ha extinguido (-elo, -el, -illo): capelo, modelo, batel, tropel, ciudadela, anillo, caudillo, martillo, esportilla, astilla. b) Con fuerza diminutiva más sensible: animal, animalillo; asno, asnillo; alcoba, alcobilla; abeja, abejilla.
2: Adjetivo con ellus diminutivo: missellus, nuvellus, pulchellus, tenellus. También en las derivaciones castellanas permanece el sentido diminutivo: agrio, agrillo; cerrado, cerradillo.

c-ellus, c-illus. -1.° sustantivo: penicillus, aucella aucilla, penicillum. Así como nuestra lengua sustituye la forma ullus por ellus, ha reemplazado culus por cellus. Ejemplos: carbunculus, homunculus, leunculus, ponticulus, reticulum, muliercula. Ejemplos castellanos (-cilio, generalmente con la vocal de unión e): aire, airecillo; hombre, hombrecillo; monte, montecillo; ave, avecilla; mujer, mujercilla.

2: Adjetivo. latín: rusticus, rusticelus, Castellano: ciego, cieguecillo.

ullus. -Forma diminutiva rara, a la que pertenecen homullus, lenullus, satullus. El castellano casulla es una modificación del bajo latín casula.



RR

arr, orr, urr. -Estos sufijos de derivación no pueden proceder del latín. Esta lengua posee el vocablo
saburra; pero no es presumible que las muchas formas castellanas en urra y orra tengan su origen en esta única palabra. Estos sufijos son, sin duda, un elemento ibérico de nuestra lengua. En basco, (a es el artículo), son muy frecuentes: bizcarra ( = colina), ibarra ( = valle), indarra (=fuerte), legarra ( = sable), leorra ( = seco), malcorra ( = rudo), edurra (= nieve), egurra ( = bosque). -(Vid. Humboldt, Untersuchungen, p. 15; Adelung, Mithrid. IV, 284.)

arr. -Ejemplos: bizarro, bobarrón, guijarro, cigarra y chicharra, cimitarra, gamarra, pizarra, zamarra (
samar en búlgaro es una vestidura para animales de carga). Patronímicos: Galvarro, Pizarra, Mudarra, Segarra.

orr, urr: chaborra (prov.), cachorro, machorra, camorra, modorra, pachorra, pitorro.

SS

issa. -Sufijo destinado a formar el femenino en el latín de la decadencia, como en sacerdotissa, abbatissa, diaconissa, atiopissa, arabissa, poetissa, prophetissa; bajo latín: majorissa: es el griego *g Castellano (-esa, -isa): diablo, diablesa; duque, duquesa; poeta, poetisa; príncipe, princesa; profeta, profetisa.

TT

att, ett, itt, ott. -Este importante sufijo no es latino. Su origen es obscuro. Es denominativo y produce también verbos. En general sirve para formar diminutivos. Algunos rasgos de él, que se hallan en el latín de la Edad Media, denotan su antigüedad. L. Sal, emend. tít. V; si quis capritum sive capram furatus fuerit. Capritus es el castellano cabrito. Léese en las glosas de Isidoro: pililudius qui pilo pello ludit, es el castellano pelotilla (
piloteta en chapurriau), pel-ot-illa, de pelota. Según estos ejemplos, la forma originaria sería t y no tt.

at. -Designa, principalmente, procedencia en todos los sentidos de la palabra (-ato, -ate): horcate; chivo, chivato; lobo, lobato; adjetivo: nuevo, novato.

ett (itt). -Sirve en general para diminutivos. Ejemplos (-ito, -eto, -ete): lobo, lobito; arca, arqueta; alfange, alfangete; rapaz, rapacete. Los adjetivos en ett son igualmente diminutivos: amarillo, amarillito; bueno, bonito.

ott. -Expresa una degeneración del primitivo, sobre todo en lo que concierne a la grandeza y a la calidad; o simplemente una idea de pertenencia. Ejemplos sustantivos (-ote): capote, galeote, garrote, quijote, bellota, gaviota, pelota; aumentativos: ángel, angelote; caballero, caballerote; pícaro, picarote; diminutivo: cámara, camarote. -Adjetivos: grande, grandote; viejo, viejote (aumentativo).

4: Derivaciones con un grupo de consonantes.

GN

ignus: benignus, malignus, larignus, salignus. Castellano: benigno, maligno. Las nuevas palabras se refieren a la idea de origen o de semejanza; pero, en parte, no son más que simples modificaciones de inus, que parece haberse transformado en ineus ( = eño). Ejemplos: aguileño, halagüeño, isleño, alcornoqueño, zahareño, lampiño, brasileño, extremeño, madrileño. -Sustantivos: armiño, barreño, campiña, rapiña, corpiño.

LD

ald. -Los nombres propios alemanes, como Answald. Grimwald. preséntanse como compuestos con wald (de walten), sufijo representado en latín por
oaldus: Ansoaldus, Grimoaldus. En castellano, simplificado el diptongo: Ansaldo, Grimaldo ( = i); construídos con elementos alemanes o latinos: Lasalde, Recalde. -Los nombres comunes, exclusivamente construidos con elementos alemanes, son muy pocos: heraldo.

ND

andus, endus. -Participios que permanecen en castellano en calidad de adjetivos. -Sustantivos: vivienda, hacienda, lavandero, leyenda, molienda, ofrenda.

undus, -En oriundus, jocundus, facundus, fecundus, secundus, iracundus, gemibundus, plorabundus; latín de la decadencia: conabundus, consolabundus, fumigabundus. Castellano
(-undo): facundo, oriundo, fecundo, segundo, etc. -Formaciones nuevas (-ondo): hediondo, sabiondo, lirondo, orondo.

NG

ing, l-ing. -Derivación alemana que subsiste en algunas palabras de este origen: chamarling, chamarlengo. -Voces nuevas: abadengo, realengo, abolengo.

NS

ensis. -Adjetivo: designa la descendencia o la ciudadanía: algensis, forensis, lutensis, nemorensis, hortensis, portuensis, atheniensis, carthaginiensis, narbonensis, rhodensis. -En castellano esta forma ha permanecido activa, pero más bien para formar nombres de pueblos que nombres comunes. Ejemplos de vocablos, en su mayor parte nuevos, algunos de los cuales son empleados como
sustantivos (-és): cortés, burgués, marqués, aragonés, cordobés, francés, inglés, leonés, portugués;
(-ense):
conquense, ateniense, oscense, hispalense.

NT

entus. -En cruentus, silentus. Castellano, cruento. Hay muchas voces formadas con ent, derivadas de sustantivos (-iento): avariento, calenturiento, sangriento, hambriento, ceniciento, sediento, polvoriento.

l-entus: faculentus, sanguinolentus, somnolentus, vinolentus, violentus. -Castellano: feculento, sanguinolento, sanguinolento, somnoliento, violento, etc.

m-entum: alimentum, fragmentum, monumentum, nutrimentum. Castellano (-viento, -miento), alimento, fragmento, monumento, nutrimiento. En latín arc. -men era más usado que mentum. En castellano esta forma es un instrumento poderoso de derivación, uniéndose a la radical del verbo con la vocal intermedia a,i para expresar una acción o un estado, rara vez una idea concreta.
Ejemplos: abajamiento, seguimiento, parlamento, sufrimiento.
ant, ent (nominativo ans, ens). Participio presente, extinguido como tal; pero persiste todavía como adjetivo (castellano -nte). En algunos de los ejemplos que siguen no se encuentra el verbo correspondiente: 1.° Adjetivos y sustantivos personales: bergante, galante, mercante, sargento.
-2: sustantivos que designan objetos y sustantivos abstractos: corriente, creciente, entrante, levante, poniente, semblante, presente.

antia, entia . -En ignorantia, obedientia, derivados del participio presente. Formaciones analógicas (-anza, -enza, -encia): bonanza, esperanza, estancia, fianza, fragancia, venganza, creencia, dolencia, sabenza (arc.), tenencia, temencia (arc.)

RD

ard. -Este sufijo, de frecuente uso, trae su origen del adjetivo alemán hart, gótico hardus. En castellano únese a un número considerable de patronímicos y nombres propios: Bernardo, Abelardo, Guajardo, Fajardo, Pichardo; y también a los en Huarte, Iriarte, Ugarte, Recarte, Lasarte. Esta forma se encuentra en muchos nombres comunes masculinos que se derivan, ya de nombres, ya de verbos. -Designan: 1.° Seres vivientes, tomando en parte el valor de adjetivos (-ardo, -arde): bastardo, bigardo, gallardo, cobarde (-do, arc.) -2: Objetos: estandarte, petardo, bombarda, espingarda.

RN

erna: basterna, caverna, cisterna, laterna, lucerna, taberna; latín de la decadencia: suterna, usterna por sutrina, ustrina. Las primeras palabras se han conservado en castellano. Hay además palabras no latinas con esta terminación, como galerna, lucerna, poterna. -Podría citarse el adjetivo modernus (en Prisciano); quaterno (igual en castellano).

urnus. -En diurnus, diuturnus, nocturnus, taciturnus. Castellano (-urno): diurno, etc.; lochorno de vulturnus.

SC

Ascus, iscus, uscus.

Ascus. -1.° Los adjetivos de esta terminación son raros: friasco (arc.)

2: Los sustantivos son más frecuentes: chubasco, peñasco, borrasca, hojarasca, nevasco.

iscus. -Sirve, sobre todo, para formar adjetivos, procedentes de sustantivos, rara vez de adjetivos; y expresa generalmente, como el alemán
isch, la manera, la semejanza o el origen. Castellano (-isco, -esco): arc. -arenisco, berberisco, levantisco, brujesco, caballeresco, frailesco, grotesco.
Sustantivo; ejemplos: aprisco, pedrisco, parentesco, ventisca.

uscus. -En molluscus. Castellano: molusco, negrusco (negruzgo), pardusco (parduzco).

SM

ismus (*g). En archaismus (arcaísmo). Este sufijo ha producido numerosas imitaciones, entre las cuales tenemos las castellanas en -ismo, -isma: morisma, sufrisma (arc.), solecismo, fanatismo, germanismo.

ST

ast. -Aunque se halla en muchísimas voces, no es un verdadero sufijo de derivación, sino una terminación producida en parte por una modificación arbitraria de otros sufijos. Así,
banasta parece síncopa de banastra (de banna); canasta modificación de canistrum.

estus. -En funestus, honestus, modestus, molestus. Castellano (-esto): funesto, honesto, modesto, molesto. Esta formación, en la cual la t, y no la s, es el sufijo, no ha producido imitaciones.

ista. -Del griego *g designa personas agentes: baptista, evangelista, psalmista. Esta forma, muy usada por los Padres de la Iglesia, se extendió mucho en la Edad Media. Castellano: arbitrista, camarista, legista, artista, fresquista, bromista, papista, dentista, calvinista.

aster. -Designa una semejanza incompleta con la idea del tema; también un valor respectivo. 1.° sustantivo latino: patraster (en las inscripciones), filiaster (ib.), parasitaster, fulviniaster (imitador de Fulvinius), mentastrum, salicastrum. Castellano (-astro, -astre): padrastro, madrastra, hijastro, hermanastro, medicastro, sollastre (arc.), pilastra,
pollastre, camastro.

1. Los adjetivos derivados mediante aster, expresan también una semejanza o analogía: alicaster, recalvaster, fulvaster, laetaster, novellaster, surdaster, claudaster. -La mayor parte de las palabras castellanas son nuevas y conservan su antiguo sentido cuando proceden de adjetivos: viejastro.

II. -Verbo.

La derivación verbal se produce, ya mediante sufijos propios, ya por la adición de letras de flexión al tema de cualquier especie de palabra. Al primer modo lo llamaremos derivación mediata; al segundo, derivación inmediata. La lengua latina con sus diversas formas de conjugación, toma parte en estos dos procedimientos, como en cant-ill-are. pen-sare, alb-ere, stabil-ire. En castellano sólo son susceptibles de derivación la primera conjugación y la tercera (cuarta latina).

1.° La derivación verbal inmediata, de la que en primer lugar vamos a tratar, se apoya en castellano sobre los sustantivos y adjetivos, y algunas veces sobre otras especies de palabras: el número de verbos así adquiridos por nuestra lengua es todavía mucho más considerable que el de los substantivos que proceden directamente de los verbos. Todos estos nuevos vocablos sa dividen, según acabamos de decir, entre la primera y la cuarta conjugación (originaria), sin que se pueda, empero, indicar, ni fundados en la forma ni en el sentido, un principio fijo a qué atribuir dicha división. No obstante, en medio de esta arbitrariedad de la lengua para escoger la conjugación, no puede desconocerse el hecho de que a la primera se atribuyen principalmente las nuevas creaciones: esta conjugación tiene para la formación verbal la misma importancia que la primera y la segunda declinación para la formación nominal.

2: Ejemplos de derivación verbal inmediata. De un nombre simple, en el cual el sufijo de derivación está petrificado o no es sensible. -n) De sustantivo: finis, finar; furca, hurgar; poena, penar; pretium, (a)-preciar; scutum, escudar. -b) De adjetivo: extremus, extremar; gravis, gravar; limpidus, limpiar; plenus, llenar (
plená en chapurriau, omplí); quietus, quedar.

3: Derivación verbal de nn nombre derivado. Todas las formas no se prestan en latín a esta clase de derivación verbal: el castellano, deseoso de hacer pasar a la forma verbal el mayor número de sustantivos posible, ha sacrificado a esta tendencia las reglas a que se atenía el latín, no importándole quebrar todas las leyes de la formación de las palabras, a fin de obtener esta derivación, a la cual se prestan todavía más fácilmente los compuestos. Así poseemos muchos verbos que, si quisiéramos volverlos al latín, serían: angustiare, viaticare, bilanciare, choleruceare, batualiare, miraliliare, christianare, medicinare, caponare, occasionare, consuetudinare, extraneare, facturare, contrariare, gulosare, medietare, solatiare, cupiditiare, nominativare, ancellare, vagamundare, parlamentare, sententiare. Algunos de ellos se encuentran en el latín de la decadencia. Ejemplos castellanos, agrupados según cada sufijo nominal: IA: envidiar, congojar; ATICUM: ultrajar, viajar; ACEUS: embarazar; CULUS: trabajar; ALIS: igualar; ALIA, ILIA: ramotajar, batallar, maravillar; INUS, IMUS: caminar, medicinar; ON: cantonar, baldonar; TION, SION: ocasionar, cuestionar; UDIN: acostumbrar; IGIN: originar; ANEUS: hazañar; URA: aventurar; ARIUS: contrariar; TAT produce factitivos, como capacitar, dificultar, facilitar; TIUS: solazar; IVUS: cultivar, motivar; ellus: atropellar; OTT: agarrotar; MENTUM: parlamentar; AMTIA, ENTIA: esperanzar, reverenciar, sentenciar; ARD: acobardar.

4.° Para la derivación verbal mediata usaba el latín diversos sufijos, a los cuales estaban aplicadas determinadas significaciones. Eran sufijos de este género: ICARE en albicare; ULARE en pulullare (diminutivos); TURIRE, SURIRE en empturire, esurire (desiderativos); TARE, SARE (ITARE, SITARE) en adjutare, pensare (frecuentativos); ILLARE en cantillare (diminutivos); ESSERE, ISSERE en capessere, petissere (meditativos); ASCERE, ESCERE, ISCERE en amarescere, clarescere, ingemiscere (incoativos). El castellano ha conservado casi todas estas formas.
-La significación de las formas conservadas es menos precisa que en latín.

1.° -Derivación con una consonante sencilla.

C

icare. -Ya se une a nombres, y expresa entonces la actividad del primitivo, como en albicare, amaricare, nigricare; ya se une a verbos, haciéndolos frecuentativos o diminutivos, como en fellicare, fodicare, mordicare, splendicare, vellicare. -Este sufijo en castellano, además de la forma común con c o con g, tiene una forma anormal, donde estas consonantes están representadas por j, producida mediante la desaparición de la í y la introducción posterior de la j, para evitar el hiato: -icare, -iare, -ijare. La derivación impropia, esto es, ya contenida en el nombre en ie, está sometida a la misma ley, como en fabricare, impedicare, judicare, masticare, pacificare, villicare, vindicare. Incluímos aquí muchos factitivos compuestos con el sufijo verbal
fiens (de facere), como mortificare, pacificare, sanctificare, cuyo número se aumentó considerablemente en el latín de la decadencia (-blandi, -miri, molli-, pulchri, -recti-, speci-, suavi-, tristi-, verificare). -Ejemplos castellanos (-car, -gar, -ear, -ejar): fabricar, masticar, albergar, amargar, holgar (follic.), juzgar, vengar, verdear, pacificar. -Formaciones nuevas:
1.° Con la forma primitiva (ic, ig), la cual produce frecuentativos y diminutivos: apesgar (arc.), aungar (arc.), madrugar, cabalgar, otorgar, rascar, volcar.
-2: Con la forma, propiamente castellana, hállanse muchos verbos nuevamente creados: alborear, blanquear, cortejar, falsear, juguetear, guerrear, pleitear, saborear, señorear, truhanear, voltear, Observación. Procedentes de esta segunda forma, con la terminación modificada, hay porción de sustantivos masculinos: cortejo, manejo, blanqueo.

L

ulare. -Aemulari, cumulare, postulare, pullulare, ustulare. Este sufijo procede de nombres o de verbos, como el anterior. -Ejemplos castellanos (-ular, -olar): garrular (del adjetivo garrulo), tremolar (
tremolá en ch. temblar), mezclar.

c-ulare. -Fissiculare, missiculare.
uculare. Castellano (ujar, ullar): barbullar,
manujar, magullar.

T

tare, sare. -Adjutare, pensare. -La lengua castellana ha adoptado, por su sonoridad, la forma frecuentativa, aceptando en favor suyo muchos primitivos, sobre todo de la tercera conjugación: de adjuvare, canere, cogere, despicere, jacere, quatare, por ejemplo, la forma frecuentativa es la que solamente hoy está en uso. Así se han creado, entre otros, los siguientes nuevos vocablos: de ausare, refusare, junctare, oblitare, conquistare, unctare, usare, advisare; osar, rehusar, juntar, olvidar, conquistar, untar, usar, avisar. -La significación latina se ha conservado. Los verbos no latinos no han adoptado esta forma. -Los frecuentativos que revelan no ya la forma del supino, sino simplemente el tema del verbo, como agitare, appellitare, palpitare, han sido menos imitados.
-En castellano hay muchos verbos terminados en
itar.

liare, siare. -Los participios pasados y algunos adjetivos en tus, han producido por derivación, con la vocal de unión i, una serie de verbos de la primera conjugación de significación transitiva, formando cierta clase de frecuentativos desconocidos de la lengua latina: de
captus sa ha producido captare mejor que capt-i-are.; de pensus, pensare mejor que pens-i-are. A esta clase pertenecen los verbos siguientes: de acutus, aguzar; de altus, alzar; de captus, (capturar) cazar; de curtus, escorzar; de delicatus, adelgazar; de di-rectus, enderezar (adressá en ch.): de tractus, trazar.

y

izare. -Al griego *g, en tanto que esta desinencia contiene una idea de imitación, como en *g, corresponde el latín
issare en atticissare, graecissare, patrissare. Los escritores latinos de la decadencia introdujeron algunos verbos griegos de dicha terminación, como acontizare, baptizare, scandalizare, o produjeron formaciones analógicas, como auctorizare, judaizare, latinizare, psalmizare. Contienen este sufijo muchos verbos castellanos producidos en el período literario de nuestra lengua.

Los verbos de esta terminación designan:
l: Una imitación del primitivo: judaizar, grecizar, poetizar, moralizar.
2: El paso de la idea del primitivo a otros objetos: aromatizar (*g), sutilizar, autorizar, esclavizar, eternizar, pulverizar, suavizar.
3: Simplemente la acción del primitivo sobre objetos exteriores: tiranizar, evangelizar.

2: -Derivación con una consonante doble.

LL

illare. -En cantillare (
escantellá en chapurriau), conscribillare, sorbillare. Castellano: dentellar, adentellar.

TT

ettare. -Es, en general, diminutivo. Castellano: escarvitar, arc. (escarbar), peditar (
pidolá en chapurriau, pedir).

Ottare. -Barbotar (arc.)

3: -Derivación con un grupo de consonantes.

NT

antare, entare. -Derivación verbal que procede del participio presente: no es latina. El castellano forma, en la mayor parte de los casos, verbos intransitivos de verbos transitivos de la primera conjugación; mas a pesar de la ventaja esencial que ofrece este medio de formación, no se ve empleado más que en pocos verbos, sin conservar en todos la significación primitiva, pues entre
estas derivaciones encuéntranse también algunos verbos intransitivos. Ejemplos: crecer, acrecentar; huir, ahuyentar (
esbarrá en chapurriau); levar, levantar (eixecá en ch.); pacer y apacentar (pasturá en ch.), aparecer (aparéixe en ch.), aparentar (aparentá en ch.); quebrar, quebrantar.

SC

ascere, escere, iscere. -Formas incoativas: inveterascere, irasci, amarascere, clarescere, dulcescere, frigescere, macrescere, marcescere, nigrescere. En el latín de la decadencia hay muchos verbos seguidos de este sufijo: capillascere, ferascere, granascere, pauperascere, curvescere, divescere, ex-stillescere, follescere, fructescere, grossescere, loquescere. Ejemplos castellanos: negrecer (
ennegrecerse), clarecer (esclarecer); presente, esco; imperfecto, ecia; perfecto, eci. -Son muchas las nuevas formaciones, pero no se emplea en ellas la vocal de unión a. Ejemplos: carecer, enflaquecer, agradecer, amanecer, merecer, obscurecer (oscurecer), padecer, parecer, perecer, empobrecer, envejecer, verdecer. En castellano antiguo encuéntranse todavía muchos ejemplos del infinitivo ir por ecer: enflaquir, gradir, padir, perir; presente, enflaquezco. -Observación. Los verbos derivados en sc pierden a menudo su sentido incoativo; muchos son empleados como transitivos; sobre todo, los que proceden de adjetivos: así, apetecer, bastecer (abastecer), guarnecer (de guarnición).

Hay todavía otras derivaciones verbales de una importancia secundaria. Así, ucare: machucar, besucar; usare, ussare: engatusar; uzare: despeluzar (
despelussá en ch.); iscar : mordiscar (mordisquear), pellizcar (pessigá en ch.); uscar: chamuscar; znar: graznar, lloviznar, despeluznar.

SEGUNDA PARTE.
Composición.

En tanto que en la derivación el sentido de una palabra se modifica y determina por la adición de letras o sílabas, en la composición se produce este fenómeno mediante palabras enteras. Estas palabras determinativas preceden en latín a la palabra que contiene la idea principal, como en con-socer, defendere; y esto acontece cuando son declinables, ya bajo su forma absoluta sin señales de género y de flexión, como en cordolium, fun-ambulus, ya con la ayuda de la vocal i (rara vez de alguna otra), como en paci-ficus, monti-vagus, mero-bibus. Esta es la composición verdadera o propia.

Por el contrario, si dos palabras componentes se unen también por la escritura, en cuyo caso la palabra determinativa puede estar colocada detrás de la principal, se verifica la composición falsa o impropia, como por ejemplo: bene -dicere (
ben -decir), res-publica (república), uti-frui, legis -lator (legislador), manu -mittere (meter la mano).

Pueden entrar en composición, no solamente dos palabras, sino tres y aun más.
Las palabras que proceden de otras compuestas, como de fensio de defendere, benedictio de benedicere, pertenecen propiamente al estudio de la derivación; pero es conve-niente no excluirlas de esta parte, para saber hasta qué punto llega la lengua en esta suerte de derivaciones.

La lengua castellana tiene abundantes medios para la formación de palabras compuestas. Pero las nuevas especies de composición no tienen tanta importancia, cuando se forman mediante partículas. Los nombres y los verbos empléanse tan sólo para la composición propia; siendo de advertir que muchos compuestos que se hallan en nuestro Diccionario son formaciones libres de los sabios y de los poetas, las cuales nada tienen de populares.

Hay tres clases de composición: nominal, verbal y la que se efectúa con partículas. Existe, por último, la formación de palabras mediante frases enteras.

I. -Composición nominal.

Observaciones:
1: El género de los substantivos así formados se regula por la palabra que contiene la idea principal; por ejemplo: av-estruz (
ave Strauss en alemán).
2: Si la idea principal precede, puede suceder que el sustantivo siguiente se acomode en su terminación al género de la primera palabra, y en las mismas circunstancias el segundo sustantivo también puede determinar el género. Ejemplo: ar-golla.
3: El género natural sobrepuja al género gramatical, como en el palabri-mujer.
4: En lo concerniente a la flexión en general, debe notarse nada más que los verdaderos compuestos forman el plural, como las palabras sencillas, y los otros según las relaciones de construcción en que éstas se encuentran. -Sin embargo, si los dos elementos no se hallan estrechamente unidos, o si es difícil distinguir su valor relativo, sucede que los compuestos impropios dobléganse de la misma manera que las palabras sencillas. Ejemplos: maestre -escuelas, ferro -carriles, avu -tardas.
5: Lo mismo que en latín, los sustantivos pueden adquirir el valor de adjetivos.

1.° -Composición con sustantivos.

1: sustantivo con sustantivo.
a) La primera palabra expresa la cualidad de la segunda, y puede, en general, ser sustituída por un adjetivo. Ejemplos: arqui-mesa, arti-maña, carri-coche, vara-palo, oro-pel.
b) El primer sustantivo se encuentra en la relación de un genitivo, como en el latín cor-do-lium. Ejemplos: mani-obra, zarza-rosa, zarza-mora.
c) Los dos sustantivos ocupan, uno al lado del otro, la misma línea. Ejemplos: coli-flor, av-estruz, cera-pez.
d) La idea principal precede al segundo sustantivo, que corresponde al genitivo. Ejemplos: agua-miel, ar-golla, boca-manga, caña-miel, cond-estable, madre-perla, mayor-domo.
e) Los dos miembros están unidos por preposición: Por de: hijo-d-algo, hi-d-algo, hidalgo.
Val-de-peñas, hi-de-puta (
hijo de puta). Por ad: agu-a-manil. Por ante: tramp-ant-ojo (trampa ante ojo, trampantojo).

2: sustantivo con adjetivo. El substantivo proporciona la determinación precisa, como en el latín cani-formis, igni-comus. Ejemplos: pechi-blanco, barba-roja, boqui-ancho, cabiz-bajo, casqui-vano.
3: sustantivo con verbo o adjetivo verbal. -a) El sustantivo es al verbo en su relación de acusativo, régimen directo. Ejemplos. latín: tergi-versari, paci-ficus. Castellano: car-comer, fe-mentido, mani-atar, perni-quebrar, -ado. -b) El sustantivo es al verbo en su relación de ablativo. latín: manu-mittere. Castellano: man-tener, mam-parar (manu parare), cap-tener (arc.)



2: Composición con adjetivos.

1: Adjetivo con sustantivo. Este género de composición es muy frecuente. El adjetivo se encuentra en una relación de atributo con el sustantivo, que puede precederle o seguirle. -a) El adjetivo precede: alto-bordo, buen-andanza, gentil-hombre, medio-día, rico-hombre, Sa-hagún, ira-cundo, Sant-illana (Santa Juliana). -b) El adjetivo sigue: av-u-tarda, turba-multa, Mur-viedro (
muro verde), Rip-alda, Torr-alba (torre blanca, alba, de albis), Mont-Albán (monte albo, blanco), Val-verde.

2: Adjetivo con adjetivo. -a) El primer adjetivo determina el sentido del segundo y hace el oficio de adverbio: curvi -líneo. -h) Los dos adjetivos permanecen gramaticalmente en la misma línea: agri -dulce, (es) calo-frío, anchi -corto.

3: Adjetivo con verbo, como en dulcificar, equi -parar, digni -ficar (
dignificá: ficá dignidat en chapurriau).

II. -Composición verbal.

Así en griego como en alemán, el tema de un verbo puede unirse a un nombre: Sprich Wort (
Sprichtwort), leblos (sin vida, Leben los), Friedlos (Friede los, sin paz). En latín sólo se componen verbos con verbos, pues pocas palabras son aptas para servir de segundo miembro en una composición de este género. No se encuentran tampoco en castellano ejemplos de este procedimiento.

III. -Composición con partículas.

Las partículas que se componen con substantivos, adjetivos y verbos, son adverbios en realidad; bien que la mayor parte de ellas no se presentan actualmente más que con el sentido de preposiciones.

1.° Las partículas más importantes son las de lugar: ab, ad, ante, circum, intro, ob, per, post, prae, praeter, pro, retro, sub, subter, super, trans, y muchas inseparables, como dis, re, se. El castellano las posee todas, ya las emplea en la formación de sus nuevos compuestos. Solamente hay que exceptuar ob, se, subter e intro; pero en cambio tenemos extra, foras, infra, subtus, supra, ultra, que no empleaba apenas el latín en sus compuestos.

Dividirémoslas en partículas preposicionales, adverbios nominales, particulares adverbiales, numerales y negativas.

1.° Partículas preposicionales.

Ab. -Apenas se usa en nuevas composiciones: a (b) latín. Procede alguna vez de abs, como en esconder (abs-condere),
amagá en chapurriau.

Ad. -Ejemplos de nuevos compuestos: a-cordar, a-divinar, a-somar, a-rrastrar. Ciertas palabras presentan a menudo una a prepuesta que no corresponde a la preposición latina
ad, sino al artículo árabe. -Ad forma a menudo, con adjetivos y sustantivos, verbos factitivos de la primera conjugación: agrandar, avivar, amaestrar.

Ante (anti). -Verbos nuevos: ante -coger, antemostrar. -Nombres: ante -brazo, antecámara,
antesala.
Anti. -Ejemplos: anti -crítico, anti -papa, anti -pútrido. -Excepción: ante -cristo (
anticristo).

Cum. -Unida al verbo o al nombre, designa un acompañamiento o sociedad: convivir, compañía, combatir, concausa, comadre.

Contra. -Verbos: contrahacer, contrastar. -Nombres: contra -prueba, contra -quilla, contrapeso.

De. -Ejemplos antiguos: declarar, defender, demandar, demostrar, dorar (de -aur). Muchas formaciones analógicas expresan un alejamiento o expoliación, como debatir, decaer, desfallecer, degollar (
de gola, garganta, garganchón), degradar, demarcar, dejar (de sitare), deparar, departir.

DIS, DI. -Ejemplos antiguos: dicernir, discrepar, difamar, diferir. El castellano usa muchísimas veces de este medio de formación, y expresa con esta partícula, como la latina dis o la alemana zer, una separación, empleándose también para designar la cesación de una actividad o la negación de una idea, como en el latín de la decadencia discredere y disseparare, por non credere y non separare. Ejemplos: verbos (des, dis, di), desbaratar, descabellar, descargar, desgastar, deshacer, disgustar, diverger (
divergir?), derrocar, derramar, desamar. -Nombres: desgracia, desorden, disconformidad. deforme, disforme, desnudo.

Ex, E. -Compuestos antiguos (ex, es, ens, en, e): expedir, expiar, extinguir, expeler, expirar -espirar, escaldar, ensalzar (ex -altare), ensayar, enjugar (enjuagar), enmendar. -Compuestos nuevos. 1.° Verbos: escampar, esmerar, estirar, explayar, ensanchar (
enxamplí, eixamplí, de ample en chapurriau), e(s)spiar (ant, alt, alem.: spehón, actual Spion, espía). -2: Nombres. Se designa con ex lo que una persona ha sido en tiempo pretérito: ex -ministro, ex -rector, ex -diputado.

Extra. -Únese en latín a pocas palabras, y asimismo en castellano no abundan los ejemplos: extravasar, extraviar, extravagante.

FORIS, FORAS en las frases foris ferre, foris dare; prefijo en el sustantivo
forasgero en Plauto; úsase muy rara vez en calidad de preposición: foragido, forano, foráneo.

In (en). -Ejemplos antiguos: inclinar, hinchar (h)in-char (infl.), en-cautar, incautar, entender, emplear, implicar, implorar (
implorá en chapurriau, de plorá demanán algo). Las nuevas composiciones abundan, con la forma en = an o am. Ejemplos: enamorar, enlisar (alisar), embarcar, empachar, amparar, añadir (afegí en ch. inaddere). -Los factitivos procedentes de sustantivos y adjetivos son tan abundantes, como en la clase de los compuestos con ad, a saber: encojar, enderezar (a -dret -adressá en chapurriau), endulzar (endolsá, endolsí en ch.), enfadar, engordar (engordí, engordá en ch.), engrosar.

Inter. -Ejemplos antiguos: intercalar, interceder, entremeter, entredecir. En las nuevas composiciones inter indica el sentido de se invicem y semi, y su forma castellana es entre, como en entremezclar, entreabrir (
entreobrí la porta en ch.), entre-oír, entresuelo, entrefino.

Intra, TRA. -Es sinónimo de inter, que en las nuevas formaciones, como se acaba de decir, es
entre. -Intro en las voces latinas: entrometer .

Ob. -Solamente en las palabras latinas. Ejemplos: obedecer, obstar, obviar.

Per. -Ejemplos: percibir, porfía (perfidia). Son raras las nuevas composiciones con esta partícula. Designa, en general, el cumplimiento de una acción, lo mismo que
voll en alemán: vollenden (acabar del todo), vollstrecken. 1.° Verbos: percatar, perdonar, perfilar, perjeñar. -2: Un adjetivo en el cual per refuerza el sentido: per -dañoso (arc.)

POST. -Formación nueva: postergar, pos -tergar.

Prae, -Ejemplo: preveer, prever. Formación analógica: predeterminar, predominar.

Pro. -Ejemplos: proveer (
proví en chapurriau), prolongar (prolongá, allargá, estirá en ch.). Compuestos nuevos: prohijar (ver prohijamiento de Jaime I y Sancho de Navarra), promediar, propasar.

Re. -Ejemplos: recibir, redimir, recitar, responder, reunir, recrear, reformar, reafirmar, repartir. Hay muchísimos compuestos nuevos: 1.° Verbos en que la partícula indica repetición: realzar, recaer, resoplar, reavivar, reimprimir. 2: Nombres en que la partícula refuerza el sentido: rebueno, refino.

Retro. -Formaciones nuevas: retrotraer, retrovender, retroceder.

Se (se ducere). -Solamente en las palabras procedentes del latín.

SuB (-sub, sob, su, so, son), -Ejemplos: subsanar, sobornar, suplicar, socorrer, sonreír, sahumar.
La formación de nuevos compuestos es frecuente. 1.° Verbos: zam -cochar, zancochar, (sub-coquere), sojuzgar (
subyugar, sub -jugare), sonsacar, soterrar, zaherir.
-2: Unida esta partícula a los sustantivos, expresa subordinación: subprior, subteniente.

SUBTER. -Ejemplo: subterfugio.

SUBTUS. - Hállase en el lugar de sub. 1. Verbos: substraer, subscribir. 2: Sustantivos: sotabanco, sotavento.

SUPER ( = súper, sobre), -Ejemplos: supervivir (supervivencia) -sobrevivir (sobrevíure en chapurriau), sobrevenir (
sobrevíndre en chapurriau). Las formaciones con la partícula castellana expresan un exceso o grado más alto, como la palabra de Tertuliano: supersapere. Ejemplos.
1.° Verbos: sobrepasar, sobrepujar, sobresaltar.
2: Nombres, en gran abundancia. Ejemplos: sobremesa, sobrepelliz, sobrevesta,
sobresequié en chapurriau, cabacequia, cap -el cabeza de la acequia.

Trans (= trans, tras, tra), -Permanece íntegra en las palabras poco populares; las que no lo son la abrevian. Ejemplos: transformar, transferir, traslucir, traducir, través (trans-versus).
-Formaciones analógicas. 1: Verbos: trasnochar, traspasar, trastornar.
2: Úsase rara vez en los sustantivos: traspié,
trasvase.

Ultra. -1.° Verbos: ultra pasar.
2: Nombres (adjetivos): ultramarino, ultramontano (
tramontano),

2: Adverbios nominales. -Contamos entre estos los dos prefijos procedentes de sustantivos, archi,
vice; algunos adjetivos adverbiales y la partícula
bis, cuyo origen no está con exactitud determinado.

Archi (alemán
erz) Erzbischop -archi episcop. -arzobispo, en muchísimos compuestos nuevos: archiduque, arquitrabe, arcángel -archi ángél.
Vice, desde los primeros tiempos de la Edad Media: vice -comes
de Cardona, vice -judex. Ejemplos: vicealmirante, vizconde, virrey.

Bene, male en beneficio y maleficio, y en porción de formaciones verbales. 1.° Verbos: bienaventurar, malquerer, maldecir, bendecir, malograr (male -lucrari), malversar,
2: Nombres: bienandanza, bienestar, malcontento.

Longi, multi, omni, en longi -mano (
manos largas ?), multicolor, omnisciente. Las formaciones analógicas pertenecen en su mayor parte a una época posterior: long -animo, multi -latero, omni -potente, omnívoro.

Minus. -Únese, en su forma gramatical regular menos, a los verbos y a los adjetivos y sustantivos verbales. Ejemplos: menospreciar, menoscabar, menosprecio, menoscabo.

Bis (= vis), -Partícula que significa propiamente una disconformidad o cosa que no está en su orden. Ejemplos: vislumbre,
visojo.

3: Adverbios numerales y otros nombres de número.
-Formaciones nuevas,
1: Con
uni: unísono, univalvo, unicornio.
2: Con bis: bisabuelo, bizcocho. Además con ambo en el bajo latín, ambi -dexter, ambidextro, ambidiestro;
3: Con tri, tris: tricolor, trigenio.
4: Con centum: cienpiés (cen -tipes).
5: Con mille: miliaria, milhojas (
milfulles en ch. mille -folium).
6: Con semi: semi -ignorante, semi -pútrido, semitono. Una partícula más castellana, pero menos apropiada a la composición que semi es medius. Ejemplos: medio -eval, medieval, media -luna, medialuna.

4.° Partículas NEGATIVAS.

In en el sentido negativo conserva mejor en castellano su forma que la preposición in, que ha degenerado en en. Las nuevas composiciones castellanas con in son muy frecuentes. Ejemplos: inútil, indeciso. 2: Non únese a los sustantivos, a los infinitivos empleados sustantivamente, a los adjetivos y participios, pero no a los verbos.

5: Finalmente: no debe omitirse que poseemos muchos compuestos con el artículo árabe
al, el cual por sí mismo no imprime a la palabra ningún sentido. Esta partícula forma, casi sin excepción, una sílaba átona y se asimila a diversas consonantes; así en arroba, atarfe, azofaifa, azufaifo, (gínjol, chínchol en chapurriau). De la misma manera se une a palabras no semíticas.

IV. -Composición de frases.

El producto de esta especie importante de composición es siempre un sustantivo.

1: Verbo con sustantivo o pronombre: a) La segunda palabra depende directamente de la primera abrojo, alzapié, azotaperros, besamanos, pasacalles, cortaplumas.

b) La unión del imperativo con el nombre se verifica mediante preposiciones: gir-a-sol, girasol, tornasol, torn-a-sol, and -a -río, salt -im -banco, saltimbanqui, tornavoz, torn -a -voz.

2: Verbo con adjetivo o adjetivo adverbial. Ejemplos: atafermo, cantaclaro, pisaverde.

3: Unión de dos imperativos: alzaprima, cantimplora, gana -pierde, vaivén, quita y pon.

TERCERA PARTE.
Formación de los numerales.

1° Numerales cardinales. -De 1 a 10 el método latino permanece: uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis, siete, ocho, nueve, diez. -De 11 a 19 el sistema castellano difiere del latino en que se han añadido las unidades a partir de 16 (del mismo modo que el griego moderno lo hace desde el 13), y en que se ha suprimido el procedimiento de la sustracción para 18 y 19: once, doce, trece, catorce, quince, diez y seis (dieciséis), diez y siete (diecisiete), diez y ocho (dieciocho), diez y nueve (diecinueve). -De 20 a 90 volvemos a adoptar el método latino. Asimismo de 100, 200 a 900, 1 .000.
Ambo -ambos, amos (arc.),
ambdos -ambdues en catalán.

2: Numerales ordinales. -Son en castellano muy ricos de formas: a) La forma latina pura permanece en todo el sistema: primo y primero, segundo, tercio y tercero, cuarto, quinto, sexto, séptimo, octavo, nono y noveno, décimo, undécimo, duodécimo, decimotercio (décimo tercero) hasta nono (noveno), vigésimo, trigésimo, cuadragésimo (cuatrigésimo), quincuagésimo, sexagésimo, septuagésimo, octuagésimo, nonagésimo; pero a partir de 50, también se dice: cincuent-, sesent-, setent-, ochent-,
noventésimo, cent-, milésimo.
b) La forma distributiva enus únese a los números cardinales en seteno, dec-, onc, hasta centeno.
c) Algunos hay derivados, como avus, según octavus,
onzavo (onceavo), dozavo (doceavo), centavo.

3: Los distributivos no existen ya como tales. Solamente
singuli persiste en el español sendos.
Para designar un número colectivo de este género, empléanse diferentes sufijos.
1 -Multiplicativos: duplice, triplice.
Nombres proporcionales: simple, doble, triple, cuádruple.

CUARTA PARTE.

Formación pronominal.

El castellano ha conservado gran parte de los pronombres latinos. También ha formado pronombres nuevos, sobre todo mediante la composición de un pronombre con otro pronombre u otra partícula; habiéndose fundido de tal suerte estos dos elementos el uno en el otro, que es difícil distinguirlos.

1: Pronombres personales: ego = yo. Tú permanece invariable. Sé, sibi = sí. Ille (illic) = él. Illud = ello. Composiciones con otros pronombres: nos-, vosotros.

2: Posesivos: meus = mío (
meu, meus en ch.), mí. Tuus = (teu, teus en ch.) tuyo, tú. Suus = (seu, seus en ch.) suyo, su. Noster = (nostre, nostra en ch.) nuestro. Vester = (vostre, vostra en ch.) vuestro.

3: Demostrativos: iste (istic) = éste (este). Neutro: esto. Ipse = (
ixe, eixe, ixa, eixa en ch.) ese. Neutro: eso.

Composiciones que indican un aumento de sentido demostrativo, 1. Con prefijos: a) ille, al cual se prepone ecce o eccum, que produce formas con c dental y gutural: aquél (donde la e se ha cambiado en
a) Añádase el neutro aquello.
b) Iste con la misma partícula: aqueste, aquesto.
c) Ipse entra en diversas composiciones: aquese, aqueso.
Prepuesto met, esto es, met -ipse = mismo (
mateix, mateixa en chapurriau).

4: Interrogativos y relativos: qui = (
qui, quí, quin, quín, quin, quíns, quina, quines en ch.) quien. Qui = que. Qualis = cual. Cujus = cuyo.

5: Pronombres indefinidos, a los que se unen los numerales indefinidos, cuya flexión en latín es en general pronominal. Los afijos
ali-, que-, cunque-, han pasado al castellano; los sufijos verbales libet y vis, en cambio, han sido sustituidos por nuevos sufijos de significación análoga:
quiera.
Unus = uno (
un, una en ch.).
Alter (
atre, atra en ch.), alius = otro.
Quidam = cierto (
sert, serta en ch.).
Fulano, zutano (del árabe),
mengano.
Aliquis = alguno (
algún, alguna en ch.). -Aliquid, como sustantivo alguien (algú, alguna en ch.). Aliquid. neutro algo (propiamente de aliquod).
Ullus, antiguo y raro. Sin ulla dubda (arc. P. C. v. 906.)
Nullus = nulo. Empléase mejor
unus con prefijos negativos, como en ninguno.
Nemo = nadie (
ningú, dingú en ch. de homo natus), ninguien, arc. (Rengifo, Art. Poét.)
Nihil (nil) = nada (
res nata, por adicionarse a esta negación el substantivo cosa). No ña res en chapurriau = no hay nada en castellano.
Quisque ha conservado hasta hoy su misma forma. Unido al sufijo unus es como se ha castellanizado y se usa más: cada, cada uno (
cadaú en ch.), cada cual, todo quisqui (tot quisqui en ch.).
Quilibet, quivis = cualquiera,
consevol en chapurriau.
Totus = todo,
tot -tota -tots -totes en chapurriau.
Quantus en lugar de
quot, así en el latín clásico como en la derivación castellana. Cuanto, quamaño (compuesto arc, en el Fuero Juzgo).
Tantus está también empleado por
tot. -Tanto, tan -tans -tanta -tantes en ch. tamaño (tam magnus).
Compuestos: otro tanto, a tanto, en tanto.
Aliquantus = alguanto (arc. Berceo)
Multus = mucho,
mol -mols -molta -moltes, molt a Valjunquera y en valensiá, en chapurriau.
Paucus = poco,
poc -poca -pocs -poques en chapurriau.
Pronombres de género y de especie: son los correlativos qualis = cual (quin en chapurriau)
y talis = tal. Compuestos: otro tal, a tal.



QUINTA PARTE.

Formación de partículas.

Sobre la formación de las partículas en general, debe advertirse: 1: Las partículas así derivadas del latín, como nuevamente creadas, presentan una s
paragógica. Ejemplos: entonces, muestras, lejos, quizás. El mismo fenómeno se observa en las preposiciones ante y sine: antes, sines (arc.)
2: Si los nombres, después de haberse despojado de su significación individual, pasan a la clase de adverbios, renuncian entonces algunas veces completamente a su terminación genérica, o la cambian por otra distinta de la primitiva. Ejemplo: cabe por cabo.
3: En algunos compuestos cambia de lugar el acento. Ejemplos: pára (por -á), péro, síno.

I. -Adverbios.

Acerca de la formación de esta parte de la oración, son de notar los siguientes puntos:

1: Las formas derivativas, reales o aparentes, de la lengua madre, -iter (brev-), -itus
(fund-), -im (gregat-), no existen ya, aunque todavía se von ejemplos de esta naturaleza en el latín de la decadencia. En cuanto a las nuevas formas, no se hallan ejemplos en nuestra lengua.

2: Entre las diversas composiciones, (que la escritura no siempre sanciona), las más importantes son aquéllas en donde el adverbio está precedido de una preposición, como en el latín de-super, in-ante, per-inde. Ejemplos: demás (de magis,
ademés en ch.), detrás (de trans), en contra (in contra).

Entre otras composiciones debe de citarse la del neutro ipsum, uniéndose a un adverbio para reforzar el sentido, como nunc ipsum, que corresponde
ahora mismo, ara mateix en chapurriau.

3: La mayor parte de las ideas adverbiales se expresan por nombres. Un examen atento nos prueba que en el latín casi todas las finales de esta parte de la oración tienen flexiones casuales, cuya falta de claridad o precisión ha hecho considerar el nombre primitivo como una partícula: en el castellano había de hacer, por consiguiente, progresos esta falta de claridad. Sólo los casos oblicuos son aptos para desempeñar el papel de partículas. Pero como estos casos, a excepción del acusativo, no pueden ser representados más que por la vía de la perífrasis, han tenido que resultar muchísimas
expresiones preposicionales.

a) Adverbios formados simplemente con casos, sin preposición:
Adverbios que proceden de adjetivos en el acusativo singular neutro, como los latinos paulum, breve, verum, facile, grave, recens. Ejemplos: alto, bajo, cierto, claro, harto, junto,
mauso, poco, quedo, pronto, recio, seguro, solo, temprano, vecino, breve, recién. Desde el punto de vista de la forma, estos adverbios se confunden con el masculino del adjetivo: sólo recién se distingue de reciente.
Ablativos literalmente reproducidos, aunque se confunden coa la forma del acusativo: cito, continuo, falso, cuanto, raro, súbito, tanto.
Los adverbios procedentes de adjetivos terminados en e han desaparecido: bien, mal, tarde.
Los adverbios formados con substantivos sin preposición, no son raros. Como nuestra lengua tiene la facultad de referirse a
quand para el acusativo, es decir, para el caso oblicuo sin preposición, pueden considerarse ciertos adverbios de tiempo formados de esta manera: cada día. El ablativo se reconoce a veces: agora, ahora (hac hora, ara en ch.), og -año (hoc -anno).
Una formación importante acontece con el ablativo del substantivo
mens, (men en ch. mente) que en calidad de simple sufijo, como el alemán weise (scherzweise), y con el mismo sentido, reemplaza las finales latinas e, iter, uniéndose a los adjetivos de toda especie, y, a menudo, a los pronombres. En efecto, expresiones como devotamiente, plácidamente, tranquilamente, han producido
formaciones impropias, como rápidamente (
rápidamen, a escape, en chapurriau), brevemente, alternamente. En el latín de las fechas más antiguas de la Edad Media, era empleado este procedimiento.

Adverbios procedentes de casos y acompañados de preposiciones. Las preposiciones más importantes son
de, ad, in. Los adjetivos neutros (bajo la forma del masculino); latín: de plano, in brevi, expresan con elegancia el sentido de la composición con ment.
Ejemplos; con
de: de contado, de firme, de cierto.
Con ad: a menudo, a duras penas, a diestro y siniestro.
Con in: en uno.
Los adjetivos femeninos acompañados casi únicamente de
ad, pareciendo referirse a un sustantivo, se unen de buen grado al artículo. Ejemplos: a la española, a la moda, a la ligera. El adjetivo está en plural muchas veces, para dar más fuerza a la expresión: a ciegas, a escondidas, a horcajadas, a hurtadillas, a solas, a tontas y a locas.
Adverbios de este género, formados con un sustantivo, como en latín invicem, obviam, interdiu, a tergo, los hay en abundancia extraordinaria, de lugar y de tiempo sobre todo. Ejemplos; con di: de otra parte, de día, de noche, despacio, de mano, de cara, de fuerza, de remate, de priesa (deprisa), de corrida (corrido), de rodillas, de grado, de arte, de suerte, de forma, de manera, de modo.
Con ad, sobre todo adverbios de manera: al lado, a priesa, a deshora, a porfía, a trueque, a maravilla, a fe, a fuerza, a guisa, a modo, apenas, a sabiendas, a voces, a gatas.
Con in: encima, en orden, enfrente, en fuerza, en modo.
Repetición del substantivo para expresar la continuidad y la sucesión. Ejemplos: frente a frente, cara a cara (vis a vis), mano a mano, gota a gota. Algún adjetivo corre también igual suerte: poco a poco.
4.° Ideas adverbiales formadas mediante frases como en latín scilicet, nudius tertius. Ejemplo: quizá (esto es, quién sabe,
quí sap en chapurriau).

Lista de los adverbios, considerando principalmente su forma.

Adverbios de lugar. -La mayor parte de ellos se han conservado; pero la determinación de las relaciones del lugar donde se está, de donde se viene o a donde se va, se han confundido considerablemente. El medio más natural, después que las primitivas expresiones se han obscurecido, fué designar el lugar de donde se viene por la partícula
de, y aquél a donde se va por la partícula ad. Pero estas preposiciones perdieron al fin su intensidad y necesitaron un refuerzo, por lo cual se efectuaron muchísimas formaciones.
Examinemos particularmente cada uno de estos adverbios:

ECCE (
ecce homo). -Lo ha reemplazado el castellano por vide, videte; ved aquí, veis ahí; helo, hela.

UBI = donde. IBI = ahí. HIC = aquí (astí, aquí, assí o açí en chapurriau) -Illic = allí.

UNDE (rumano todavía unde) = donde, de donde. Como partícula pronominal: don.
INDE = ende (arc.) -Con el sentido de UNDE = de ahí. - HINC de aquí (perifrástico).

Illinc, istinc = de allí.


Quo, Eo, Huc, illuc, no tienen perfecta correspondencia: están sustituidos por palabras de la primera serie, algunas veces con un ad prepuesto, como en a donde.

Aliubi = alubre (arc. del Fuero Juzgo);
en otra parte (perifrástico, a un atra part en chapurriau). -Aliunde = alhynde, allende los mares (arc. del Canc. de Baena); de otra parte (perifrástico).

Alicubi = en cualquier lugar (
a consevol puesto o lloc -locus -en chapurriau, expresión perifrástica).
Nusquam = en ningún lugar,
a cap puesto o lloc en chapurriau.
Ubique se ha confundido, por una perífrasis, con totus = por todo.
Ubicunque = donde quiera que.

Intra, por intro = dentro (
dins, a dins, a dintre en chapurriau), entro (arc.)
Extra (
extramuros) ha sido suplantado por foras (fora en ch.), foris = fuera, de fuera, fueras (arc.), a las afueras.

SUPRA. -La forma más común es susum (sursum), abreviada en
sus: así, suso (arc.), sur francés ?
Perífrasis: arriba (a dal, dal en ch.), encima (
demún, damún en ch.). SOBRE ?

Infra ha cedido el puesto a deosum (deor -sum), transformado en josum y jusum y abreviado en
jus: yuso, ayuso (arc.) -Sinónimo es subtus = bajo (sub ?, subterráneo, submarino). Citra no tiene correspondencia castellana, y es representado por aquende: de aquesta parte, de esta parte. Ultra tampoco está representado en nuestra lengua sino por otras formas: allende = de aquella parte. Ante en los compuestos: delante (de ab ante, dabán, debán -de ab ante -en chapurriau, de in ante). -Se encuentra por prorsus, protinus, como en adelante (abán, a dabán, adabán en ch.). Post, pone han sido cambiados por de retro (vade retro, Satanás!), de trans. Así, redro, detrás, atrás.

Prope = Junto,
prop, a prop, cerca en chapurriau.
Longe : lueñe (arc.), lejos (laxus).
Lluñ en chapurriau.
Circa = cerca. Perífrasis: redor, arrededor (ares.), alrededor.
A la redolada, en redol en chapurriau.

SIMUL= ensemble, ensembra (arcs.), juntamente.
SEORSIM = a parte.

Adverbios de tiempo.
Quando = cuando.
Quondam, olim. Perífrasis: en otro tiempo.
No es latino marras = marrah (árabe).
Antea, ante = ante, antes.
Postea. De post derívase pues (con el sentido de ergo), después (esto es, de ex post), de hoy más (de hodie magis).
INTEREA = entre tanto, mientras,
entretán, mentrestán en chapurriau.
TUNC. -Compuestos: entonces (in tuncce), estonze (F. J.), estonz (P. C), estonzas (ex tuncce, Alex.) Perífrasis: allora (Berceo), esora (ipsa hora). -NUNC se reemplaza por hora: así, ora, agora (arc. hac hora), ahora.
JAM = ya,
tamé en chapurriau.
Adhuc = aún.
Encara (ancore) en chapurriau.
NUPER = nuevamente.
Brevi = en breve.
Por Mox, statim, illico, hállanse muchas expresiones, como, por ejemplo, cedo (arc. cito), luego, agina y aina (arcs. de agere), incontinenti, a la hora, al instante.
Súbito, permanece en su misma forma.
Repente, Idem.
De repén en chapurriau.

HODIE = hoy, hoy día. Hoxe en gallego.
Avui, abui, ab hodie en chapurriau.
Heri = eri (arcaico en Berceo), ayer.
Ahí, ahir en chapurriau.
Cras = cras (arc.)
Mane, en vez del anterior = mañana.
Demá, de mane, en chapurriau.
Horno, está reemplazado por
hoc anno = ogaño. Enguañ, anguañ, este añ en chapurriau.
Hay que añadir
antaño (ante annum).

PAULISPER = paucum = un poco.

Quamdiu, tamdiu = quanto tiempo, tanto tiempo, tanto.

Semper =
sempre, metátesis, en chapurriau, siempre, toda hora, todo día (todía, arc.), todavía
= medio alto alemán, alwec (
all weg, actual immer) = always en inglés, weg alemán = way inglés.

Unquam = jamás, sinónimo.
Nunquam = nunca.
May, mai en chapurriau.Saepe ha sido reemplazado por subinde (subín, sobín, a subín, asobín en chapurriau) = frecuentemente, muchas veces. Sinónimos. -Interdum = tal vez, a las veces. -RARO = raramente, pocas veces. -Quotidie = cada día, cuotidiano, cotidiano.

Paulatim = paulatinamente, poco a poco.
Denuo =
de nou, metátesis, en chapurriau, de nuevo.

Los adverbios numerales que corresponden a
cuantas veces (semel, bis, ter), fórmanse en castellano por una perífrasis combinada de números cardinales y sustantivos que indican un cambio o un espacio de tiempo. La expresión más importante es la latina vice (en tribus vicibus), de la cual nace una vez, dos veces, vegada, vegadas (arc.), vegada, volta, vegades, voltes en chapurriau. Acompañada de números ordinales, esta palabra reemplaza los adverbios de números latinos: primum, primé en ch. secundum, segón en ch. etc. Este método, que consiste en reemplazar por una perífrasis los adverbios de número y los adverbios de tiempo, concuerda exactamente con el del alemán y el del griego moderno: el antiguo alto alemán dice en este caso stunt; el alemán moderno, mal; el holandés, maal, keer, reis; el inglés, time; el noruego, gang; el griego moderno, *g

3: Adverbios de cantidad.
Multo, longe = mucho, mucho más.
Mol, molt en chapurriau.
Nimis. Demasiado (de demás = de magio),
massa en chapurriau.
Satis = asaz.
Parum, paulum = paucum (
poco) = algo.
Tantum, solum = solo, no -sino, no -mas (perífrasis).
Tan, tant, sol en chapurriau.
Vix. Compuestos con a: alés (arc.), mal -avez (arc.) Perífrasis: apenas, a duro, de duro.

SALTEM = a lo menos, siquiera (sisquera en chapurriau).
Vel = mismo,
vel -bel en aragonés.
Omnino sustituido por totus = del todo,
del tot en chapurriau.
Fere, paene = cuasi, fascas hascas (ares. hasta casi), por poco que, por poco no, falta poco.

Adverbios de comparación.

Sic = si, sin.
Tam = tan, tanto.
Aeque, perinde, están representados por compuestos con sic: otro -sí, otrosi, otrosí, ansí, así.
Ut ha sido suplantado por quomodo, para lo cual se ha despojado de su propio sentido. Como, en lo antiguo quomo, com (chapurriau igual), como, coma (usado todavía en La Litera, Huesca, por ejemplo).
Quam = cuan. El sentido de estos adverbios puede expresarse también con sustantivos:
guisa, manera, suerte, modo.

Adverbios de afirmación y de negación.


La afirmación positiva no necesita de ninguna partícula para hacerse sentir como tal; la afirmación negativa, se sirve de non = no, non (arc.) -La negación absoluta se verifica también mediante expresiones que corresponden al latín neutiquam = nulamente, de ningún modo. Hay un procedimiento más sencillo que consiste en unir a la partícula negativa un sustantivo que designe un objeto de poca importancia: el uso ha acabado por borrar todo recuerdo del objeto designado
por este sustantivo, que se transforma completamente en un adverbio, repitiendo, por lo tanto, el artículo. Las palabras más importantes de esta clase son:
cosa, gota, pelo.

La expresión de duda o incertidumbre, está representada por quizá, quizás, tal vez,
puede ser, a lo mejor, etc.

Gradación de adverbios.

Expresión del comparativo. Los adjetivos adverbiales, como los adjetivos puros, verifican la gradación mediante plus y magis; la degradación mediante minus: así, más bien, más tarde. Los otros adverbios, en tanto que su significación lo permite, expresan el comparativo como los adjetivos adverbiales: más adelante, más a menudo; latín, magis infra, magis mane.
El superlativo puede indicarse, como en los adjetivos, anteponiendo el artículo al comparativo: así,
a lo menos, a lo más, a lo más tarde. Cuando el adjetivo posee un superlativo orgánico, el
adverbio puede formarse con el sufijo mente: vil -vilísimo -vilísimamente.
El sentido del positivo se eleva también por reduplicación:
ya, ya; bien, bien.
Algunas veces, aunque raras, se aplican a algunos adverbios los sufijos de gradación: cerquita (
propet en chapurriau), a hurtadillas.


II. Preposiciones.

La mayor parte de las preposiciones latinas las ha conservado el castellano: ab, cis, ex, erga, ob, prae, propter: otras menos importantes, ya no existen en castellano independientes. Las palabras nuevas de esta clase no todas tienen el mismo origen. Son:
1: Compuestos de diversas preposiciones; por ejemplo: de -ad, ad - Prope (
a prop, prop en chapurriau), in -contra, in -versus, per -ad, per -ante, per -inter.
2: Adverbios empleados con el sentido de preposiciones.
3: Nombres. -a) sustantivos que, repeliendo la preposición que les seguía, han tomado el sentido de una partícula: cabe. b) Adjetivos o participios considerados como neutros, que, por el abandono de toda flexión, se han convertido en partículas: bajo, junto. -Las preposiciones propias, son aquéllas que pueden ser inmediatamente prepuestas al nombre. Son impropios todos los adverbios y los nombres que, para expresar un sentido preposicional, necesitan el intermedio de una preposición. De la gran cantidad de estos últimos, la lista siguiente no puede dar más que un pequeño número de ejemplos. Para reconocerlos, únese a cada uno de ellos la preposición que ordinariamente les sigue; pero es de advertir que muchos nombres así caracterizados se emplean también sin este complemento.

Ab. -No existe más que en composición; en general ha sido reemplazada por
de. Para darle el sentido local o temporal de ex o in -de a, hay palabras especiales, como desde (de ex).
Ad = a -Compuesto que indica el fin: para = pora (pro ad,
per a -pera en chapurriau) en los siglos XII y XIII.

Ante = ante, antes de.
Ab ante = abáns en chapurriau.

Apud (en las inscripciones apue). -El sentido de esta preposición está representado por sustantivos, como cabe, cabo (arc.), a cabo.

Circa = acerca de.

Contra = contra.

Cum (cun, con en las inscripciones) = con.

De = de. Para expresar relación: acerca de.
Erga. -Reemplazada por versus. Posteriormente versus se reemplaza por contra, por ejemplo en una pelea.

Ex. -Reemplazada por
de.

Extra. -Reemplazada por foras, foris, con o sin de.
Extramuros = a las afueras del poblado.

In = en.

Inter -entre. -Sinónimo: en medio (
en mich en ch.). La significación temporal de inter está expresada por participios, como durante.

Intra. -Derivada del adverbio intro = dentro de.

Ob ha desaparecido, siendo reemplazada por
per, pro. -Expresiones perifrásticas: por razón de, a causa de (*g, griego moderno).

Per = per (arc.), hoy desaparecida,
excepto en chapurriau. -Por de pro.

Post = en pos de, después de.

Praeter, falta. -El adjetivo neutro
excepto la ha reemplazado.

PRO = por, que al mismo tiempo reemplaza la preposición perdida
per. Un sentido particular de pro está representado por en lugar (en lloc de en ch.), en vez (en ves de en ch.), cuyas expresiones se construyen con genitivo.

Prope (
prop en chapurriau). -Su sentido se expresa por medio de adjetivos. Así, junto de.

Sine = sin, sines, senes (arc.). De senes, por metátesis, se construye
sense en chapurriau.

Sub = so (
sota en aragonés, catalán). Ha sido reemplazada por subtus = bajo, debajo de (sinónimos). Deball -daball en chapurriau.

SUPER = sobre. Además, encima de, tienes la comida sobre la mesa.
Tens lo diná sobre la taula, damún (de) la taula; en chapurriau.

Tenus ha desaparecido. Hay que asignar otro origen a las palabras anticuadas
fata o ata (árabe, hatta). El antiguo vocablo fasta = hasta moderno, parece un compuesto de facia ata.

Usque. -Corresponde a la expresión arcaica
entro.

Trans, como preposición, toma en castellano el sentido de
post, pone. Tras, que puede estar precedido de a, de, atrás, detrás.

Versus, aunque ha sustituido a
erga en algunas lenguas neo-latinas, carece de correspondencia en la nuestra. Lucha de 1 VS 2 -actualmente (2019) CONTRA.

Hay todavía algunos nombres empleados como preposiciones, como
mediante, no obstante, etc.

III. -Conjunciones.

Quedan pocos vestigios originarios en esta clase de palabras, pues los adverbios y las perífrasis nominales han llenado este vacío histórico.

Et = y, i, e (arc.), et (arc.)
NEC = ned (arc.), nen (arc.), ni.
ETIAM = también,
tamé en chapurriau. Expresiones negativas: tampoco (tampoc en ch.), ni menos.
AUT = o, O.

Ut, quod = que. Compuestos: para que (*g, griego moderno), a fin (de) que.
Ut, sicut, quam. A esta última, en tanto que se refiere a un comparativo, corresponde que, ca (arc.) Quasi se ha conservado literalmente.
Casi moderno.
Si = si.
Nisi = si no.
Dummodo = Caso que.

Sed y las otras partículas adversativas están representadas por
magis (en lugar de potius), que ha producido también adverbios: mas, pero, empero,
Potius = antes,
sinó.

Etsi. -Está representada de diversas maneras: bien que , aunque, puesto que.
Tamen = todavía, con todo esto, sin embargo.

Nam, quia. Compuesta con la partícula que: por tanto que. Compuesta con el pronombre que: por qué. - Hay adverbios de tiempo tomados en un sentido casual: pues (
pos en chapurriau), pues que, ya que.

Nempe = a saber.

Igitur, ergo = pues, luego. Por ideo, propterea, empléanse ende, por eso, por tanto (
per tán en ch.).

Quum (
cuan en ch.) ha desaparecido: como partícula temporal ha dado al castellano la voz cuando. Varios adverbios de tiempo pueden, con el auxilio de la partícula que, pasar a la categoría de conjunciones, siendo suprimida también a veces esta partícula. Así, después de.
Una voz nueva por la latina DUM es la castellana
mientras.

IV. -Interjecciones.

El latín no es rico en esta parte de la oración; el castellano tiene, en cambio, muchas interjecciones. Las cuales son: 1:, sonidos naturales; 2:, sonidos más complejos; y 3:, palabras mutiladas o abreviadas.

La interjección más común, que sirve para reforzar el vocativo, es
oh. Las siguientes expresan una llamada: ha, he, ahe, aik en chapurriau. Compuesta con la: óla. El alemán usa Halló con acento en la ó para llamar la atención, Hállo con acento en la á para saludar.

El dolor se expresa por ah, ay. Con pronombre personal: ay me, ay de mí. -La amenaza o la queja se expresa por
guay (vái, gótico). Aragonés: Guaita (con los güellos) -mira (con los ojos. Quizás provenga del vái gótico.
Las primeras, que denotan el dolor, también sirven para revelar la alegría y la admiración.

Es difícil averiguar el origen de ciertas interjecciones, como
cáspita, caramba. Collóns o mecagondéu ya es más fácil de averiguar.

Para exhortar y alentar, empléase
ea (eja, lat.), ea pues, sus, upa, aúpa (¿las dos de origen alemán?), alafé, alahe, alae (las tres arcaicas). -Una llamada: al arma, ah de casa, aquí del rey. -Un deseo: ojalá (enschá allah, árabe). -Una caricia: halo halo (arc. halagar).

Interjecciones para la repugnancia y aversión: dale, zape, oxte (arc. por exte, de exir), fuera, vete, su,
fuch en chapurriau.

Para el silencio: chito, chitón, ta, tate (tace?)
Para la protestación (protesta) y la maldición: por Dios, cuerpo de Dios, cuerpo de tal,
y muchas más blasfemias incluidas.

1838.

40. Université de France, Académie de Paris. Faculté de lettres. Thèse pour le doctorat. Etude sur l´origine de la langue et de romances espagnoles, par E. Rosseuw Saint- Hilaire. Paris, Imprimerie de Giraudet et Ch. Jouaust, rue Saint- Honoré, 315. 1838.

4-°-33 págs.

El Discurso está dividido en tres partes: en la primera el autor se ocupa de la formación de la lengua, recordando los pobladores y dominadores de la Península ibérica y el idioma que hablaban hasta la invasión de los moros, y del comienzo del romance, valiéndose de la autoridad y de los estudios del P. Sarmiento. La segunda trata de la formación e historia de la poesía. La tercera, del carácter de los romances españoles.

1839.

41. De la formación de la lengua castellana por D. Pascual de Gayangos.

Artículo publicado en la British and foreign Review, núm, 15, 1839.

1844.

42. Formación del lenguaje vulgar en los Códigos españoles Discurso de recepción del Sr. D. Pedro José Pidal en la Real Academia Española, leído en 22 de Febrero de 1844.

Publicado en las Gacetas de Madrid. 5 y 6 de Marzo de 1844, e incluido en sus Estudios literarios, tomo I, págs. 1-32: Madrid, imprenta de M. Tello, 1890, (tomo LXXIX de la Colección de Escritores Castellanos.)

Sin descender a pormenores eruditos, ni señalar fenómenos particulares de la lengua judicial castellana, trátase en este discurso la cuestión de un modo general, indicando algo de lo relativo al desarrollo histórico de las lenguas romances, con aplicación, aunque de modo muy somero, a la formación del castellano.

Al hablar de la formación de las lenguas vulgares (escribe D. Pedro José Pidal) nos contentamos con decir que son el resultado de la corrupción del latín y de su mezcla con las lenguas germánicas introducidas por los bárbaros del Norte en su gran movimiento sobre el Occidente. Pero yo confieso que jamás me ha parecido esta explicación satisfactoria; porque si los idiomas vulgares debieron, efectivamente, su nacimiento a la simple mezcla del latín con las lenguas germánicas ¿cómo es que no empezaron a formarse hasta los siglos X, XI y XII, es decir, a los cinco o seis siglos después de haber completamente desaparecido aquellas lenguas? ¿Por qué causa los pueblos invasores que adoptaron la lengua de los pueblos vencidos y hablaron el latín como lengua vulgar y corriente por muchos siglos, la fueron abandonando y perdiendo al paso que la abandonaban y perdían los antiguos habitantes, ya mezclados y confundidos con ellos? ¿Qué ventajas hallaban unos y otros
en las nuevas lenguas, qué inconvenientes en la antigua? ¿Por qué el pueblo, que siempre recibe la lengua de las clases más influyentes e ilustradas, fué en aquellas circunstancias quien impuso la suya a los sabios y a los Gobiernos?
No resuelve el Sr. Pidal ninguna de estas proposiciones, limitándose a enunciarlas e indicando solamente algo sobre la índole constitutiva de los pueblos.

Mas no se olvida de afirmar la coexistencia del latín (que iba cayendo en desuso, a pesar del apoyo que los sabios y los tribunales le prestaban), y del idioma vulgar, sostenido al principio por las clases inferiores del pueblo y enaltecido al fin por los tribunales y por las leyes, a las cuales atribuye la gloria que les corresponde justamente en la obra del desenvolvimiento del castellano, el cual no se empezó a formar hasta el siglo IX o X, y cuya fijación, a mediados del siglo XIII, señala en las Partidas y en todos los esfuerzos hechos por D. Alfonso el Sabio. El Sr. Pidal termina tributando alabanzas a nuestra lengua legal, que es (dice) clara, concisa, abundante en giros felices y
expresiones técnicas, por lo cual lleva muchas ventajas al lenguaje usado en los tribunales de otras naciones, que, a pesar de sus adelantos en la ciencia del derecho, no han podido desasirse todavía de los vocablos bárbaros y groseros de que tuvieron que valerse en su infancia (I).
I: D. Gaspar Melchor de Jovellanos en su discurso de entrada en la Real Academia Española el
25 de septiembre de 1781, trató de la necesidad del estudio de la lengua para comprender el espíritu de la legislación. (Págs. 299-301 del volumen I de las obras de Jovellanos en la Biblioteca de Rivadeneyra, tomo XLVI.)

1845.

43. Observaciones sobre el origen y formación del castellano por D. Rafael González Llanos.

Son muy curiosas las que consigna, al par que sobre etimología, en varios artículos que llevan este epígrafe: Examen paleográfico -histórico del códice y código del Espéculo o Espejo de todos los derechos. -Revista de Madrid, segunda época, 1845, t. VII, páginas 266, 323 y 331.

En este trabajo trata también el autor de probar la autenticidad de la Carta -puebla de Avilés, documento importante que fué por primera vez publicado por dicho Sr. González Llanos.
-Véase el número 54.

1849.

44. Ueber die Endung -ez (-es) spanischer und portugiesischer Familien namen. Gelesen in der Sitzung der philolog. -philosophischen Klasse am 13. Ianuar 1849. Von J. A. Schemeller.

4.° may. -21 págs.

Estudio de Gramática histórica sobre los patronímicos que tienen aquella terminación, en el cual se indican los orígenes, así cronológicos como gramaticales (basco, latín, árabe, alemán), de muchos apellidos castellanos de tal naturaleza.

1849.

45. History of Spanish Literature by George Ticknor. In three volumes. New York, 1849.

Segunda edición: 1854.
Tercera edición: Boston, 1864.
Traducción alemana: Gesch. d. schönen Lit, in Spanien. Deutsch mit Zus. v. N. Hr.
Julius. Lpzg. 1852. -2 vols.
Traducción castellana:
Hist. de la lit, esp, por M. G. Ticknor, trad, al cast. con adiciones y notas críticas, por D. Pascual de Gayangos y D. Enrique de Vedia. Madrid. 1851-1856. -4 vols.

El apéndice A de esta obra trata On the origin of the Spanish language (págs. 159-192 de la trad. Cast.), y es principalmente una reseña histórica de las diferentes naciones que, en distintas épocas, han habitado la Península ibérica y de la parte que a cada una de ellas corresponde en la formación del actual carácter de la nación española, de su lengua y cultura.

1853.

46. Estudios sobre los orígenes y formación de las lenguas romances, y especialmente de la provenzal, por Don Manuel Milá y Fontanals.

Dos artículos publicados en la Gaceta de Barcelona, año de 1853, Y reimpresos el presente año en el tomo IV (págs. 75-125) de las obras completas del insigne maestro catalán, coleccionadas y publicadas por D. Marcelino Menéndez y Pelayo.

En el primero de dichos artículos, después de enumerar todas las lenguas llamadas romances, estudia el autor los diferentes sistemas con que se ha explicado su formación, los cuales reduce a cuatro, a saber:
1: La derivación del latín de un modo más o menos exclusivo. 2: La derivación mixta del latín y del germano, en que se atribuye al primero el vocabulario y al segundo la sintaxis. 3: La del latín popular, que algunos presentan como casi idéntico a las lenguas modernas, o cuando menos al italiano. 4.° La persistencia de los idiomas indígenas más o menos modificados por la acción del latín. El Sr. Milá expone luego su propia opinión afirmando que las lenguas romances son lenguas nacidas de la que se hablaba en Roma, sin negar por esto la influencia ejercida en ellas por antiguos idiomas no latinos. Y para explicar bien estos diversos grados de influencia, adopta el método histórico y estudia especialmente la parte que corresponde, en la formación de los romances, a los antiguos pueblos de Galia y de España y a los Fenicios y Griegos, hasta que, limitándose al estudio de la lengua latina, examina el latín antiguo, el clásico, el popular, el de las provincias (sin desconocer, a pesar de la preponderancia de esta lengua, la persistencia de las indígenas), el eclesiástico lleno de helenismos, de hebraísmos y de giros vulgares, y el de las poblaciones bárbaras, explicando, por estas últimas clases de latín corrompido y por la influencia germánica, el nacimiento y formación de los romances. Sigúese a esta parte expositiva y crítica una reseña cronológica de los romances, según documentos escritos. El Sr. Milá encuentra ya la naciente existencia de las modernas lenguas en ciertas locuciones latinas más o menos adulteradas y descompuestas de un panegirista del siglo III, y en Hilario de Poitiers, Casiano, Gregorio de Tours y San Julián de Toledo. Continúa luego citando textos del siglo V y siguientes hasta el XI, en el cual dice que la lengua castellana despuntaba en la Carta -puebla de Avilés. (Hoy, sin embargo, está
probado de un modo irrefutable, por Don Aureliano Fernández -Guerra, que este documento es una falsificación del siglo XIII, y así lo han reconocido todos los entendidos en estas materias.)

El artículo segundo está consagrado exclusivamente a la lengua provenzal. En él presenta el autor porción de testimonios relativos a la antigüedad de esta habla, desde mediados del siglo X hasta principios del siglo XIII, en que, según lo acredita el homenaje a Bernardo Atón, Vizconde de Carcasona, dícese estar ya formado el idioma lemosín. Trátase a continuación de las lenguas de los trovadores, de los dialectos del provenzal y, por último, de la unidad de los primitivos romances y de la influencia de la lengua de
oc, discutiéndose con mucho acierto las opiniones de M. Raynouard. El estudio del Sr. Milá es tanto más notable cuanto que fué escrito apenas mediado el presente siglo.

1856.

47. Del origen y formación de la lengua castellana, por D. Pedro Felipe Monlau.

En los Rudimentos de Etimología que preceden a su Diccionario (primera edición, 1856; segunda (póstuma), 1881), hay dos capítulos, el V y el VI, que tratan del origen y formación de nuestra lengua. En ellos, prescindiendo del idioma o idiomas hablados en la España primitiva y de la influencia ejercida por los fenicios, griegos, romanos, godos y árabes en el habla de los pueblos
ibéricos, se limita el Sr. Monlau a estudiar el léxico de nuestra lengua en su inmediata derivación del latín, sin olvidar las influencias más o menos importantes del griego, el árabe, el godo, el bascuence y otros idiomas modernos en el castellano. Las cuatro quintas partes de voces castellanas están tomadas directamente del latín (dice el Sr. Monlau): las unas sin variación alguna
en su estructura silábica y casi con su misma pronunciación; otras ligeramente modificadas, y otras con alteraciones eufónicas algo más notables. El idioma latino (escribe en otro lugar) puede mirarse como padre del castellano, y el griego como abuelo; y bajo otro punto de vista, puede decirse todavía con mayor exactitud que el latín es el padre y el griego el tío carnal del castellano, por ser el latín y el griego dos idiomas hermanos, dos ramas del mismo tronco, dos lenguas que no se derivan la una de la otra, sino que tienen un origen común, a saber: el sánscrito, lengua asiática, idioma el más antiguo del pueblo indio.

En cuanto a la transformación de los vocablos latinos, el Sr. Monlau, además de estudiar en general el modo como nacieron cada una de las categorías gramaticales castellanas, trata particularmente en otro capítulo de las alteraciones fónicas mediante la conmutación, la transposición, la adición y la supresión de letras o sílabas, e ilustra sus observaciones con unas tablas de las eufonías, en las cuales recapitula, por el orden de las letras del alfabeto, las variaciones que, sobre todo, en su radical sufren las palabras latinas al convertirse en castellanas, completando esta tabla con un párrafo adicional sobre las variaciones, sobre todo fónicas, que en las diferentes partes de la oración, se han introducido desde el siglo XV hasta nuestros días.

Otras partes de los preliminares del señor Monlau a su Diccionario etimológico contribuyen asimismo al conocimiento de las transformaciones de los vocablos latinos al convertirse en castellanos, como son el segundo capítulo, que aunque trata de la formación de las voces en general, son muchísimos los ejemplos latinos que se presentan, y las tablas alfabéticas de las desinencias
castellanas, con sus homologas latinas entre paréntesis y su explicación histórica, la de
las pseudo-desinencias, la de los prefijos, indicando sus orígenes, y la de los pseudo-prefijos.

1859.

48. Del origen y formación del romance castellano, por el Ilmo. Sr. Don Pedro Felipe Monlau. Discurso de recepción en la Real Academia Española. -Incluido en el tomo segundo de los Discursos leídos en las recepciones públicas que ha celebrado desde 1847 la Real Academia Española. Madrid, imprenta nacional, 1861; págs. 305-330. Discurso de contestación, por D. Juan Eugenio Hartzenbusch; págs. 333-367.

Sin desconocer las indudables influencias que en el romance han ejercido la lengua primitiva de los iberos, la de los celtas, fenicios y demás anteriores a la dominación púnica (I), la de los godos (II) y la de los árabes (III), el Sr. Monlau afirma que del latín, sólo del latín, nació el castellano. Esta es la tesis de su discurso. La gran capa, o mejor dicho, el armazón del castellano, como de los demás idiomas de la Europa romana (dice este académico), se encuentra en el latín. Primitivamente latinos son todos los vocablos más usuales y que forman como el esqueleto de nuestro idioma: los pronombres, los llamados adjetivos posesivos, demostrativos y numerales, el artículo, los verbos auxiliares, las principales flexiones de los verbos regulares, las preposiciones o prefijos, las desinencias, las conjunciones y los principales adverbios, todo está tomado del latín; y un idioma deberá reconocer siempre por lengua madre a la que le haya dado esas diferentes especies de signos orales, sea cual fuere el caudal de los que accidental o transitoriamente hayan luego aumentado su vocabulario. Pero aún este vocabulario es radicalmente latino, porque al latín debemos las cuatro quintas partes de nombres y verbos; latinas son las palabras que sirven para designar las ideas más vulgares, los seres más conocidos, los objetos más usuales y las cosas más necesarias para la vida; latinas, en fin, y casi exclusivamente latinas, son las voces que traducen las ideas referentes a las facultades superiores del alma, las que representan los sentimientos nobles y las pasiones generosas, las técnicas del arte, de la ciencia o de la literatura y todas cuantas sirven para expresar la cultura del espíritu o atañen a un orden elevado cualquiera. La sintaxis de las lenguas no difiere sustancialmente de la latina. Quitad al latín sus casos y suplidlos por partículas; introducid el
que donde el latín ponía el infinitivo, y casi siempre os quedará sustituida una frase romance a la frase latina. ¡Qué más! Prescindiendo de la debatida cuestión sobre si el armonioso endecasílabo del catalauno - Provenzal, de la lengua de oil del italiano, del portugués y del castellano, tomó origen del hexámetro latino, como sostienen unos, o del sáfico horaciano, cual pretenden otros, y a mi ver con más fundamento, siempre resulta que la métrica moderna, y quizás también la rima, es esencialmente latina.

I: Algunos nombres propios de persona o de lugar y un centenar escaso de voces comunes, es todo lo que ha heredado el castellano de las lenguas conocidas en las edades ante-históricas de la Península ibérica.

2: Reconocemos como materiales de procedencia germánica muchos nombres propios de personas y unos doscientos o trescientos comunes. El autor publica una lista de 144 nombres de esta procedencia.

3: El árabe no se hizo enteramente vulgar en España: del árabe no tomamos pronombres ni verbos auxiliares, que son las bases principales de una lengua; y en cuanto a los nombres propios y comunes, si descontamos los latinos arabizados, los que se anticuaron muy pronto, y los que han pasado a la clase de voces meramente provinciales de Toledo, Extremadura o Andalucía, quedará reducida a muy exiguas proporciones la parte del glosario que se ha querido evaluar en una octava o décima parte. El Sr. Monlau atribuye nuestros sonidos guturales fuertes al alemán hablado por la corte de Carlos V, no a la influencia arábiga.

Tal vez este autor pronuncia conclusiones demasiado absolutas o generales; y así parecen evidenciarlo algunos recientes trabajos filológicos, en los cuales se prueba que, si bien es cierto que al latín debe el castellano su nacimiento, sufrió después otras influencias que el Sr. Monlau no cita,
o atenúa al referirse a ellas. Trabajos modernísimos han encontrado también orígenes más remotos a las guturales castellanas que los que el Sr. Monlau les asigna en el siglo XVI con la casa de Austria.

En cuanto a la formación del castellano, dice en su discurso: Pero el idioma del Lacio tuvo sus edades, sus épocas de alta pujanza y de singular decadencia; hubo un latín noble o urbano y un latín plebeyo o rústico: ¿a cuál de los dos es deudor de su formación el romance? El autor resuelve la
cuestión afirmando que todo induce a creer que el neo-latín se formó por el intermedio de la baja latinidad de los primeros siglos, exponiendo y defendiendo la teoría de la evolución sucesiva o transformación que desde su origen hasta el día han venido sufriendo el castellano y demás romances. El señor Monlau rechaza la hipótesis de la corrupción, y asimismo la de Müller, que decía ser los romances producto del latín descompuesto por los germanos invasores.

No desciende el autor en su discurso a detallar el mecanismo de la formación gradual del romance, excusándose acertadamente, por la índole literaria de su obra, a exponer leyes y ejemplos referentes a la fonética, al acento, a la cantidad, a la aspiración, a la composición, a la derivación y, en suma, a cuantas partes componen la gramática histórica; mas no deja, sin embargo, de indicar, al concluir su discurso, la utilidad del estudio de varias cuestiones accesorias que pudieran completar la historia de la formación de la lengua castellana.

El Sr. Hartzenbusch, en su discurso, ha comentado, a modo de apéndice y justificación, algunos de los principios en que el señor Monlau se funda en el suyo, y varios de los hechos en él expuestos y de las ingeniosas deducciones que aquéllos le han sugerido.

Habiendo sostenido el Sr. Monlau que el latín se había ya vuelto castellano en el siglo X, el Sr. Hartzenbusch se encarga de acreditar esta opinión con larga lista de palabras sacadas de los documentos latinos, no solamente de aquella centuria, sino también de los de la novena y la octava.

Trata también D. Juan Eugenio en su discurso de la alteración del latín por los romanos mismos, valiéndose, para comprobar sus asertos y opiniones, de inscripciones, medallas y otros testimonios; examina las diferencias principales existentes entre el latín y nuestro castellano, nacido del latín
culto y del vulgar, del militar y del rústico; y discute, en fin, con claridad, gallardía y extensión la opinión de que de la lengua intermedia, llamada románica, o sea del antiguo provenzal imaginado por M. Raynouard, nació el castellano y demás idiomas neo-latinos.

1860.

49. Escritores en prosa anteriores al siglo XV. Recogidos e ilustrados por D. Pascual de Gayangos. Madrid. 1860. Tomo II de la Biblioteca de autores españoles de Rivadeneyra.

Entre las notas puestas por el Sr. Gayangos al eruditísimo prólogo con que ha enriquecido la versión castellana del Libro de Calila e Dymna o Fábulas de Pilpay o Bidpay (primer trabajo de su colección), hay algunas observaciones históricas referentes al futuro indicativo castellano y al futuro condicional, que respectivamente se formaban con el infinitivo y el verbo habeo empleado
como auxiliar (matar-e, matar-as, matar-a, etc. = matar-he, matar-has, matar-ha, etc.= matar-habeo, matar-habes, matar-habet, etc.), y con la interposición del adverbio de lugar y por
hi entre la terminación del verbo y el auxiliar (tener-y-amos, tener-y-ais, tener-y-an). También se empezaron a intercalar entonces uno o más pronombres entre el infinitivo y la terminación de dichos tiempos;
v. gr.: vencer-os-y-an, vencer-te-an, matar-te-y-amos, rebelar-se-te-han = os habían, se han,
te habernos de vencer o matar, se han de rebelar.

1860.

50. Del uso y antigüedad del lenguaje románico -español, por el Sr. Don Manuel Lasala.

Artículo publicado primeramente en la revista del Sr. Asquerino, La América, y después reimpreso por separado, en Zaragoza, por los años de 1861 a 62.







El distinguido aragonés D. Mariano Nougués Secall ha extractado las principales ideas del trabajo de su compatriota, en la nota que copio a continuación:

En el trabajo del Sr. Lasala se combate la prioridad que pretenden los castellanos en el ejercicio del romance español, diciendo que de antes del siglo XII no posee Castilla escrito alguno oficial ni diplomático en romance español, y que tal vez no sucede lo mismo en Aragón.

Pretende que en el privilegio de los veinte, otorgado por Alfonso el Batallador a Zaragoza, se leen algunas palabras vulgares de aquel reino: cita un documento de 1148, que se encuentra en el archivo de la iglesia del Pilar de Zaragoza, en el cual, entre otras palabras, se leen las de carta, cuartals de trigo, campo, brazal, etc.

Cita asimismo otro documento, que trae Briz Martínez, del año 1061.

Pasa a examinar los códices, y sostiene que el de Sobrarbe es indisputablemente más antiguo que el de Avilés.

Observa que el Rey San Fernando, el conquistador de Sevilla, dio en 1241 el Fuero Juzgo a Córdoba; pero que no consta que en su reinado se romanceara, y que si en él no se hizo su romanceamiento, seria por su hijo D. Alonso.

Que si se duda de que el fuero de Sobrarbe lo dio Sancho Ramírez, no puede ofrecer duda que lo diera Alonso el Batallador a Tudela, en cuyo archivo se conserva con el mismo romance que los demás códices, de lo que se infiere que en romance se escribió este fuero.

Habla en seguida de un códice de fueros anteriores a Jaime I, que se conserva en el archivo del Pilar, y que observada la diferencia que existe entre el lenguaje del códice Pilarense y el de la compilación de Huesca del año 1247, aquél debe suponerse anterior a éste en un siglo. Añade que en la Biblioteca Nacional se halla un Ms. en pergamino de esta compilación, en la cual sólo se encuentran siete fueros de la Pilarense, cuyo lenguaje es más incorrecto que el usado en el del Obispo Canellas.

Deduce el Sr. Lasala de estos antecedentes que el códice Pilarense debía ser muy antiguo, cuando en 1247 se reconoció la necesidad de otra compilación, y viene a parar por qué el fuero de Avilés (de 1155) puede pasar por coetáneo, no del de Sobrarbe, sino en su caso de el del Pilar.

No cabe decir, en su concepto, que la compilación de Canellas se escribiera en latín y se romanceara después; porque es sabido que quien hizo la traducción fué el Justicia Salanova en 1352, advirtiéndose que el escrito en romance tiene más títulos y fueros y distinto orden que el latino, lo que demuestra que no es copia de éste el que se encuentra en romance, sino que éste es el original, y el otro su copia modificada y alterada en un latín poco castizo.

La consecuencia que deduce el Sr. Lasala de todos estos datos y antecedentes, es que el fuero asturiano no tiene la antigüedad que el de Sobrarbe, cuyo prologista murió en 1094, ni mayor tampoco que los del códice del Pilar, y que el romanceamiento del Fuero Juzgo fué posterior a la compilación de Canellas.

En seguida pasa a verificar un cotejo entre el fuero de Avilés y el Pilarense, deduciendo que entrambos pertenecen al mismo período histórico en que el habla común de los españoles luchaba por sacudir el yugo del idioma latino; y por si no se acepta el códice Pilarense, trae para hacer la comparación algunos fueros del de Sobrarbe.

De este parangón deduce también la mayor perfección de los fueros citados sobre el de Avilés, en el que no se encuentran oraciones completas, y sí el uso del presente de indicativo en vez de los demás tiempos de sus conjugaciones.

Todavía, por si se supusiese sofisticado el fuero de Sobrarbe y por sospechosos los del Pilar, sostiene que sólo con el Código de Canellas hay suficiente para probar la prioridad y perfección de Aragón en el uso del romance. San Fernando murió en 1252, dejando a su hijo el encargo de romancear el libro de los Jueces; la promulgación de la compilación de Canellas se hizo cinco años
antes, o sea en 1247, no habiendo podido hacer más dicho Obispo que compilar, en el corto espacio de dos meses y medio que se le concedió, los fueros promulgados anteriormente, haciendo un argumento irresistible, y es el de que hubiera sido inútil la traducción de los fueros por Salanova si los hubiera redactado en latín el Obispo Canellas.

El Sr, Lasala, en su trabajo comparativo del prólogo del Fuero Juzgo y del de la compilación Oscense, observa que es más perfecta la construcción aragonesa que la del Código castellano.

Llevando a término su trabajo, hace un cotejo entre el lenguaje de las Partidas y el privilegio general otorgado en 1283 y con los privilegios de la Unión, que lo fueron tres años después del fallecimiento del autor de las Partidas.

1861.

51, Discurso leído por el Ilmo. Señor D. Severo Catalina del Amo, en el acto de su recepción ante la Real Academia Española, el día 25 de Marzo de 1861. -Incluido en el tomo tercero de los Discursos leídos en las recepciones públicas que ha celebrado desde 1847 la Real Academia Española. Madrid, imprenta Nacional, 1865, págs. 99-135. Desde la 139 a la 153 se lee el discurso
de contestación compuesto por el Excelentísimo Sr. D. Tomás Rodríguez Rubí.

Admiración de los sabios modernos es la filología rabínico -española, que radica en las gloriosas dinastías de los Ben -Ezras y de los Kimjis, en aquellos famosos gramáticos de los siglos X, XI y XII, que crearon el estudio de la sintaxis y establecieron la doctrina de las raíces trilíteras y formaron el primer Diccionario de estos elementos, y liega a su perfección y apogeo en manos de Coronel y Zamora, León, Montano y Cantalapiedra, Trilles, Castillo y Pérez Bayer, Orchell,
García Blanco y D. Severo Catalina. El cual, en el Discurso a que nos hemos referido, con aquella profundidad de conceptos y elegancia de estilo que campea en todo cuanto escribió, buscando en la sintaxis, y no en el Diccionario, la explicación de los orígenes de nuestro idioma, deduce que más que como neo-latino, debemos considerarlo como resultado harmónico de las lenguas indo-germánicas y de las semíticas. De este modo abrió el docto Catedrático de Hebreo nuevos horizontes a los estudios filológicos en nuestra patria y supo enlazarlos con altos problemas históricos y filosóficos, aunque su discurso, por ser una apología del abolengo semítico de la lengua castellana, tiene que ofrecer proposiciones mucho más bellas que verdaderas. El tenaz empeño de descubrir en castellano (dice este autor) todas las partes de la oración, giros y frases del latín, ha
dado por consecuencia la aplicación de las gramáticas latinas a la nuestra; es decir, se ha vestido al castellano con un traje que le está grande: por la cabeza le sobra la mitad del tratado del verbo, y por las extremidades, las tres cuartas partes del tratado del nombre y de las palabras indeclinables; y en cuanto a la hechura o conjunto, le sobra casi toda la sintaxis. Presumiréis acaso (añade el Sr. Catalina) que yo, que me rebelo contra el patrón exclusivamente latino para la Gramática castellana, abogo por el patrón exclusivamente semítico; no, señores: yo aborrezco todas las exageraciones, porque en ellas está siempre el peligro y casi siempre el error; los siglos no pasan en vano; las
revoluciones sociales y literarias dejan huellas que la mano del hombre no puede borrar. Al tratarse de derechos sobre la lengua castellana, no quiero monopolio para ninguna: quiero justicia para todas. El origen de nuestro idioma no puede fijarse en absoluto: lo empequeñeceríamos si lo declarásemos producto del latín, porque de las corrupciones no brota nada bello, y nuestro idioma lo es; lo empequeñeceríamos asimismo si lo declarásemos de puro corte semítico, porque sería quitarle, a sabiendas, las condiciones de variedad y flexibilidad que le ha dado el contacto con diversos pueblos, que le ha proporcionado la clásica civilización oriental. Yo aspiro para la lengua castellana a más alto timbre que el de ser neo-latina o el de ser neo-semítica: entiendo que sintetiza las dos razas; que tiene de ambas lo mejor: hay en ella toda la aptitud conveniente para expresar cuantos pensamientos y afectos quepan en la cabeza y en el corazón; todos los adelantos que logren
las ciencias; todos los descubrimientos, modificaciones o innovaciones que nos ofrezcan las artes, la política o la frivolidad; para todo hay expresión, para todo hay palabras, y genuino y fácil acomodamiento en nuestro lenguaje; tiénenlo asimismo aquellas locuciones orientales; aquel modo de sentir, pensar y creer de remotos pueblos, que tanto influjo ejercieron en el desarrollo científico y literario del linaje humano; la elasticidad indo-europea y la rigidez semítica, felizmente combinadas, forman el constitutivo esencial del idioma castellano.

Mas fuerza es convenir que, con no menos mesura que las relaciones entre el sánscrito y el castellano, deben reconocerse las influencias semíticas en nuestro idioma. Pues si comparando la Gramática oriental y la latina con la castellana, parece que se descubren más semejanzas entre ésta y la hebrea o árabe que entre la latina y la española, estas semejanzas no son, muchas veces, más que aparentes. Los idiomas semíticos carecen ciertamente de declinación; tienen un solo pronombre relativo; todas las palabras pueden formar superlativos, y en particular un aumentativo en on; su sintaxis no tiene hipérbaton; su verbo carece de voces y sólo cuenta dos tiempos, todo lo cual concuerda con ciertos caracteres propios del idioma de Castilla. Pero en el verbo hebraico, aunque primitivo y sencillo, ¿no pueden considerarse como voces y modos algunas de sus formas, supuesto que ilustres gramáticos entienden que la forma (*hebreo, no se transcribe) niphal, es la pasiva de la forma kal; al par que las formas pihel, hiphil, e hithpahel, por significar la acción calificada, la acción mandada, aconsejada o permitida, y la acción recíproca, son asimilables a los modos de que usa la lengua latina? No queremos, sin embargo, negar con esto la parcial influencia que en el
castellano pudo ejercer la permanencia de los judíos en España por espacio de diez y seis siglos (I), ni mucho menos desconocer lo provechoso que es el estudio del discurso del Sr. Catalina para todo aquel que se dedique al esclarecimiento de las influencias que ha sufrido durante su formación la lengua castellana.

Al discurso del Sr. Catalina contestó Don Tomás Rodríguez Rubí discurriendo sobre los principios sentados por el Académico recipiendario y de conformidad con ellos, fijóse especialmente en el dialecto púnico o lengua hebreo -caldáica (
caldea) de los fenicios y cartagineses, quienes (dice) importaron su lengua en España y con ella la Aritmética y la invención de la escritura, cuyas cifras alfabéticas, de evidente procedencia oriental, fueron aceptadas por los griegos, conservando su orden de colocación y casi toda su eufonía, traspasadas por los griegos a los latinos y de éstos a los españoles.

1: La influencia social, política y literaria del pueblo hebreo en nuestra patria está claramente dilucidada en los trabajos de los Sres. Castro, Amador de los Ríos, García Blanco y Fernández González (D. Francisco).




1862.

52. Sobre el origen y formación de las lenguas romances y en particular de la lengua castellana, por D. José Amador de los Ríos.

Tomo II de su Historia critica de la literatura española: Madrid, imprenta de José Rodríguez... 1862. -Ilustración II, págs. 361-414, y Apéndice I, págs. 581-596.

Trabajo de selecta erudición, en el que su autor opina que, durante las dominaciones romana y visigótica, existían en España otros idiomas, hablados, si no escritos, a la vez que el latino, aunque éste, después del Concilio III, fué el preferido y el dominante. Fija en el año 739, fecha que lleva la famosa inscripción de Santa Cruz de Cangas, el punto de partida del romance declarado, que se formó, como dice el Sr. Amador, de los elementos congregados en el suelo español, entre los que si al latín corresponde mucha parte, no pequeña se les debe al hebreo y al arábigo; aunque es innegable que el primero constituye el núcleo y fundamento del castellano. Varios documentos ilustran la tesis defendida, y sirven para probar las diferencias distintivas del habla vulgar, usadas en los comienzos de su historia por aragoneses, navarros y castellanos.

1863.

53. Progreso y vicisitudes del idioma castellano en nuestros cuerpos legales desde que se romanceó el Fuero Juzgo, hasta la sanción del Código penal que rige en España. Memoria escrita por D. León Galindo y de Vera, premiada por la Real Academia Española en el concurso público de 1863. Madrid. Imprenta nacional, 1863.

4.° may. -274 págs. + una de Indice y 3 de erratas.

Estudio de crítica y erudición histórica y filológica, en que se muestra el desenvolvimiento del castellano en nuestros Códigos: el Fuero Juzgo, Fuero Viejo de Castilla, Espéculo, Fuero Real, Leyes nuevas, Leyes de los Adelantados, Ordenamiento de las Tafurerías, Partidas, Leyes del Estilo y Ordenamiento de Alcalá, Ordenamiento Real y Leyes de Toro, Nueva Recopilación, Constitución de 19 de marzo de 1812, Código criminal de 1822, Código de Comercio, Ley de Enjuiciamiento mercantil. Estatuto Real, Reglamento provisional para la administración de justicia, Constitución de 1837, Constitución de 1845 y Código penal de 1848.

Por el estudio pacientísimo que el autor revela, comprobando con innumerables citas sus aserciones, notando hasta las más pequeñas modificaciones ortográficas, la corrupción o perfeccionamiento de las partes principales del discurso y el adelanto en la composición de éstos y los demás elementos gramaticales, hacen indispensable este libro para todo el que consagre su atención al estudio de nuestra Gramática histórica.

1865.

54. El Fuero de Avilés. Discurso leído en junta pública de la Real Academia Española, para solemnizar el aniversario de su fundación, por D. Aureliano Fernández -Guerra y Orbe. Madrid.
Imprenta Nacional, 1865.

4.° may. -191 págs. + 3 hojas plegadas.
Port. - Texto del discurso. -Notas al mismo. -Apéndice: Fuero de Avilés copiado fielmente del diploma original, y su cotejo con la confirmación del Rey D. Sancho IV, anotadas las diferencias que ofrece. -Fuero de Avilés descifrado, y su correspondencia con otros (con los de Oviedo, Sahagún, San Juan de la Peña, Parga, Betanzos, Santo Domingo de Silos, Llanes, Madrid, la Alberguería de Burgos, León, etc.) -Vocabulario del Fuero de Avilés. -Enmiendas. -Facsímile de la Carta-puebla de Avilés. -Facsímile de los fueros dados a Sahagún en 1152 por el Emperador Alfonso VII. -Facsímiles de los signos de Alfonso VII, Emperador de las Españas, mencionados en la nota 15 del discurso.

El Fuero de Avilés había sido considerado por el Mtro. Risco (Historia de la ciudad y corte de León y de sus Reyes, pág. 352); Campomanes (Obras mss. vinculadas en su casa); Martínez Marina (Ensayo sobre el origen y progresos de las lenguas, en las Memorias de la Real Academia de la Historia, tomo IV, pág. 33) y otros eruditos del siglo pasado como documento de autenticidad incontestable, el más antiguo escrito en lengua castellana. Los historiadores de nuestra literatura, Ticknor y Amador de los Ríos, habían proclamado también lo mismo que indicaron sus antecesores relativamente a este diploma, siendo las palabras del primero de estos dos autores tan concluyentes,
que merecen recordarse aquí. El primer documento escrito en romance castellano, con fecha segura y de carácter indudablemente genuino (escribe Ticknor), es la confirmación de la Carta-puebla de Avilés, hecha por el Emperador D. Alfonso VII en el año de 1155; el cual es muy notable por dos circunstancias: la primera, porque en él se ve el idioma nacional saliendo de las ruinas del latín corrompido, y poco o nada alterado por la influencia del árabe derramado ya por las provincias meridionales; y la segunda, porque creyéndose, y con razón, que es uno de los antiguos monumentos del habla castellana, no hay motivo fundado para suponer la existencia de la lengua escrita con una antelación de cincuenta años (tomo I, pág. 15 de la traducción castellana
de su Historia de la literatura). Asimismo los Sres. Monlau y Hartzenbusch, en los discursos leídos ante la Real Academia Española en la recepción del primero, adujeron el testimonio de la Carta-puebla de Avilés repetidas veces como el más antiguo monumento de la lengua castellana; pero
el Sr. Hartzenbusch, que estaba dotado de aquella sagacidad crítica que, al par de su sabiduría y buen gusto, campea en todos sus escritos, no parece sino que, sin darse él cuenta, quería indicar alguna duda respecto a dicho documento, cuando exclamaba: Podrá ser el Fuero de Avilés, como creen generalmente los eruditos, una muestra del castellano, poco seguro aún y fijo en el siglo XI; pero más parece un documento redactado a propósito para gentes varias en varios idiomas, por una persona que entendía algo de todos, ignorando el latín y queriendo escribir en él. El que extendió el Fuero de Avilés (escribe en otro lugar el señor Hartzenbusch) no hablaba como escribía. Mas, a pesar de lo dicho por las autoridades al principio aludidas, D. Pedro José Pidal, en su discurso de recepción ante la Real Academia Española, año de 1844, dejó entrever alguna desconfianza acerca del documento; y aunque D. Rafael González Llanos (a quien no deben escatimarse elogios por haber sido el primero que publicó esta Carta-puebla) intentó con gran erudición (Revista de Madrid. segunda época, tomo VII, págs. 266, 323 y 331) defender, al año siguiente, su autenticidad, ello es que los recelos manifestados por el Sr. Pidal fueron justificados, según que en el discurso de Don
Aureliano Fernández -Guerra se demuestra de una manera incontestable. En él convence el autor de que el Fuero de Avilés no es genuino y de que a su lenguaje se le dio rudamente apariencias de antiguo, y demuestra que es verosímil que la ficción se hiciese en tiempos de D. Alfonso X el Sabio, y que, por consiguiente, no puede considerársele como un documento lingüístico, ni aun con
relación al tiempo en que fué falsificado. Para llegar a estas conclusiones, examina primero el respetable Académico los caracteres extrínsecos del diploma, sus dimensiones, materia, signos y escritura; y después los intrínsecos o internos, señalando falsos hechos históricos consignados, omisiones injustificables, ciertas estudiadas anfibologías, datos y especies aventuradas, y demostrando que la fecha, el lugar, los títulos del Emperador, los confirmantes, los testigos, todo,
en fin, denota claramente la impureza e ilegitimidad del documento.

Pero aun siendo evidente que el Fuero de Avilés es una invención del siglo XIII, ha de considerársele siempre como documento precioso e importantísimo en la historia de la filología castellana; pues nos da a conocer la idea que entonces se tenía del romance castellano, y, aunque no puede estimarse como monumento lingüístico genuino, es indudable que su gramática y su léxico contribuyen a esclarecer el estudio del lenguaje hablado en Asturias y en Galicia pasados los
primeros años del reinado de D. Alfonso el Sabio, esto es, en el primer período de la lengua castellana. Claro está que la del Fuero de Avilés no puede por sí misma considerarse como la de un período fijo y determinado de nuestro idioma, puesto que no corresponde fielmente a la época del Emperador Alfonso VII el Invicto, ni a la del hijo de San Fernando; pero su estudio no será ciertamente infructuoso, siempre que se autorice y acredite con el auxilio o apoyo de otros documentos legítimos o con su comparación. Así, el señor Fernández-Guerra ha comprendido el interés y utilidad que podía reportarse del examen filológico del documento, y ha formado su Vocabulario (págs. 137-190), en el cual van, en cada voz, colocadas por orden gramatical las diferentes acepciones; se inventarían, a continuación de muchos nombres de verbos, con la
clasificación oportuna, todos los fragmentos quede su conjugación hay diseminados por el diploma; se presentan ejemplos de las declinaciones de los artículos y pronombres, habiendo tenido en cuenta el Sr. Fernández-Guerra, para fijar los casos, la situación gramatical del nombre, y no su desinencia ni la preposición que le sigue; y se agrupan ordenadamente los adverbios, preposiciones y conjunciones, para ahorrar fatiga a quien intente formar la gramática de la Carta-puebla de Avilés.

Aumentan el interés filológico de este Discurso, además de las muchas y acertadas observaciones y textos que hay en el cuerpo del mismo y en las notas, las muestras del lenguaje asturiano y leonés del siglo XIII, tomadas principalmente de documentos inéditos del archivo de la Catedral de Oviedo (págs. 67-86).

Con intención de sacar a salvo la autenticidad de la Carta-puebla de que tratamos, publicó en Madrid, tipografía del Hospicio año de 1867, el escritor asturiano D. José Arias de Miranda, un libro intitulado, Refutación al discurso del Ilmo. Sr. D. Aureliano Fernández Guerra y Orbe sobre la ilegitimidad del antiquísimo fuero de Avilés; pero a pesar de su buen deseo y manifiesta erudición, no logró refutar las razones expuestas en el trabajo académico del Sr. Fernández-
Guerra, que es hasta hoy, sin duda alguna, la última palabra dicha sobre este asunto.

1866-69.

55. Der Vokalismus des Vulgärlatein, von Dr. H. Schuchardt. Leipzig, 1866-69.

3 vols, en 4.°

Esta obra es importantísima para el estudio histórico de las lenguas romances, y, por consiguiente, del castellano. Federico Díez la considera como un complemento de su Gramática de las lenguas romances.

Al Dr. Schuchardt le deben las letras castellanas preciosos estudios, como los intitulados Die Cantes flamencos y los Kreolische Studien, en los cuales ha consignado preciosas observaciones críticas y filológicas sobre las particulares variaciones del castellano en algunas provincias del antiguo y
del nuevo continente.








1868.

56. Discurso leído ante la Real Academia Española de Arqueología y Geografía del Príncipe Alfonso, por el señor D. Francisco Otín y Duaso, en el acto solemne de su recepción de Académico de número de la misma. Madrid. 1868. Por D. Alejandro Gómez Fuentenebro, impresor de dicha Real Academia.

4.°-62 págs.

Tema del Discurso: El idioma de Aragón y de Castilla es uno mismo en su origen, formación y progreso; pero en determinada comarca del Pirineo se vislumbran los vestigios de una lengua desconocida, cuyos nombres de ignorada etimología aparecen como incrustados en el romance común. Los nombres en que se funda la segunda parte de esta tesis son principalmente los de ríos,
montes, pueblos y los patronímicos de todo el partido de Jaca y parte del de Boltaña y Huesca. La naturaleza de estos vocablos la supone el autor arraigada en tiempos anteriores a los de la dominación romana. Hace notar las frecuentes terminaciones en
es o íes, y las en üe, ües, üas y sus derivadas: üe-lo, üe-go, üe-rre; y, afirmando que las voces a que pertenecen no son ni éuscaras, ni latinas, ni godas, ni mucho menos árabes, necesariamente (dice el autor) han de corresponder a uno de los varios idiomas que se hablaban en la Península antes de las invasiones de cartagineses y romanos.

Siguen a este discurso muy eruditas notas, donde se von catalogados muchos nombres de las citadas terminaciones, y se incluye además una lista de 328 voces aragonesas, 34 de ellas anticuadas, de uso común en el Pirineo de Aragón, de etimología evidentemente latina y derivadas las más del
ablativo o del infinitivo. Al lado de cada una de ellas pone el autor las correspondientes palabras latina y castellana.

A este Discurso acompaña el de contestación por el Académico Sr. D. Mariano Nougués y Secall, distinguido aragonés, como el Sr. Otín. En dicho trabajo sostiene el autor que el romance se habló antes con más perfección en la comarca aragonesa que en la de Castilla; que muchos de los
llamados provincialismos de Aragón han sido vocablos puros usados por los castellanos, y que en este antiguo reino, así como también en el de Navarra, se habló primitivamente el éuscaro o bascuence. Interesantes notas y algunos documentos castellanos (o aragoneses mejor dicho), de remota fecha, completan el trabajo.

57. Comparative grammar of the French, Italian, Spanish, and Portuguese languages. By E. A. Notley. London, 1868.

8.°obl.

58. La H fuerte (por R.) Articulo inserto en El Averiguador, tomo I, primera serie. Madrid, imprenta de Manuel Galiano, 1868.

4.° -Columnas 86-88.

El autor trata de este sonido fuerte en el castellano, afirmando que no procede del árabe, como vulgarmente se cree, sino de la degeneración de las guturales
ka o ga o de la letra doble, según que lo demuestra un crecido número de palabras indo-germánicas existentes en nuestro idioma. A propósito de esta tesis, hace el articulista breves, pero acertadas observaciones.

59. Breves consideraciones acerca del idioma válaco o romance oriental, comparado con el castellano y demás romances occidentales. Informe leído en la Real Academia Española, en Junta
ordinaria del 5 de marzo de 1868, por su redactor el individuo de número Ilustrísimo Sr. D. Pedro Felipe Monlau, sobre el
Peregrinulu Transelvanu, obra escrita en lengua válaca, ofrecida por su
autor a dicha Corporación. -Memorias, tomo IV. Madrid. 1873.

4.°-Págs. 340-366.

El Sr. Monlau, al emitir su opinión sobre esta obra del Sr. Juan Germán Codru Dragusiánulu, Vicecapitán Director del distrito de Fagaras y miembro de la Asamblea legislativa, prescindiendo del fondo y estilo de dicho trabajo (que es el tomo I de una colección de cartas sobre viajes hechos
por el autor en Europa, años desde 1835 a 1848), se fija exclusivamente en la lengua válaca o daco-romana en que está escrito; señala con precisión, claridad y detenimiento sus dominios geográficos; resume la historia de los rumanos o moldo-válacos; explica detalladamente las semejanzas y diferencias que tiene esta lengua con la latina, y comparándola, en fin, con la castellana y demás romances occidentales, estudia y esclarece la etimología o formación de muchos vocablos españoles.

Ilustran el texto de este trabajo algunas notas, entre las cuales es muy interesante y provechoso el estudio de la en que el señor Monlau demuestra claramente la conformidad latino -válaco -castellana, con la traducción interlineal de dos largos fragmentos del Peregrinulu Transelvanu.

1871.

60. El estudio de la filología en su relación con el Sanskrit, por D. Francisco García Ayuso. Madrid, imprenta y estereotipia de M. Rivadeneyra, 1871.

4.°-x, II -376 págs.

Aunque esta obra no se refiere directamente a los orígenes y formación de nuestra lengua, conviene registrarla en este libro de nuestro trabajo por tratarse en ciertas partes de ella del latín y del griego (indudables progenitores del castellano) en sus relaciones con el sánscrito, y porque siendo uno de
los poquísimos libros con que la patria española ha contribuido al acervo común de la moderna lingüística, bien merece que recordemos aquí al sabio y modestísimo autor que la ha compuesto, el cual, así por el presente trabajo como por el de su Gramática comparada, es digno de todo aplauso.

Está el libro dividido en tres partes, tratándose en la primera del lenguaje en general; en la segunda de los caracteres distintivos de los principales idiomas, y reseñando en la tercera la historia de la filología y de la lingüística desde los más antiguos tiempos hasta hoy. La índole del libro es de exposición histórica, sin que deje el autor de juzgar muchos puntos con reposada, imparcial y provechosa crítica, y además con selecta y copiosa erudición, testificada en un largo catálogo de obras glotológicas inserto después del texto.

Entre los juicios emitidos por este autor y entre las aficiones manifestadas en su libro, merecen algunos de ellos nuestra especial atención. Nos referimos a que el señor García Ayuso se muestra seguidor de los que han proclamado las grandes unidades lingüísticas, A este propósito escribe que
por las lenguas sabemos con certeza que todos los pueblos indo-europeos vivieron algún tiempo juntos, que hablaban un solo idioma que no existe, y que en diversos períodos se fueron separando tribus de aquel pueblo que luego formaron los ocho hermanos, hoy conocidos bajo el nombre común de indo-europeos, a saber: indios, persas, griegos, romanos, eslavos, litanos, germanos y celtas. Y al final de la obra, para probar la progenie sánscrita del latín, del griego y de otros idiomas, pone varios cuadros comparativos de temas invariables de la declinación y conjugación de aquellas lenguas, de temas en n, del verbo substantivo
ser, de nombres posesivos y patronímicos en tar, de pronombres personales de singular, demostrativos masculinos y neutros de singular y nombres numerales.

Estas opiniones, manifestadas por el señor García Ayuso, nos proporcionan ocasión para observar algo acerca de las relaciones entre el castellano y el sánscrito y de otro punto que parecen enlazarse con esta cuestión, a saber: la unidad de las lenguas, principio que ha tenido hasta hace muy pocos años muchos e ilustres defensores.

En efecto: el principio o ley de unidad, como fin de la ciencia, ya establecido por Platón a aquellos discípulos suyos a quienes aconsejó siempre la visión de lo mucho en lo uno, como ejercicio dialéctico, ha venido a ser hoy el deseo instintivo de muchos sabios modernos. Y este afán de generalizar y de unificar ha influido, tal vez, más que en ninguna otra, en la ciencia del lenguaje. La cual, ansiando mostrar los principios a que obedecen todos los hechos glotológicos, no ha vacilado en afirmar en las páginas de algunos libros célebres, que las lenguas habladas en el universo proceden de un centro original, o a lo menos de dos o tres centros, sin que para semejante aserción hayan podido presentar, a pesar de sus asombrosas investigaciones, ejemplos ciertos e irrecusables con que iluminar las densas tinieblas que rodean aún estas cuestiones.

Seducidos por tales asertos, consignados en la mayor parte de los razonamientos lingüísticos contemporáneos, ha llegado la preocupación de algunos escritores hasta el delirio. Pues no solamente aquel médico de Carlos V, llamado Juan Goropio, sostuvo en sus Origines antuerpianae (
Antwerpen) la paradoja lingüística de que el holandés era la lengua primitiva; no solamente en el siglo XVI fueron muchos los que atribuyeron al hebreo igual privilegio (I), sino que en libros modernos se reserva y defiende para el bascuence la paternidad del castellano y de todos los idiomas de la tierra.

Así en España, Larramendi, Astarloa y Erro, siguiendo al Ldo. Poza y a Baltasar de Echave von en el eúskaro el origen de todas las lenguas, y principalmente del castellano, fundándose, por lo que a nuestro idioma dice relación, en haberlo enriquecido con cierto número de voces y de nombres
geográficos; pero ofuscados por su fantasía, olvidan que no puede existir afinidad gramatical alguna entre el bascuence y el castellano; pues mientras que éste es analítico, aquél es sintético o polisintético y holofrástico, al modo del magiar y de las lenguas indígenas de América.

I: Cf. Guichard. Harmónie etymologique des langues, 1606; Creutziger, Harmonia linguarum quator cardinalium, 1616; Samuel Bochart, Geographia sacra, 1646, Hierozoicon, sive de animalibus Sacrae Scriptura, 1663; Bogan, Homerus Hebraizon, sive comparatio Homeri cum scripturis sacris, 1658; Opitius, Graecismus facilitati sua restitutus methodo nova, 1676. Igual tendencia es la que predomina en la obra de Nicolás Bergier: Les Elements primitifs des langues decouverts par la comparaison des racines de l´hebreu avec celles du grec et du franç ais, 1766.

Merced a las tendencias científicas indicadas, Bopp y Schlegel, juntamente con sus maravillosísimos descubrimientos y estudios filológicos, nos han ofrecido una ley de unidad en la familia aria, de la que no se han eximido las lenguas de la Polinesia; ley de unidad que quiere abarcar hasta el etrusco, según la opinión de CrawforD. Victoriosamente combatida por Aufrech en la Sociedad filológica de Londres. Así se ha llegado a afirmar que la forma original de toda lengua articulada eran los monosílabos verbales, a los cuales habían reducido su léxico los gramáticos sánscritos, y que la idea de acción fué por primera vez expresada uniendo un pronombre a una de estas raíces verbales. Así, en fin, se ha defendido la formación de un centro o familia turania, donde se han reunido todas las lenguas que no eran arias ni semíticas, desde el turco hasta el chino y los idiomas americanos, sin excluir el basco con sus subdialectos (I).

Nacen unas y otras preocupaciones, a nuestro juicio, del falso concepto histórico de la idea de unidad. y del empeño, inconsciente a veces, pero obstinado, de querer llegar a una unidad absoluta que pugna con lo limitado de nuestras facultades y conocimientos.

1 La bibliografía de la lengua eúskara está ya escrita por el malogrado D. Ángel Allende Salazar, quien en su Biblioteca del bascófilo, premiada por la Biblioteca Nacional y publicada por el Estado (Madrid, imprenta de Manuel Tello, 1887), reúne en su sección XX las obras referentes a la lengua del pueblo bascongado en general (140); en la XXI las de lexicografía (48), y en la XXII las de Gramática bascongada (35).

Los misterios íntimos de una ciencia experimental no pueden vislumbrarse en el espacio de cien años, y una serie de fenómenos más o menos uniformes o análogos no es posible que nos dé una unidad, sino lentamente, a fuerza de una serie ordenada de hipótesis y de un caudal inmenso de noticias. Y esta unidad en la historia, esta unidad concreta no ha de ser en la ciencia del lenguaje y en la filología comparada, más que un orden de conceptos sometidos a otro más alto y comprensivo. Este orden mental que corresponde al orden de los objetos, según que éstos manifiestan las infinitas caras de la unidad metafísica que nosotros no alcanzamos, es lo que debe de satisfacer plenamente las exigencias científicas.

Además, la misma historia de la humanidad ¿no proclama un hecho que contradice abiertamente esa teoría de la unidad de los idiomas? El tiempo confunde lo que en su origen ha estado separado y en disgregación; la civilización lo une. Diversas y muchísimas debieron ser las lenguas primitivas, que de una manera gradual fueron confundiéndose, sin duda, según que una tribu dominaba o esclavizaba a la otra. Las grandes nacionalidades extendieron después un solo idioma. El Imperio macedónico propagó en Oriente una lengua común; el Imperio romano esparció en Occidente el habla de Cicerón y de Horacio. La invasión de los pueblos germánicos así destrozó el gobierno
de las naciones, como las redujo a la mayor anarquía lingüística. Los triunfos materiales y los adelantos modernos, el comercio y la industria cosmopolitas, tienden a la unidad de los idiomas, a la desaparición de todos los dialectos; y el castellano, el inglés y el francés se hablan y entienden en todos los mares y continentes del mundo civilizado. El verdadero progreso es causa de la unidad y permanencia del lenguaje.

No negamos, sin embargo, el parcial e indirecto abolengo de las lenguas modernas, ni la influencia más o menos mediata que en su formación hayan podido tener, debido a causas históricas en particular, las lenguas arias. Es innegable, por ejemplo, que el sánscrito contribuye eficazmente al estudio crítico y comparado de las lenguas europeas y aun de muchas lenguas indígenas (I), y que para penetrar en los misterios de las primeras es tan útil su estudio como para el conocimiento de la historia de la humanidad. supuesto que en sánscrito se escribieron obras inmortales del pensamiento humano en uno de sus más señalados períodos. Es innegable también que del sánscrito conserva el castellano algunas raíces y voces, introducidas en nuestra lengua por la influencia de los emigrantes gitanos que hablaban un dialecto
prákrito (los cuales probablemente comenzaron a llegar a Europa impelidos por la invasión de Gengiskan); y que los viajes, descubrimientos y conquistas de los portugueses en el extremo Oriente, y el moderno tráfico, han contribuido a la vez a aumentar el número de voces indias que hay en nuestra lengua, cuya porción más importante debe proceder del referido origen caló. Sirvan para acreditar lo dicho las palabras siguientes:
baldés (piel suave curtida), de vardhra (cuero, badana); bandullo (vientre o conjunto de tripas), de phanda (panza); cande (azúcar,
candy inglés dulce o caramelo), de janda (blanco, brillante); coco (gesto o mueca), de kapi (mono); dicha (suerte feliz), de dishta (destino, suerte, bienaventuranza); mandria, de mándara (pesado, perezoso); manfla (mujer con quien se tiene trato ilícito), de manapá (bella, seductora); palanquín, de paryanka; rajá, de ràga; sopa, de súpa (salsa), y otras más, que ya están incluídas en la última edición del Diccionario de la Academia Española. Es innegable, en fin, que el sánscrito transmitió directa o inmediatamente a la Gramática latina la terminación en bus del dativo plural, la i del genitivo y las en bilis y en bundus, y que de él proceden muchas voces de su Diccionario (II).

I: Estudios comparativos entre el Tagalog (tagalo) y el Sánscrito: numerales, por Fr. Toribio Minguella de la Merced, agustino recoleto. Fragmento de los estudios filológicos que acerca de las lenguas de Filipinas está componiendo este doctísimo religioso. Termina dicho articulo con un cuadro comparativo de los numerales en Sánscrito, Tagalog, Visaya, Malayo, Javanés y Malgacho. Publicado en La Ciudad de Dios, revista agustiniana, segunda época, volumen XV, núm. V, págs. 319 -329: Valladolid, imprenta de Luis N. de Gaviria, 1888.

Pero de estos hechos aislados y otros semejantes, cuyo número y orden son insuficientes para justificar ley ninguna, ¿puede concluirse y proclamarse que todas las lenguas de Europa, y en particular las más antiguas, el griego, el celta, el gótico, el eslavo y los dialectos teutónicos, radican en el sánscrito? ¿Puédese afirmar como cosa clara y acordada que la lengua castellana, porque la conjugación subjuntiva del verbo ser se separa de la forma latina y se acerca a la forma sánscrita y porque suma en su léxico un determinado número de palabras y de raíces arias, procedentes del dialecto gitano o de Germanía, desciende de la lengua sánscrita? Por fortuna, a las opiniones que respecto del castellano fueron sostenidas de una manera docta y erudita en nuestra patria por D. Francisco de P. Canalejas, quien decía que así como el griego es el ario más el griego y el latín el ario más el latín, el castellano es en principio el ario más el latín y el castellano (III), opónense los novísimos estudios sobre filología comparativa escritos por el sucesor insigne de Max Müller en su cátedra de Oxford. A. H. Sayce, el cual, juntamente con sus estudios sobre las inscripciones y las antiguas lenguas de Asia, ha propuesto nuevas premisas a la resolución de este dificilísimo problema de la reducción de las lenguas en su Introduction to the science of language, y en sus Principles of comparative philology. Fundábase el Sr. Canalejas en los principios de Klaproth, Calmberg, Wilkins, Jones, Carey, Forster, Wilson, Lassen, Rosen, Bournouf, Colebrooke, Benfey, Roth, Weber, Muir, Regnaud y Fauriel; pero las razones y los testimonios históricos aducidos por Sayce convencen de que la unidad primitiva o absoluta es imposible, y, por consiguiente, limítase el profesor inglés a clasificar las lenguas, señalando, entre las habladas actualmente, setenta y seis grupos, separados los unos de los otros por infranqueables diferencias. Infiérese de todo lo dicho que la remota genealogía atribuida al castellano y a otros idiomas, a fin de que todos los hablados en el planeta procedan de un tronco común, si bien cautiva la imaginación, y fué no hace mucho tiempo aceptada por muchos varones doctos, hoy por hoy no es aceptable y pugnan con ellas las novísimas investigaciones de la ciencia.

II: Tal vez el sufijo de nuestro idioma mento, correspondiente al igual latino, pueda proceder, como dice León Meyer, del
subfijo sánscrito mant y del griego () *, aunque, según las doctrinas de
Corssen, no hay necesidad de salir del latín para explicarse esta formación.
* Vergleichende Grammatik der griechischen und lateinischen Sprache, tomo II, pág. 263.
** Kritische Nachtraege zur lateinischen Formenlehre, página 121.

III : Para el estudio de estas influencias del sánscrito en el castellano, tan rem tas e indirectas como en el francés, pueden consultarse las obras siguientes: M. Eichhoff: Parallèle des langues de l´Europe et de l´Inde, où Etude des principales langues romanes, germaniques, slaves et celtiques, comparées entre elles et à langue sanscrite: París, 1836.

M. L. Delatré: La langue française dans ses rapports avec le sanscrit et les autres langues indo europeennes. Paris, 1853.

Importantísimas son asimismo las observaciones críticas sobre la obra anterior, publicadas por M. Ernesto Renán en el Journal général de l´instruction publique: 2 noviembre 1853.

61. De lingua Hispane Romania ex glossario Arabico et latino illustranda Eduardi Boehmeri adnotatio. -Publicado en los Romanische Studien, herausgegeben von Eduard Boehmer, ord. Professor der romanischen Sprachen an der Universität. Halle... Halle a /S. 1871. Verlag der Buchhandlung des waisenhauses.

4.° -Págs. 221 -230.
Ad glossarium quoddam vetustissimum Arabicum et Latinum, quod in bibliotheca Leidensi asservatur, edendum Franciscus Oehler, scholae Latinae in hac urbe magister, editor operum Tertulliani, socium assumpsit Fridericum Augustum Arnold, in eadem schola praeceptorem, qui idem orientales linguas docebat in academia nostra, auctor Chrestomatiae Arabicae. Transcriptionem hic Arabicorum vocabulorum, ille Latinorum absolverant, quum Oehler mortuus est, quem secutus est amicus anno 1869, relicto opere imperfecto. Desunt enim in parte posteriori translatio Arabicorum Latina ab Arnoldo subingenda et quae Oehler ad opus adnotare in animo habebat. Quamvis igitur virorum doctorum elucubrationibus extrema manus non accesserit, tamen quae summo studio uterque effecit magnopere adiuvare poterunt editorem, cui Librum Leidae iterum conferre licet. Leguntur autem in primo volumine catalogi codicum orientalium bibliotecae academiae Lugduno Batavae auctore R. P. A. Dozy, Lugd. Bat. 1851, p, 54 de hoc codice CLXX (231 Scal) quae sequuntur: Glossarium Latino -Arabicum. Voces Latinae charactere Longobardico (
Lombardo), voces Arabicae charactere Africano sed omnes eadem suam, exaratae sunt. Hic codex, ut versus finem legitur, primum fuit Guillielmi Postelli, a quo eum (o cum) Raphelengius accepit. Libro usi sunt cum Scaliger ad Thesaurum linguae Arabicae componendum, tum Raphelengius, cuius Lexicon Arabicum anno 1613 Leydae prodiit. In huius libri praefatione affirmat Raphelengius, hoc glossarium ante annos octigentos descriptum fuisse; sed tan antiquus codex mihi non videtur. Saeculo nono vel octavo aerae vulgaris scriptus videbatur liber duumviris illis Halensibus. Respexit Dozy ad studia, quae plantu maximo ipse excoluit, orientalia, quum adiceret; Longe abest ut tautae utilitatis sit hic liber quantae est glossarium Alcalae. Etenim omnibus fere vocibus Latinis, quae in eo ocurrunt, respondent voces Arabicae notissimae et in nostris lexicis enotatae. Cuius rei indicium penes alios est. lure sua Oehler ad inferiorem Latinitatem cognoscendam lexicon hoce dignum censuit quod typis exprimeretur, neque non perspexit inesse multa ad Linguas de Latina flexas illustrandas facientia. Proxime vero haec spectant Hispanorum linguam Romanicam. Quae quum ita sint, hoc loco quaedam id genus conferre placuit ex apographo utriusque viri docti hausta. Quibus si quis alius ad totius operis editionem, quam ipse non molior, alliciatur, manuscriptis illis Halensibus quoque usurus, et reipublicae literiarae conducibile erit et heredibus Oehleri Arnoldique gratissimum. Scriptum autem est glossarium eum in modum ut Latinis vocabulis per ordinem alphabeticum gigestis versio Arabica apponeretur. Ea, quae, ex prima lexici quasi columna desumpsi, formis insignienda curavi diductis.
inter viros doctos, qui hoc glossario usi sunt, nominandus erat Cangius o *griego ...



Principalmente se ocupa (aunque también trata de las diferencias de formas verbales) de la fonética del Glosario. Ac primum quidem dicendum esse videtur de mutationibus quae sonis Latinis acciderunt.




62. Ensayo histórico etimológico filológico sobre los apellidos castellanos, por D. José Godoy Alcántara, Individuo de número de la Real Academia de la Historia. Obra que obtuvo el premio en
certamen abierto por la Real Academia Española, Madrid, imprenta y estereotipia de M. Rivadeneyra. 1871.

8.° mayor. -280 págs.

Libro de gran utilidad para la historia de nuestra lengua por el caudal inmenso de erudición que contiene y por las observaciones y consecuencias que el autor consigna en estilo claro, propio y elegante. Después de tratar de los nombres propios de personas en general y de cuáles eran los usados por antiguos pueblos, hace la historia del apellido castellano desde los tiempos de la
España romana hasta nuestros días. Después estudia:
1: los apellidos formados con nombres geográficos y con nombres propios de personas.
2: los apellidos inspirados por creencias religiosas y formados con denominaciones de dignidades, cargos y oficios eclesiásticos.
3: los apellidos formados por designaciones de clases privilegiadas, por el blasón y por dignidades, cargos y empleos civiles y militares.
4: los apellidos derivados del estado y condición de las personas, de la edad. parentesco, profesiones y oficios, defectos, cualidades y circunstancias personales, nombres de animales y apodos. Un capítulo acerca de la partícula de antepuesta al apellido, sigue a las partes anteriormente citadas; y concluye el libro estudiando los apellidos extranjeros acomodados en la moderna lengua castellana.

Las listas de nombres, incluidas en el texto, cuyos orígenes etimológicos se indican, son muchas y copiosísimas. Y a éstas hay que adicionar las que el autor ha puesto en las ilustraciones a su Memoria, en las cuales incluye varios documentos apócrifos o de autenticidad contestable del siglo VIII, donde se hallan nombres con apellido patronímico; colecciona porción considerable de ejemplos de doble denominación, según textos de los siglos IX, X, XI, XII y principios del XIII; reproduce interesantísimos y recónditos inventarios de siervos; trata documentalmente de algunas de las causas de mudar el apellido en tiempos pretéritos; estudia (y enumera algunos de ellos, tomados de un catálogo formado por Moreno de Vargas, Regidor perpetuo de
Merida), los apellidos que se suponían de procedencia romana y la latinización de los de la lengua vulgar, e inventaría, en fin, algunos centenares de nombres geográficos usados en España como apellidos.

63. Ensayo histórico, etimológico y filológico sobre los apellidos castellanos, desde el siglo X hasta nuestra edad. Obra premiada en segundo lugar por la Academia Española, en el concurso público
de 1869 y 1870. Su autor D. Ángel de los Ríos y Ríos, Individuo correspondiente de la Academia de la Historia, Abogado, y Diputado provincial de Santander. Madrid, imprenta de Manuel Tello, Isabel la Católica, 23. 1871.

8.° mayor,-259 págs. + 1 de Indice.

El autor emplea el método rigurosamente histórico para desarrollar la materia de su Memoria; después de una noticia o advertencia preliminar sobre la acepción de la voz apellido y sobre la mayor semejanza griega que romana característica de Castilla la Vieja para distinguir a las personas antes del siglo X, y de haber estudiado en capítulos separados los apellidos romances usados desde el siglo X inclusive al XVI y siguientes hasta el actual, resume toda la doctrina expuesta en las palabras siguientes: Los apellidos castellanos se generalizaron hacia el siglo X; pero ya eran conocidos desde tiempo inmemorial los de la clase de apodos, que solían hacer veces de nombre, y
constan desde un siglo o dos antes los patronímicos, de origen griego y estructura latina.

En el siglo XI empezaron los apellidos de señorío, fáciles de confundir con los de naturaleza o vecindad. que también se empiezan a notar entonces, por lo que se debe atender a las personas que los usaban y otras circunstancias, para la debida calificación.

En el siglo XII domina todavía el patronímico; pero en la nobleza suele unirse al apellido señorial y aun al apodo, especialmente entre la clase militar. A fines del mismo siglo empiezan las armas de linaje, trofeos de guerra, peregrinación, señoríos o altos cargos, y casi siempre parlantes o indicantes del señorío y demás cualidades del que las usaba.

Durante el siglo XII se afirma y extiende, con la batalla de las Navas y las reconquistas de Andalucía y Murcia, el predominio castellano, su lengua, costumbres y literatura; únese generalmente al patronímico el apellido señorial, cuando no el apodo, en la nobleza, y el uso de los patronímicos, motes y apellidos de origen o residencia, se extienden a todas las clases. Empiezan las fábulas y exageraciones, por influencia probable del gusto oriental.

El siglo XIV es el punto de partida más seguro, bien para remontar, bien para descender en la historia de los apellidos, por medio de documentos auténticos y especiales que se conservan, como el Libro Becerro y los cuadernos de Cortes. El Nobiliario del Conde D. Pedro no se debe leer sin
mucha precaución y estudios sobre la materia; sus comentadores le han embrollado más. Se naturalizan en Castilla distinguidos linajes portugueses, y castellanos en Portugal, sin que falten de otras partes en menor escala.

Desde el siglo XV suele omitirse el patronímico por los que tenían además apellidos de otra clase, especialmente los nobles. Imitan éstos muchos usos y palabras extranjeras, de Francia especialmente. Crecen las fábulas, y en ellas se notan reminiscencias de las griegas y romanas, sin duda por estudio de los autores clásicos.

El siglo de oro de España es el XVI en todos sentidos, y su huella se conoce hasta hoy, especialmente sobre los apellidos castellanos. Con el establecimiento de libros parroquiales adquirieron fijeza de trasmisión hereditaria, mantenida con pocas excepciones hasta el siglo actual.

1872. 64. Fraternidad de los idiomas y de las letras de Portugal y de Castilla. Estudio escrito por D. Leopoldo Augusto de Cueto, por encargo de la Real Academia Española, y leído en sesión celebrada en honor de S. M, el Emperador del Brasil, D. Pedro de Braganza, y con su asistencia, el 15 de Febrero de 1872. Memorias de la Academia Española, tomo IV: Madrid. 1873, págs. 44-141. Aunque el autor en una nota advierte que escribió su obra en menos de veinte días, plazo que medió entre el encargo de la Academia y la llegada a Madrid de S. M, el Emperador del Brasil, y añade que, por causa de disponer de tan escaso tiempo no le fué posible emplear en su trabajo toda la diligencia y el detenido examen que requiere asunto tan arduo y fecundo, es lo cierto que la lectura de este trabajo revela un estudio profundo y concienzudo de muchas obras poéticas, no comunes, de las literaturas española y lusitana, así como también de ambos idiomas. Relativamente a éstos, el señor Cueto (hoy Marqués de Valmar) estudia la infancia de la lengua portuguesa en sus antiguos monumentos literarios, no tan antiguos ni tan importantes como los del habla de Castilla, fijando en el reinado de D. Alfonso III, yerno de D. Alfonso X el Sabio (esto es, en la segunda mitad del siglo XIII), y en el reinado de su hijo D. Dionís, la aparición de los primeros monumentos literarios auténticos en lengua vulgar. No entra el autor en el examen de la formación respectiva de las dos modernas lenguas ibéricas; pero recuerda y aduce vocablos y autoridades en demostración de que, desde sus principios, la formación del portugués y del castellano es simultánea y análoga, y hace importantes observaciones sobre los orígenes gallegos del portugués y sobre el carácter ya majestuoso y profundo, ya dulce y suave, que en el idioma lusitano y en el de Castilla tomaron las dicciones latinas modificadas.

65. De las novísimas opiniones sobre el origen y carácter de la lengua Castellana. Articulo del Sr. D. Francisco de P. Canalejas, publicado en sus Estudios críticos de filosofía, política y literatura.

Madrid. 1872: págs. 190-237.

Es un estudio crítico de los Discursos de recepción en la Academia Española de D. Pedro Felipe Monlau y D. Severo Catalina, y las contestaciones por D. Juan E. Hartzenbusch y D. Tomás Rodríguez Rubí, en el cual juzga el Sr. Canalejas dichos trabajos conforme a los principios de Klaproth, Saint -Barthelemy, Calmberg y Fauriel, que buscan en el sánscrito la raíz y el
espíritu de la lengua latina. Afirma que ésta es la madre del castellano, y aquél el padre.

66. Loi des finales en espagnol. Por Charles Joret.

En la Romania, primer año, 1872: páginas 444-456.

Comprende el artículo dos partes: la primera sobre las consonantes finales, y la segunda sobre las vocales finales. Parte 1. A). Consonantes que necesariamente desaparecen en castellano: c, m, t. -B). Consonantes que accidentalmente desaparecen: d, l, n, r -C) Consonante que se conserva: s,
-Parte II. A). Vocal que se conserva: a. -B) Vocales que se debilitan: i, u. -C). Vocal que se conserva o debilita: o. -D) Vocal que se conserva o se suprime: e. -El artículo termina con varias observaciones sobre la supresión de la u (o) final en ciertas terminaciones.

67. Storia di alcuni participii nell italiano e in altre lingue romanze. -Por U. A. Canello. En la Rivista di Filología Romanza diretta da L. Manzoni, E. Monaci, E. Stengel. Volume primo. Imola. Tip. d Ignacio Galeati e figlio. Via del Corso, 35. 1872.

4.°-Págs. 9-19.

Por orden alfabético presenta el estudio histórico de una porción de participios (pasados) del latín, respecto del italiano, francés y español.

1873.

68. Quisque et cata en las lenguas romances, por P.M (Paul Meyer).
En la Romania, segundo año, 1873: páginas 80-85.
En este artículo se trata, con la acostumbrada lucidez y método propios de este autor, de las etimologías castellanas de
cada y cada uno.

69. Discurso leído por D. Luis Fernández -Guerra y Orbe en el acto de su recepción pública en la Real Academia Española, el día 13 de Abril de 1873. -Contestado por su señor hermano D. Aureliano. Reimpreso en las Memorias de la Real Academia Española, tomo IV. Madrid. Imprenta de M. Rivadeneyra, 1873.

Págs. 504-593.

Algunas consideraciones sobre la teoría métrica de los romances castellanos, es el tema de estos discursos, en los cuales luce el autor gallardísimo estilo, y trata en sus comienzos de los orígenes de nuestro idioma y de los varios elementos que contribuyeron, con el latín rústico, a su formación. A esta parte del texto corresponden importantes notas en las que se indican algunos de los cambios o permutaciones de las letras en las palabras latinas; se indican los trueques de los casos y de los géneros en los nombres, y la ignorancia de los tiempos del verbo y de las reglas de la sintaxis en dicha lengua, que de tal manera iba engendrando el romance, hasta que al principiar el siglo XIII no tardó éste en salir de la niñez y en arrinconar a su madre latina. A este propósito estudia el
Sr. Fernández-Guerra varios vocablos de nuestros epígrafes de los siglos IV al VIII, y especialmente hace ver la importancia de los nombres de pueblos, sitios y lugares que se leen en los diplomas de este último siglo citado.

1874.

70. Questóes da lingua portugueza, por F. Adolpho Coelho. Primeira parte. Preliminares.
-O Léxico. -O Consonantismo. -Livraria internacional de E. Chardon. Porto et Braga. 1874.

4.° mayor, -XXIII -438 págs.

Este estudio sobre la historia de la lengua portuguesa fué escrito para servir de introducción a un Diccionario de dicho idioma, compuesto por Fr. Domingos Vieira; pero habiéndose interrumpido esta última publicación por causa de las absolutas modificaciones que el autor determinó hacer en
su plan, acordó el Sr. Coelho publicar separadamente su trabajo. Importa advertir esto, para justificar así el plan del libro de que tratamos. Sus preliminares, que constituyen parte muy importante y esencial de la obra, están divididos en siete partes, cuyos títulos son los siguientes:
1: Origem das linguas románicas. 2: A sciencia da linguagem. 3: O archaismo. 4: O neologismo.
5.: Alteraçóes phonicas. 6: Alteraçóes morphicas. 7: Alteraçóes syntácticas. En ellos demuestra el autor profundos conocimientos de gramática general comparada, a la vez que dominio inteligentísimo de la filología romance. También revela gran caudal de erudición y agudo espíritu experimental en los capítulos relativos a las relaciones entre el latín y el portugués y al cambio de significación de las palabras, en los cuales acredita sus observaciones, no sólo con la autoridad de los gramáticos nacionales conocidos, sino también coa muchos textos inéditos y desconocidos procedentes de los archivos del vecino reino. Pero lo más importante es el tratado de la fonética, aunque incompleto, pues le falta el estudio de las vocales y la conclusión del de las consonantes, que comienza en el cap. II. Allí se revela un espíritu verdaderamente científico en el orden con que se trata la materia; porque en vez de estudiar cada consonante latina en sus modificaciones romances, según el lugar que ocupa en la voz originaria, el Sr. Coelho examina primero las consonantes iniciales, medias y finales en contacto inmediato con las vocales; luego los grupos de
consonantes, y, por último, las consonantes finales, aisladas o agrupadas. Las reglas están comprobadas con abundantes ejemplos que aprovecharán mucho, aun a aquéllos para quienes sea familiar la Gramática de Federico Díez.

Verdad es que el Sr. Coelho ha olvidado en los preliminares señalar los extensos dominios geográficos del portugués y de sus dialectos; exponer en detalle los elementos constitutivos de esta lengua, y, tal vez, concluir con una reseña histórica de las doctrinas gramaticales en Portugal desde el siglo, XV hasta nuestros días; pero estas omisiones, excusables por el destino que su trabajo
tenía, en nada hacen depreciar el mérito indudable de la obra, y el provecho que de ella puede sacarse para la historia del idioma castellano. Ignoro si el Sr. Coelho ha hecho el estudio de la flexión, de la formación de la palabra y de la sintaxis portuguesas. Si tal empresa ha llevado a cabo y con igual brillantez que el estudio de la fonética, bien podemos afirmar que, cuando se publique, tendrá el portugués, antes que ninguna otra lengua romance, la mejor y más completa Gramática histórica que hasta el día se habrá compuesto.

71. Du C dans les langues romanes, par Ch. Joret, ancien élève de lEcole des Hautes Etudes, professeur agrégé au lycée Charlemagne (seizième fascicule de la Bibliothèque de lEcole des Hautes Etudes). Paris, Franck, 1874.

4.°-XX -344 págs.

Este libro, consagrado solamente a la historia de una sola letra latina en las lenguas romances, es uno de los estudios más útiles y profundos de la moderna filología comparada. El autor ha dividido la materia en cuatro partes, tratando en la primera de la c delante de a, o, u, c, por él llamada,
velaire, porque para pronunciarla se apoya la lengua mucho más cerca del velo del paladar que
para pronunciar la misma letra delante de las otras vocales; en la segunda parte de la c paladial (palatal) o c delante de e, i; en la tercera de la c velaire considerada en ciertos idiomas y en ciertos casos como c paladial; en la cuarta de la c formando grupo con consonantes. A estas cuatro partes precede una introducción, en donde se expone, según los últimos trabajos de Brücke. Helmholtz, Raumer y otros, la teoría fisiológica de las consonantes indo-europeas, trazándose después rápidamente la historia de las guturales latinas h, que, k (c), g, ch.

Los hechos por primera vez esclarecidos abundan en este libro, así como también porción de nuevas observaciones críticas. He aquí cómo el autor sé expresa relativamente a las novedades que contiene su obra:

Les transformations génerales du c velaire en g et en
jot, étaient assez bien connues; mais on avait à peine abordé ses changements successifs en la série c, c, s; ts, s, y, 0 ò ou f, S et v, dont plusieurs méme étaient completement ignorés. Que de lacunes aussi présentait lhistoire des transformations du c palatal. Le point de départ en était controversé, sa double modification en spirantes sourdes et sonores à peine entrevue, et la naissance du son 0 et ò considérée comme ancienne, alors quelle est essentiellement moderne. On navait pas non plus rattaché à une méme cause des transformations du c velaire et du c palatal en chuintantes et en spirantes dentales, ce qui permet den expliquer si facilement la filiation... On trouvera peut-étre aussi que j ai jeté quelque lumière sur la naissance tardive et si extraordinaire de la spirante gutturale en espagnol. Quant aux deux dialectes, le picard et le normand. dans lesquels jai cru devoir, comme completement naturel, si non nécessaire, de ces recherches, étudier le traitement des gutturales, si les caracteres du premier étaient connus, ceux du second avaient été à peine soupçonnés.

Por estas palabras podrá suponerse el caudal experimental y crítico con que el Sr. Joret ha enriquecido la filología romance, y con que ha contribuido a la resolución de los problemas históricos relativos a la c en la lengua castellana y en sus dialectos.

1875.

72. Les Composés qui contiènnent un verbe à un mode personnel, en latín, en français, en italien et en espagnol, par Louis -Francis Meunier, ouvrage qui a partagé le prix de linguistique au concours Volney, en 1873. Paris, 1875.
Precede a este libro un preliminar escrito por M. Egger, en el cual manifiesta que, habiendo fallecido el autor en marzo de 1874, se encargó M. Arsène Darmesteter de publicar y corregir el libro. Está éste dividido en tres partes; tiene la primera el epígrafe siguiente: Histoire et classification des composés latins et français qui contiènnent un verbe à un mode personnel; la segunda, Histoire et classification des composés français, italiens et espagnols, qui contiènnent
un verbe à un mode personnel, y la tercera, menos extensa que las anteriores, contiene Observations diverses y un Appendice, en donde el autor acomete la empresa de refutar de un modo incompleto, aunque con muy estimables objeciones, la opinión de Federico Díez relativa a la existencia de un imperativo en el primer término de los compuestos verbales.

Las autoridades y los ejemplos, así antiguos como modernos, citados en este libro, son abundantísimos. El autor sigue el orden cronológico. Los que acreditan las observaciones y principios consignados en la segunda parte, que es la que a nosotros nos interesa, están tomados de los Diccionarios franceses, italianos y españoles contemporáneos.

73. Romanische Wortschoepfung, von Friedrich Díez. Bonn, Weber, 1875.

8.°-vi -98 págs.

El autor nada dice de nuevo en este trabajo que ya no haya consignado en su Gramática: no ofrece hechos peregrinos, ni propone leyes desconocidas; pero investiga detalladamente la historia latino-romance de los sustantivos concretos que sirven para designar las cosas más necesarias a la vida.
Hace un inventario de este género de palabras, el cual compara con aquellos glosarios de la Edad Media llamados Nominalia, donde las voces están dispuestas por clases; y, conforme con ellos, establece en su opúsculo esta clasificación: Dios, Señor -Universo, Estaciones, Horas, Fenómenos naturales. -Superficie del Sol. - Hombre. -Cuerpo del hombre. -Alma del hombre. -Edades.
-Parientes, Familia. -Animales (Mamíferos, Pájaros, Anfibios, Peces, Insectos). -Plantas (árboles, Frutas, Flores). -Minerales. -Jardinería. -Agricultura. -Navegación. -Guerra, Combate. -Ejercito, Guerreros. -Armadura del guerrero. -Armadura del caballo. -Oficios. -Arte y Ciencia, -Ciudad.
-Iglesia. -Casa -Interior. -Mobiliario. -Vestidos. -Alimentación y Bebidas. -Utensilios de mesa. -En cada una de estas categorías el autor enumera primeramente las voces latinas que sirven para expresarlas; después indica las que se han perdido en las lenguas romances, las que se han conservado, las que han cambiado de sentido y las palabras extranjeras que han venido a reparar las pérdidas o a llenar las lagunas del vocabulario latino.

Este opúsculo, escrito por Díez a los ochenta años con toda la frescura de imaginación, claridad de pensamiento y vigor y concisión de estilo de su edad más florida, tiene, según podrá suponerse por lo indicado, gran interés histórico, filosófico y gramatical en general, y particularmente con relación a la lengua castellana.

74. X espagnole, E et O toscans. Par L. Havet.

Artículo publicado en la Romania, 4e année, 1875: pág. 461.

M. Joret (Du C dans les langues romanes, pág. 213 ss.) ha demostrado que la x tenía en el español del siglo XVI el valor de nuestra ch (la francesa) (Quixote = Quichote). A los documentos que cita podría añadirse el siguiente pasaje del *g, de Angelus Caninius (Parisiis MDLV. pág 45):
E AEolice resoluitur in *g Vt Latine, ascia, Exeo, Etrusce esco, Exuccus sciocco, Exanguratus sciagurato, Exalbidus scialbo. Hispani X pronunciant vt sc. Exemplo, Xabon, ut si scriberetur escemplo, sciabon. El sonido que Caninius atribuye al grupo sc es el de este grupo en su dialecto natal el
toscano, esto es, el sonido de la ch francesa.

75. Traité de la formation des mots composés dans la langue française comparée aux autres langues romanes et au latin, par Arsène Darmesteter, repetiteur de langues romanes à l´école pratique des
hautes études. Paris, 1875.

Esta notable obra, que constituye el décimo tomo de la Colección filológica publicada bajo los auspicios del Ministerio de Instrucción pública de Francia, es muy necesaria a quien consagre sus vigilias al estudio de la Gramática histórica castellana. La gran autoridad del autor y la manera como estudia el asunto, lo justifican. Porque las leyes que rigen la lengua francesa en este
particular, y de que se habla en las consideraciones generales, o sea en el capítulo primero, presiden de igual modo la formación de los compuestos castellanos; porque el ajustado y perfecto estudio de las partículas latinas que en el libro se estudian, ya sean preposicionales o cuantitativas, ya cualificativas o negativas, es útilísimo para nuestra lengua, donde abundan más, si cabe, las voces compuestas, ya con dichos elementos ú otros distintos, ya por yuxtaposición en modos diversos abundantísimos; y porque, finalmente, trata el autor en particular de las palabras de esta clase tomadas del español por el francés, y sírvese de más de 150 compuestos castellanos, los cuales dilucida o aprovecha para autorizar sus preciosas observaciones.

76. Die Verschiebung Lateinischer Tempora in den romanischen Sprachen. Von Karl Foth. Publicado en los Romanische Studien Herausgegeben von Eduard Boehmer. Zweiter Band. 1875-77. -Strassburg, K. F. Trübner,

4.°-Págs, 243-335.

Estudio histórico de la flexión del verbo latino-romance, en el que se mantienen, respecto del castellano, con muchos ejemplos y observaciones, las conclusiones de Díez. El autor ha dividido su trabajo en las partes siguientes:

A. Die Thatsachen der Tempusverschiebung. -I. Das lateinische Plusquamperfect des Conjunctiv. -II. Das Plusquamperfect des Indicativ. -a) Das Plusquamperfect des Indicativ als rein praeteritales Tempus. -b) Das Plusquamperfectum des Indicativ als Conditionale. -III. Romanische Zeitformen bisher unsicherer Abstammung. -I. Das bedingende Futur in Spanischen Portugiesischen und Walachischen . -2. Das neuprovenzalische Perfect. -3. Der Infinitiv im Italiänischen statt des Verbum finitum gebraucht. -4. Das Imperfectum des Conjunctivs in der logudorischen Mundart des sardischen Dialects. -5. Das Perfectum des Indicativs in der legudorischen Mundart des Sardischen. -B. Die Ursachen der Tempus verchiebung.

1876.

77. De las lenguas germánicas y de su influencia en la formación de la española. Discurso del Excmo. Sr. D. Agustín Pascual, leído en junta pública de la Real Academia Española el día 30 de
Abril de 1876. -Memorias de la Academia Española, tomo V. Madrid. 1885.

4.°-Págs. 504-647.

Con la venida de los vándalos y godos, dice Aldrete, como se mudó el Imperio, también la lengua, pero no del todo, sacando de ella la vulgar que usamos, variándose con los tiempos. El Sr. Pascual acepta y apoya con nuevas razones esta afirmación del filólogo español del siglo XVI, y de ella hace su punto de partida. Indica luego, sin olvidar la historia y dominios geográficos, los diversos pueblos cuyos idiomas dice el autor que han influido, ya directa, ya indirectamente, en la formación de la española, y cuyo resultado presenta la fonética comparada: el godo, el alano, el vándalo, el suevo (la lengua del
das, el antiguo y el medio alto alemán), el bávaro, el frisón, el sajón (bajo alemán), el anglo-sajón, el neerlandés, el actual holandés, el flamenco, el antiguo escandinavo y otros menos importantes.

Novecientas treinta palabras radicales dice este Académico que debemos los latinos a los germanos; unas trescientas, añade, constituyen el acervo común; y Francia, que por la situación y la resistencia fué la que más se germanizó, cuenta con cuatrocientas cincuenta voces propias y exclusivas; Italia tiene ciento cuarenta; la Banda occidental unas cincuenta, y Valaquia es la más pobre del grupo. Las palabras germánicas se aclimataron perfectamente en el suelo latino, y muchas llegaron hasta naturalizarse, tomando parte activa en las derivaciones.

El Sr. Pascual estudia también la influencia germánica en los nombres, pronombres, verbos y sintaxis del castellano, concluyendo que los germanos, al destruir el patriciado, favorecieron el desarrollo del latín popular, y al contribuir a la creación de la Edad Media, el período del individualismo, propagaron por el área románica los nombres de las nuevas instituciones.

Pero lo más importante del trabajo de este Académico es el apéndice que ilustra su discurso. Dicho apéndice es un completo tratado de Fonética castellana en sus relaciones con el elemento germánico: en él colecciona caudal importantísimo de voces castellanas de aquella procedencia, con las cuales comprueba las observaciones particulares consignadas acerca de las vocales y diptongos y de las consonantes en sus diversos grupos de guturales, dentales y labiales.

Al discurso del Sr. Pascual contestó Don Francisco de Paula Canalejas haciendo interesantes observaciones, con motivo de las proposiciones emitidas por el recipiendario; siendo de las más importantes las relativas al modo como ha llegado a ingerirse en nuestro léxico el caudal de voces germánicas que poseemos, Gran número de esas palabras que ahora se inventarían corno de
procedencia germánica, lo son, en efecto, exclamaba el Sr. Canalejas; pero llegaron a Castilla por el provenzal, por el francés, por el catalán, en cuyas lenguas se encuentran asimismo. Cada lengua posee procedimientos propios en materia de derivación; y si la transformación que ha sufrido la palabra germánica se encuentra en consonancia con el modo habitual de derivación de las
lenguas habladas en Francia, más que con los modos predilectos del pueblo español, puede asegurarse que vino a España después de haber sufrido la transformación francesa o provenzal.

1877.

78. Colubra en romance. Por L. Havet.

En la Romania, año 6.°, 1877: páginas 433-436.

Notable artículo de Gramática histórica sobre dicho vocablo latino correspondiente al castellano culebra. Las observaciones prosódicas en él consignadas revelan, sobre todo, la clara inteligencia del autor y su agudo ingenio filológico.

79. Les noms propres latins en -ittus -itta et les diminutifs romans en -ett. Por J. Cornu.

Artículo publicado en les Mélanges de la Romania, 6e année, 1877: pág. 247.

El autor no opina, con Díez y Pott, que este sufijo es de origen alemán; sino que, basado en los estudios de Otto Jahn (Hermes, III, págs. 190-191) y José Klein (Kosenamen auf ITTA, Rhinisches Museum für Philologie, N. F, Bd. 31 (1876), pág. 297-300), afirma que los nombres que tienen
aquella terminación (tan abundantes en nuestra lengua y en la italiana) se han formado, según el bajo latín popular, de -ittus -itta. El cual ofrece en manuscritos e inscripciones muchos nombres propios de mujer, como Attitta, Bonitta, Caritta, Favitta, Frunitta, Gallitta, Julitta, Livitta, Lucitta,
Nonnitta, Pollitta, Pusitta, Senecitta, Snavitta, Vilitta, de donde ha pasado a nuestros sustantivos y adjetivos.

1878.

80. Studien zur romanischen Wortschöpfung. Von C. Micha
elis. Leipzig, 1878.

La Sra. Carolina Michaelis de Vasconcellos, autora de este notable libro, no se limita a aumentar los trabajos publicados por Brachet y Coelho sobre dobles y divergentes formas francesas y portuguesas respectivamente, sino que, además de un profundo estudio de la lengua castellana, pone de manifiesto dichas formas en nuestro idioma, tratando de demostrar la riqueza de nuestra lengua por estos medios acrecentada.

No obstante que, a veces, los juicios y proposiciones de la Sra. Michaelis son arbitrarios, por carecer de testimonios o pruebas, nada amengua esto el gran mérito del libro, ni la utilidad que su estudio puede proporcionar a todo aquél que desee inquirir los misterios de la formación de las voces castellanas.

Ignoramos si esta ilustre filóloga ha publicado ya el Diccionario etimológico que anunció en la pág. 96 de este libro. Será, sin duda, nueva muestra de su erudición y sagacidad de ingenio.

1880.

81. Eludes de phonologie espagnole et portugaise. Por Julio Cornu.

Fechados en Praga, noviembre de 1879, y publicados en la Romania, 9.° año, 1880: páginas 71-98.

En ellos se ocupa el autor de los vocablos grey, ley y rey, disílabos en los poemas de Apolonio y Alejandro, de los cuales entresaca e inventaría más de ochocientos ejemplos: después trata de la tercera persona del plural; del perfecto en -
ioron, en el poema de Alejandro, presentando muchos ejemplos que clasifica de este modo: a) Perfectos llamados fuertes de la segunda, tercera y
cuarta conjugación, b) Perfectos llamados débiles de la segunda y tercera conjugación.
c) Perfectos de la cuarta. A continuación estudia la enclítica
nos en el Poema del Cid, ya modificada por una metátesis aparente de la n, ya conservada en la segunda persona plural del imperfecto; y, por último, expone algunas observaciones históricas sobre la terminación arcaica -tume ( = tudinem).

82. Spanische Sprachlehre, von P. Foerster. Berlín, Weidmann, 1880.

4.° -XVI -447 págs.

Este filólogo alemán, fundado en las obras de Federico Díez y de la Sra. Michaelis de Vasconcellos, ha escrito esta Gramática científica de nuestro idioma, conforme a un plan nuevo y con abundantes noticias originales.
Vid. pág. 459 de la Zeitschrift für romanische philologie, 1882, VI Band. 2/3 fasc. donde se leerá un artículo crítico del señor Baist sobre este libro.

1881.

83. Die Cantes flamencos. Von Dr. Hugo Schuchardt.

Preciosos estudios publicados en la Zeitshrift für Rom. phil. tomo V, núms. 2 y 3, y en la Romania, tomo X, pág. 458; en los que se estudia con mucha profundidad el origen, carácter y forma de las canciones andaluzas, y expone con amenidad los rasgos principales y peculiares de esta provincial manera del castellano.

84. J espagnol = J portugais. Por J. Cornu.

En la Miscelánea de la Romania, año X, 1881: págs. 588-589.

El autor intenta probar su proposición con textos de Gil Vicente y de Camöens.

85. Oración inaugural del año académico de 1881 a 1882 leída en la Universidad de Barcelona por el Dr. D. José Balari y Jovany, Catedrático de la Facultad de Filosofía y Letras. Barcelona, imprenta de Jaime Jepús... 1881.

Fol. -33 págs. -Tema: Algunas consideraciones sobre la formación del romance castellano, precedidas de un sucinto estudio bibliográfico de los trabajos que versan sobre el mismo asunto.

86. Apuntes sobre el estado de la lengua castellana en el siglo XIII, por D. Andrés Bello.

Es el apéndice primero a la edición y estudio del Poema del Cid, publicado por primera vez, por el Gobierno chileno, en el volumen II de la colección de las Obras completas de Don Andrés Bello: Santiago de Chile, impreso por Pedro G. Ramírez, 1881: págs. 305-329.

Constituyen este apéndice una colección de notas divididas en dos partes, que tratan respectivamente del valor de las letras y de las afecciones gramaticales de la lengua. Entre las varias observaciones que en la primera de dichas partes se incluyen, son de notar las referentes a la gutural castellana J, cuyo sonido representaban los antiguos por i (iogar, oios, pronunciábanse jogar, ojos),
y a la acentuación de varias palabras que en los siglos medios se acercaba más a la del idioma latino: Díos, vío, fúe, reína, de Deus, vidit, fuit, regina.

En la segunda parte, entre otras muchas cosas relativas a la flexión, trata el autor de la libertad de que los antiguos usaban en la colocación de los casos oblicuos de los pronombres; estudia con novedad el verdadero significado del oblicuo ge ( = illi o ei); indica acertadamente los relativos que se empleaban en la Edad Media y las palabras y frases que los gramáticos suelen clasificar entre los pronombres; y expone, en fin, con gran claridad, aunque brevemente, las particularidades de la conjugación de los verbos en los siglos medios, y en especial las referentes al verbo sustantivo.

En suma, los Apuntes con que ilustró D. Andrés Bello el Poema del Cid puede decirse que constituyen un epítome de la Gramática de aquel monumento literario; y son tanto más estimables y dignos de atención en la historia de la filología castellana, cuanto que fueron escritos dichos apuntes en el año de 1854, poco más o menos, con el objeto de publicarlos como una monografía.

En el prólogo puesto por el Sr. Bello hállanse también muchas observaciones de Gramática histórica castellana relativas especialmente a la flexión del verbo, que el autor aduce con motivo de fijar la fecha en que él cree se compuso el Poema del Cid, que dice no debió ser muchos años después
del 1200.








1882

87. Souhaits de bienvenue adressés a Ferdinand le Catholique par un poète barcelonais, en 1473. Estudio de crítica histórica y filológica, por D. Alfredo Morel-Fatio.
https://www.persee.fr/doc/roma_0035-8029_1882_num_11_42_6213 (varias páginas escaneadas).

Publicado en la Romania, núms. 43, (Julio 1882), y 61, (Enero 1887), tomos XI y XVI: páginas 333 -356 y 92 -97 respectivamente.

El poema consta de 225 versos, y su autor revela que no estaba acostumbrado a escribir en puro castellano, a pesar del esfuerzo que hizo para saludar en esta lengua al monarca aragonés. Abundan en él, por consiguiente, las palabras y giros extraños, y así es su estudio de gran utilidad para la historia de nuestra lengua.

En el análisis hecho por el Sr. Morel -Fatio trata primero de las modificaciones fónicas, siendo de notarse las siguientes:

a átona por e. -Ejemplos: bozas, enamigos = voces, enemigos.
e por a. -Ej.: egenos = agenos (
ajenos).
e final átona por o. -Ej.: testes, viente = testo, viento.
u átona por o. -Ej.: queus (queos) = que vos; suspecha, bufetadas (
chapurriau bufetada, bufetades) -sospecha, bofetadas.
ie por e. -Ej.: presidiente = presídente.
ue por o. -Ej.: puenga = ponga.
c inicial por g. -Ej.: critos, colpes = gritos, golpes =
chapurriau crits, cops.
T final por D. -Ej.: virtut, grant = virtud, grand.
s por ç, y. -Ej.: verguensa, punision = verguença (
vergüenza), punizion (punición, castigo).
tz por c. -Ej.: suitzia = sucia.

Después se ocupa el crítico francés de las modificaciones gráficas; y es de advertir que en el poema se pone la h entre dos vocales para indicar el hiato.

Estas particularidades las hace en parte propias Morel-Fatio, con muy buen acuerdo, del dialecto aragonés; porque, efectivamente, la lengua antigua aragonesa, así mencionada desde principios del siglo XV (Véase Colección de documentos inéditos del Archivo de Aragón, tomo I, pág. 103), sustituía los diptongos ie y ue por e y o; la d final por t; la ç o y por s; la ñ y ch por ny, tx y x, y pronunciaba nt, rt, y no nte, rte, como los castellanos.

No faltan tampoco formas catalanas en este pequeño poema; pero, a nuestro juicio, puede considerarse principalmente como un ejemplo precioso del lenguaje aragonés.

1883.

88. Friedrich Díez ´ Kleinere Arbeiten und Recensionen herausgegeben von Hermann Breymann, München und Leipzig, Oldenbourg, 1883.

8.°-XVI -352 págs.

Es una colección de 24 artículos críticos publicados por el gran romancista en los Heidelberger Jahrbücher der Literatur, la Jenaische Algemeine Literatur -zeitung, los Jahrbücher für wissenschaftliche Kritik, la Zeitschrift für deutsches Alterthum, la Zeitschrift für die Wissenschaft der Sprache y el Jahrbuch für romanische und englische Literatur.
Además, se incluye el discurso latino que pronunció Díez al tomar posesión de su cátedra de filología de Bonn, año de 1831: Antiquissima Germanica poeseos vestigia, y varias poesías.

Nada hay en verdad en estos artículos que ya el autor no haya dicho e incluido en sus grandes obras; pero, sin embargo, se leerán observaciones muy interesantes sobre varios puntos de la historia y de la literatura española e italiana, y un breve, pero curioso estudio, sobre las formas de doble sentido en las lenguas romances, incluso el castellano, al cual se ha remitido en su Gramática, mas sin incluirlo todo entero.

Un retrato de Díez embellece esta edición, que los admiradores de aquel sabio no podrán menos de agradecer al señor Breymann.

1884.

89. Die germanischen Elemente in der franzosischen und provenzalischen Sprache. von E. Mackel, 1884.

Este libro notabilísimo es el complemento necesario del de Goldschmidt, Zur Kritik der Altgermanischen Elemente in Spanischen.Von Moritz Goldschmidt. Lingen, 1887.
-8.° -61 págs. Disertación de Bonn.

90. ¿Cómo pronunciaba Cervantes el nombre de D. Quijote? por Fr. Conrado Muiños Sáenz, agustino.

Artículos publicados en la Revista agustiniana, vol. VII, núm. III, pág. 199, y volumen VIII, núm. VI, pág. 489, en los cuales prueba el autor, con la autoridad de muchos textos y con poderosa lógica, que Cervantes no pronunciaba, según afirmó D. Pedro Felipe Monlau, el nombre Quixote como lo pronuncian hoy los franceses, aunque sin hacer muda la e final, sino que lo pronunciaba lo mismo que nosotros lo hacemos hoy es decir, dando a la x un sonido gutural fuerte.

91. Encyklopaedie und methodologie der Romanischen Philologie... von Gustav Korting. Heilbronn, 1884.

3 vols. y I de índices.

El estudio del castellano se lee en el tomo II, págs. 501-564 (desde la 539 es bibliografía). -Precede a este estudio el del dialecto catalán, desde la pág. 479.

1885.

92. Der Ubergang von st zu y mi Spanischen. Artículo por G. Baist en la Miscelánea de la Zeitschrift für Romanische Philologie. 1885, IX t. Halle, 1886.

Págs. 146-149.



Acipado, estibado (stipatus); cerrión (stírio); trance (transitus); engazar, engarzar, engastar, encastar (incastare, it.); escarzar (excastrare), biznaga (pastinaca); broza, bruza (brosse, franc); gozo (gustus); sazón (statione), mozo (mustus)...

1886.

93. Recherches sur la conjugaison espagnole au XIII et XIV siécle. -Estudio publicado por J. Cornu en la Miscellanea di Filología e Linguistica, publicada, en varias lenguas, por reputados romancistas europeos, en Florencia, año de 1886, para honrar la memoria de Napoleón Caix y Ugo Angelo Canello.

Fol. -Págs. 217-229.

Con la autoridad de los textos castellanos, ya conocidos de aquellos siglos, reconstituye la teoría gramatical del verbo en lo relativo a su conjugación, comenzando por tratar del futuro imperfecto de indicativo y del imperfecto de subjuntivo en los verbos terminados en er y en los en ir; atribuye a los copiantes todas aquellas formas no sincopadas; hace alguna ligera observación sobre la sintaxis del infinitivo y del auxiliar, y termina presentando un cuadro de las conjugaciones en castellano antiguo, ejemplificadas en los verbos cantar, vender y partir.

94. Della lingua spagnuola e della poesia dal secolo XII al XVI inclusivamente. Por Marco Antonio Cancini. Venezia, 1886.

95. Contributions to spanish grammar. -Articulo por el profesor de Charleston, Henry R. Lang, publicado en la revista norteamericana de Baltimore; Modern Laiiguage Notes: Mayo 1886.
Vol. 1: núm. 5.

Trata del pronombre demostrativo usado antiguamente en sentido distributivo y del pronombre indefinido reemplazado por sustantivos en el castellano de la Edad Media, de cuya época aduce muchos textos.

96. Estudios filológicos de la lengua española, por D. Vicente Tinajero Martínez. Madrid. tip. de El Correo, 1886.

Estudia el autor en este libro muchos puntos de Gramática histórica castellana; pero sin método alguno y revelando que carece de la preparación necesaria a los difíciles problemas que intenta acometer. Trata también del arcaísmo y del neologismo, de la etimología, del uso y de otras diversas materias lingüísticas.

97. Ricerche sui pronomi personali e possessivi neo-latini, di F. dOvidio. -Publicado en el Archivio glottologico italiano, diretto da G. J. Ascoli. Volume nono. Roma, Toscane, Florenze, Ermanno Loescher.

4.°-25-101 págs.

Estudio de Gramática histórica sobre dicha parte de la oración, que acredita al señor dOvidio de filólogo consumado. En él amplía notablemente las conclusiones de Federico Díez con gran copia de erudición y con observaciones preciosísimas.



He aquí el sumario: Esordio. -
I. I rifles -si di ego.
II. Le vocali in iato; in ispecie quelle di eo, meus, tuus, etc.
III. I riflessi enfatici di me e mihi, te e tibi, etc.
IV. I riflessi atonici di me e mihi, etc. -V, egli = ille.

98. Gramática histórica de las lenguas castellana y catalana. Estudio hecho por D. Ignacio Farré y Carrió, Licenciado en Filosofía y Letras, Profesor de Gramática y Filología catalanas en el Centre
Catalá (con á aparece en el original), etc. Barcelona. Est. tip. -lit. Celestino Verdaguer... 1884.

4.°-X-II-175 pág.
Port. - Ded. - Pról. - Texto. -Ilustraciones. -Bibliografía. - Indice.

Tiene razón el autor en decir en el prólogo de su obra que es la primera de tal naturaleza que ve la luz en España. En los preliminares, que dedica a discurrir sobre el concepto bajo el cual puede historiarse una lengua, sobre la formación de los idiomas neo-latinos en general, y en particular sobre el castellano y el catalán, demuestra ya el Sr. Farré que ha estudiado las obras de Bopp, Bréal, Brachet, Egger, Max Müller y otros insignes maestros de filología comparada. Trata la primera parte, de la Fonética, empezando por la ortología latina, de cuyo conocimiento deduce la formación de los sonidos castellanos, sin desconocer la influencia que en ellos les ha cabido también al griego y al árabe. Se ocupa después de la formación de las palabras (aunque el capítulo no debiera constituir parte, propiamente hablando, de la Gramática) y de cada uno de los sonidos aislados del castellano y del catalán y de su carácter especial, concluyendo por tratar brevemente de la prosodia y del acento. La Ortografía, o sea la palabra sensible, es la materia de la parte segunda: en ella se hace la historia de cada una de las letras, se juzga la primitiva ortografía y se asientan reglas para la moderna, dando gran importancia al principio etimológico. Está dedicada la tercera parte a la Analogía, o sea a la palabra considerada en sus funciones, en donde es muy estimable el estudio de los verbos, autorizado frecuentemente con la autoridad de Nebrija. Varios documentos de los siglos IX, X y XI, con un artículo sobre la pureza de las palabras, constituyen las ilustraciones. Y termina con una Bibliografía de las obras que el autor ha tenido presentes para la composición de su libro, siendo muy de notar que en ella no cite el Sr. Farré la más importante en estas materias: la obra memorable de Federico Díez, el patriarca de la filología romance.

1886-1887.

99. Antigüedad de las guturales castellanas, por Fr. Conrado Muiños Sáenz, agustino.

Siete artículos dirigidos al Sr. D. Aureliano Fernández-Guerra y Orbe, y publicados en la
Revista agustiniana, volúmenes XII, núm. IV págs. 301-308; XII, núm. V, págs. 428-433;
XIII, núm. I, págs. 10-18; XIV, núm. X, páginas 669-681.

Con gran competencia, erudición y acierto, expone el autor de estos artículos, por cuenta propia, la teoría de que las guturales castellanas no se originaron, como dice y defiende el Sr. Monlau, en el siglo XVI, que afirma haber introducido dichos sonidos la corte alemana de Carlos V, ni provinieronde influencias judaicas o arábigas, sino de que el sonido gutural es tan antiguo como la
lengua castellana.

Todas las aseveraciones y juicios emitidos por el sagaz filólogo agustino están acreditados por muchísimos textos, lo cual acrecienta la autoridad de tan útil trabajo para la historia de la fonética castellana.
100. Grundiss der romanischen philologie, unter Mitwirkung von fünfundzwangig Fachgenossen, herausgegeben von Gustav Groeber. Strassbourg, Trubner, 1886.

4.°-XII + 853 págs. + 3 mapas.

Esta publicación, indispensable a todo el que se dedique al estudio histórico de nuestra lengua, completa la Encyclopeadie de Koerting y es prueba de la gran ilustración filológica del Sr. Groeber y del florecimiento en que estos estudios se hallan en Alemania. El ilustre Profesor de Strasbourg se haservido para la realización de su obra de veintiséis hombres ilustres (no veinticuatro, como dice el título), cuyos nombres solamente son garantía de la brillantez con que han tratado las materias que les han sido encomendadas. Son los siguientes: Baist (lengua y literatura española), Bartsch (literatura provenzal), Braga (literatura portuguesa), Cornu (lengua portuguesa), Decurtins (literatura reto-romana), Deecke (antiguos idiomas de Italia), Gartner (lengua retoromana), Gaster (literatura rumana), Gerland (Ibérico), Jacobsthal (música de los pueblos romanos), Janischek (artes plásticas de los pueblos romanos), Kluge (elemento germánico), W. Meyer (el latín y las lenguas romanas), Morel-Fatio (lengua catalana), dOvidio (lengua italiana), Scheffer-Boichorst (historia de los pueblos romanos), Schuchardt (criollo), Schultz (historia de la civilización de los pueblos romanos), Schum (fuentes escritas), Seybold (elemento árabe), Stengel (métrica y estilística romanas), Suchier (lengua francesa, lengua provenzal), Tiktin (lengua rumana), Tobler (método de
la investigación filológica), Torraca (literatura italiana), Windisch (elemento céltico).
A estos trabajos hay que añadir los que el Sr. Groeber se ha reservado para sí, son a saber: historia de la filología romance, fin y división de la filología romance, fuentes orales, método del estudio lingüístico, clasificación e historia externa de las lenguas romances, literatura latina, literatura provenzal.

Comienza la obra por los cuatro primeros artículos entre los citados del Sr. Groeber, en los que, sobre todo, con claridad, imparcialidad y precisión, expone los esfuerzos hechos por la moderna filología romance y la luz que ha aportado a la historia con sus admirables investigaciones, ün artículo de M. Schum sobre las fuentes escritas de la filología romance, y otro del Sr. Tobler sobre el método y la crítica en la investigación filológica aplicada a la lengua romance, constituyen esta primera parte del libro, que, a pesar de su aridez y del carácter abstracto peculiar de la naturaleza de dichos artículos, es de gran valor y aprovechamiento para todo el que se dedica al estudio de
cualquiera dé las lenguas neo-latinas. A estos estudios generales sigue la Exposición de la filología romance.

A. -Las lenguas prerromanas. -1. Lengua céltica, por Windisch (págs. 283-311). El autor expone cuanto se ha dicho hasta el día sobre esta materia, sin añadir nada por cuenta propia; pero demuestra excelente juicio, a la vez que severa crítica, al estudiar muchas supuestas etimologías célticas.
2. Los Bascos y los Iberos, por G. Gerland (páginas 3 1 1-335). Aquí están también condensados y apreciados los resultados de las últimas investigaciones, notándose asimismo lo relativo a la posible influencia ejercida sobre el español por el ibero, si bien no es, por desgracia, esta parte la más profunda del trabajo. -
3. Lenguas itálicas, por W. Deecke...
4. La lengua latina en los países romanos, por W. Meyer (págs. 351-382). Puede decirse que es una Gramática del latín vulgar, trabajo admirable por primera vez llevado a cabo.
5. Romanos y Germanos en su acción recíproca los unos sobre los otros, por F. Kluge. Estudio concienzudo, pero que demuestra lo poco que ha adelantado la filología en esta parte.
6. La lengua árabe en los países romanos, por Chr. Seybold (páginas. 398-405). Estimable trabajo, pero que no aporta nada nuevo en lo que se refiere a la parte castellana.
7. Los elementos latinos del rumano, por M. Gaster...
B. -Las lenguas romances. -1. Su división y su historia externa, por G. Groeber (páginas 415-437). -2. La lengua rumana, por A. Tiktin. -3. Dialectos reto-romanos, por Th. Gartner. -4. La lengua italiana, por Fr. dOvidio y W. Meyer. -La lengua francesa, el provenzal y sus dialectos, por Suchier. -El catalán, por Morel-Fatio. -El castellano, por Baist (págs. 689-715). -El portugués, por Cornu. -Todos estos trabajos, enteramente originales y hechos sobre la directa y atenta observación de las lenguas neo-latinas, se completan mutuamente, mediante la comparación necesaria al estudio
preferente de cualquiera de dichos idiomas. -El Sr. Meyer ha añadido un admirable opúsculo sobre el elemento latino en el albanés.

Un registro alfabético de vocablos, materias y nombres propios de personas termina este primer volumen del Grundiss de Groeber; siendo de advertir que el segundo, que se está preparando, se consagrará a la historia de las literaturas romanas y a las ciencias accesorias.

1887.

101. Mélanges Renier. Recueil de travaux publiés par l´Ecole pratique des hautes études (section des sciences historiques et philologiques) en memoire de son president Leon Renier. Paris, Wieweg, 1887.

8.°-Lx -468 págs.

Hay un trabajo de gran penetración filológica muy aprovechable para la Gramática histórica castellana, sobre el demostrativo ille y el relativo qui en las lenguas romances, por Arsenio Darmesteter. (Le demonstratif ILLE et le relatif QUI en roman. Páginas 145-157.) -El autor establece que ille (pronombre y después artículo) ha sufrido en todas las lenguas romances una influencia analógica ejercida por qui.

En esta misma miscelánea hay también un artículo del Sr. A. Morel-Fatio (a quien tanto deben las letras castellanas), intitulado: Note sur l´article derivé de IPSE dans les dialectes catalans.

102. Sur quelques noms osques dEspagne et dItalie, par L. BlancarD. Marseille, impr. Barlatier-Feissat, 1887.

8.°-10 págs.

103. Contributions to Spanish Grammar. By Henry R. Lang. -Artículo inserto en la revista de Baltimore, Modern Language Notes. November, 1887.

Vol. II, núm. 7, págs. 185-189.

Trátase del pronombre indefinido, según que los escritores castellanos de los tiempos medios y los clásicos lo han empleado; de los adverbios en mente precedidos de preposición; de la conjunción lo que y su uso más autorizado; de algunos casos de atracción no recordados por Díez, y de varias fórmulas comparativas (demasiado -para ; mucho -para; harto -para; tarde -para).

104. Para la fonética castellana del siglo XIII es muy importante el estudio directo de los textos inéditos publicados, con una advertencia preliminar y preciosas notas de critica filológica, por el señor Morel-Fatio en la Romania. Números 62-64: Avril -Octobre, 1887.

Tomo XVI: págs. 364-382.
La transcripción de que el Sr. Morel-Fatio se ha valido para la impresión, parece ser hecha en Aragón, a juzgar por las siguientes importantes observaciones, propias del castellano da esta comarca:
1: Conservación de los grupos iniciales cl, pl: clamados, pleno, plora.
2: De la d media: fryda, frydor, odi, piedes, creder.
3: El uso de los pronombres
meu o meo y seu, etc.

1888.

105. Über die spanischen Laute ç, und j. Von Epiphanio días.

Nota, más bien que artículo, sobre el distinto valor fonético u ortológico que tuvieron antiguamente aquellas letras, publicada en la Zeitschrift für Romanische Philologie... Halle, 1888.

Halle, 1888; tomo XI: tercer cuaderno de 1887, pág. 419.

1889.

106. Der Ubergang des spanischen j vom Zizchlaut zum Reibelaut. Von W. Sander. Zeit. f, Rom. Philol. Halle, 1889; tomo XIII: págs. 319-322.

1889-90.

107. Grammatik der Romanischen Sprachen von Wilhelm Meyer-Lübke, ao. Professor der romanischen Philologie an der Universität Jena. -Ogni nuovo avanzamento ridonda in nuovo onore
dei maestri che si hanno aperto e spianato la via ardua e buona. G. J. Ascoli. Erster Band: Lautlehre. Leipzig, Fuess Verlag (R. Reisland), 1890.

4.°-XX -564 págs.

Gramniaire des langues romanes par W. Meyer-Lübke professeur a lUniversité dIena. Traduction française par Eugène Rabiet, élève de lécole pratique des hautes études, révue par l´auteur. T. I: Phonetique, Première partie, les voyelles. Deuxième partie, les consonnes. Paris. H. Welter, éditeur, 59, rue Bonaparte.

4.°-XIX -609 págs.

Esta gramática se publica simultáneamente en las dos lenguas, no habiéndose impreso todavía más que este primer tomo. El segundo se anunció para el año de 1891, y el tercero para el de 1893.

El Sr. Meyer-Lübke ha intentado componer una Gramática comparada de las lenguas romances, utilizando los elementos esparcidos en artículos de revistas y en libros posteriores a la obra monumental de Díez; pero forzoso es confesar que aunque los propósitos del distinguido filólogo austriaco son muy loables y grande la ciencia que posee para realizarlos, la Gramática del patriarca de la filología castellana es y será siempre, por su método clarísimo, por la comprobación escrupulosa que hizo el autor de los ejemplos qué adujo y por su pleno y profundo conocimiento de todas las lenguas derivadas del latín, muy difícil de ser mejorada y la más útil en todo tiempo para
quien desee iniciarse en los estudios históricos de las lenguas neo-latinas. El Sr. Meyer-Lübke hace simultáneamente el estudio de todos los romances, lo cual presta mucha claridad al libro; y es de advertir, por lo que se refiere al castellano, que el autor no conoce, sin duda, con perfección la Gramática de nuestra lengua a juzgar por las equivocaciones en que incurre, que en modo alguno pueden considerarse como erratas de imprenta.

1890.

108. Discursos leídos en la Academia Venezolana, correspondiente de la Real Española, en la recepción pública del Sr. Pbro. d. Daniel Vizcaya, cura del Sagrario de la S. I. M. el día 25 de
Mayo de 1890. Caracas, tipografía de el Cojo, Este 4, n. 14, MDCCCXC.

4.°-62 págs. -A la pág. 29 empieza el Discurso de contestación leído por D. Julio Calcaño, Secretario perpetuo de la Academia Venezolana.

Versa el trabajo del Sr. Vizcaya sobre la influencia del griego y del latín en el castellano y sobre la necesidad de restablecer y propagar el estudio de aquellas lenguas clásicas, manifestándose partidario de la unidad de los idiomas que dice hallarse en el de los
aryas primitivos, de donde derivaron todas las lenguas neo-latinas. El Sr. Vizcaya exagera, sin duda, la participación que en nuestra lengua han tomado las semíticas, y especialmente el árabe, de las cuales afirma que ha sido tal su influencia, que han determinado el carácter del castellano; pero no desconoce por esto, ni por la existencia de las muchas voces eúskaras, griegas y góticas que el castellano contiene, que es hijo
inmediato del latín. La índole de este trabajo, que se limita a hacer afirmaciones más o menos generales, no permite a su autor descender a detalles filológicos, ni a probar con textos o argumentos, los principios que proclama; pero, en cambio, el Sr. Calcaño, en su Discurso de contestación, tomando otro rumbo o plan, comprueba con muchos y escogidos ejemplos y notables raciocinios, que entre todos los idiomas neo-latinos es el nuestro, juntamente con el italiano, el que
más se asemeja a la lengua madre; a la vez que opone contrarias conclusiones a las del Académico a quien contesta y a las proclamadas por D. Severo Catalina del Amo en su Discurso de recepción en la Academia Española, relativas a los orígenes e índole semítica del idioma castellano. Y porque ni en la lingüística, ni en la filología, ni en la historia encuentro (dice el Sr. Calcaño), razón ni motivo para afirmar la derivación semítica del castellano, sostengo que si debemos la reforma del nominativo a los godos, tal vez la rima a los árabes, a pesar de los ternarios, celtas y cámbricos, y otras reformas y caudal de voces a celtas, fenicios, cartagineses, hebreos, árabes, griegos, godos y otras naciones; el castellano deriva inmediatamente del latín, y este aserto no puede ser contestado, supuesto que el argumento que pudiera considerarse como más poderoso, a no haber pruebas filológicas e históricas en contrario, sería el de la prolongada dominación árabe; y para dar en tierra con él bastaría considerar que, además de que no siempre logran los vencedores introducir mutaciones en la lengua de los vencidos, como lo comprueba César Cantú con los dos siglos de dominación austríaca en Lombardía, el pueblo castellano, como ya lo hemos notado, ha sido siempre altivo y celoso de su idioma y de su gloria, y debió serlo aún más en una lucha homérica en que el sentimiento de la religión y de la patria avivaba el fuego de su odio y de su celo. (D. Francisco Javier Simonet, en su estudio acerca del dialecto hispano -mozárabe, que precede a su Glosario de voces ibéricas y latinas, premiado por la Real Academia Española, comprueba
que las voces latinas y griegas tomadas por el árabe son muchísimas más que las tomadas de este idioma por el castellano.)

Conviene, por último, recordar aquí que citando el Sr. Vizcaya en su Discurso algunas de las más notables obras modernas de lingüística, añade: La no menos colosal de nuestro compatriota el Sr. Bigotte, que se publicará bien pronto, cuyos manuscritos he consultado tantas veces, titulada: Gramática latina, razonada y comparada con el sánscrito, el griego, el gótico, el alemán, el ruso, el inglés, el francés, el italiano y el castellano.

109. Discursos leídos ante la Real Academia Española en la recepción pública del Sr. D. Francisco A. Commelerán y Gómez el día 15 de Mayo de 1890. Madrid, imprenta de A. Pérez Dubrull,
1890. Discurso de contestación por el Excmo. Sr. D. Juan Valera.

4.°-108 págs. En la pág. 87 comienza el discurso del Sr. Valera.

Trata el Discurso del Sr. Commelerán (que ocupa 85 págs.) de la exposición de las leyes que regulan las transformaciones que, en el estado actual de nuestra lengua, sufre en su elemento fonético la palabra latina para convertirse en castellana.

Para exponer con toda claridad las principales leyes fonéticas generales, propuestas y acreditadas con abundantísimos ejemplos por este docto y laborioso Académico en su Discurso, las agruparemos en breves cuadros sinópticos correspondientes a las cuatro partes en que este trabajo está dividido. De este modo será nuestro análisis o extracto, guía seguro para todo aquél que quiera aprovecharse o consultar el discurso del Sr. Commelerán. No hacemos mención de las excepciones.

VOCALES TÓNICAS latinas.

a) Ya larga por posición o por naturaleza, ya breve, permanece en castellano. = e castellana por la proximidad de una e, i en la voz latina.

e) = ie castellana, cuando la e precede a dos consonantes o consonante doble latina.
Se conserva en castellano en la sílaba antepenúltima, aunque preceda a dos consonantes, i = en la flexión castellana.
E con una raya encima) Permanece en castellano, sobre todo cuando en latín precede a d, l, n, r, s.
= i castellana, algunas veces.

E con una u pequeña encima) = ie castellana, cuando la e no precede a otra sílaba cuya vocal sea e, i, en cuyo caso se conserva en castellano. = i castellana, algunas veces.

i = e castellana, cuando la i precede a dos consonantes. Consérvase también muchas veces.
i con raya encima) Permanece en castellano.
i con u pequeña encima) = e castellana. Se conserva casi siempre que la
i con u pequeña encima tónica pertenece a la sílaba antepenúltima de la voz latina.

o) = ue, cuando en latín va la o seguida de dos consonantes. = u, algunas veces. Otras veces subsiste en castellano.
O con raya encima) = ue, = u, subsiste en castellano.
O con u pequeña encima) = ue. Subsiste otras veces.

u) = o, cuando en latín precede la u a dos consonantes o a consonante doble. Se conserva en muchos casos.
U con raya encima) Se conserva en castellano.
U con u pequeña encima) = o. Subsiste algunas veces.

y) = i, = e, = o, = u, = ie, = e, = i.

ae) = e, = ie, por analogía.

au) = o, cuando es tónico el diptongo latino. Se ha conservado en algunas palabras. =ab.
VOCALES ÁTONAS LATINAS EN CONCURRENCIA CON OTRA VOCAL.

E, i )
Después de la gutural suave g y seguidas de otra vocal, generalmente se conservan en castellano; pero la i se diptonga con la vocal siguiente.
Cuando precedidas de c, h o qu concurren en la palabra latina simple con otra vocal, se conserva el hiato en la derivación castellana con la e precedida de c, pero con la i precedida de c o qu se destruye por virtud de la diptongación o bien desaparece por completo el concurso de vocales.

= j moderna cuando en concurrencia con otra vocal siguen a la letra l la i = l.
= n, ñ, cuando siguen a una n. También = j.

= g suave en las formas de la flexión verbal cuando siguen a una n.

La e átona precedida de r y seguida de vocal, se conserva en castellano sin diptongarse.

La i en iguales circunstancias sufre muchas metátesis. Después de s se conserva formando diptongo con la siguiente. También la e no se altera generalmente.
Precedidas de la dental suave d y seguidas de otra vocal, se conservan diptongándose con la vocal siguiente.
Precedidas de la dental fuerte t y seguidas de otra vocal, las sílabas te, ti, son en castellano iguales a y.

La e precedida de la labial dulce b o de la dental labial dulce v y seguida de otra vocal, se convirtió en i = y.
La i después de p = ch (por ambas letras).

u) En muchos casos conserva nuestra lengua el concurso de esta vocal con otra, pero diptongándola. En otros evita el castellano el hiato por atracción, elisión o epéntesis.

VOCALES ÁTONAS PRECEDIENDO A UNA CONSONANTE.

1: Cuando la átona precede en la palabra latina a la sílaba tónica, se conserva, por lo general, intacta en nuestra lengua; pero a veces acontecen también las transformaciones siguientes:

a = e.
e = a, o, i.
i = a, e.
o = a, e.
u = e, o.

Diptongos / au = o, e, a. / ae = i, e.

2: Cuando las átonas e, i, o, u se encuentran después de la sílaba tónica en la palabra latina y no son finales de ésta, que suele ser esdrújula, por lo general desaparecen. -Cuando son finales se conservan en castellano, aunque la u se convierta muchas veces en o.




CONSONANTES LATINAS.

Guturales.

g) Se conserva cuando es suave, esto es, delante de a, o, u.

Ya suave, ya fuerte desaparece muchas veces por efecto de la síncopa.

Delante de e, i = c, muchas veces.

Seguida de u, se conservan ambas letras, ya en la pronunciación, ya en la escritura, ya solamente en la escritura.

Delante de m se conserva unas veces, otra se pierde.

Delante de n se conserva o se convierte en n = nn = ñ.

Delante de la dental d, se conserva o se convierte en l.

Precedida de n, se conserva o se convierte en ñ.

= i, vocal.

c) Con sonido gutural fuerte = g, ch (aunque haya estado la c delante de e, i, también se ha convertido a veces en esta fricativa paladial aspirada). A veces se conserva o desaparece por
síncopa.

= y, cuando en latín está al fin de dicción precediendo e, i.

Delante de e, i y de los diptongos ae, oe, generalmente cambió la c al pasar al castellano el sonido primitivo gutural, que tuvo en latín, en el dental aspirado.

Doble en latín delante de e, i, la primera c conserva en castellano el sonido gutural fuerte y la segunda el de dental aspirada.

Seguida de t, se conserva el grupo, o desaparece la c, o la c y la t, o se convierten ambas letras en ch.

Seguida de s (x), se conserva casi siempre; pero entre vocales = j.

e)
Precedida de s, y seguida de e, i, en medio de la palabra latina unas veces se conserva en castellano y otras se funde al sonido silbante con el dental aspirado por asimilación regresiva.

Por efecto de la síncopa, la c sufre transformaciones diversas, en las cuales influye notablemente la consonante anterior a que la síncopa la aproxima.
dc = zg.
Tc = j.

qu) Se conserva muchas veces. = g / = c, y.

j) = y, =i. Se ha conservado. Ha desaparecido por aféresis.

LINGUALES
l) = n, = r. Se pierde o cambia de lugar, por metátesis, con mucha frecuencia.
= ll. En algunos casos, después de a, se vocaliza = u = o con la a que le precede, o se conserva el diptongo au.

ll = ll = l.
lr = ldr en los verbos.
cl, pl, fl iniciales = ll, o se conservan. En medio de dicción, por efecto de la síncopa == ll, ch, j.

n)
= l.
= r.
= m.
= ñ, sobre todo cuando va seguida de e, i átonas.
nn = ñ.
nr por síncopa = ndr en los verbos y voces arcaicas.
ns = s, sincopándose en castellano la n, algunas veces. Otras se conserva íntegro el grupo.

r)

= l. Por metátesis cambia muchas veces de lugar. Por atracción desaparece también frecuentemente.

s)
= x = j (de la s inicial y media).
= c ,y, ch.
sc, sm, sp, st, (iniciales) = esc, esm, esp, est.

sc (medias) = c. A veces se conserva el grupo.

Dentales.

que)
Consérvase inicial y media, aunque por síncopa desaparece alguna vez. Final subsiste en muy pocas palabras.
= y, cuando va seguida de e, i.
= l, n, r.
= g.

t)
Se conserva casi siempre en principio y en medio de dicción: no al fin.
= D.
= c, y, cuando precede en latín a
e, i.
tt = t.
tr = dr. A veces se conserva.
st = j.


y)
Se conserva en castellano. = j, alguna vez.

Labiales.

b)
Se conserva en principio y en medio de dicción. Asimismo cuando precede a la s, más sólo en las voces cultas, pues en las populares desaparece. También desaparece delante de la j latina.

bt (directamente o por síncopa), ya desaparece, ya se conserva.

bm, desaparece por lo general.

v)
= b.
= f.
= g.
= o, u.
Desaparece, a veces, por síncopa.

m)
= n.
= b.
Por apócope desaparece en ocasiones. ml, mn, nr = mbl, mbn, nbr, por epéntesis.
mn = ñ.
Md, mt (por síncopa o composición) = nd.
mph = nf. Triumpho -triunfo.

p)
Permanece en principio de dicción. En medio = b.
Desaparece en castellano cuando en latín es inicial precediendo a
n, t, s.
pt medias = bd = ud. Otras veces se conservan.
pd medias = d, aunque a veces también subsiste el grupo.

ph)
= b, o, p.
= f. Raphael -Rafael.

f)
= h, cuando la f latina es inicial. También en medio de dicción,
= b, en medio de dicción.
Ff = f.

h)
Apenas sufre transformación alguna al pasar del latín al castellano. Se ha conservado por lo general en principio y en medio de dicción. En algunas palabras se ha convertido en gutural fuerte.




1890-92.

110. Estudios gramaticales sobre la lengua castellana, por el Padre Enrique Torres, con un prólogo del Padre Carlos Lasalde, ambos de las Escuelas Pías.

Artículos publicados en la Revista Calasancia (Madrid, imprenta de A. Pérez Dubrull; año III), desde el mes de Octubre del año 1890, durante todo el de 1891 y el presente de 1892.

Trátase en ellos de los orígenes, formación y desenvolvimiento de la lengua castellana hasta nuestros días.

La erudición que muestra el autor es grande y oportuna; el método adoptado es claro, original y útil; pero al señalar el nacimiento o primera existencia del romance castellano, dice, con error, el P. Torres que se manifestó ya en su plenitud en la Carta-puebla de Avilés, dada por Alfonso VII en 1155, cuando es lo cierto y averiguado, después de las investigaciones de D. Aureliano Fernández-Guerra, que dicho documento está hoy reconocido como una falsificación del siglo XIII.

Lo más importante de estos estudios son los capítulos de la cuarta parte, intitulada Fonética histórico-comparada de la lengua castellana, en los cuales trata: 1:, de las letras, su naturaleza, su valor fónico o pronunciación y su origen; 2:, de las sílabas, su naturaleza y división; 3:, de las palabras, su índole, clasificación y acentuación,. 4:, de las leyes fonéticas a que están sometidas.
En todas estas partes la sagacidad filológica del autor está manifiesta, a la vez que el conocimiento perfecto del idioma latino, que ha sido y es uno de los timbres científicos más gloriosos de la Congregación de San José de Calasanz, El P. Torres ha resumido aquí cuanto puede decirse acerca de la fonética castellana, ya aceptando ideas generalmente admitidas, ya exponiendo observaciones de indudable novedad. Trata luego de la flexión, y, por último, con gran copia de ejemplos, de la formación de las palabras castellanas, por medio de la derivación y de la composición; y si, como es de esperar, hace este autor un estudio tan completo como los anteriores de la Sintaxis, desde luego podemos asegurar que en breve tendremos la primera Gramática histórica de la lengua castellana que honrará al instituto religioso a que pertenece el P. Torres y a la moderna ciencia española tan necesitada de estudios de esta naturaleza.